Venezuela: la salud de Chavez

Como le prometí a Belen, abro un thread con dos notas que escribió el viejo sobre Venezuela. Esta es la posición del PO sobre Venezuela. Ni chavistas, ni gorilas. Revolucionarios.

Adonde va Venezuela

Las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre, en Venezuela, son observadas con mucha atención, por el impacto político que tendrán en América Latina (y no sólo), cualesquiera sean sus resultados. Hugo Chávez enfrenta en las urnas, por primera vez en la larga década de su gobierno, a una oposición unificada. Los llamados ‘escuálidos’ siguieron una línea golpista hasta una fecha tan avanzada como el año 2007, cuando Chávez ya tenía siete años de gobierno. Luego hicieron un repliegue hacia la legalidad electoral sin mayores alcances, pero a partir de ahí obtuvieron dos éxitos significativos: primero, derrotaron un intento de Chávez de reformar la Constitución y, luego, ganaron, en términos de votos, las parlamentarias y a gobernadores hace dos años. En las primarias en las que eligieron a su candidato, Henrique Capriles, los opositores unificados consiguieron una concurrencia elevada, alrededor de tres millones de electores -cuando el padrón electoral de Venezuela acoge a quince millones de votantes. Chávez carga la mochila del cáncer que le fue tratado durante varios meses. Si la sospecha de que persiste se confirma, en octubre no se estaría votando su candidatura, sino la de su sucesor -el cual, de acuerdo a la Constitución venezolana, recaería en la persona que designe Chávez, incluso después de electo. La masa chavista, sin embargo, no aprecia políticamente a ninguno de los que podrían ocupar ese lugar -a los que el lenguaje popular ha designado como “derecha endógena”. Chávez tiene esto muy claro, por lo que ha adoptado medidas excepcionales para la eventualidad de su desaparición física.

Las puertitas de la oposición

Los sondeos de opinión -muy cuestionados- le dan la victoria a Chávez, pero también registran un acortamiento de las distancias. El viernes pasado, en un discurso ante delegados de la Central sindical estatizada, Chavéz reconoció el progreso de Capriles y anunció que la diferencia en la intención de votos a su favor era inferior a la que él hubiera deseado. Henrique Capriles, que le ganó al chavismo el importante estado de Miranda hace tres años, está desarrollando un activismo extraordinario -entre otras cosas para acentuar una contraposición morbosa entre su salud, en apariencia robusta, y las dificultades de Chávez. Pero en sus comicios reúne una cantidad apreciable de gente -esto a pesar del monopolio apabullante de los medios de comunicación chavistas, de la cesión obligatoria de espacios a la propaganda del gobierno y del uso de la cadena nacional para exhibir al Presidente durante un tiempo horario ilimitado. Ocurre algo parecido a lo que pasó en Argentina en 2008, cuando el movimiento del capital sojero reunió a mucha gente, lo que se reflejó luego en la derrota del kirchnerismo en 2009. Algunos sectores de izquierda toman esta circunstancia para caracterizar el apoyo a Capriles como democrático, pero se trata de un error, porque su dirección es oligárquica. América Latina conoció muchas experiencias ‘democráticas’ de ese tipo, como el derrocamiento del nacionalista boliviano Villarroel, en 1946, o de Perón, en 1955. De todos modos, la unidad de la oposición es, en gran medida, una fachada. Bajo el asesoramiento de un ex jefe del partido comunista que se pasó al ‘neoliberalismo’, como tantísimos de sus congéneres, Capriles desarrolla una campaña de ‘paz y amor’, a la Lula, apoyado precisamente por una consultora brasileña ligada al gobierno de Roussef. También Chávez tiene asesoramiento lulista (como lo tuvieron el peruano Humala, el salvadoreño Funes y el hondureño Zelaya) -es decir que Brasil ha puesto sus huevos en las dos canastas.

La derecha de la oposición rechaza la orientación ‘petista’ de Capriles: como descuenta una derrota electoral, reclama una campaña violenta, que denuncie el derrape de Venezuela hacia el comunismo y el castrismo, de modo de preparar las condiciones para un retorno a los métodos golpistas -en especial si, como anhela, Mitt Romney se alza con la presidencia en Estados Unidos. Advertido de la operación republicana, Obama declaró, recientemente, que “Venezuela no representa una amenaza a la seguridad de Estados Unidos”. Tampoco podía decir otra cosa, después de la venia que le había dado al colombiano Santos para que se embarque en conversaciones con las Farc, con la mediación de Cuba y Venezuela. Obama es el gestor principal de estas conversaciones -como lo ha dejado en claro la Cancillería norteamericana. El ingreso de Venezuela al Mercosur y el inicio de conversaciones con las Farc representan dos auxilios políticos a la campaña de Chávez, que han dejado en minoría a los sectores más recalcitrantes del ‘establishment’ internacional. Pero también sirve a las ‘palomas’ de la oposición venezolana, que han evitado pronunciarse contra un hecho como contra el otro, para poder ser vistas como un recambio que respetaría los acuerdos internacionales.

