El Rinconcito de las desvirtuadas

La idea es simple, cuando ves que están desvirtuando un tema, los citás acá y les pegas el link de esto para que la discusión se mude

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Hay algún Laliter en el foro?

Me gusta la idea jajajaja ni me di cuenta en que thread era sino no hubiese desvirtuado ese glorioso thread

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Lo mejor es que se llame el rinconcito y no el rincón

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Dale tiempo dale tiempo…

//youtu.be/CkS0siTFbMY

PELON PELONNNNNNNNNNNNNNNNNNNNN QUE GLANDE SOOOOOOOOOOOOOOOOO MI GENELALLLLLLLLLLLLLL

y si desvirtuamos este thread donde denunciamos la desvirtuada?

Tetas de Wanda Nr:

[SPOILER]
Guerra del Peloponeso
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Para la obra de Tucídides, véase Historia de la guerra del Peloponeso.
Guerra del Peloponeso
Map Peloponnesian War 431 BC-es.svg
La guerra del Peloponeso en el Egeo
Fecha 431 a. C.-404 a. C.
Lugar Grecia continental, Asia Menor, Sicilia
Resultado Victoria espartana
Cambios territoriales Disolución de la Liga de Delos
Beligerantes
Liga de Delos comandada por Atenas Liga del Peloponeso comandada por Esparta
Comandantes
Pericles,
Cleón,
Nicias,
Alcibíades Arquidamo II,
Brásidas,
Lisandro,
Alcibíades
Fuerzas en combate
32 000 32 000
Bajas
16 800 muertos y heridos 5700 muertos y heridos
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Guerra del Peloponeso
431 a. C.-404 a. C.
Guerra arquidámica
Síbota · Potidea · Calcídica · Patras · Naupacto · Mitilene · Tanagra · Etolia · Olpas · Idómene · Pilos · Esfacteria · Delio · Anfípolis
Paz de Nicias
Mantinea · Hisias · Melos · Siracusa
Guerra de Decelia
Symi · Eretria · Cinosema · Abidos · Cícico · Sitio de Bizancio . Notio · Arginusas · Egospótamos
La guerra del Peloponeso (431 a. C.-404 a. C.) fue un conflicto militar de la Antigua Grecia que enfrentó a las ciudades formadas por la Liga de Delos (encabezada por Atenas) y la Liga del Peloponeso (encabezada por Esparta).

Tradicionalmente, los historiadores han dividido la guerra en tres fases. Durante la primera, llamada la guerra arquidámica, Esparta lanzó repetidas invasiones sobre el Ática, mientras que Atenas aprovechaba su supremacía naval para atacar las costas del Peloponeso y trataba de sofocar cualquier signo de malestar dentro de su Imperio. Este período de la guerra concluyó en 421 a. C., con la firma de la Paz de Nicias. Sin embargo, al poco tiempo el tratado fue roto por nuevos combates en el Peloponeso lo que llevó a la segunda fase. En 415 a. C., Atenas envió una inmensa fuerza expedicionaria para atacar a varios aliados de Esparta. La expedición ateniense, que se prolongó del 415 al 413 a. C., terminó en desastre, con la destrucción de gran parte del ejército y la reducción a la esclavitud de miles de soldados atenienses y aliados.

Esto precipitó la fase final de la guerra, que suele ser llamada la guerra de Decelia. En esta etapa, Esparta, con la nueva ayuda de Persia y los sátrapas (gobernadores regionales) de Asia Menor, apoyó rebeliones en estados bajo el dominio de Atenas en el mar Egeo y en Jonia, con lo cual debilitó a la Liga de Delos y, finalmente, privó a Atenas de su supremacía marítima. La destrucción de la flota ateniense en Egospótamos puso fin a la guerra y Atenas se rindió al año siguiente.

La guerra del Peloponeso cambió el mapa de la Antigua Grecia. Desde un punto de vista helénico, Atenas, la principal ciudad antes de la guerra, fue reducida prácticamente a un estado de sometimiento, mientras Esparta se establecía como el mayor poder de Grecia. El costo económico de la guerra se sintió en toda Grecia; un estado de pobreza se extendió por el Peloponeso, mientras que Atenas se encontró a sí misma completamente devastada y jamás pudo recuperar su antigua prosperidad.1​2​ La guerra también acarreó cambios más sutiles dentro de la sociedad griega; el conflicto entre la democracia ateniense y la oligarquía espartana, cada una de las cuales apoyaba a facciones políticas amigas dentro de otras ciudades estado, hizo de las guerras civiles algo común en el mundo griego.

Mientras tanto, las guerras entre ciudades, que originariamente eran una forma de conflicto limitado y formal, se convirtieron en luchas sin cuartel entre ciudades estado que incluían atrocidades a gran escala. La guerra del Peloponeso, que destrozó tabúes religiosos y culturales, devastó extensos territorios y destruyó ciudades enteras, marcó el dramático final del dorado siglo V a. C. de Grecia.3​

Índice
1 Preludio
2 Catalizadores de la guerra
2.1 Guerra entre Corinto y Córcira
2.2 Defección de Potidea
2.3 El Decreto de Mégara
2.4 La ruptura de la paz
3 La guerra arquidámica
4 Paz de Nicias
5 La expedición a Sicilia
6 La segunda guerra: Guerra de Decelia
6.1 Atenas se recupera
6.2 El triunfo de Lisandro y la rendición de Atenas
7 Consecuencias
8 Contexto: Trasfondo de la guerra
9 Véase también
10 Referencias
11 Bibliografía
12 Enlaces externos
Preludio

Recreación moderna de una fila de hoplitas
En la Historia de la guerra del Peloponeso, libro uno, sección 23, Tucídides aclara que Esparta comenzó la guerra con Atenas «porque temía que los atenienses se hicieran más poderosos, al ver que la mayor parte de Hellas se encontraba bajo el control de Atenas».4​ Ciertamente, los casi cincuenta años de historia griega que precedieron al inicio de la guerra del Peloponeso habían estado marcados por el desarrollo de Atenas como uno de los poderes principales en el mundo mediterráneo. Tras rechazar los griegos la invasión persa en el año 480 a. C., Atenas encabezó la coalición de polis (ciudades estado) griegas que continuaron las guerras médicas conocida como la Liga de Delos, atacando territorios persas en el Egeo y Jonia. Lo que siguió fue un período al cual se ha denominado Pentecontecia (nombre dado por Tucídides), en el cual Atenas fue conocida más ampliamente por la historiografía griega con el de Imperio ateniense,5​ impulsando una guerra agresiva contra el Imperio aqueménida. Para mediados del siglo, los medos habían sido expulsados del Egeo y obligados a ceder el control de una amplia cantidad de territorios a los atenienses. Al mismo tiempo, Atenas incrementó su poder. Durante el curso del siglo, varios de sus exaliados independientes fueron reducidos al estatus de estados tributarios de la Liga de Delos; estos tributos se emplearon en el mantenimiento de una poderosa flota y, luego de mitad de siglo, para financiar grandes programas de obras públicas en Atenas.6​

Para más información, véase Muros largos de Atenas
A poco de instaurada la Pentecontecia, comenzaron a surgir fricciones entre Atenas y las polis peloponesias, incluida Esparta; tras la salida de los persas de Grecia, Esparta trató de evitar la reconstrucción de las murallas atenienses (sin las murallas, los atenienses habrían estado indefensos ante un ataque por tierra y sujetos al control espartano), en vano.7​ Según Tucídides, aunque los espartanos no reaccionaron en ese momento, «se sintieron ofendidos sin manifestarlo».8​ Los incidentes motivados por la reconstrucción de las murallas de Atenas comenzaron a deteriorar sensiblemente las relaciones entre esta y Esparta.

