Por que Messi es mejor que Maradona

Edito ya q ya postearon la frase. Me quedo con Messi, no solo x la regularidad sino también xq siempre fue Messi. Maradona empezó a ser Maradona en el 86, lo mejor en Napoli vino después del Mundial, y en el 85 todos lo mataban a él y a Bilardo.

Maradona tiene una historia epica que no se puede comprar con nada ni nadie. Yo simplemente lo separo del resto. Si todavia no lo leyeron, recomiendo el siguiente cuento de Sacheri:

Me van a tenre que disculpar

[SPOILER]Me van a tener que disculpar. Yo sé que un hombre que pretende ser una persona de bien debe comportarse según ciertas normas, aceptar ciertos preceptos, adecuar su modo de ser a determinadas estipulaciones aceptadas por todos. Seamos más explícitos. Si uno quiere ser un tipo coherente debe medir su conducta, y la de sus semejantes, siempre con la misma idéntica vara. No puede hacer excepciones, pues de lo contrario bastardea su juicio ético, su conciencia crítica, su criterio legítimo.
Uno no puede andar por la vida reprobando a sus rivales y disculpando a sus amigos por el solo hecho de serlo. Tampoco soy tan ingenuo como para suponer que uno es capaz de sustraerse a sus afectos y a sus pasiones, que uno tiene la idoneidad como para sacrificarlos en el altar de una imparcialidad impoluta. Digamos que uno va por ahí intentando no apartarse demasiado del camino debido, tratando de que los amores y los odios no le trastoquen irremediablemente la lógica.

Pero me van a tener que disculpar, señores. Hay un tipo con el que no puedo. Y ojo que lo intento. Me digo: no puede haber excepciones, no debe haberlas. Y la disculpa que requiero de ustedes es todavía mayor, porque el tipo del que hablo no es un benefactor de la humanidad, ni un santo varón, ni un valiente guerrero que ha consolidado la integridad de mi patria. No, nada de eso. El tipo tiene una actividad mucho menos importante, mucho menos trascendente, mucho más profana. Les voy adelantando que el tipo es un deportista. Imagínense, señores. Llevo escritas doscientas sesenta y tres palabras hablando del criterio ético y sus limitaciones, y todo por un simple caballero que se gana la vida pateando una pelota.

Ustedes podrán decirme que eso vuelve mi actitud todavía más reprobable. Tal vez tengan razón. Tal vez por eso he iniciado estas líneas disculpándome.

No obstante, y aunque tengo perfectamente claras esas cosas, no puedo cambiar mi actitud. Sigo siendo incapaz de juzgarlo con la misma vara con la que juzgo al resto de los seres humanos. Y ojo que no sólo no es un pobre muchacho saturado de virtudes. Tiene muchos defectos. Tiene tal vez tantos defectos como quien escribe estas líneas, o como el que más. Para el caso es lo mismo. Pese a todo, señores, sigo sintiéndome incapaz de juzgarlo. Mi juicio crítico se detiene ante él, y lo dispensa.

No es un capricho, cuidado. No es un simple antojo. Es algo un poco más profundo, si me permiten calificarlo de ese modo. Seré más explícito. Yo lo disculpo porque siento que le debo algo. Le debo algo y sé que no tengo forma de pagárselo. O tal vez ésta sea la peculiar moneda que he encontrado para pagarle. Digamos que mi deuda halla sosiego en este hábito de evitar siempre cualquier eventual reproche.

El no lo sabe, cuidado. Así que mi pago es absolutamente anónimo. Como anónima es la deuda que con él conservo. Digamos que él no sabe que le debo, e ignora los ingentes esfuerzos que yo hago una vez y otra por pagarle.