Nacionalismo en ruinas

La campaña electoral apenas logra disimular las dificultades insalvables por las que atraviesa el régimen chavista (el chavismo es una organización ‘sui géneris’ del poder estatal, no solamente un gobierno). Lo ponen de manifiesto las sublevaciones y matanzas en las cárceles, la violencia cotidiana y el reciente incendio de una de las refinerías más grandes del mundo. El régimen chavista, como tal, se encuentra en pleno desbande. La diferencia histórica del chavismo y los ‘escuálidos’ -si la renta petrolera debía servir para financiar el gasto asistencial de las mayorías empobrecidas o alimentar a los accionistas internacionales- concluye en una situación de desorganización económica descomunal, obsolescencia de PDVSA, despilfarro de gastos sociales y una desvalorización espectacular de los salarios de la clase obrera. Lo singular de la situación de Venezuela es que una victoria bolivariana sólo serviría para dejar al desnudo esta desorganización y precipitar una crisis política. El precio elevado del petróleo, como ocurre en la Argentina con la soja, es visto como una carpa de oxígeno para el régimen -entendido así tanto por el oficialismo como por la oposición, pero opera, en realidad, como un factor adicional de disolución económica. Es que acentúa, por un lado, los desequilibrios internos (desindustrialización y dependencia del petróleo) y, por el otro, la tendencia al despilfarro. El flujo de dinero no puede superar la debilidad estructural del capitalismo nativo en todas sus manifestaciones. La pretendida eliminación de los intermediarios comerciales, por medio de mercados estatales, no ha hecho la menor mella en una inflación que supera el 20% anual. A pesar de la cotización del petróleo, el déficit financiero y operacional de PDVSA se acentúa y la obliga a recurrir a deuda externa. Es que la inflación catapulta sus costos de producción; PDVSA liquida sus divisas en el mercado oficial, el cual está un 50% por debajo del paralelo. El incendio de la refinería de Amuay es una manifestación de este desgaste, lo mismo que la incapacidad para financiar una refinería en Pernambuco, con la que se había comprometido con Brasil. El chavismo enfrenta este desbarajuste con la reducción relativa de los salarios de los trabajadores petroleros, quienes ganan entre 2.500 a 3.000 pesos argentinos. No sorprende, entonces, que el gobierno ejerza una brutal regimentación contra los sindicatos y persiga a los activistas independientes y clasistas. El contrato colectivo petrolero se aprobó apenas hace mes y medio, luego de estar vencido desde octubre de 2011. Se logró por la presión de sus trabajadores, que obtuvieron un incremento irrisorio de 30 BsF a la firma y 10 bolívares más en enero de 2013. Esto demuestra que los trabajadores, sean o no chavistas, no dejarán de luchar a pesar de la descarnada regimentación en la que se encuentran. Los trabajadores de Sidor le hicieron doblar el brazo, la semana antepasada, cuando se comenzó a discutir un convenio demorado por treinta meses.

El oficialismo, no importa lo que digan sus encuestas, también se prepara para lo peor: una derrota electoral o, alternativamente, un resultado disputado. Chávez ha nombrado un Consejo de Estado, el que no había figurado como institución a lo largo de su gobierno. Es decir que contempla -en caso de derrota, incertidumbre o una fatalidad personal- el pasaje del gobierno a los militares. En efecto, las fuerzas armadas son la médula o el hueso duro del régimen bolivariano; por eso el choque más importante dentro de la oposición es, precisamente, la cuestión militar, que la extrema derecha quiere abordar con depuraciones y expulsiones. Los izquierdistas que describen al gobierno bolivariano como un ‘empoderamiento’ del pueblo, se hacen los distraídos acerca de su naturaleza militar. Si una disputa por los resultados -como ocurrió con el referendo sobre la Constitución, en 2008- desatara una crisis política, una de las alternativas probables será la mediación internacional de Unasur -a eso se deben los guiños de la oposición al bloque regional. Semejante mediación sería terminal para el gobierno actual, pues sería un reconocimiento de su falta de sustentación.

En los círculos cerrados de la oposición también se evalúa la situación post electoral, en especial porque una derrota neta la condenaría a un largo ostracismo y dejaría sin salida a la burguesía local que la apoya. El ex presidente de Colombia, Uribe, ya ha empezado una agitación golpista contra Santos, la que está dispuesto a convertir en regional. Los golpes que derribaron a Zelaya y a Lugo han sido mistificados como ‘parlamentarios’, pero -en realidad- fueron golpes militares, activo en el caso de Honduras, y ‘neutral’ en el de Paraguay.

Nuestra posición

Cuando, en abril de 2002, las masas salieron a la calle contra el golpe y ganaron la adhesión de las tropas, Venezuela asistió a una irrupción histórica del pueblo, aunque sin una traducción independiente en el campo político (al salir de la prisión, Chávez las llamó a “volver a casa”). Lo mismo ocurrió en enero del 2003, cuando la clase obrera petrolera enfrentó el sabotaje petrolero de los agentes internacionales en PDVSA. Ese fenómeno popular es cosa del pasado; ahora se reúnen multitudes regimentadas. Se trata de una distinción fundamental a la hora de determinar una política socialista, porque apoyar a las primeras manifestaciones, con banderas propias, sirve para desarrollar la experiencia del pueblo; en cambio, hacerlo con las segundas es, simple, seguidismo y abandono de los objetivos estratégicos. La experiencia nacionalista en Venezuela dio lo que podía, ahora se encarna en un régimen fosilizado. Es lo que habría que explicar, en nuestra opinión, a los trabajadores.