En 465 a. C. volvieron a estallar conflictos entre las polis con el inicio de una revuelta ilota en Esparta. Los espartanos solicitaron ayuda a todos sus aliados, Atenas incluida, para sofocar la rebelión. Atenas envió un contingente considerable pero, al llegar, los espartanos rechazaron su concurso; los soldados atenienses hubieron de volver a su ciudad, mientras que los de los demás coligados obtuvieron permiso de quedarse y participar en la empresa. Según Tucídides, los espartanos actuaron de tal manera por temor a que los atenienses cambiasen de bando y apoyaran a los ilotas; ofendidos, los atenienses repudiaron su alianza con Esparta.9​ Cuando finalmente los rebeldes ilotas debieron rendirse y abandonar el país, los atenienses los establecieron en una ciudad estratégica, Naupacto, en el golfo de Corinto.10​

Para más información, véase La rebelión del monte Itome
En 459 a. C., Atenas se aprovechó de una guerra entre la ciudad vecina de Mégara y Corinto, ambas aliadas de Esparta, para sellar una liga con la primera, obteniendo así un asidero fundamental en el istmo de Corinto. A continuación se desató un conflicto que duró quince años, conocido comúnmente como la primera guerra del Peloponeso, en el cual Atenas luchó con intermitencia contra Esparta, Corinto, Egina y otros estados griegos. Durante parte de este conflicto, Atenas controló no sólo Mégara, sino también Beocia. Sin embargo, cuando este terminó, los atenienses, que afrontaban una gran invasión espartana del Ática, cedieron los territorios que habían ganado en la Grecia continental, y tanto Atenas como Esparta se reconocieron mutuamente el derecho a dominar sus respectivos sistemas de alianzas.11​ Oficialmente, la guerra concluyó con la Paz de los Treinta Años, firmada durante el invierno de 446/445 a. C.12​13​

Catalizadores de la guerra
Dos acontecimientos condujeron a la reanudación de la guerra que rompía la Paz de los Treinta Años firmada en 446/445 a. C.:

la guerra entre Corinto y Córcira
y la defección de Potidea, colonia de Atenas.
Dos hechos trascendentales fueron los detonantes de la conflagración:

el decreto ateniense contra Mégara, descrito más abajo.
y el mencionado crecimiento extraordinario del poder de Atenas.14​
Guerra entre Corinto y Córcira
En el 435 a. C., Córcira y Corinto rompieron hostilidades. Corinto, con colonias en el Adriático, intervino en la stasis (guerra civil) entre demócratas y oligarcas de su colonia de Epidamno y envió clerucos (colonos) y una guarnición. Los oligarcas pidieron ayuda a Córcira, antigua colonia de Corinto, y aquella asedió por mar a la ciudad de Epidamno con 40 barcos y la cercaron por tierra los exiliados de esta ciudad y sus aliados ilirios. Los corintios enviaron una expedición formada por naves y contingentes peloponesios y jonios aliados de algunos miembros de la Liga del Peloponeso, como los tebanos. Los corcireos fueron a Corinto y solicitaron el arbitraje de la Liga del Peloponeso y del oráculo de Delfos. Como los corintios se opusieron, se entabló una batalla naval frente al promontorio de Leucimna, en Córcira, en la que vencieron los corcireos, que expugnaron Epidamno, la cual firmó la capitulación.15​

Dos años después de su victoria naval, en 433 a. C., Córcira solicitó su inclusión en la Liga de Delos, puesto que los corintios estaban preparando una gran flota para consumar su venganza.16​

Según Plutarco, los atenienses, a sugerencia de Pericles, les enviaron una flota de diez trirremes, una mínima escuadra disuasoria, bajo el mando de Lacedemonio (hijo de Cimón de Atenas),17​ y posteriormente otro contingente de veinte, con la orden expresa de no trabar combate con los corintios si estos no atacaban a la ciudad de Córcira.

En la batalla de las islas Síbota,18​ se enfrentaron las flotas corcirea y corintia pero, antes de la inminente victoria de los corintios, estos divisaron una escuadra de veinte naves atenienses que se acercaban. Los corintios, que ignoraban cuál era o podría ser la magnitud de la flota ateniense, se retiraron.

Córcira concluyó un epimachía (alianza defensiva) con Atenas para no vulnerar las cláusulas de la Paz de los Treinta Años, que conllevó la presencia ateniense en los puertos de Córcira, impidiendo a Corinto frenar la expansión ateniense hacia Occidente.19​

Defección de Potidea
Artículo principal: Batalla de Potidea
Los intereses atenienses y corintios chocaron también en el norte del mar Egeo. Potidea, ciudad de Calcídica, miembro de la Confederación de Delos, mantenía relaciones con su metrópoli, Corinto, que seguía enviando a los epidemiurgos.

Atenas ordenó a Potidea derribar la muralla del lado del mar, que la separaba de la península de Palene, que entregasen rehenes y que no aceptase la presencia de los magistrados corintios.

Potidea contaba con el apoyo de Esparta y del rey macedonio Pérdicas II, por lo que se negó. Los espartanos les habían prometido invadir el Ática en el caso de que los atenienses atacasen Potidea. Esta anunció su retirada de la alianza ateniense en el 432 a. C., y acogió dentro de sus murallas a un cuerpo expedicionario de corintios y peloponesios, mandados por Aristeo de Corinto, lo que casi supuso la ruptura del pacto del 446 a. C. por parte de los corintios, ya que la expedición estaba formada por voluntarios.

Atenas envió sus fuerzas a Tracia a principios del 432 a. C. contra Pérdicas al estallar la rebelión de Potidea. Según algunos historiadores que se basan en las listas de tributos del 432 a. C., es posible que Atenas, con vistas a la guerra con este rey, aumentara de 6 a 15 talentos el tributo (phoros) de Potidea.

La rebelión de Potidea había sorprendido al cuerpo expedicionario ateniense de treinta trirremes enviado contra Pérdicas; estos resultaban insuficientes para asediar Potidea. Por ello, primero se apoderó de Terma, después sitió Pidna y obligó a los macedonios a firmar la paz con Atenas.

Poco después Atenas ordenó el ataque a Potidea y envió nuevas tropas mandadas por Calias y por Formión. No envió más contingentes en previsión de que Esparta cumpliera la promesa hecha a Potidea de invadir el Ática.20​

El Decreto de Mégara
Artículo principal: Decreto de Mégara
En 447 a. C., después de la derrota de los atenienses, batidos por los beocios en Coronea, los megarenses se rebelaron. Con la ayuda de los corintios, sicionios y epidaurios masacraron la guarnición ateniense.21​ Mégara que se había unido a Atenas al separarse de la Liga del Peloponeso, cambió su alianza. En respuesta Atenas envió tropas para reconquistar Pegas.22​ La Ekklesía (Asamblea del pueblo ateniense) promulgó un decreto que les excluía de todos los puertos y fondeaderos del Imperio ateniense. Tales medidas afectaron gravemente a la economía de Mégara, que pidió a Esparta y a la Liga del Peloponeso la guerra contra Atenas. Esta fue una de las causas que precipitaron el inicio de la guerra.23​