Por suerte o por desgracia, la oportunidad de ejercitar este hábito se me presenta a menudo. Es que hablar de él, entre los argentinos, es casi uno de nuestros deportes nacionales. Para ensalzarlo hasta la estratosfera, o para condenarlo a la parrilla perpetua de los infiernos. Los argentinos gustamos, al parecer, de convocar su nombre y su memoria. Ahí es cuando yo trato de ponerme serio y distante, pero no lo logro. El tamaño de mi deuda se me impone. Y cuando me invitan a hablar prefiero esquivar el bulto, cambiar de tema, ceder mi turno en el ágora del café a la tardecita. No se trata tampoco de que yo me ubique en el bando de sus perpetuos halagadores, nada de eso. Evito tanto los elogios superlativos y rimbombantes como los dardos envenenados y traicioneros. Además con el tiempo he visto a más de uno cambiar del bando de los inquisidores al de los plañideros aplaudidores, y viceversa, sin que se les mueva un pelo. Y ambos bandos me parecen absolutamente detestables, por cierto.

Por eso yo me quedo callado, o cambio de tema. Y cuando a veces alguno de los muchachos no me lo permite, porque me acorrala con una pregunta directa, que cruza el aire llevando específicamente mi nombre, tomo aire, hago como que pienso y digo alguna sandez al estilo de Y, no sé, habría que pensarlo; o tal vez arriesgo un vaya uno a saber, son tantas cosas para tener en cuenta;. Es que tengo demasiado pudor como para explayarme del modo en que aquí lo hago. Y soy incapaz de condenar a mis amigos al tórrido suplicio de escuchar mis argumentos y mis justificaciones para ellos.

Por empezar les tendría que decir que la culpa de todo la tiene el tiempo. Sí, como lo escuchan, el tiempo. El tiempo que se empeña en transcurrir, cuando a veces debería permanecer detenido. El tiempo que nos hace la guachada de romper los momentos perfectos, inmaculados, inolvidables, completos. Porque si el tiempo se quedase ahí, inmortalizando a los seres y a las cosas en su punto justo, nos libraría de los desencantos, de las corrupciones, de las ínfimas traiciones tan propias de nosotros, los mortales. Y en realidad es por ese carácter tan defectuoso del tiempo que yo me comporto como la hago. Como un modo de subsanar, en mis modestos alcances esas barbaridades injustas que el tiempo nos hace. En cada ocasión en la que mencionan su nombre, en cada oportunidad en la cual me invitan al festín de adorarlo y denostarlo, yo me sustraigo a este presente absolutamente profano, y con la memoria que el ser humano conserva para los hechos esenciales me remonto a ese día, al día inolvidable en el que me vi obligado a sellar este pacto que, hasta el presente, he mantenido en secreto. Digamos que mi memoria es el salvoconducto para volver el tiempo al lugar cristalino del que no debió moverse, porque era el exacto lugar en que merecía detenerse para siempre, por lo menos para el fútbol, para él y para mí.

Porque la vida es así, a veces se combina para alumbrar momentos como ése. Instantes después de los cuales nada vuelve a ser como era. Porque no puede. Porque todo ha cambiado demasiado. Porque por la piel y por los ojos nos ha entrado algo de lo cual nunca vamos a lograr desprendernos. Esa mañana habrá sido como todas. El mediodía también. Y la tarde arranca, en apariencia, como tantas otras. Una pelota y veintidós tipos. Y otros millones de tipos comiéndose los codos delante de la tele, en los puntos más distantes del planeta.

Pero ojo, que esa tarde es distinta. No es un partido. Mejor dicho: no es sólo un partido. Hay algo más. Hay mucha rabia, y mucho dolor, y mucha frustración acumulada en todos esos tipos que miran la tele. Son emociones que no nacieron por el fútbol. Nacieron en otro lado. En un sitio mucho más terrible, mucho más hostil, mucho más irrevocable. Pero a nosotros, a los de acá, no nos cabe otra que contestar en una cancha, porque no tenemos otro sitio, porque somos pocos, estamos solos, porque somos pobres. Pero ahí está la cancha, el fútbol, y son ellos o nosotros. Y si somos nosotros el dolor no va a desaparecer, ni la humillación ha de terminarse. Pero si son ellos. Ay, si son ellos. Si son ellos la humillación va a ser todavía más grande, más dolorosa, más intolerable. Vamos a tener que quedarnos mirándonos las caras, diciéndonos en silencio “te das cuenta, ni siquiera aquí, ni siquiera esto se nos dio a nosotros”. Así que están ahí los tipos. Los once tuyos y los once de ellos. Es fútbol, pero es mucho más que fútbol. Porque cuatro años es muy poco tiempo como para que te amaine el dolor y se te apacigüe la rabia. Por eso no es sólo fútbol.