Adonde va Venezuela : PARTIDO OBRERO

Vamos con Chirino

En las elecciones que tendrán lugar en Venezuela a principios de octubre próximo, se producirá un choque político de fuerzas cuya importancia no se puede negar. Reducirlas a un enfrentamiento entre “dos fuerzas patronales” raya en una vulgaridad que ofende. Los que incurren en ella eran, hasta hace poco, simpatizantes más o menos fanáticos del chavismo, al cual veían hasta como una encarnación posible de la revolución proletaria. El eufemismo “fuerzas patronales” tampoco aclara nada, porque han habido -y siguen habiendo- movimientos populares de contenido burgués (dirección pequeño burguesa, civil o militar), que chocaron con otros igualmente ‘patronales’, pero reaccionarios. Es precisamente lo que ocurrió en Venezuela, por ejemplo, en 1958 -con el levantamiento popular-militar contra el dictador pro-yanqui Pérez Jiménez- y luego con la tendencia bolivariana. En resumen, el nacionalismo de contenido burgués, por un lado, y el gorilismo, por el otro, no ocupan el mismo lugar histórico en la lucha de clases de los países dependientes. Lo que se debe subrayar siempre es la independencia total del movimiento obrero, en especial cuando apoya las movilizaciones populares impulsadas por la pequeña burguesía nacionalista.Lo que distingue al enfrentamiento electoral en Venezuela que se desarrolla en este momento no es la ‘naturaleza’ burguesa de los contendientes, sino que el chavismo ha agotado sus tendencias movilizadoras y es, por sobre todo, un chaleco de fuerza para el movimiento obrero independiente, como lo demuestra la proclamación de la Central sindical estatizada, por un lado, y el descabezamiento de los “controles obreros” independientes que se habían establecido en las empresas nacionalizadas, por el otro. El chavismo ha dejado de representar hace mucho a un movimiento que se apoya en la movilización de las masas, para ser un factor de regimentación y de estatización de sus organizaciones. Por esta vía de regimentación, el chavismo es el principal preparador de una gran derrota de las masas a manos de la derecha; en su dirección predomina, por lejos, la llamada ‘derecha endógena’. Es lo que ocurrió con el peronismo argentino en 1955 y 1976, que se entregó a la derecha sin pelea o fue cómplice de ella.

Fuera de las ‘luminarias’, se presenta el Partido Socialista y Libertad, una organización trotskista con un programa de independencia de clase y con candidatos que participan en la experiencia del movimiento obrero anti-estatizante, encabezado por Orlando Chirino. El PSL es políticamente solidario de Izquierda Socialista, que integró el Frente de Izquierda en Argentina en 2011. Un voto por el PSL sería testimonial, pues no incide en el desenlace de una elección que es políticamente relevante. Llamamos, sin embargo, a ejercer este voto testimonial. Es que del mismo modo que consideramos una manifestación de “enorme” atraso político el hábito de votar en blanco o por sectas estériles, en cualquier lugar y circunstancia, sin tomar en consideración las oportunidades que ofrecen los virajes que la crisis mundial produce en las situaciones de los diversos países y de las masas, sería un error no tomar en cuenta con la mayor seriedad e interés los esfuerzos que se realizan en el campo de la vanguardia obrera de Venezuela por poner en pie una alternativa propia. En Venezuela, la izquierda ha ido a la rastra del chavismo por casi una década -cómo no apreciar, entonces, que intente dejar de hacerlo, incluso si es en los márgenes del campo electoral.

Desconocemos si el PSL llega a estas elecciones armado de un balance político de la experiencia chavista y de su propia política. En las parlamentarias pasadas, sus candidatos se presentaron en la lista de un partido, el PPT, que abandonó un chavismo orgánico por un acercamiento a la oposición gorila. El nombre PSL no es una buena elección, porque remite a un partido de camarillas en Brasil, el PSOL, de cuño oportunista y democratizante, en donde militan los camaradas brasileños del agrupamiento venezolano, el cual llevó a una senadora clerical como candidata a la presidencia. La combinación de socialismo y libertad tampoco es afortunada, porque niega el carácter autoritario de la revolución proletaria, por mayoritaria que sea la revolución. La dictadura proletaria es, a la vez, la forma más amplia y elevada de democracia en la historia, pero -por sobre todo- un ejercicio autoritario contra la clase explotadora. La expropiación del capital no es un acto democrático, no recurre al referendo para sustituir la vía de los hechos. La corriente que forma el PSL apoyó la expropiación de los capitales privados de medios de comunicación por parte del chavismo, lo que no suena a algo libertario. La afirmación de una posición democratizante arriesga convertir a la izquierda en una de las patas del régimen político burgués.

El PSL simplifica la crisis venezolana como una “polarización entre dos opciones capitalistas” (Chirino, en Primicias24.com, 16/8). A juicio de Chirino: “las candidaturas de Chávez y Capriles representan la continuación del capitalismo en Venezuela”. Tanto el puntofijismo que representa el candidato de la Mesa de Unidad Democrática, como el actual presidente, que lleva 14 años gobernando, han destruido el país…” (ídem). No son, sin embargo, ‘destrucciones’ del mismo carácter -uno representa al imperialismo; el otro, el fracaso del nacionalismo de contenido burgués. Este signo igual entre chavismo y gorilismo toma un tono más peligroso en una declaración del Frente Autónomo en Defensa del Empleo, el Salario y el Sindicato (Fadess), uno de los nucleamientos sindicales opositores, de cuya dirección participa Chirino, que dice lo siguiente: “Es indispensable la salida de este gobierno del poder, para avanzar en la lucha por los derechos de los trabajadores (…) Estamos cerca de una gran oportunidad de poner al gobierno en una situación de confrontación con el electorado y la decisión popular del pueblo venezolano, que sabrá escoger su propio destino” (Primicia 24). Con la excusa democrática, el Fadess llama al derrocamiento del chavismo por parte de los gorilas. Es cierto que el gorilaje tiene una base popular, cortesía del chavismo, que ha perseguido en forma sistemática a numerosas categorías de trabajadores. Pero su contenido no autoriza a caracterizarla como democrática, sino como derechista. Algo parecido ocurrió en la Argentina, cuando los partidos hermanos del PSL apoyaron la movilización sojera.

La izquierda venezolana en su conjunto debería proceder a un balance político. La corriente que forma el PSL repudió el levantamiento de Chávez, en 1992, que fue acompañado por una semi-insurrección popular (Izquierda Unida y el MST de Argentina salieron en “defensa de la democracia”), pero luego se hizo chavista y caracterizó al proceso bolivariano como “revolucionario”. Debería decir cuándo y por qué dejó de serlo. Empeñó sus esfuerzos en construir una central sindical independiente, la Unete, pero bajo la sombra o el aliento del gobierno chavista -el cual, por supuesto, hizo naufragar el intento. Los compañeros del PSL están impulsando una campaña internacional de firmas en su apoyo, a la que adherimos en nombre de la independencia obrera, pero sin convocar a un debate sobre la estrategia de conjunto a la que debería servir ese apoyo. En las filas del PSL no solamente hay luchadores, sino también mártires -tienen sus Mariano Ferreyra, obreros asesinados por el sicariato patronal, lo cual el gobierno chavista nunca quiso esclarecer.