La ruptura de la paz
En 440 a. C., la Paz de los Treinta Años fue puesta a prueba cuando Samos, uno de los aliados más poderosos de Atenas, se rebeló contra la alianza. Los rebeldes se aseguraron rápidamente el apoyo de un sátrapa persa, y Atenas se encontró ante la necesidad de encarar revueltas a lo largo de su imperio. Los espartanos, cuya intervención hubiese desatado una guerra para determinar el destino del imperio, convocaron a sus aliados a un congreso para discutir la posibilidad de entrar en guerra con Atenas. No obstante, la decisión del congreso fue no intervenir; los atenienses aplastaron la revuelta y la paz se mantuvo.24​

La segunda prueba para la paz, y la causa inmediata de la guerra, llegó en la forma de varias acciones atenienses específicas que afectaron a los aliados de Esparta, principalmente a Corinto. Atenas había sido convencida de intervenir en una disputa entre Corinto y Córcira respecto de la guerra civil en Epidamnos y, en la batalla de Síbota, un pequeño contingente de trirremes atenienses jugaron un papel sumamente importante al evitar que la flota corintia capturase Córcira. Sin embargo, cabe notar que los atenienses habían recibido instrucciones indicándoles que no interviniesen en la batalla. La presencia de navíos de guerra de Atenas cerca del lugar donde tenía lugar la batalla fue suficiente para disuadir a los corintios de aprovechar su victoria, salvando así a la mayor parte de la derrotada flota corcirea. Después de eso, Atenas sitió Potidea, un aliado tributario de los atenienses y ex colonia de Corinto.

Véase también: Asedio en la Antigua Grecia

Polis griegas del Egeo septentrional en 431 a. C.
Ultrajados, los corintios comenzaron a presionar a Esparta para que tomara alguna medida en contra de Atenas. Mientras, Corinto ayudaba de manera no oficial a Potidea infiltrando grupos de soldados dentro de la ciudad sitiada para ayudar a su defensa. Estos acontecimientos fueron una violación directa al Tratado de los Treinta Años, que, entre otras cosas, había estipulado que las Ligas de Delos y del Peloponeso respetarían mutuamente sus autonomías y cuestiones internas.

Una nueva provocación surgió en la forma de un decreto ateniense (promulgado en 433/2 a. C.) que imponía estrictas sanciones comerciales contra Mégara (otra aliada de Esparta tras la primera guerra del Peloponeso). Las sanciones, conocidas en conjunto como el Decreto de Mégara, fueron ignoradas por Tucídides, pero los historiadores económicos modernos han notado que prohibir a Mégara comerciar con el próspero Imperio ateniense habría sido desastroso para Mégara y, por lo tanto, consideran al decreto como una causa más de la guerra.25​

En medio de estos eventos, los espartanos llamaron a una reunión de la Liga del Peloponeso en Esparta en el año 432 a. C. Esta reunión recibió a representantes de Atenas al igual que a aquellos provenientes de las ciudades miembros de la Liga, y se convirtió en el escenario del debate entre atenienses y corintios. Tucídides informó que, hasta ese momento, los corintios habían condenado la inacción de los espartanos, advirtiéndolos de que, si seguían pasivos, pronto se hallarían rodeados de enemigos y sin ningún aliado.26​ Como respuesta, Atenas recordó a Esparta su historial de victorias militares contra Persia y la previno de los peligros de enfrentarse a un Estado tan poderoso.27​ Imperturbable, la mayoría de la asamblea espartana votó que los atenienses habían roto la paz, declarando, en esencia, la guerra.28​

El historiador Simon Hornblower afirma que de la narración de Tucídides se desprende que la causa profunda de la guerra se gestó durante la Pentecontecia, los 50 años que mediaron entre el final de la segunda guerra médica y el estallido de la guerra del Peloponeso. Dice también que el relato tucidídeo de los acontecimientos de la década 445-435 a. C. «son tratados no como parte de esos cincuenta años, a los que pertenecen estrictamente hablando, sino como parte de la sucesión de hechos que fueron la causa inmediata de la guerra».29​ Añade que Tucídides en el libro I.23.6, «desarrolla la primera teoría de la causalidad histórica»,29​ donde dice que:
La causa más verdadera, aunque la que menos se manifiesta en las declaraciones, pienso que la constituye el hecho de que los atenienses, al hacerse poderosos e inspirar miedo a los lacedemonios, los obligaron a luchar. Pero las razones declaradas públicamente, por las cuales rompieron el tratado de la Paz de los Treinta Años y entraron en guerra, fueron las siguientes…
Se describen en las secciones subsiguientes.

La guerra arquidámica

Los Muros Largos que rodeaban Atenas y la unían con El Pireo
Artículo principal: Guerra arquidámica
Esparta y sus aliados, excepto Corinto, eran dominios con base predominante en tierra, capaces de convocar a grandes ejércitos terrestres que eran prácticamente invencibles (gracias a las legendarias fuerzas espartanas). El Imperio ateniense, pese a tener base en la península del Ática, se extendía entre las islas del mar Egeo; los atenienses obtenían su riqueza del tributo que pagaban esas mismas islas. Atenas mantenía su imperio por medio de su poderío naval. Por este motivo ambos estados eran relativamente incapaces de plantar una batalla decisiva.

La estrategia espartana durante la primera guerra, a la que se denomina guerra arquidámica, por el rey Arquidamo II de Esparta, era invadir el territorio que rodeaba a Atenas. Pese a que esta invasión privó a Atenas del producto de las tierras circundantes, los atenienses conservaron su acceso al mar y no sufrieron mucho el asedio. Muchos de los pobladores del Ática abandonaron sus granjas y se trasladaron dentro de los Muros Largos que conectaban Atenas con su puerto de El Pireo. Los espartanos también ocuparon Ática durante períodos intermitentes de tres semanas; siguiendo la tradición del sistema hoplítico, los soldados esperaban regresar a sus casas para participar en la cosecha. Además, era necesario mantener el control sobre los esclavos espartanos, conocidos como ilotas, quienes no podían quedar sin supervisión por períodos prolongados. La invasión espartana más extensa, en 430 a. C., duró apenas cuarenta días.

Véase también: Invasiones espartanas del Ática durante la guerra arquidámica
Inicialmente, la estrategia ateniense la fijaba el strategos, o general, Pericles, quien aconsejaba a los atenienses evitar la batalla en terreno abierto contra los numerosos y bien entrenados hoplitas, y depender de su flota. La marina de guerra ateniense, la de mayor predominio en toda Grecia, asumió la ofensiva, consiguiendo una victoria en la batalla de Naupacto. Sin embargo, en 430 a. C. una plaga golpeó a Atenas. La plaga arrasó la población de la ciudad y, a largo plazo, fue una de las causas principales de su derrota final. La plaga mató, antes de que se extinguiera en el año 427 a. C., a más de cuatro mil hoplitas, trescientos soldados de caballería y un número indeterminado de ciudadanos de las clases bajas y de marineros, quizás un tercio de la población de Atenas,30​ incluidos Pericles y sus hijos.31​ En consecuencia, la cantidad de soldados se vio reducida drásticamente, e incluso los mercenarios extranjeros se negaban a ser contratados por una ciudad asolada por la plaga. El temor era tal que la invasión espartana a Ática fue abandonada, puesto que las tropas no deseaban arriesgarse a contraer la enfermedad.