Y con semejantes antecedentes de tarde borrascosa, con semejante prólogo de tragedia, va ese tipo y se cuelga para siempre del cielo de los nuestros. Porque se planta enfrente de los contrarios y los humilla. Porque los roba. Porque delante de sus ojos los afana. Y, aunque sea, les devuelve ese afano por el otro, por el más grande, por el infinitamente más enorme y ultrajante. Porque aunque nada cambie allá están ellos, en sus casas y en sus calles, en sus pubs, queriéndose comer las pantallas de pura rabia, de pura impotencia de que el tipo salga corriendo mirando de reojito al árbitro que se compra el paquete y marca el medio.

Hasta ahí, eso sólo ya es historia. Ya parece suficiente. Porque le robaste algo al que te afanó primero. Y aunque lo que él te robó te duele más, vos te regodeás porque sabés que esto, igual, le duele. Pero hay más. Aunque uno desde acá diga “bueno, es suficiente, me doy por hecho”, hay más. Porque el tipo, además de piola es un artista. Es mucho más que los otros.

Arranca desde el medio, desde su campo, para que no queden dudas de que lo que está por hacer no lo ha hecho nadie. Y aunque va de azul, va con la bandera. La lleva en una mano, aunque nadie la vea. Empieza a desparramarlos para siempre. Y los va liquidando uno por uno, moviéndose al calor de una música que ellos, pobres giles, no entienden. No sienten la música, pero van sintiendo un vago escozor, algo que les dice que se les viene la noche. Y el tipo sigue adelante. Para que empiecen a no poder creerlo. Para que no se lo olviden nunca. Para que allá lejos los tipos dejen la cerveza y cualquier otra cosa que tengan en la mano. Para que se queden con la boca abierta y la expresión de tontos, pensando que no, que no va a suceder, que alguno lo va a parar, que ese morochito vestido de azul y de argentino no va a entrar al área con la bola mansita a su merced, que alguien va a hacer algo antes de que le amague al arquero y lo sortee por afuera, de que algo va a pasar para poner en orden la historia y las cosas sean como Dios y la reina mandan, porque en el fútbol tiene que ser como en la vida, donde los que llevan las de ganar ganan, y los que llevan las de perder pierden. Se miran entre ellos y le piden al de al lado que los despierte de la pesadilla. Pero no hay caso, porque ni siquiera cuando el tipo les regala una fracción de segundo más, cuando el tipo aminora el vértigo para quedar de nuevo bien parado de zurdo, ni siquiera entonces van a evitar entrar en la historia como los humillados, los once ingleses despatarrados e incrédulos, los millones de ingleses mirando la tele sin querer creer lo que saben que es verdad para siempre, porque ahí va la bola a morirse en la red para toda la eternidad, y el tipo va a abrazarse con todos y a levantar luego los ojos hacia el cielo. Y hace bien en mirar al cielo, porque no sé si sabe, pero ahí están todos, todos los que no pueden mirarlo por la tele ni comerse los codos.

Porque el afano estaba bien, pero era poco. Porque el afano de ellos era demasiado grande. Así que faltaba humillarlos por las buenas. Inmortalizarlos para cada ocasión en que ese gol volviese a verse una vez y otra vez y para siempre en cada rincón del mundo. Ellos volviendo a verse una y mil veces hasta el cansancio en las repeticiones incrédulas. Ellos pasmados, ellos llegando tarde al cruce, ellos viéndolo todo desde el piso, ellos hundiéndose definitivamente en la derrota, en la derrota pequeña y futbolera y absoluta y eterna e inolvidable. Así que, señores, lo lamento. Pero no me jodan con que lo mida con la misma vara con la que suponen debo juzgar a los demás mortales. Porque yo le debo esos dos goles a Inglaterra. Y el único modo que tengo de agradecérselo es dejarlo en paz con sus cosas. Porque, ya que el tiempo cometió la estupidez de seguir transcurriendo, ya que optó por dejar que los ingleses tuvieran todavía los otros días de su vida para tratar de olvidarse de ese, al menos yo debo tener la honestidad de recordarlo para toda la vida.[/SPOILER]

A nivel futbolístico creo que, como dijeron ya, POR REGULARIDAD, Messi ha superado a todos. Es un tipo que con ya 8 años de carrera mantiene un promedio de gol de 0.8 por partido. Es una estadística MONSTRUOSA. A eso hay que sumarle los 4 balones de oro, los títulos y los goles en partidos decisivos, además de ostentar, ENCIMA, el mejor registro de asistencias del equipo más pasador del planeta. Me parece que la evidencia es abrumadora en favor de Lio.

