Se saca la camiseta…
Alan Arario, talento de la 9ª, viajó sin avisar a España. Se sospecha que se fue al Atlético Madrid. En River arden. FEDERICO ROZENBAUM | frozenbaum@ole.com.ar
Un nuevo caso de fuga -o robo- de talentos envuelve al semillero de River. Alan Arario, gran promesa de la Novena, desapareció a principios de la semana sin dar explicaciones ni parte de enfermo. La verdadera razón de su ausencia recién se descubrió ayer: el pibe de 14 años viajó con su familia a España. Se sospecha que se fue al Atlético Madrid, donde ya se había probado durante el 2008.
Arario juega de enganche o volante ofensivo. Es explosivo y hábil, desequilibrante y superdotado en lo técnico. Admira a Cristiano Ronaldo y a Ricardo Quaresma. Mide 1,70 metro y pesa 56 kilos. Explotó en las ultimas dos temporadas, como abanderado de la categoría 95, campeona en el 2008. Lleva -o llevaba- cuatro temporadas en el Monumental.
Con este bagaje de antecedentes su noticia cayó como una bomba. Primero por la sensibilidad que generan las desapariciones de juveniles. Y a su vez porque Arario es considerado el “diferente” de la división. Su último partido en River fue el 29 de agosto, ante Central. Se lesionó la mano y fue inmovilizado. Este fin de semana no jugó porque se suspendió la fecha ante All Boys. Lo esperaban para las prácticas en el predio de Villa Martelli. No se lo vio. Tan grande resultó la sorpresa que en Núñez aún no hubo tiempo para reaccionar.
En febrero del año pasado, Arario ya había viajado repentinamente al Atlético Madrid. Fue llevado por un representante llamado Alejandro Ruitiña (el mismo que operó en el caso de Martín Acevedo, ex Vélez). Pero volvió. En ese momento, River intentó mejorarle la ayuda económica con el propósito de evitar lo que finalmente ocurrió.
Diego Quintás, presidente de las Inferiores de River, se comunicó ayer con el responsable del Fútbol Base del club español, José María Amorrortu, quien le negó que el chico se encuentre en el Aleti.
Arario acaba de ser protagonista de otra historia. Fue hace menos de un mes, cuando definió el polémico superclásico que finalizó con batahola. Alan se hizo cargo del penal más largo del mundo, luego de que el árbitro sacara a ambos equipos de la cancha y que él quedara solo frente al arquero. “Estaba algo nervioso, pero sabía que contaba con el apoyo de mis compañeros. Ya había errado un penal -la picó y pegó en el palo-, pero no podía volver a fallar”, le comentó a Olé el pibe surgido del baby de Jorge Newbery y Parque Chas. También dejó otra frase que puede ir al archivo: “Tengo mi vida cotidiana muy metida en River”.