Llamamos vigorosamente a votar por el PSL, en función de la tarea más decisiva para el movimiento obrero de Venezuela -construir un gran partido obrero y socialista.

Vamos con Chirino : PARTIDO OBRERO

Como le prometí a Belen, abro un thread con dos notas que escribió el viejo sobre Venezuela. Esta es la posición del PO sobre Venezuela. Ni chavistas, ni gorilas. Revolucionarios.

Adonde va Venezuela

Las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre, en Venezuela, son observadas con mucha atención, por el impacto político que tendrán en América Latina (y no sólo), cualesquiera sean sus resultados. Hugo Chávez enfrenta en las urnas, por primera vez en la larga década de su gobierno, a una oposición unificada. Los llamados ‘escuálidos’ siguieron una línea golpista hasta una fecha tan avanzada como el año 2007, cuando Chávez ya tenía siete años de gobierno. Luego hicieron un repliegue hacia la legalidad electoral sin mayores alcances, pero a partir de ahí obtuvieron dos éxitos significativos: primero, derrotaron un intento de Chávez de reformar la Constitución y, luego, ganaron, en términos de votos, las parlamentarias y a gobernadores hace dos años. En las primarias en las que eligieron a su candidato, Henrique Capriles, los opositores unificados consiguieron una concurrencia elevada, alrededor de tres millones de electores -cuando el padrón electoral de Venezuela acoge a quince millones de votantes. Chávez carga la mochila del cáncer que le fue tratado durante varios meses. Si la sospecha de que persiste se confirma, en octubre no se estaría votando su candidatura, sino la de su sucesor -el cual, de acuerdo a la Constitución venezolana, recaería en la persona que designe Chávez, incluso después de electo. La masa chavista, sin embargo, no aprecia políticamente a ninguno de los que podrían ocupar ese lugar -a los que el lenguaje popular ha designado como “derecha endógena”. Chávez tiene esto muy claro, por lo que ha adoptado medidas excepcionales para la eventualidad de su desaparición física.

Las puertitas de la oposición

Los sondeos de opinión -muy cuestionados- le dan la victoria a Chávez, pero también registran un acortamiento de las distancias. El viernes pasado, en un discurso ante delegados de la Central sindical estatizada, Chavéz reconoció el progreso de Capriles y anunció que la diferencia en la intención de votos a su favor era inferior a la que él hubiera deseado. Henrique Capriles, que le ganó al chavismo el importante estado de Miranda hace tres años, está desarrollando un activismo extraordinario -entre otras cosas para acentuar una contraposición morbosa entre su salud, en apariencia robusta, y las dificultades de Chávez. Pero en sus comicios reúne una cantidad apreciable de gente -esto a pesar del monopolio apabullante de los medios de comunicación chavistas, de la cesión obligatoria de espacios a la propaganda del gobierno y del uso de la cadena nacional para exhibir al Presidente durante un tiempo horario ilimitado. Ocurre algo parecido a lo que pasó en Argentina en 2008, cuando el movimiento del capital sojero reunió a mucha gente, lo que se reflejó luego en la derrota del kirchnerismo en 2009. Algunos sectores de izquierda toman esta circunstancia para caracterizar el apoyo a Capriles como democrático, pero se trata de un error, porque su dirección es oligárquica. América Latina conoció muchas experiencias ‘democráticas’ de ese tipo, como el derrocamiento del nacionalista boliviano Villarroel, en 1946, o de Perón, en 1955. De todos modos, la unidad de la oposición es, en gran medida, una fachada. Bajo el asesoramiento de un ex jefe del partido comunista que se pasó al ‘neoliberalismo’, como tantísimos de sus congéneres, Capriles desarrolla una campaña de ‘paz y amor’, a la Lula, apoyado precisamente por una consultora brasileña ligada al gobierno de Roussef. También Chávez tiene asesoramiento lulista (como lo tuvieron el peruano Humala, el salvadoreño Funes y el hondureño Zelaya) -es decir que Brasil ha puesto sus huevos en las dos canastas.

La derecha de la oposición rechaza la orientación ‘petista’ de Capriles: como descuenta una derrota electoral, reclama una campaña violenta, que denuncie el derrape de Venezuela hacia el comunismo y el castrismo, de modo de preparar las condiciones para un retorno a los métodos golpistas -en especial si, como anhela, Mitt Romney se alza con la presidencia en Estados Unidos. Advertido de la operación republicana, Obama declaró, recientemente, que “Venezuela no representa una amenaza a la seguridad de Estados Unidos”. Tampoco podía decir otra cosa, después de la venia que le había dado al colombiano Santos para que se embarque en conversaciones con las Farc, con la mediación de Cuba y Venezuela. Obama es el gestor principal de estas conversaciones -como lo ha dejado en claro la Cancillería norteamericana. El ingreso de Venezuela al Mercosur y el inicio de conversaciones con las Farc representan dos auxilios políticos a la campaña de Chávez, que han dejado en minoría a los sectores más recalcitrantes del ‘establishment’ internacional. Pero también sirve a las ‘palomas’ de la oposición venezolana, que han evitado pronunciarse contra un hecho como contra el otro, para poder ser vistas como un recambio que respetaría los acuerdos internacionales.