Yo creo que Messi es mejor que Maradona, pero como bien dijo un forista la otra vez, habrá que esperar a que se retire Messi para hablar de quien es mejor, Messi todavía tiene varios años para seguir demostrando y seguir ganando, ahí recién vamos a poder compararlos.

Messi es un animal del Gol, cosa que drogadona no, ademas Messi es mejor persona dentro y fuera de la cancha…

No es para una votación , se puede decir que los 2 mejores jugadores de la historia son argentinos , para la envidia de muchos :wink:

Ojala gane un mundial asi tanta idolatría por un chabon falopero, golpeador y mal padre se termina. Que mierda de persona que es Maradona.

Otro de Sacheri

[SPOILER]La pelicula, en Argentina, se llamó “Busco mi destino”. Un título malísimo, si se me permite la opinión. En la versión original, en Estados Unidos, se llamaba “Good Will Hunting”, que significa más o menos “El indomable Will Hunting”. Tampoco es gran cosa ese título original, confesemos. Pero la peli está muy buena. Matt Damon personifica a un muchacho superdotado, que tiene un cerebro incomparable para las matemáticas, pero vive en una situación familiar y social de marginalidad y violencia. No les voy a contar acá la película (aunque si no la vieron se las recomiendo, porque está muy buena). Pero sí quiero destacar una escena: Robin Williams (el actor, no el cantante carilindo), hace del psicólogo que atiende a Will. Y en esa escena lo enfrenta con una terrible situación de su pasado y le dice, sencillamente, “No es tu culpa”. El pibe primero no lo entiende, y el psicólogo se lo repite “No es tu culpa”. Después el flaco se siente turbado, confundido. Y el psicólogo insiste: “No es tu culpa”. Después el flaco medio que se enoja, y forcejea con el terapeuta, incómodo ante esa insistencia. Y el psicólogo repite: “No es tu culpa”. Finalmente el protagonista se abandona en esa idea, se afloja, se pone a llorar, y uno comprende que ese pobre pibe venía sometiéndose a una presión que no se merecía, por una situación que no tenía nada que ver con sus acciones en la vida. Uno entiende, en ese momento, que el psicólogo hacía bien en decirle al pobre Will Hunting que no tenía la culpa de lo que le había tocado vivir, porque, aunque fuera cierto y evidente para el que lo veía de afuera, la vida del flaco se había puesto tan enroscada y difícil que hasta pensaba equivocadamente que sí, que tenía la culpa de lo que le había tocado padecer.

Bueno, aunque esta escena de cine no tenga nada que ver con Leo Messi, yo creo que sí. Porque más de una vez he sentido el deseo de decirle un “no es su culpa”. Aclaración importante: yo escribo esto a fines de 2012, después de que Lionel cierra un año bárbaro con la Selección. Y entonces el abultado bando de sus críticos, esos que ponían cara de asquito para decir “Ese en el Barcelona juega, pero en la Selección no”, están en franca desbandada. Sin embargo, conociendo el fútbol, bastará que las cosas el año que viene no sean tan buenas para la celeste y blanca para que las aves rapaces vuelvan a sobrevolar el asunto, a poner carita de estar oliendo sustancias en descomposición y a desvalorizar a Leo.

Y vuelvo a la escena de la peli, y a esas palabras de “No es tu culpa”. No es culpa de Messi ser un superdotado. No lo eligió. Lo habrá cultivado, mejorado, perfeccionado. Pero evidentemente nació con algo. Como el que nace con habilidad para las artes plásticas o para tirar piedrazos con gomera. Este nació con predisposición a una gambeta corta y endemoniada, a llevar el balón con toquecitos cortos a una velocidad de escándalo. Nació con habilidades suficientes como para convertirse en el mejor jugador de fútbol del mundo hoy en día. Y ahí está. Lo es. Por más que a alguno le moleste, Lionel Messi es el mejor jugador del mundo.