Tras la muerte de Pericles, los atenienses abandonaron en cierto modo su estrategia conservadora y defensiva, adoptando una más agresiva y llevando la guerra a Esparta y a sus aliados. Cleón, líder de la facción más militarista dentro de la democracia ateniense, adquiría cada vez mayor importancia. Dirigidos militarmente por un astuto nuevo general, Demóstenes (quien no debe ser confundido con el orador ateniense), los soldados atenienses lograron algunos triunfos mientras continuaban con sus ataques navales sobre el Peloponeso. Atenas extendió su actividad militar a Beocia y Etolia, y comenzó a fortificar sus bases militares alrededor del Peloponeso. Una de ellas se encontraba cerca de Pilos en una pequeña isla llamada Esfacteria, que en el curso de la primera guerra se puso a favor de Atenas. La base, establecida en las afueras de Pilos, golpeó a Esparta en su punto más débil: su dependencia de los ilotas. Esparta era dependiente de una clase de esclavos, conocidos como ilotas, para que se encargaran de las plantaciones mientras los ciudadanos se entrenaban para convertirse en soldados. Los ilotas hacían posible el sistema espartano, pero ahora la base ateniense en Esfacteria estaba atrayendo a los ilotas fugitivos. Además, el temor de una revuelta general de ilotas acicateados por la presencia ateniense hizo que los espartanos entraran en acción. Demóstenes, sin embargo, realizó una contramaniobra y atrapó a un grupo de soldados espartanos en Esfacteria, esperando que se rindieran, pero semanas más tarde, aún era incapaz de acabar con ellos. Después de jactarse de que él podría poner fin a los asuntos en la Asamblea, el inexperto Cleón logró una gran victoria en la batalla de Pilos y la sucesiva batalla de Esfacteria en 425 a. C. Los atenienses capturaron entre trescientos y cuatrocientos hoplitas espartiatas; los prisioneros fueron utilizados por Atenas como elementos de negociación.

Después de la batalla, Brásidas, uno de los generales espartanos, reunió un ejército de aliados e ilotas y se dirigió hacia una de las fuentes del poderío de Atenas: la colonia de Anfípolis, que controlaba a un gran número de minas de plata cercanas, que Atenas empleaba para financiar la guerra. Cabe destacar que en esta época el historiador Tucídides ostentaba el cargo de general ateniense y que fue exiliado por su fracaso de impedir que Brásidas conquistase Anfípolis. Tucídides llegó demasiado tarde para reforzar las tropas que defendían la ciudad, hecho que llevó a que lo culparan de su caída. En batallas posteriores, tanto Brásidas como Cleón cayeron muertos (véase batalla de Anfípolis). Esparta y Atenas acordaron cambiar a los prisioneros por las ciudades capturadas por Brásidas, y firmaron una tregua.

Paz de Nicias
Artículo principal: Paz de Nicias
Tras la muerte de Cleón y Brásidas, belicosos guerreros de ambas naciones, la Paz de Nicias duró alrededor de seis años. No obstante, esta fue una época de escaramuzas constantes en el interior y en las inmediaciones del Peloponeso. Mientras los espartanos se contuvieron de entrar en acción, algunos de sus aliados comenzaron a hablar de revolución. Estas ideas eran apoyadas por Argos, un poderoso Estado del Peloponeso que había permanecido independiente de Lacedemonia. Con la ayuda de los atenienses, los argivos tuvieron éxito forjando una coalición de estados democráticos en el Peloponeso que incluía a estados importantes como Mantinea y Elis. Los primeros intentos de Esparta por quebrar la coalición fracasaron, y comenzó a cuestionarse el liderazgo del rey de Esparta, Agis II. Envalentonados, los argivos y sus aliados, con el apoyo de un pequeño ejército ateniense al mando de Alcibíades, se pusieron en marcha para tomar la ciudad de Tegea, cercana a Esparta.

La batalla de Mantinea (418 a. C.) fue la mayor batalla librada dentro del territorio griego durante la guerra del Peloponeso. Los lacedemonios, junto con sus vecinos tegeatas, se enfrentaron al ejército combinado de Argos, Atenas, Mantinea y Arcadia. En la batalla, la coalición aliada logró varias victorias iniciales, pero fracasó en capitalizarlas; esto permitió que las fuerzas de élite espartanas derrotaran a la coalición. El resultado fue una victoria total para Esparta, que rescató a su ciudad del borde de la derrota estratégica. La alianza democrática se fracturó y muchos de sus miembros regresaron a la Liga del Peloponeso. Mediante su victoria en Mantinea, Esparta consiguió recuperarse de una mala situación y restablecer su hegemonía dentro del Peloponeso.

La expedición a Sicilia
Artículo principal: Expedición a Sicilia

Itinerario de la flota ateniense a Sicilia
En el decimoséptimo año de la guerra (415-414 a. C.), llegó la noticia a Atenas de que uno de sus aliados más lejanos en Sicilia, Segesta había entrado en guerra con Selinunte, entre otras cosas, por disputas fronterizas. Los selinuntios invocaron la alianza común con Siracusa, ciudad que atacó a Segesta por tierra y mar. Segesta, recordó a Atenas la alianza de esta última con la ciudad de Leontino, existente desde la primera expedición ateniense a Sicilia en 427 a. C., bajo el mando del estratego ateniense Laques. El pueblo de Siracusa era étnicamente dorio (al igual que los espartanos), mientras que los atenienses y sus aliados en Sicilia eran jonios. Atenas sintió la obligación de ayudar a sus aliados, sobre todo por el temor, manifestado y no infundado, de los habitantes de Segesta, de que Siracusa podría aniquilar a todos los aliados que aún les quedaban a los atenienses y segestanos en tierras sicilianas, y de que los siracusanios pudieran prestar ayuda militar a las demás polis dorias de la isla y, por tanto, menoscabar el poderío de Atenas. Segesta prometió sufragar los gastos que ocasionaría la guerra.32​ Como primera medida, la asamblea ateniense decretó, tras oír a los embajadores de Segesta, enviar una delegación a la ciudad aliada para averiguar de cuánto dinero disponía en realidad, e informarse de la situación de la guerra contra Selinunte.33​

Los atenienses no actuaron únicamente desde una visión altruista: respaldados por Alcibíades, el líder de la expedición, soñaban con la conquista de toda Sicilia. Siracusa, la ciudad principal de Sicilia, no era mucho más pequeña que Atenas, y conquistar Sicilia habría llevado a Atenas una inmensa cantidad de recursos. Durante los últimos estadios de las preparaciones, personas desconocidas mutilaron las hermai (estatuas religiosas) de Atenas, y Alcibíades fue acusado de crímenes religiosos (Cf. Hermocópidas). Alcibíades exigió que lo enjuiciaran de inmediato para poder defenderse antes de la expedición. Los atenienses sin embargo le permitieron que partiera en la expedición sin ser enjuiciado (muchos creyeron que la razón fue prepararse mejor en su contra). Tras llegar a Sicilia, Alcibíades fue llamado de regreso a Atenas para el juicio. Temeroso de que lo condenaran injustamente, Alcibíades se pasó al bando de Esparta y Nicias quedó al mando. Luego de su traición, Alcibíades informó a los espartanos de que Atenas planeaba utilizar Sicilia como trampolín para la conquista de Italia, y emplear los recursos y soldados obtenidos con esas nuevas futuras conquistas para dominar todo el Peloponeso.