Nacionalismo en ruinas

La campaña electoral apenas logra disimular las dificultades insalvables por las que atraviesa el régimen chavista (el chavismo es una organización ‘sui géneris’ del poder estatal, no solamente un gobierno). Lo ponen de manifiesto las sublevaciones y matanzas en las cárceles, la violencia cotidiana y el reciente incendio de una de las refinerías más grandes del mundo. El régimen chavista, como tal, se encuentra en pleno desbande. La diferencia histórica del chavismo y los ‘escuálidos’ -si la renta petrolera debía servir para financiar el gasto asistencial de las mayorías empobrecidas o alimentar a los accionistas internacionales- concluye en una situación de desorganización económica descomunal, obsolescencia de PDVSA, despilfarro de gastos sociales y una desvalorización espectacular de los salarios de la clase obrera. Lo singular de la situación de Venezuela es que una victoria bolivariana sólo serviría para dejar al desnudo esta desorganización y precipitar una crisis política. El precio elevado del petróleo, como ocurre en la Argentina con la soja, es visto como una carpa de oxígeno para el régimen -entendido así tanto por el oficialismo como por la oposición, pero opera, en realidad, como un factor adicional de disolución económica. Es que acentúa, por un lado, los desequilibrios internos (desindustrialización y dependencia del petróleo) y, por el otro, la tendencia al despilfarro. El flujo de dinero no puede superar la debilidad estructural del capitalismo nativo en todas sus manifestaciones. La pretendida eliminación de los intermediarios comerciales, por medio de mercados estatales, no ha hecho la menor mella en una inflación que supera el 20% anual. A pesar de la cotización del petróleo, el déficit financiero y operacional de PDVSA se acentúa y la obliga a recurrir a deuda externa. Es que la inflación catapulta sus costos de producción; PDVSA liquida sus divisas en el mercado oficial, el cual está un 50% por debajo del paralelo. El incendio de la refinería de Amuay es una manifestación de este desgaste, lo mismo que la incapacidad para financiar una refinería en Pernambuco, con la que se había comprometido con Brasil. El chavismo enfrenta este desbarajuste con la reducción relativa de los salarios de los trabajadores petroleros, quienes ganan entre 2.500 a 3.000 pesos argentinos. No sorprende, entonces, que el gobierno ejerza una brutal regimentación contra los sindicatos y persiga a los activistas independientes y clasistas. El contrato colectivo petrolero se aprobó apenas hace mes y medio, luego de estar vencido desde octubre de 2011. Se logró por la presión de sus trabajadores, que obtuvieron un incremento irrisorio de 30 BsF a la firma y 10 bolívares más en enero de 2013. Esto demuestra que los trabajadores, sean o no chavistas, no dejarán de luchar a pesar de la descarnada regimentación en la que se encuentran. Los trabajadores de Sidor le hicieron doblar el brazo, la semana antepasada, cuando se comenzó a discutir un convenio demorado por treinta meses.

El oficialismo, no importa lo que digan sus encuestas, también se prepara para lo peor: una derrota electoral o, alternativamente, un resultado disputado. Chávez ha nombrado un Consejo de Estado, el que no había figurado como institución a lo largo de su gobierno. Es decir que contempla -en caso de derrota, incertidumbre o una fatalidad personal- el pasaje del gobierno a los militares. En efecto, las fuerzas armadas son la médula o el hueso duro del régimen bolivariano; por eso el choque más importante dentro de la oposición es, precisamente, la cuestión militar, que la extrema derecha quiere abordar con depuraciones y expulsiones. Los izquierdistas que describen al gobierno bolivariano como un ‘empoderamiento’ del pueblo, se hacen los distraídos acerca de su naturaleza militar. Si una disputa por los resultados -como ocurrió con el referendo sobre la Constitución, en 2008- desatara una crisis política, una de las alternativas probables será la mediación internacional de Unasur -a eso se deben los guiños de la oposición al bloque regional. Semejante mediación sería terminal para el gobierno actual, pues sería un reconocimiento de su falta de sustentación.

En los círculos cerrados de la oposición también se evalúa la situación post electoral, en especial porque una derrota neta la condenaría a un largo ostracismo y dejaría sin salida a la burguesía local que la apoya. El ex presidente de Colombia, Uribe, ya ha empezado una agitación golpista contra Santos, la que está dispuesto a convertir en regional. Los golpes que derribaron a Zelaya y a Lugo han sido mistificados como ‘parlamentarios’, pero -en realidad- fueron golpes militares, activo en el caso de Honduras, y ‘neutral’ en el de Paraguay.

Nuestra posición

Cuando, en abril de 2002, las masas salieron a la calle contra el golpe y ganaron la adhesión de las tropas, Venezuela asistió a una irrupción histórica del pueblo, aunque sin una traducción independiente en el campo político (al salir de la prisión, Chávez las llamó a “volver a casa”). Lo mismo ocurrió en enero del 2003, cuando la clase obrera petrolera enfrentó el sabotaje petrolero de los agentes internacionales en PDVSA. Ese fenómeno popular es cosa del pasado; ahora se reúnen multitudes regimentadas. Se trata de una distinción fundamental a la hora de determinar una política socialista, porque apoyar a las primeras manifestaciones, con banderas propias, sirve para desarrollar la experiencia del pueblo; en cambio, hacerlo con las segundas es, simple, seguidismo y abandono de los objetivos estratégicos. La experiencia nacionalista en Venezuela dio lo que podía, ahora se encarna en un régimen fosilizado. Es lo que habría que explicar, en nuestra opinión, a los trabajadores.