Y tampoco es culpa de Messi que exista Diego Armando Maradona. Ni que haya nacido también en la Argentina. Ni que el Diego nos haya dado todo lo que nos dio a los futboleros argentinos. Ni de que haya comandado a esa selección inolvidable campeona en México 86, ni que con el tobillo hecho fruta nos haya dejado en la puerta de otra hazaña en Italia 90. “¿Culpa de qué?”, se me podría preguntar. “De nada”, respondo yo. Culpa de nada.

Y sin embargo, siento que hasta el día de hoy se sigue cometiendo una injusticia absoluta con Messi, en esa comparación constante a la que se lo somete con el Diego. Le ruego al lector que haga la prueba. En el próximo asado que le toque compartir con amigos, póngase a hablar de Lionel Messi. Lo que quiera: arranque por los goles que hizo este año en las eliminatorias, o con su campaña en el Barcelona. Insisto. Empiece por donde mejor le cuadre. Deje ahí, sobre la mesa, suelto el tema, para que los otros comensales lo recojan, lo lleven y lo traigan. Y cuente el tiempo. Verá que no pasan cinco minutos sin que alguno pronuncie la palabra mágica: Maradona. Y no es que lo van a nombrar simplemente para invocarlo. Nada de eso. Van a nombrarlo para compararlos. Lo usual será que quien lo convoque, con el dedito en alto y el aire desenvuelto, diga algo al estilo de “No me vengan con Messi, porque Maradona tal cosa y tal otra”. Y ahí se desplegarán las distintas variantes. El nostálgico del carisma de Diego se quejará de que Messi no habla en la cancha y recordará el modo en que el Diego se parlaba a los árbitros, a los contrarios, a los jueces de línea. El añorante de su emotividad le reclamará a Messi que no canta el Himno y hará memoria acerca de cómo el viejo diez se carajeó con toda Italia por su ingrata silbatina. El melancólico de su pegada se lamentará de que Messi no le pega bien a la pelota y hará una rápida composición intitulada “Diego y los tiros libres”.

Al final, todos chasquearán la lengua, ladeando la cabeza, y murmurando “No me vas a comparar…”. Pues bien. Yo, en esos casos, pienso, casi a gritos: “¿Qué? ¡Si yo no dije nada! ¡Si el que los comparás sos vos!” Y esas son las situaciones en las que vuelvo a recordar esa escena de la película y me dan ganas de decirle, a Messi: “No te hagas cargo, flaco. No es tu culpa“.

No es culpa de Messi que Diego haya significado todo lo que significó. Ni es culpa de Messi tener otro carácter, otro estilo, otra manera de ser, otra manera de llevarse con sus compañeros o de andar la cancha. Messi no tiene por qué ser como Diego. Y mejor que no lo sea. Porque cada jugador –y cada persona– se merece ser lo que tenga ganas, o lo mejor que pueda, pero sin tener que mirarse cada día en el espejo inalcanzable de la admiración de los otros por alguien que no es él.

Si los argentinos nos empeñamos en que Messi tiene que ser como Maradona estamos, como tantas otras veces, equivocándonos. Porque nos perderemos de disfrutar al pibe que mejor juega al fútbol en la actualidad. Ahogados de añoranza, presos de la nostalgia, paralizados de historia, nos vamos a privar de disfrutar a ese pibe que, gracias a Dios, nació en Rosario y, de vez en cuando, se pone la camiseta argentina.

Yo no sé si en Brasil 2014 vamos a dar la vuelta gracias al talento de Leo. O en Rusia 2018, o en Qatar 2022, o en Saturno 2026. Ojalá que sí. Ojalá que Leo, alguna vez, me ponga en la obligación de deberle tanto como le debo al Diego por la alegría que me dio con la camiseta argentina.

