Da bronca volver de Rosario con las manos vacías, pero si logramos por un instante poner la cabeza en frío se pueden analizar las cosas desde un panorama más alentador o menos trágico.
Quiero quedarme con que River ya no es ampliamente superado por nadie, que hemos subido el escalón de lo vergonzoso para formar parte del de la mediocridad propia del gran porcentaje de los equipos del futbol argentino. Me quedo con que hoy perdemos, entre otras cosas, porque somos imprecisos en la definición y no porque fuimos desbordados permanentemente ni pasados por arriba sin mostrar ningún atisbo de reacción. Que perdemos porque pagamos caro algún error pero que no cometemos errores todo el tiempo.
Quiero quedarme con que River esta sacando los resultados lógicos propios de una etapa de reacomodamiento y de reestructuración. Porque hasta el momento ha ganado los partidos que tenía que ganar y ha perdido los partidos que podía llegar a perder. Si vamos a las matemáticas, la suma de unidades no es mala y va dentro de los senderos necesarios pensando en la salvación definitiva.
Quiero quedarme con que River ya no pasa papelones jugando de visitante y parece haber tomado una cierta autoridad como local. Suena a poco pero de 6 meses a esta parte es un gran avance.
Me quedo y me aferro en todo esto, pero sin olvidarme en que todavía faltan ajustar demasiados detalles desde el cuerpo técnico. Que todavía no hayamos logrado demostrar ni siquiera un intento de identidad ofensiva en dos meses de trabajo hoy ya preocupa, dentro de un par de semanas asustará, y dentro de un mes tendrá olor a fracaso.
Se puede carecer de falta de jerarquía individual o creativa para llevar adelante una idea pero no se puede carecer de falta de ideas futbolísticas la mayoría del tiempo. Se puede contar con poca calidad o bajos rendimientos desde las individualidades pero no se pueden elegir tan mal a algunos intérpretes, o peor aun, no sacarlos del campo de juego cuando el partido lo pide a gritos. Se puede promover la idea de cambiar los dibujos tácticos para mejorar el funcionamiento pero no se puede dejar de lado que la característica de los jugadores por los cuales arriesgar desde el inicio deben contemplar la posibilidad de marcar goles, o cuanto menos de tener capacidad para saber como terminar una jugada. Si todas las oportunidades de gol van a depender de un chico de 19 años (que bastante bien se las ha ingeniado para creárselas) me parece que se esta menospreciando el contexto.
Entre otras cosas: ¿Cuál es la explicación desde la lógica para aferrarse a una línea de 4 si los dos laterales no saben marcar? ¿Cuál es la excusa para seguir insistiendo con Ortega? Ariel hoy en día desde los rendimientos es indefendible, no hay palabras en ningún diccionario del mundo que puedan ni siquiera arrimarse a justificar su estadía desde el minuto cero, por más que Cappa se esfuerce en encontrarlas y fracase en el intento.
Se palpa la idea de un reacomodamiento institucional y futbolístico y eso es muy saludable. Falta todavía pulir el otro proceso: el de la evolución. El de la muestra fehaciente de que domingo a domingo el equipo se va a ir solidificando sin entrar en tanto bache, que se va a ir asentando en el funcionamiento sin tanta confusión ni por momentos tanto desorden, de que se va a ir modificando en todos los nombres propios que no demuestren estar a la altura de las circunstancias o que no realicen méritos suficientes. Queda tiempo para seguir laburando en esto y el crédito para con Cappa estará abierto hasta las últimas consecuencias, porque a pesar de tantos vaivenes, hay buenas señales de cambios.
Seamos optimistas y no dejemos de serlo con este River, creo que es la decisión más justa que debemos tomar para con un equipo que estaba en la ruina total y de a poco quiere buscar los resquicios para levantar cabeza…