FUERA DE JUEGO: EDUARDO COUDET
“¿Lo mejor que viví? Estar en la Selección”
Lejos de su Rosario adoptivo, el Chacho la gasta desde México. Revela cuando jugaba para la Selección de futsal, el día que casi se lo llevó el Barba, y, sí, su locura peor: retrasar la cesárea para que su primera nena naciera el día de la palomita de Poy.

La única certeza del grito que llegó, asombrando, desde el fondo, fue su rotunda ambigüedad. Eduardo Coudet charlaba sereno, quizá tirado en un sillón, cuando un aullido lo dejó impedido, en silencio. Dudoso, un aullido que podría haber sido tanto un grito de batalla como el relincho de un caballo ronco. Algo de eso, al fin, había. “El Chango Moreno —aclara el Chacho, concentrado con el ex Boca en el club San Luis de México—. A ver, pará, que no sé si… ¿Lo digo, Chango? ¿Puedo declarar cómo estás? Está jugando carreritas de caballos por Internet el pelotudo. ¿Ganaste? Ganó el seis, che. Anda con el culo abierto, pobre Chango. Bueno, monstruo, ¿seguimos?”.
—Adelante.
—¿En qué estábamos?
—En tus idas y venidas de Rosario cuando jugabas en Central pero vivías en Capital.
—Ah, sí, lo de la banquina. Bueno, nada, que una vuelta levanté vuelo a un perro en la ruta, mordí la banquina y pegué como cuatro trompos. Era de noche, justo había llovido; decí que el Checho no me quiso llevar.
[b]—¿Quién?
—El Checho.
—¿Cómo el Checho?
—Batista. El de arriba. Una lentitud, hermano, la tuya.[/b]
—¿Y desde cuándo se le dice Checho al Barba?
—Recién inventado, entonces. ¿Lo patentamos?
—Con esta lógica al Sub 20 le va a ir bárbaro: ya se ganó la bendición.
—Pero mirá qué bien el Checho, hermano.
—La cosa es que zafaste.
—Iba y venía para no mudar a Lola, mi primera nena.
—¿Tu mujer ya entendió lo del nacimiento de esa nena, Chacho?
—¿Que demoré la cesárea dos días para hacerla nacer un 19 de diciembre (NdeR: día del aniversario de la palomita de Poy)? No.
—Pero…
—Bueno, sí, me dijo que estaba loco. La aguantó dos días más en la panza, tampoco para tanto. Eso fue muy importante para mí.
—¿Otra locura?
—Con Vitamina Sánchez, luego de ganar la Conmebol: salimos campeones, me fui a mi casa, saludé a mis viejos, volví al Gigante, salté los portones, alambrados, todo, hasta llegar a la platea. En la noche total, tremenda oscuridad, pegué el grito, y ahí apareció, en la mitad de cancha, la linterna de Vitamina. Nos lo habíamos prometido. Salté la fosa, me metí a la cancha; solos en el Gigante, mucho champán, boludeamos hasta que se hizo de día. En Rosario es así: ni católico, ni evangelista: de Central. Y mi viejo quería que fuese dentista, qué bárbaro.
—¿Vos, dentista?
—Mi viejo era dentista, vos sabés cómo es eso.
—¿Y?
—De pedo que leía algo en la Secundaria. Siempre ahí, 24 amonestaciones, 24 y media, 24 y tres cuartos, 24 y 99… Entonces, igual, cumplí mi sueño: lo mejor que viví fue haber jugado en la Selección.
—¿Selección? ¿De qué?
—Futsal, monstruo. Tenía 16 años y fui a un Sudamericano Sub 19, Sub 20, algo así, en Paraguay. De antemano me le vengué a Bielsa: justo durante sus seis años se me ocurrió tener nivel de Selección. No me llamó nunca el Loco.
—Así que futsal…
—Jugaba en All Boys de Saavedra, sí. Decían que era bueno, la pisaba mucho. Ahora no sé qué es eso que juegan, se cruzan para todos lados, el arquero sale jugando, te perdés, no se entiende nada. Parece handball, dejame de joder.
—Que Diego te vaya anotando para el Showbol…
—Se viven cagando a patadas los muchachos, dejá nomás… Che, maestro…
—¿Qué?
—Guarda con el título que me ponen, loco, eh. Mirá que ahora estoy acá, tranquilo, no me van a hacer aparecer como un banana, ese tipo de cosas.
—¿Sos banana, Chacho?
—Guarda con el título…
—Aceptamos tu asesoramiento periodístico.
—Y… a mí me gustó que me vengué de Bielsa, monstruo… Me le vengué con anticipación, ¿viste? Soy un adelantado.
—Rara tu preocupación cuando te llegaste a poner una frazada para gastar a los de Newell’'s.
—Pero eso pasó inadvertido. Salvo algunas amenazas de muerte, nada, anduvo todo retranquilo.
Un grande el Chacho como me hace cagar de risa. :lol: :lol:
[Saludos]