Las fuerzas atenienses consistían en más cien trirremes y cinco mil hombres entre infantería y tropas ligeras. La caballería se limitaba a unos 30 caballos, los cuales demostraron no estar a la altura de la mayor y mejor entrenada caballería siracusana. Con su llegada a Sicilia, varias ciudades se unieron en el acto a la causa ateniense. Nicias pospuso el ataque en lugar de efectuarlo de inmediato, y así la campaña terminó el año 415 a. C. con poco daño para Siracusa. El invierno se aproximaba y los atenienses debieron retirarse a sus cuarteles, pasando la dura estación reuniendo aliados y preparándose para destruir Siracusa. El retraso permitió a los siracusanos solicitar la ayuda de Esparta, quien envió al general Gilipo a Sicilia con refuerzos. Una vez en Italia, Gilipo montó un ejército formado por varias ciudades sicilianas y acudió al rescate de Siracusa. Después de tomar el mando de las tropas siracusanas, y tras una serie de batallas, el espartano derrotó a las fuerzas atenienses, evitando que invadieran la ciudad.

Nicias solicitó a Atenas refuerzos, siendo enviado Demóstenes con una nueva flota para unir sus fuerzas con las de Nicias. Se sucedieron más batallas y los siracusanos y sus aliados volvieron a derrotar a los atenienses. Demóstenes abogaba por una retirada a Atenas, pero al principio Nicias se negó. Tras nuevos reveses, Nicias estuvo de acuerdo en la retirada hasta que ésta fue demorada por un mal augurio (un eclipse lunar). El retraso forzó a los atenienses a una batalla en el puerto de Siracusa. Los atenienses fueron completamente derrotados y Nicias y Demóstenes condujeron al resto de sus fuerzas tierra adentro en busca de aliados. La caballería siracusana los atacó sin piedad, matando o esclavizando a quienes quedaban de la poderosa flota ateniense.

La segunda guerra: Guerra de Decelia
Artículo principal: Guerra de Decelia
Los lacedemonios no se limitaron simplemente a enviar ayuda a Sicilia; también resolvieron llevar la guerra a territorio ateniense. Con el consejo de Alcibíades, fortificaron Decelia, cerca de Atenas, y evitaron que los atenienses pudieran utilizar sus tierras durante todo el año. La fortificación de Decelia impidió el envío de suministros a Atenas por tierra, obligando a que fueran transportados por mar con un coste mayor. Lo peor de todo quizá fuera que el trabajo en las minas de plata cercanas fue completamente interrumpido, ya que unos veinte mil esclavos atenienses fueron liberados por los hoplitas espartanos en Decelia. Con los mil talentos del tesoro y reservas de emergencia diluyéndose, los atenienses tuvieron que demandar mayores tributos a sus aliados, aumentando aún más la tensión y la amenaza de otra rebelión dentro del Imperio.

Los corintios, los espartanos y otros miembros de la Liga del Peloponeso enviaron más refuerzos a Siracusa, esperando rechazar a los atenienses; pero en lugar de retirarse, estos mandaron otras cien naves y cinco mil hombres a Sicilia. Bajo las órdenes de Gilipo, los siracusanos y sus aliados consiguieron derrotar totalmente a los atenienses en tierra; además, Gilipo alentó a los siracusanos a construir una armada, la cual logró vencer a la flota ateniense cuando intentaban la retirada. El ejército de Atenas, buscando escapar por tierra a otras ciudades más amistosas de Sicilia, fue dividido y derrotado; los soldados del ejército ateniense fueron vendidos como esclavos y toda la flota fue destruida.

Tras la victoria sobre los atenienses en Sicilia, todos creían que el fin de su Imperio estaba próximo. Su tesoro casi se había agotado, sus astilleros estaban vacíos y sus jóvenes muertos o prisioneros en territorio extranjero. Sin embargo, la fuerza del Imperio ateniense fue subestimada, aunque ciertamente el comienzo del fin estaba cerca.

Atenas se recupera
Después de que la fuerza expedicionaria ateniense fuera destruida, Lacedemonia fomentó la revuelta por parte de los aliados tributarios de Atenas, y gran parte de Jonia se levantó contra los atenienses. Los siracusanos pusieron su flota a disposición de los peloponesios, y los persas decidieron apoyar a los espartanos mediante dinero y barcos. Las revueltas y las diversas facciones amenazaban a la mismísima Atenas.

Los atenienses lograron sobrevivir por varias razones: Corinto y Siracusa tardaron en trasladar sus flotas al Egeo, y los demás aliados de Esparta también se retrasaron aprovisionando sus tropas y barcos. Los estados jonios que se rebelaron esperaban recibir protección, por lo que muchos regresaron al bando ateniense. Incluso los persas se demoraron en proveer los fondos y naves que habían prometido, frustrando los planes de batalla.

En el momento en que comenzó la guerra, los atenienses habían ahorrado un poco de dinero y tenían cien navíos para ser empleados como último recurso. Una vez que zarparon, esas naves se convirtieron en el centro de la flota ateniense durante el resto de la guerra. En Atenas tuvo lugar una revolución oligárquica donde un grupo de cuatrocientos personas tomaron el poder. La paz con Esparta habría sido posible, pero la flota de Atenas, ahora con base en la isla de Samos, se negó a aceptar los cambios políticos. En 411 a. C., esta misma flota se enfrentó a los espartanos en la batalla de Sime. La flota designó a Alcibíades como su líder y continuó la guerra en nombre de Atenas. Su oposición llevó a que se restituyera el gobierno democrático a los dos años.

Alcibíades, pese a ser repudiado por traidor, aún tenía peso dentro de Atenas. Evitó que la flota ateniense atacase su metrópoli, ayudando a restaurar la democracia por medios de presión más sutiles. También convenció a la flota de Atenas de atacar a los espartanos en la batalla de Cícico (410 a. C.). Durante esta batalla, los atenienses aniquilaron a la flota espartana y lograron restablecer la base financiera de su Imperio.

Entre 410 y 406 a. C., Atenas obtuvo varias victorias continuas y recuperó una buena parte de su Imperio. En gran parte, todo esto se debió a Alcibíades.

El triunfo de Lisandro y la rendición de Atenas

Las acciones clave de cada fase
A continuación de una victoria menor de Esparta por parte del hábil general Lisandro en la batalla naval de Notio en 406 a. C., Alcibíades no fue reelegido general de los atenienses y se autoimpuso el exilio de la ciudad. Atenas resultó victoriosa en la batalla naval de Arginusas, donde la flota espartana comandada por Calicrátidas perdió setenta navíos y veinticinco los atenienses. Sin embargo, debido a las pésimas condiciones climáticas, los atenienses no pudieron rescatar a las tripulaciones varadas ni acabar con la flota espartana. Pese a la victoria, estos fracasos fueron causa de indignación en Atenas y desencadenaron un polémico juicio. El proceso judicial acabó con la ejecución de seis de los mejores comandantes navales de Atenas. Ahora la supremacía marítima ateniense podía ser desafiada debido a la pérdida de sus líderes más capaces y la baja moral de los tripulantes.

A diferencia de algunos de sus predecesores, Lisandro, el nuevo navarco (almirante) espartano, no era miembro de la familia real de Esparta y era formidable en cuanto a estrategias navales; era un hábil diplomático que incluso había cultivado una buena relación personal con el príncipe persa Ciro el Joven, hijo de Darío II. Aprovechando la oportunidad, la flota espartana partió de inmediato hacia el Helesponto, la fuente de suministro de cereales de Atenas. Bajo la amenaza de la hambruna, la flota ateniense no tuvo otra opción que enfrentarse a los espartanos. Por medio de una astuta estrategia, Lisandro derrotó completamente a la flota ateniense en 405 a. C., en la batalla de Egospótamos, destruyendo ciento sesenta y ocho navíos y capturando entre trescientos y cuatrocientos marineros atenienses. Solo doce barcos atenienses escaparon, y varios de estos navegaron hacia Chipre, llevando al strategos Conón, quien deseaba evitar el juicio de la Asamblea.