Pero no quiero vivir pendiente de eso. No es culpa de Messi que los argentinos seamos incapaces de cerrar nuestro duelo con Diego, con su retiro, con su partida, con el hecho indubitable de que no juega más. Así que no le pega a la pelota como Diego. Perfecto. No tiene por qué. En una de esas, Leo lo sabe y por eso se asegura de limpiarse a cuanto marcador se le ponga enfrente para definir a menos de diez metros del arco. Así que no tiene el carisma de Diego para hacer declaraciones. Asunto de él. En una de esas, le tocó transitar una vida más apacible. Y feliz de él, si ese es el caso. Así que Messi no nos tiene en el subibaja emocional de Diego y sus caídas y sus resurrecciones. Asunto de él. Si al propio Diego yo le desearía una vida a salvo de los chismes, no puedo menos que alegrarme de que Messi pueda sortear esos escollos humillantes.

Yo no quiero naturalizar lo extraordinario. Cuando Messi encara a cuatro tipos que se escalonan para marcarlo en dos metros, el sentido común dice que por ahí no se puede pasar. Y el tipo pasa. Y cuando pone un pase de cirujano entre un revoleo infernal de patas para que un compañero haga el gol, y la pelota surge limpia al otro lado, emergiendo por donde se supone que no debería aparecer, yo quiero seguir asombrándome. No quiero decir “Ajá, mirá vos, lo hizo otra vez”. Quiero seguir con los pies en la tierra, y darme cuenta de que ese pibe acaba de hacer, otra vez, algo imposible para todos los demás.
No quiero arruinarme el presente por el peso del pasado. Yo no sé cuánto tiempo más voy a poder ver a este pibe extraordinario, aunque espero que esto dure muchos años.

Y la mejor manera de honrar lo que Diego hizo dentro de una cancha es, me parece, celebrar que en este país nuestro sigan surgiendo pibes que juegan mejor que el resto. Y que alguno, a la primera de cambio, se convierta en el mejor del mundo.

No me interesa comparar a Maradona con Messi. Primero porque la carrera de uno de los dos, como jugador, está terminada. Ha concluido. Es una obra completa, y a medida que se aleja en el tiempo uno puede verla en perspectiva. En mi caso, la veo para maravillarme y decirle gracias. En el caso de algunos otros, para mezquinarle parte de su grandeza con cosas que no tienen que ver con lo que el Diego hizo dentro de la cancha. Y en el de otros, para llenarse de esa nostalgia odiosa que parte de la base de que lo mejor que tenía que suceder ya sucedió, y lo único que nos toca en el futuro es sufrir y padecer que nunca más pase lo que pasó.

Messi, en cambio, tiene 25 años de edad y una década, si Dios quiere, para seguir jugando. Y yo no tengo ni idea de cómo van a ser esos años que vienen. Yo no necesito que Leo sea como Diego. Necesito que sea como Leo.

Para lo único que quiero poner, en la misma oración, a Diego Maradona y a Lionel Messi es para decir que los dos son de otro planeta, pero gracias a Dios nacieron acá, en este país que es el mío. Y ver jugar tipos así no puede menos que hacerme feliz. Y punto.

Por Eduardo Sacheri
[/SPOILER]

no viví la época de Maradona, pero por los videos que pude ver, me parece más talentoso que Messi. Pero, tenía tanta regularidad? La rompía siempre?
No voto.

Sin ninguna duda, y hace rato, Messi. Para mí, discusión saldada hace mucho ya.

El mundial dura 1 mes, son 7 partidos. La champions dura casi 1 temporada completa y son muchos más partidos. En el 2010 Forlán la rompió en esos 7 partidos durante 1 mes, después se fue al Inter donde tuvo mas de 7 partidos para romperla y no pudo. Ademas el mundial depende mucho si te toca un buen grupo, si es un mundial competitivo, si los rivales están en buen nivel. La Champions al jugarse todos los años y durar mucho mas tiempo te demuestra una verdadera regularidad, mientras que en el mundial con una racha de 4 partidos buenos al hilo, te alcanza para ser campeón o al menos tener un buen mundial (llegar a semis o cuartos)

Saludos

Pero justamente, es más dificil ganar un Mundial. Al menos yo lo veo asi, eso no significa que la Champions sea un título menor, pero vos le preguntas a cualquier jugador cual torneo quisiera ganar y el 95% te va a decir que el Mundial, porque es algo mágico que conseguis para tu país.