Adonde va Venezuela : PARTIDO OBRERO

Vamos con Chirino

En las elecciones que tendrán lugar en Venezuela a principios de octubre próximo, se producirá un choque político de fuerzas cuya importancia no se puede negar. Reducirlas a un enfrentamiento entre “dos fuerzas patronales” raya en una vulgaridad que ofende. Los que incurren en ella eran, hasta hace poco, simpatizantes más o menos fanáticos del chavismo, al cual veían hasta como una encarnación posible de la revolución proletaria. El eufemismo “fuerzas patronales” tampoco aclara nada, porque han habido -y siguen habiendo- movimientos populares de contenido burgués (dirección pequeño burguesa, civil o militar), que chocaron con otros igualmente ‘patronales’, pero reaccionarios. Es precisamente lo que ocurrió en Venezuela, por ejemplo, en 1958 -con el levantamiento popular-militar contra el dictador pro-yanqui Pérez Jiménez- y luego con la tendencia bolivariana. En resumen, el nacionalismo de contenido burgués, por un lado, y el gorilismo, por el otro, no ocupan el mismo lugar histórico en la lucha de clases de los países dependientes. Lo que se debe subrayar siempre es la independencia total del movimiento obrero, en especial cuando apoya las movilizaciones populares impulsadas por la pequeña burguesía nacionalista.Lo que distingue al enfrentamiento electoral en Venezuela que se desarrolla en este momento no es la ‘naturaleza’ burguesa de los contendientes, sino que el chavismo ha agotado sus tendencias movilizadoras y es, por sobre todo, un chaleco de fuerza para el movimiento obrero independiente, como lo demuestra la proclamación de la Central sindical estatizada, por un lado, y el descabezamiento de los “controles obreros” independientes que se habían establecido en las empresas nacionalizadas, por el otro. El chavismo ha dejado de representar hace mucho a un movimiento que se apoya en la movilización de las masas, para ser un factor de regimentación y de estatización de sus organizaciones. Por esta vía de regimentación, el chavismo es el principal preparador de una gran derrota de las masas a manos de la derecha; en su dirección predomina, por lejos, la llamada ‘derecha endógena’. Es lo que ocurrió con el peronismo argentino en 1955 y 1976, que se entregó a la derecha sin pelea o fue cómplice de ella.

Fuera de las ‘luminarias’, se presenta el Partido Socialista y Libertad, una organización trotskista con un programa de independencia de clase y con candidatos que participan en la experiencia del movimiento obrero anti-estatizante, encabezado por Orlando Chirino. El PSL es políticamente solidario de Izquierda Socialista, que integró el Frente de Izquierda en Argentina en 2011. Un voto por el PSL sería testimonial, pues no incide en el desenlace de una elección que es políticamente relevante. Llamamos, sin embargo, a ejercer este voto testimonial. Es que del mismo modo que consideramos una manifestación de “enorme” atraso político el hábito de votar en blanco o por sectas estériles, en cualquier lugar y circunstancia, sin tomar en consideración las oportunidades que ofrecen los virajes que la crisis mundial produce en las situaciones de los diversos países y de las masas, sería un error no tomar en cuenta con la mayor seriedad e interés los esfuerzos que se realizan en el campo de la vanguardia obrera de Venezuela por poner en pie una alternativa propia. En Venezuela, la izquierda ha ido a la rastra del chavismo por casi una década -cómo no apreciar, entonces, que intente dejar de hacerlo, incluso si es en los márgenes del campo electoral.

Desconocemos si el PSL llega a estas elecciones armado de un balance político de la experiencia chavista y de su propia política. En las parlamentarias pasadas, sus candidatos se presentaron en la lista de un partido, el PPT, que abandonó un chavismo orgánico por un acercamiento a la oposición gorila. El nombre PSL no es una buena elección, porque remite a un partido de camarillas en Brasil, el PSOL, de cuño oportunista y democratizante, en donde militan los camaradas brasileños del agrupamiento venezolano, el cual llevó a una senadora clerical como candidata a la presidencia. La combinación de socialismo y libertad tampoco es afortunada, porque niega el carácter autoritario de la revolución proletaria, por mayoritaria que sea la revolución. La dictadura proletaria es, a la vez, la forma más amplia y elevada de democracia en la historia, pero -por sobre todo- un ejercicio autoritario contra la clase explotadora. La expropiación del capital no es un acto democrático, no recurre al referendo para sustituir la vía de los hechos. La corriente que forma el PSL apoyó la expropiación de los capitales privados de medios de comunicación por parte del chavismo, lo que no suena a algo libertario. La afirmación de una posición democratizante arriesga convertir a la izquierda en una de las patas del régimen político burgués.

El PSL simplifica la crisis venezolana como una “polarización entre dos opciones capitalistas” (Chirino, en Primicias24.com, 16/8). A juicio de Chirino: “las candidaturas de Chávez y Capriles representan la continuación del capitalismo en Venezuela”. Tanto el puntofijismo que representa el candidato de la Mesa de Unidad Democrática, como el actual presidente, que lleva 14 años gobernando, han destruido el país…” (ídem). No son, sin embargo, ‘destrucciones’ del mismo carácter -uno representa al imperialismo; el otro, el fracaso del nacionalismo de contenido burgués. Este signo igual entre chavismo y gorilismo toma un tono más peligroso en una declaración del Frente Autónomo en Defensa del Empleo, el Salario y el Sindicato (Fadess), uno de los nucleamientos sindicales opositores, de cuya dirección participa Chirino, que dice lo siguiente: “Es indispensable la salida de este gobierno del poder, para avanzar en la lucha por los derechos de los trabajadores (…) Estamos cerca de una gran oportunidad de poner al gobierno en una situación de confrontación con el electorado y la decisión popular del pueblo venezolano, que sabrá escoger su propio destino” (Primicia 24). Con la excusa democrática, el Fadess llama al derrocamiento del chavismo por parte de los gorilas. Es cierto que el gorilaje tiene una base popular, cortesía del chavismo, que ha perseguido en forma sistemática a numerosas categorías de trabajadores. Pero su contenido no autoriza a caracterizarla como democrática, sino como derechista. Algo parecido ocurrió en la Argentina, cuando los partidos hermanos del PSL apoyaron la movilización sojera.