Debido al hambre y las enfermedades causadas por un asedio prolongado, Atenas se rindió en 404 a. C. y sus aliados hicieron lo mismo al poco tiempo. Los demócratas de Samos, leales hasta el final, continuaron resistiendo y se les permitió huir para salvar sus vidas. Las condiciones de la rendición privaron a Atenas de sus muros, su flota y todas sus posesiones de ultramar. Corinto y Tebas exigieron la destrucción de Atenas y la esclavitud para todos sus ciudadanos. Sin embargo, los espartanos anunciaron su rechazo a destruir una ciudad que había prestado servicio a Grecia en tiempos de gran necesidad; Esparta incorporó a Atenas a su propio sistema político; ahora tendría «los mismos amigos y enemigos» que Esparta.

Los victoriosos espartanos fueron clementes con Atenas, pese a la oposición de Corinto y Tebas.

Consecuencias
Durante un corto periodo, Atenas fue gobernada por los «Treinta Tiranos», suspendiéndose el régimen democrático. Este nuevo gobierno fue establecido por Esparta. En 403 a. C., Trasíbulo derribó a los oligarcas y restauró la democracia.

Pese a que el poderío ateniense estaba fracturado, la guerra de Corinto supuso una pequeña mejoría y Atenas siguió teniendo un papel activo en la política griega. A su vez, Esparta fue derrotada por Tebas en la batalla de Leuctra en 371 a. C., pero la conquista de Grecia por parte de Filipo II de Macedonia puso fin a todo unos años más tarde.

Contexto: Trasfondo de la guerra
Progresivamente, Atenas intervino en los asuntos internos de las polis sometidas o aliadas; así, ciertos casos criminales debían ser juzgados en Atenas por tribunales atenienses aunque se hubieran cometido en una de las polis aliadas.

La gran concentración humana dentro de las murallas de Atenas constituyó un público excelente para la difusión de panfletos, «cuyo único ejemplar completo que se ha preservado es el Viejo Oligarca».34​

Tucídides relata lo que supuso para Atenas tener que evacuar, aunque no enteramente, el Ática.35​ Para muchos habitantes de los demos rurales, y para los agricultores y ganaderos que vivían en Atenas, la guerra supuso un cambio radical en su modo de vida.36​

En el campo de las artes, después de la victoria en la batalla de Esfacteria (425 a. C.) y la Paz de Nicias, en Atenas se reanudó la construcción del Templo de Atenea Niké (425-420 a. C.). Debido a la guerra, los escultores Fidias y Policleto emigraron a Olimpia y Argos, respectivamente.37​

Cleón de Halicarnaso, en un tratado que escribió, aconsejaba a Lisandro la forma de reformar la realeza en Esparta, basada en el talento: «la realeza no es más que una profesión como las otras».38​

Se escribieron un gran número de obras técnicas: los tratados médicos hipocráticos, el primer libro de urbanismo escrito por Hipódamo de Mileto,39​ Damón y Glauco de Regio escribieron tratados de música,40​ Sófocles escribió una monografía sobre el coro, el escultor Policleto y el pintor Parrasio teorizaron sobre su técnica.

El ámbito donde se aprecia más diferencia entre los periodos anterior y posterior a la guerra, es quizá el de la teoría y la práctica militares. El siglo V a. C. es la época del ciudadano hoplita: Demóstenes señala el contraste con su época:
Me dicen que en la guerra del Peloponeso los espartanos y todos los demás luchaban durante cuatro o cinco meses en el verano; invadían, asolaban la campiña con un ejército de ciudadanos hoplitas y regresaban a casa. Pero ahora Filipo encabeza un ejército no sólo de hoplitas, sino de tropas de infantería ligera, caballería, arqueros, mercenarios, y sus campañas duran todo el verano y todo el invierno.
Demóstenes, Tercera Filípica 343.
El profesionalismo en la Guerra del Peloponeso surgió debido a los prolongados periodos que los ejércitos permanecían alejados de su patria, (de la misma manera que Cayo Mario consiguió lo mismo como resultado de las largas guerras disputadas en Hispania en el siglo II a. C.); si bien es cierto que ya los asirios habían contado con un ejército profesional.41​ Los generales tenían que idear nuevos métodos de combate. Uno o dos años de guerra procuraron más cambios de los que se habían visto en toda la Pentecontecia: Formión combatió con sus tripulantes muy bien preparados en mar abierto, cuando en la batalla de Síbotas, la lucha se libraba desde cerca, parecida a una batalla terrestre (pezomachia), dado la ausencia de maniobras tácticas, como en la batalla de Salamina.42​

Los largos periodos alejados de la ciudad incrementaron el profesionalismo. La Anábasis de Jenofonte abunda en ejemplos:

Tisafernes se asesoró con un griego de Zacinto consejero militar especializado.
Al final de la Expedición de los Diez Mil, Cerétadas de Tebas preguntó en Bizancio «si alguna ciudad o tribu necesita un general».43​
Los sofistas ofrecían la táctica como parte de su programa de estudios. Platón y Jenofonte se hicieron eco de la pretensión de aquéllos de educar en cuestiones militares.44​
Platón hace un estudio sobre el valor en su obra Laques, aparecida poco después de la batalla de Delio (424 a. C.) En ella desdeña la hoplomaquia (lucha con armas de los hoplitas) y ensalza al hombre valeroso que permanece en la línea, que resiste al enemigo y rehúsa huir. A los hoplitas espartanos los califica Jenofonte de maestros de la guerra.45​ Asimismo, el escritor ateniense acota el cambio producido del militar aficionado al profesional en sus tratados De la equitación, el Jefe de la Caballería, y en menor medida en la Ciropedia (amplio análisis sobre el liderazgo). El predecesor de Jenofonte en este género fue un tal Simón Hípico, quien, a pesar de que lo despreciaba, fue una inspiración para él.46​
La Poliorcética de Eneas el Táctico (años 350 a. C.) es un tratado militar extenso, «la primera recopilación de estratagemas».47​
Varios son los motivos por los que la ciencia bélica, y, en concreto las cualidades del mando, no se desarrollaron antes del siglo IV a. C.:
la escasez de manuales al respecto.
la limitación de los poderes del general.
los ciudadanos hoplitas priorizaban mantener la formación y la defensa de su territorio, lo que retenía parte de los efectivos disponibles e impedía la constitución de fuerzas de reserva, cuya importancia para un general fue patente a finales del siglo V y principios del IV a. C., como por ejemplo en las luchas entre siciliotas y cartagineses,48​ y que abundan en las guerras de Alejandro Magno, y a las que un general podía recurrir para lanzarlas en el momento crítico de una batalla. Según Hornblower la revolucionaria falange con una columna de 50 soldados de profundidad, que desplegó el general tebano Epaminondas en la batalla de Leuctra (371 a. C.) fue gracias a la reserva estratégica con la que contaba.49​50​
un general debía mandar «desde delante» una batalla, por lo que poco podía hacer para dirigirla en lo más reñido de la refriega.
El carácter político de su nombramiento por una polis, que no quería dejar el mando a un solo hombre. En Esparta los reyes tenían que dar cuentas en caso de mala conducta en el campo de batalla.51​52​Los generales atenienses podían ser depuestos, eran diez y su cargo era anual.
Característico de esta guerra fue la utilización de mercenarios, los profesionales por excelencia. El empleo clásico tardío difería del arcaico:

en la época arcaica su procedencia era de zonas empobrecidas como Creta, Arcadia, Caria; y era una alternativa a la colonización.
En Persia, en los inicios de la Guerra del Peloponeso (guerra arquidámica), Pisutnes disponía de un contingente mercenario,53​ Tisafernes y Farnabazo II tuvieron a sus órdenes mercenarios.54​
en el siglo IV a. C. los mercenarios son también de otras polis de la Antigua Grecia afectadas por los problemas económicos. Un estudio ha demostrado el alto porcentaje de oficiales atenienses y espartanos frente al de arcadios y aqueos en la Expedición de los Diez Mil (401 a. C.-399 a. C.)55​
La evolución de las unidades militares y de las armaduras, más ligeras, se inicia también en la guerra del Peloponeso:

Ifícrates utilizó peltastas armados con escudos ligeros (peltas) y calzados con botas ligeras, que tomaron su nombre: «ificrátidas».56​
el strategos ateniense, Trasíbulo pertrechó a cinco mil marinos como peltastas.
Los peltastas atenienses, ayudados por hoplitas, aniquilaron un regimiento de seiscientos espartanos en Lequeo (391 a. C.), gracias a la combinación de armas pesadas y ligeras.57​[/SPOILER]

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Al menos ponelo en spoiler.

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Deseo concedido

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La batalla de Brest fue una de las batallas más feroces libradas en el frente occidental durante la Segunda Guerra Mundial. Parte del plan de los Aliados durante la invasión de la Europa continental exigía la captura de instalaciones portuarias, con el fin de garantizar la entrega oportuna de la enorme cantidad de material de guerra necesario para abastecer a las fuerzas aliadas invasoras. Se estimó que, para que las 37 divisiones aliadas permanecieran en el continente durante septiembre de 1944 necesitarían 26 000 toneladas de suministros cada día. El principal puerto que las fuerzas aliadas esperaban tomar y poner a su servicio era Brest, en el noroeste de Francia.

Al principio de la guerra, después de la caída de Francia en 1940 , Estados Unidos comenzó a planear una eventual invasión de Europa occidental, para ser puesta en vigencia siempre y cuando se unieran a la guerra. Las tropas estadounidenses y canadienses serían trasladadas desde EE.UU. a Inglaterra (siempre y cuando el Reino Unido estuviera todavía en guerra), hasta que pudiera montarse una invasión aliada en el continente.

Una cuestión importante era, por supuesto, cómo suministrar al ejército de invasión las decenas de miles de toneladas de material que necesitaría después de llegar. La captura de los puertos de la costa atlántica europea era una necesidad, y los más adecuados eran objetivos claros de invasión. La captura de estas instalaciones portuarias se consideró crucial, porque la falta de suministros lastraría fácilmente a un ejército invasor. Para la fase inicial de la batalla, grandes puertos artificiales, los puertos Mulberry, serían erigidos en las playas, uno para los estadounidenses y otro pala los británicos. Sin embargo los Mulberries tenían limitadas capacidades de descarga de tonelaje, y eran considerados sólo como una contingencia hasta que auténticos puertos pudieran ser capturados y puestos en servicio.

Puertos adecuados se podían encontrar a lo largo de la costa norte de Francia, en el canal de la Mancha, que sería atravesado por los ejércitos invasores; en particular el puerto de Brest, en Bretaña, durante mucho tiempo el puerto principal de la flota francesa en la costa atlántica y el puerto más occidental de Francia. Los estrategas aliados consideraban incluso posible que, después de su captura, los suministros pudieran llegar directamente desde los EE.UU. a Brest, sin pasar por Inglaterra, y llegar a los ejércitos aliados hacia el este, hacia Alemania, mucho más rápido.

Otros puertos a lo largo del canal de la Mancha eran Saint Malo, Lorient y Saint Nazaire en Bretaña, y Cherburgo y Le Havre en Normandía, que finalmente sería seleccionada como el área de invasión. La operación Sledgehammer, la captura de Cherburgo, había sido considerada por los Aliados, pero fue cancelada después de la desastrosa desembarco de Dieppe en 1942. Se decidió que un ataque directo a un puerto de mar no era una opción.

Los alemanes, al darse cuenta de esto, sin embargo, comenzaron a construir fortificaciones alrededor de estos puertos a principios de la guerra a través de la organización Todt, como parte del concepto de Muro del Atlántico. Algunos de estos puertos eran importantes bases de submarinos, y tenían construidas plumas (mástiles de grúas) secundarias de hormigón a prueba de bombas. Estas fortificaciones sobrevivieron a los ataques aéreos aliados durante algún tiempo.


Duendes — ¿Cómo llamarlos para que realicen nuestros deseos?


[SPOILER]
Los gnomos o duendes son pequeños, de aspecto grotesco y muy simpáticos. Para algunos se trata sólo de una simple fábula; para otros, en cambio, son maravillosos seres capaces de realizar todo tipo de milagros. Las sagas islandesas están ligadas a esas leyendas, hasta el punto que todos sus habitantes siguen estrictamente las tradiciones de sus cuentos.

Duendes
Dicen que cada persona es artífice de su propio destino, aunque no está nada mal pedir un poco de ayuda, sobre todo si quien va a prestárnosla es un ser con una inmensa fuerza espiritual. No hablamos de los ángeles sino de los gnomos, también seres de otro mundo indicados para socorrernos.

Inspirados en su infinita bondad y simpatía, los duendes pueden darnos esa mano que estamos necesitando para atraer la fortuna, para conquistar un amor que parece imposible y para mejorar algunos problemas de salud.

¿Dónde viven los duentes?
Las mitologías orientales los llaman Devas, criaturas extrañas con una escala de valores y una ética alejadas del género humano. Juntos, viven en una dimensión o una frecuencia vibratoria que no todas las personas pueden captar, ya que ellos son quienes eligen a los testigos de su existencia.

Habitan en la tierra, en mundos subterráneos donde reinan como genios de la fertilidad y de la fortuna y espíritus de la naturaleza.

Se cree que son ángeles caídos, cuyas travesuras y picardías no les permiten ingresar en el cielo, y cuyos nobles valores y extrema sensibilidad por la naturaleza tampoco los dejan ser candidatos al infierno.

Así, en ese nivel intermedio, tienen un sin fin de cualidades: son pacientes, sabios, alegres, traviesos y poseen grandes habilidades para la sanación.

Ahora, entre nosotros… ¡empiece a revisar bien su casa!, porque además de los bosques y troncos de árboles, estas simpáticas criaturas habitan también en los desvanes de los hogares, ya que adoran los objetos viejos, y entre las plantas del jardín o del patio.

¿Cómo son los duendes?
A decir verdad, su extrema bondad no se compara con su aspecto. Al verlos, no causan buena impresión por su estética. Son como viejitos arrugados con la tez amarronada o verdosa y portan una gran nariz.

Llevan siempre ropa oscura y arrastran sus largas barbas blanquecinas que apenas dejan ver sus bocas. Claro que su tamaño y las hermosas cualidades que los distinguen terminan tiñendo de belleza sus rasgos poco privilegiados.

Sucede que estos seres se han mimetizado con el mundo en que viven para no ser descubiertos fácilmente; además, aman la naturaleza. Tanto su hábitat como ellos están cubiertos por un halo de misterio, encanto, humor, júbilo, amor y riquezas.

La misión de los gnomos
Contrariamente a lo que nos sucede a los seres humanos, los duendes conocen su misión desde siempre.

Ese sentido de la vida que las personas buscamos y creemos no encontrar, es el significado mismo de la existencia de estas criaturas: proteger la naturaleza. Los gnomos cuidan las raíces de las plantas, los troncos de los árboles y el bienestar de los animales.

