El mejor equipo de los últimos 50 años no está respondiendo en estos meses de gestión a la calificación que le regaló el presidente.
- Juan José Aranguren.
El tarifazo de gas, y en menor medida de luz y agua, es el caso más evidente de la mezcla de impericia técnica, insensibilidad política y social y ocultamiento de una muy importante transferencia de ingresos. El reconocimiento del error en etapas por el aumento desproporcionado en el servicio público esencial de provisión de gas a hogares, industrias y comercios no fue una falla de “comunicación”, como se disculpó el presidente Macri. Fue una decisión política deliberada de entregar de 3000 a 4000 millones de dólares a las petroleras gasíferas, y una impresionante deficiencia técnica del equipo de Aranguren para definir el nuevo cuadro tarifario a partir de una planilla excel, como reconoció el ministro.
- Alfonso Prat-Gay.
La tasa anual de inflación se ha duplicado y las fuentes de tensión inflacionarias se mantienen muy vivas pese a la recesión y el fuerte incremento de la importación de bienes de consumo final. El ministro de Finanzas y Deshacienda aseguraba en momentos de campaña electoral que era muy fácil domar la inflación y que lo podía hacer en no más de seis meses. No lo está consiguiendo. Además las cuentas fiscales han desembocado en un círculo vicioso con caída de la recaudación y pérdida de ingresos por disminución o eliminación de impuestos. Los subsidios que el macrismo ha demonizado no han disminuido en estos meses. La Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP) calculó que hasta junio aumentaron 2 por ciento en relación al mismo período de 2015, totalizando casi 113 mil millones de pesos. Un vertiginoso endeudamiento interno y externo, en dólares y en pesos, a lo que se suman aportes millonarios del BCRA y la Anses, permiten por ahora cubrir parte del inmenso bache autoinfligido en las cuentas públicas.
- Federico Sturzenegger.
Su gestión la comenzó subiendo la tasa de interés, luego la bajó, para posteriormente elevarla a niveles insoportables para el sector productivo y comenzar desde entonces un pausado descenso. Pese a que afirmó que no le preocupa el valor del tipo de cambio se asusta cuando llega a 16 pesos, generando entonces esas bruscas alteraciones en una de las variables clave para dar previsibilidad a empresas y al sector financiero. También está generando un inquietante déficit cuasi fiscal con la emisión de Lebac, alentando la fuga de capitales con la liberalización de la plaza cambiaria y debilitando el stock de reservas disponibles. A la vez, lanzó el sistema de créditos hipotecarios indexados por inflación que sólo genera entusiasmo en artículos periodísticos en tono de publicidad de bancos privados. Tan poca confianza reúne ese proyecto que la principal entidad del mercado local, el Banco Nación, conducido por una figura expectante del macrismo, Carlos Melconian, presentó su propio plan de préstamos hipotecarios.
- Rogelio Frigerio.
El ministro encargado de la obra pública registra una inédita subejecución presupuestaria. En siete meses del año apenas desembolsó un cuarto del total, cuando debía estar por lo menos en la mitad, según la planilla elaborada por la Secretaría de Hacienda. Teniendo en cuenta la relevancia de la inversión pública en la dinámica de la economía, el brusco freno al gasto ha sido un factor que permite entender la caída de la actividad. La excusa de la revisión de los contratos no debería haber impedido la instrumentación de proyectos en curso o nuevos. En el único rubro que el Gobierno está gastando por encima de lo presupuestado es en la cuenta del pago de servicios de la deuda pública
- Jorge Todesca.
Lideró un inédito apagón estadístico público y despidió a Graciela Bevacqua porque la técnica reincorporada y referente en el período de oposición al kirchnerismo había cuestionado la metodología y los tiempos para elaborar un renovado Indice de Precios al Consumidor. Pese a esa crisis interna que alertó acerca de la calidad de los nuevos indicadores difundió una serie de PIB revisada con un poco creíble aumento del 0,5 por ciento del PIB para el primer trimestre del año, y un acotado IPC que genera sospechas. Esas dudas también las tienen en el Banco Central y el Ministerio de Finanzas, que utilizan índices de la consultora privada PriceStat, que pertenece al hijo del ex ministro de Economía Domingo Cavallo, y de “inflación verdadera”, respectivamente.
- Francisco Cabrera y Miguel Braun.
El Ministerio de Producción con la Secretaria de Comercio provocaron un grave daño a la producción nacional porque hubo un fuerte aumento en el ingreso de importaciones en una fase recesiva de la economía doméstica. Ese incremento se originó a fines del año pasado cuando se aprobaron automáticamente unos 35 mil pedidos de importación que se habían cursado a través de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) y estaban frenados desde el final del anterior gobierno. Sin la más mínima fiscalización se aprobó todo, incluso solicitudes que se habían presentado por duplicado o triplicado. Por otro lado, se reformuló el Programa Precios Cuidados para hacerlo languidecer en un plan formal pero inexistente en las góndolas.
- Jorge Triacca.
En lo que va del año, los despidos en el Estado y en el sector privado suma 160 mil personas. Existen más de 20 mil trabajadores suspendidos en empresas de diversas actividades. Es notable la pasividad del Ministerio de Trabajo ante la ola de despidos y suspensiones, no sólo sin intervenir para evitarlos, sino que también ha disminuido considerablemente los programas para protegerlos, como el Repro. El plan Recuperación Productiva es un aporte del Estado a empresas en crisis, asumiendo el pago de una porción del salario de sus trabajadores a condición de que no despidan y presenten alternativas para recomponer su actividad. Ese aporte se ha reducido a un tercio del cursado el año pasado cuando no se desplegaba la actual crisis laboral. Para ocultar la deficiencia en la gestión y la ola de despidos, el Ministerio de Trabajo ha modificado la forma de calcular el empleo que se obtiene del Sistema Integrado y Previsional Argentino (SIPA), una de las estadísticas más confiables dado que permite evaluar la evolución del universo de trabajadores registrados y sus remuneraciones. El objetivo oficial es subestimar y negar la destrucción de empleo desde diciembre pasado.
El mejor equipo de los 50 años no está mostrando buenos resultados, y en un indicador muy sensible, que no puede atribuirse la responsabilidad a una sola cartera, el saldo es inquietante: la pobreza e indigencia por ingresos registró una fuerte suba de acuerdo a todos los centro de estudios dedicados al seguimiento de esa variable socioeconómica.