La izquierda venezolana en su conjunto debería proceder a un balance político. La corriente que forma el PSL repudió el levantamiento de Chávez, en 1992, que fue acompañado por una semi-insurrección popular (Izquierda Unida y el MST de Argentina salieron en “defensa de la democracia”), pero luego se hizo chavista y caracterizó al proceso bolivariano como “revolucionario”. Debería decir cuándo y por qué dejó de serlo. Empeñó sus esfuerzos en construir una central sindical independiente, la Unete, pero bajo la sombra o el aliento del gobierno chavista -el cual, por supuesto, hizo naufragar el intento. Los compañeros del PSL están impulsando una campaña internacional de firmas en su apoyo, a la que adherimos en nombre de la independencia obrera, pero sin convocar a un debate sobre la estrategia de conjunto a la que debería servir ese apoyo. En las filas del PSL no solamente hay luchadores, sino también mártires -tienen sus Mariano Ferreyra, obreros asesinados por el sicariato patronal, lo cual el gobierno chavista nunca quiso esclarecer.

Llamamos vigorosamente a votar por el PSL, en función de la tarea más decisiva para el movimiento obrero de Venezuela -construir un gran partido obrero y socialista.

Vamos con Chirino : PARTIDO OBRERO

//youtu.be/hG7dIt0gz2c

VAMOS HUGOOOO CARAJOO!!

Que spot de mierda, recurrir al populismo y al falso nacionalismo. Que asco me da el gordo chorro de Chávez, su primer gobierno fue coherente, después se fue a la mierda y ahora es sólo un sorete garca y millonario más.

A mi me causan mucha gracia los Cyber “militantes k” de cotillón, que se llenan la boca hablando de “golpistas”, “destituyentes”, “derecha”, pero apoyan abiertamente a un tipo como Chávez que fue uno de los golpistas del año 92…

gran spot… no se puede para de cantar “mi comandante…mi presidente”

Dicen que en las marchas contra el Gobierno dicen “No queremos ser Argentina”.

Que impotencia y dolor siento con la pelotudez que postea Nahuel.

Me da por las pelotas cuando veo que una filosofía tan rica como el marxismo (en su variente trotskysta, en este caso), se ve reducida a preceptos marginales. Toda esa riqueza, se transforma en dogma.

Y ojalá el asunto termine ahí. Pero no es así. Y entonces viene el dolor.

Entre nosotros, gente de izquierdas, la diferencia radica en trazar el camino a ese anhelo que llamamos socialismo.Pero para empezar a transitar ese camino hay que saber desde donde se parte. Si uno no sabe donde está parado, difícilmente pueda saber donde va.

Hay una izquierda vulgar que efectivamente ha perdido el rumbo. No se enteraron que cayó el muro y siguen convencidos que el Socialismo es un paraíso que ellos pueden llegar a vivir. Y no está mal, porque todos podemos pensar en vivir el paraíso socialista. Pero cada uno desde su lugar.

Porque si sos un militante, siempre vas a tener al socialismo en el horizonte, pero el dirigente está para templar esa óptica y tener una visión más amplia. Sabiendo su rol en la Historia.

Si la cúpula del partido no hace su rol, la historia se encarga de pasarle factura. Y entonces la izquierda parece que no tiene mayor papel que ofrendar valiosos cuadros en su eterna busqueda. Y el fuego de la ilusión lo alimentan los Kosteki, los Santillán y los Ferreira. Y encima después le tenemos que suplicar justicia…a las instituciones burguesas!!.

En fin, todo esto para decir que quienes supuestamente levantan las banderas que yo defiendo (el PO, en este caso), me chupan bien un huevo. En defensa del marxismo.

Todos los venezolanos que conozco lo odian rotundamente a Chavez… por algo sera, no?

Al paso que vamos, en Argentina, estamos muy cerca de terminar como Venezuela…

Fascinante el primer planteo. ¿Cuándo decis “todos”, podés ser más específico?. ¿Estás en contacto con muchos venezolanos?.

Reconozco que mordí el anzuelo con el “Sherlock Holmes Style”. Será, será…se me ocurren algunas alternativas, decime si me equivoco. ¿Todos tus conocidos venezolanos son oligarcas?. ¿Do you see dead (venezuelan) people?.

Lamento no tener las luces necesarias para entender la frase final. Osea…necesito algún juicio de valor. Se critica el paso?. Es muy lento o demasiado rápido?. Qué onda con terminar como Venezuela?. Las Galápagos serían velezo-argentas?.

Todo tu planteo es radicalmente nuevo y complejo. Vos sos Dylan?

armate encuesta preguntando quien queres que gane e inclui la opción me chupa un huevo

Seguramente debe ser porque te relacionas con venezolanos de tu misma capacidad intelectual.

Yo conozco uno que me dijo todo lo contrario, solo que hay mucha inseguridad, nada que ver con acá (mucha en serio).

Chavez es mas importante para la región que para la misma Venezuela. Lo discutian ayer Aroskind y Borón en Marca de Radio, PDVSA abastece de petroleo barato a países en extremos políticos diferentes como Cuba y Paraguay (sí, a diferencia del proceder norteamericano cuando cambia el humor político no le subieron el precio del chorro al pueblo paraguayo, el único perjudicado tras el golpe parlamentario) y es una fuente importante de divisas en forma de inversiones para la región.

En Venezuela el problema histórico es la bajisima producción de alimentos, y al intervenir el Estado directamente en los precios en las cadenas de importación privadas el resultado es un desabastecimiento sistemático. Junto a la inseguridad son los temas que mas golpean a la sociedad venezolana en el día a día. Después lo que se diga de PDVSA es relativo, es y seguirá siendo una poderosa petrolera mundial por su poder hipótetico de producción. Si abastecer de petroleo barato es un problema para los mercados, bienvenido sea el problema.