Además como dijiste, es más dificil porque son solo 7 partidos que encima dura 1 mes y si tenes una mala tarde/noche te vas. Son 2 torneos diferentes y seguramente esta mal compararlos.

Yo creo que la dificultad del mundial radica en la escasez de oportunidades. No obstante, a nivel competencia, sin dudas es más competitiva la champions. Sencillamente, porque la champions año a año garantiza la presencia de los mejores jugadores del mundo. En un mundial, siempre hay ausencias notables. No siempre ganás entre los mejores.

---------- Mensaje unificado a las 23:05 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 23:03 ----------

Además, como puso millo carp (nick original, ¿eh?), si tenés una rachita de suerte, podés ganar la copa. En la champions, con el nivel de competencia que hay, con la suerte sola no alcanza. Nadie puede decir seriamente, por ejemplo, que Argentina 1990 era el segundo mejor equipo del mundo.

Concuerdo en que es más competitiva, el mundial todo lo contrario, como decis, la dificultad radica en las pocas oportunidades que tenes. Igualmente los 2 torneos son super dificiles y generalmente ganan los mejores.

---------- Mensaje unificado a las 19:13 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 19:13 ----------

Concuerdo en que es más competitiva, el mundial todo lo contrario, como decis, la dificultad radica en las pocas oportunidades que tenes. Igualmente los 2 torneos son super dificiles y generalmente ganan los mejores.

Pero la dificultad del mundial no radica en el nivel como si en la Champions, donde si o si tenes que ser bueno para ganarla. Es como que Marcelo Polino sea boxeador pero con la consigna de que solo pelea una vez cada cuatro años y Mike Tyson pelea 1 por año, por ahi Polino es mucho mas facil pero pelea cada 4 años, si vos no estabas bien preparado te puede ganar el putito o si te agarra en medio de una recuperación de una lesión, y si perdiste tenes que esperar 4 años para la revancha. A Tyson lo tenes todos los años para pelearte, según mi fumera suposición. No porque tengas que esperar mas tiempo por Polino, significa que este sea mejor. Ademas el mundial es la careteada mas grande que existe, generalmente el mundial lo mira cualquier careta que no sabe nada de futbol y la champions si lo sigue la gente que verdaderamente es seguidora del deporte.

Saludos

Me estas dando la razón entonces tontín, si decís que la champions es mas competitiva, cosa que vengo sosteniendo desde el principio. Después cual prefieren los jugadores, hinchas, etc, es OTRO debate.

No será muy creativo mi nick pero al menos no hace alusión a la barra o a algún pseudo-idolo de los ultimos años.

Saludos

Messi le pasa el trapo ida y vuelta a Maladroga, solo le falta ganar un mundial para derrumbar todo tipo de duda

Para mí es subjetividad pura.No creo que se pueda elegir el mejor,eso es muy dificil,pero es obvio decir que ambos ya llegaron al Olimpo del fútbol.
Cuando digo que es subjetividad,es porque creo que más que nada está en los gustos y en la manera de ver el fútbol de cada uno.Algunos dicen que Maradona es mejor que porque ganó un mundial y otros porque Messi rompió todos los records y títulos.Algunos priorizan el buen juego y otros la efectividad,ignorando que existen diversos factores por los cuales se consiguen esas cosas(equipo,competividad,etc).Para mí,tener más titulos no te hace mejor,Schelotto para mí nunca va a ser más que Ortega y Riquelme nunca va a ser más que Alonso por que tienen más títulos.Yo los quiero y me parecen los mejores porque me encanta su filosofia de juego:su manera de pisar la pelota,el fútbol puro de potrero,las gambetas,el carácter y porque representan RIVER en persona
Volviendo al tema,me quedo con Maradona precisamente por eso,me encanta la forma que tenía de jugar y representa exactamente lo que para mí es el mejor fútbol

Un debate totalmente absurdo. Gigantescos, los dos.
Es como cuando comparaban al Diego con Pelé. Dicotomías y antagonismos que no agregan nada.

Thread al dope 100%.