00:00 | RIVER: VESTUARIO HOT / SECUELAS DEL SUPERCLASICO
Desbocados
Luego de insultarlo en la cancha, Ojeda descargó contra Tuzzio toda su ira por el gol de Boca. Ahí sí el capitán reaccionó y casi se van las manos.
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“Desde afuera se escuchaban gritos e insultos, pero no vimos nada ni nos enteramos de lo que pasó”, aportó un directivo que presenció esa tensa intimidad a unos pocos metros.
Tuzzio, la concha de tu madre". Mientras los jugadores de Boca festejaban el gol, Juan Marcelo Ojeda insultaba una y otra vez al defensor porque Viatri era su marca asignada y cabeceó solito. Pero no fue una típica calentura de partido que terminó en la cancha. En el vestuario, el arquero volvió a reprochar el error del capitán, aunque ya sin nombrarlo ni acusarlo directamente. “Estamos boludeando. Nos hacen un gol de cabeza y después todo el mundo me sale a pegar a mí porque dicen que soy un arquero bajo… Estoy harto de que me caguen a goles. ¡Cómo lo dejamos cabecear a Viatri! La puta que los parió”, gritaba el uno. Tuzzio se hizo cargo, reaccionó y a partir de ahí se generó un ida y vuelta tan picante que casi termina a las piñas. “No llegaron a tanto porque algunos compañeros intervinieron. Fue una discusión fuerte, porque Marcelo estaba muy caliente por la jugada del gol”, le confió a Olé uno de los integrantes del plantel. Sí, más que nunca, se fueron de boca.
Los jugadores fueron los únicos testigos. Dentro del vestuario no había ningún integrante del cuerpo técnico, ni dirigentes, ni utileros. Apenas terminaron de ingresar los titulares y suplentes (más Abreu) que venían del campo de juego, la puerta se cerró. “Desde afuera se escuchaban gritos e insultos, pero no vimos nada ni nos enteramos de lo que pasó”, aportó un directivo que presenció esa tensa intimidad a unos pocos metros. Los que estaban adentro coinciden en que “Tuzzio y Ojeda no fueron los únicos” que se cruzaron. “Marcelo era uno de los más sacados, pero hubo muchos reproches. El clima estaba peor que después de la eliminación de la Copa con San Lorenzo”.
Como repitió varias veces Riquelme en los últimos días, “en todos los equipos hay diferencias”. Sin embargo, el incidente del domingo entre Ojeda y Tuzzio no responde a problemas personales ni de internas grupales entre ellos. Es más, en el predio de Ezeiza uno se cambia al lado del otro, tienen diálogo y buena onda. La bronca y la reacción del arquero se debió exclusivamente a un error puntual del defensor. Algo similar le pasó a Ferrari con Falcao, cuando el 9 pateó al arco desde un ángulo cerrado mientras Buonanotte, Mauro Díaz y Abelairas esperaban libres el pase atrás. Ahí, con el clásico aún 0-0 después de la expulsión de Ibarra, el Loncho insultó varias veces al colombiano delante de 60.000 personas. Ese tipo de cuestionamientos fueron los que se multiplicaron puertas adentro.
No es habitual pero sí lógico que luego de una derrota tan dolorosa (ante Boca, en el Monumental y con un hombre más) los jugadores intercambien insultos en un vestuario. En River, estos focos de conflicto se potencian porque no hay nadie que imponga orden y voz de mando para evitar o encarrilar la discusión ni para transmitirle al equipo que no sirve calentarse afuera sino adentro de la cancha. 'Quién se atrevía a gritarle a Francescoli, Astrada, Ameli o Gallardo? 'En el vestuario de Boca alguien le levanta la voz a Riquelme, Battaglia, Palermo o Ibarra? Es obvio que Tuzzio no cuenta ni con una porción de ese respeto que generan los líderes. Hoy, ya sin Ortega (más referente por historia que por su accionar en el grupo), en River está vacante esa figura de conductor y modelo a seguir porque nadie tiene la autoridad para asumir ese papel: trayectoria, capacidad, injerencia futbolística…
Por estos motivos, el descontrol que tuvo el equipo durante los 90 minutos ante Boca después se trasladó a la intimidad. Ayer, el clima en el entrenamiento en Ezeiza fue mucho más ameno, aunque cada jugador hizo la suya y no hubo charlas grupales. “Ya pasó. Estas cosas pasan, más cuando se pierde un partido así. Pero la bronca queda ahí”, aseguran en el grupo. Si la pelea superclásica dejó secuelas, se verá en el definitorio cruce copero ante Chivas.