Pero además de cumplir con tan menuda misión, también actúan como ángeles de la guarda y, cuando no habitan en un bosque sin dueño, cuidan a los habitantes del hogar que eligen para vivir.

¿Si tienen poderes para ayudar? No exactamente.

Sólo cuentan que ellos son dueños de un antiguo libro de magia y conjuros con el que pueden ayudar a los seres humanos a quienes aman. Estos seres mágicos han sido rescatados de la mitología por los investigadores de fenómenos llamados feéricosy aportan su cuota de esperanza al siglo XXI, incluso quienes necesitan probar todo y quieren ver para ser ya no pueden negar la verdad probada por filósofos y científicos de que existen energías invisibles como los aníes, las plantas, el planeta.

Los objetos están animados por una energía, un espíritu o un soplo divino de vida, según la creencia. Estas energías no sólo habitan los cuerpos visibles, sino que tienen identidad propia. Una de estas formas de energía intangible son los gnomos.

Dice la leyenda
Que por cada muñeco de duende que tenga en su casa se materializaran siete reales. Como no representan ningún peligro, usted puede tener cuantos muñecos quiera. A lo sumo, tendrá que lidiar con sus travesuras, pero si les exige que se porten bien respetuosamente, lo logrará.

Además, para mantenerlos entretenidos, puede poner una copa de cristal llena de monedas antiguas, pero no vaya a sacarles una moneda, porque ahora serán de ellos.

En represalia, empezarán a esconder sus cosas. Es probable que ellos las retiren y dejen en su lugar un montoncito de piedras. Les gusta mucho todo lo que hace música o brilla, como las geodas (piedras huecas), las campanitas o los palos de lluvia.

Si quiere pedirles un favor, como que cuiden su casa o lugar de trabajo, ofrézcales moneditas. Dicen que ellos son nuestros amigos y a los duendes les encanta la miel, el pan con miel o azúcar, la leche y el vino tinto.

Si les deja estos manjares junto a una planta pequeña es muy probable que contemos con ellos. Si alguien se enoja con usted, por ejemplo en la oficina, es probable que los duendes se diviertan escondiendo lo que esa persona necesita para que usted se ría. Aunque sean sólo espíritu, pueden mover objetos con su energía, pero no acostumbran hacerlo delante de las personas.

Los duendes pueden hacer realidad sus sueños
Si bien son los duendes quienes eligen a las personas y no a la inversa, sí podemos tener la posibilidad de convocarlos para que nos den suerte y la abundancia no falte en ningún hogar y nos ayuden en ese tema que nos quita el sueño.

Un buen comienzo para atraerlos a nuestro hogar es decorar distintos ambientes de la casa con helechos o palmeras, dos de sus plantas preferidas.
Enterrar tres monedas doradas, en el jardín o en una maceta.
Colocar en la ventana una copita de miel que sólo sea para ellos.
Llamarlos con amor, con oraciones específicas o de cualquier otra forma amable y bien intencionada.
Después, hace falta entrar en estado alfa, es decir, en una situación de profunda relajación, y tratar de llamarlos con la mente, sin otros sentimientos que los de bondad y limpias intenciones.
La oración para convocarlos es la siguiente:
Oh, Lugh, duende mágico, por la intercesión de todos los poderes de la naturaleza, convierte nuestras pobres arcas en rebosantes calderos de prosperidad. Descubre tus secretos y toca nuestro hogar con la vara de la abundancia”.

Esta es una posible invocación; sin embargo, podemos armar otra con palabras propias, convocando al duende indicado. Si no se anima a invocarlos, consiga la figura de un gnomo y téngala como amuleto o figuras en tierra y piedra ó bien, coloque debajo de la estatuilla un papel doblado en tres con la gracia que esté necesitando, y al cabo de siete días quémelo para liberar el pedido. Tire las cenizas al agua y no se olvide de agradecer por anticipado la atención.

Llamarlos por su nombre
Así como las personas nos diferenciamos del resto por un nombre y un apellido, de la misma manera a los gnomos se los distingue por un mote.

Lo particular es que su nombre tiene especial relación con la materia de la cual se ocupan y la gracia que ésta puede concedernos.

Hay un duende que se encarga de la salud, otro del dinero, otro del amor y así, varios… llame al que necesita y pídale que le otorgue aquello que tanto desea.

Stágoros, es quien cuida de las plantas.
Abaturc, es el protector de los trabajos.
Priscob, es una especie de caudillo que concede todos los deseos.
Truppty, el duende dedicado a los pedidos del amor.
Sumiziuss, el protector del dinero.
Ríscolo, quien vela por la salud, el dinero y el amor.
Jurry, el protector de los niños.
Igor, el duende de la abundancia.
Hatmie, el encargado de cuidar la salud.
Brownne, el protector de toda la naturaleza.
Claus, el que otorga bienestar y armonía.
Urukk, quien protege los sueños de los niños.[/SPOILER]

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El rinconcito de angelito millonario

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Este libro de texto ha sido escrito para usted como guía para que conozca a fondo las matemáticas del precálculo. A continuación veamos algunas sugerencias para ayudarle a sacar el
máximo provecho de su curso.
Antes que nada, debe leer la sección apropiada de texto [SPOILER]antes de intentar resolver sus
problemas de tarea. Leer un texto de matemáticas es muy diferente a leer una novela, un
periódico o hasta otro libro. Puede que tenga que releer un pasaje varias veces antes de
entenderlo. Ponga especial atención a los ejemplos y resuélvalos usted con lápiz y papel a
medida que los lea y, a continuación, haga los ejercicios relacionados mencionados en
“Ahora intente hacer el ejercicio…” del fi nal de cada ejemplo. Con esta clase de preparación podrá hacer su tarea con mucha mayor rapidez y mejor entendimiento.[/SPOILER]
No cometa el error de tratar de memorizar cada una de las reglas o dato que se encuentre.
Las matemáticas no son simplemente memorización, sino que son el arte de resolver problemas, no sólo un conjunto de datos. Para conocer a fondo el tema, usted debe resolver
problemas, muchos problemas; haga tantos como pueda. Asegúrese de escribir sus soluciones en una forma lógica, paso a paso. No se rinda ante un problema si no puede [SPOILER]resolverlo
en seguida. Trate de entender el problema más claramente, vuelva a leerlo por completo y
relaciónelo con lo que ya haya aprendido de su profesor y de los ejemplos del texto. Luche
con el problema hasta que lo resuelva; una vez que haya hecho esto unas cuantas veces,
empezará a entender de lo que se tratan las matemáticas.
Las respuestas a ejercicios de número impar, así como todas las respuestas al examen de
cada capítulo, aparecen al final[/SPOILER] del libro. Si su respuesta difiere de la dada, no suponga
de inmediato que usted está en error. Puede ser un cálculo que enlace las dos respuestas y
ambas sean correctas. Por ejemplo, si usted obtiene 1/( ) 12 1 pero la respuesta dada es
1 12, la respuesta de usted es correcta porque puede multiplicar el numerador y denominador de su respuesta por 12 1 para cambiarla a la respuesta dada. Al redondear
respuestas aproximadas, siga las guías del Apéndice: Cálculos y cifras significativas.
El símbolo se usa para advertirle de no cometer un error. Hemos puesto este símbolo
en el margen para señalar situaciones donde hemos encontrado que muchos de nuestros
estudiantes cometen el mismo error.

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podemos hacer de este thread el nuevo “le das”. Ya el título es cualquier cosa por ende puede llegar a pasar desapercibido

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