Jojojo, de lo mejor que leí de un tiempo a esta parte en este subforo.


VIEJO COME TRABAS LO ODIO


Al fin coincidimos en una que no es el nombre, buena sachitaaa

EL PAIS › OPINION

Venezuela y la misión de la Unasur

Por Carlos “Chacho” Alvarez *

Tengo el honor y, sobre todo la responsabilidad, de haber sido designado por la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) como jefe de la Misión de Acompañamiento (observación) Electoral en los próximos comicios venezolanos del domingo 7 de octubre. Señalo entre paréntesis “observación” porque en este caso se trata de desinstalar la idea de que los latinoamericanos, por nuestra propia historia de inestabilidad política, golpes de Estado, dictaduras militares, injerencias externas, fraudes electorales y gobernantes incompetentes o corruptos, estamos incapacitados para vigilar y cuidar la transparencia y limpieza de nuestros propios procesos electorales. Por ello, éstos “deben ser observados” por organismos del mundo desarrollado o por aquellos otros donde los Estados Unidos o países europeos tengan una importante influencia.

La Unasur creó, entre otros, su Consejo Electoral, cuya Presidencia Pro Témpore ejerce hoy la hermana República del Perú. La tarea en Venezuela el próximo 7 de octubre será su primera misión. También será el principal organismo internacional que tendrá presencia en los comicios venezolanos. Ello implica una doble responsabilidad, porque así como nuestros gobiernos trabajan para construir democracias y economías que no sean tuteladas o condicionadas por factores de poder externos o internos, también tenemos que empezar a demostrar que somos suficientemente rigurosos y eficaces para garantizar procesos electorales indiscutidos desde el punto de vista de su legalidad.

Somos conscientes de que las misiones electorales desde ya muy delicadas, lo son aún más en sociedades fuertemente polarizadas donde muchas veces las acusaciones de fraudes o la existencia de irregularidades pueden funcionar como instrumento de combate político-partidario por quienes no han sido favorecidos por las urnas.

En otros casos –hoy absolutamente minoritarios en la región– una historia de autoritarismo, de fraudes acreditados, o de poca transparencia del sistema electoral pueden todavía hacer convivir la democracia con sombras o sospechas sobre la legitimidad de origen de los gobernantes.

Por el contrario hoy, a través de dolorosos aprendizajes, de las convicciones democráticas de las mayorías de nuestras sociedades, y por la legitimidad popular que necesitan los presidentes para liderar países en los que entre sus principales problemas y desafíos figuran la lucha contra la desigualdad, la pobreza y la marginación, Latinoamérica transita, a pesar de sus dificultades y sus deudas pendientes, la consolidación de un orden democrático estable.

No debemos olvidar que la ausencia de democracias estables ha sido sin duda una de las grandes debilidades –por cierto no la única– de la región. De aquí la necesidad de cuidarlas y protegerlas frente a las viejas o nuevas formas de golpismo. En este contexto debe comprenderse la posición de condena del Mercosur y de la Unasur a los hechos acontecidos en la hermana República del Paraguay.

En la tarea de continuar consolidando los procesos democráticos opera como elemento fundante el garantizar elecciones libres y transparentes en cada uno de los países de la región.

Me tocó participar como observador –siendo presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur– en tres procesos electorales en la República Bolivariana de Venezuela, incluso en el que en diciembre del 2007 (referendo sobre la reforma constitucional) el presidente Hugo Chávez fue derrotado por el 1,3 por ciento de los votos emitidos.

La importancia y la trascendencia de las próximas elecciones del 7 de octubre en Venezuela son indiscutibles, porque el proceso venezolano, así como reúne grandes apoyos internos y externos, también tiene detractores y opositores, y lo que hay que tratar de evitar, en la medida de las posibilidades, de la región y sin vulnerar la soberanía nacional es que la transparencia de los comicios queden fuera de ese debate. Decimos esto porque la democracia electoral, si bien insuficiente, es un gran activo político de la región y la articulación entre democracia, el crecimiento sostenido de las economías, un combate que se va demostrando eficaz contra el desempleo, la pobreza y la marginalidad y los avances producidos en los procesos de integración regional, son las características que habilitan a describir el actual momento latinoamericano como único y excepcional.

En nuestra tarea de Acompañamiento Electoral es relevante considerar un dato que muy pocos conocen, sobre todo quienes analizan la realidad desde la desinformación o los prejuicios, que Venezuela tiene hoy uno de los Sistemas Electorales más fuertes y tecnológicamente más avanzados de América latina, que asegura la transparencia, el control y la vigilancia de los comicios por quienes compiten en la elección, los partidos y también por los ciudadanos y por los organismos de observación electoral.

Por todo lo dicho, y por los antecedentes de los últimos procesos electorales en Venezuela, están dadas las condiciones para que –más allá de la radicalización de los discursos, la dureza de la confrontación y las visiones políticas antagónicas– el domingo 7 de octubre se pueda dar un paso importante en la consolidación de la democracia venezolana, porque en última instancia la legalidad y la transparencia de las elecciones se terminan constituyendo en uno de los principales factores de cohesión de todos los venezolanos, independientemente del partido y el proyecto con que se sienten identificados.

  • Jefe de Misión de Acompañamiento Electoral de la Unasur.

Che no estan los resultados todavía que nadie dice nada por aca?

Para mí gana Chávez caminando. Evidentemente Chávez hizo cosas buenas, sobre todo, en su primer período y después tiene cosas como la utilización de los resultados de un referéndum supuestamente “secreto” para algunas cuestiones de la vida cotidiana que a mí no me gustan nada pero los otros parecen los emisarios del FMI y eso tampoco es una solución para nada.

Lo malo es que el espacio de Chávez no genera un continuador, como logró Lula en Dilma. Desconozco qué propone la oposición venezolana. Creo que a Argentina le conviene una continuidad en Venezuela