El domingo, los hinchas de River tienen una oportunidad histórica de quejarse -sin violencia- pero de quejarse en serio, con constancia, más allá de un resultado deportivo. Tienen toda una tarde para hacerse escuchar, porque SU PARTIDO no termina con el pitazo del árbitro.
El domingo se sabrá de qué están hechos los hinchas de River: si de ignorancia, de resignación, de papel picado y globitos que solamente cuentan para las fotos, o de amor por el club. Sí, amor POR EL CLUB. No por la camiseta.
El que no entienda que el principal responsable se llama José María Aguilar (y asociados) no entiende demasiado de esto. Esta vez, la política de incorporaciones tuvo una incidencia notable de la CD, aunque no eximo de responsabilidades al DT, pero el actual plantel -así como el pasivo- también es la consecuencia de un accionar corrupto e inoperante.
Cada vez que River se despide tristemente de una Copa, se termina un ciclo. Lamentablemente, los chivos expiatorios siempre son los entrenadores y unos pocos jugadores que jamás levantarán la voz.
La dirigencia tiene más vidas que un gato. Le dirá a los adornados de turno que piropeen los oídos de la gente con apellidos como D’Alessandro, Ortega y tantos otros. Mientras, venderá lo poco rescatable -si es que no lo había vendido antes a sociedades anónimas japonesas- y le pondrá el cartelito con precio de saldo a los juveniles.
A su vez, el hincha moderno, que se baja los pantalones ante carismáticos y medio pelos que otorgan media sonrisa por semestre, deberá comenzar a preguntarse si vale la pena opinar por deporte o es mejor involucrarse, aprender y contribuir a la causa, aún con la palabra.
Más allá de dirigentes, sería saludable que concluyan los ciclos de muchos jugadores, por una cuestión de antigüedad y rendimiento. Luego de esta eliminación, LÓGICA para el que haya visto dos partidos enteros de fútbol, es necesario renovar el plantel en junio, pero también AHORA, para que los Strahman, Lizio, Mauro Díaz y Musacchio no terminen explotándonos en la cara como los Ludueña, Sciorilli, Sand y tantos otros.
Hoy tendría que ser la fecha de vencimiento de las carreras en River de:
Danilo Gerlo: 4 años en el plantel. Mucho huevo, casi nada de jerarquía. Un partido anulando a Tévez. Un partido jugando de 9. Cuatro años de mediocridad.
Paulo Ferrari: Varios centros efectivos. El doble de errores defensivos. En cuatro años, jamás aprendió a marcar en el área sin hacer penales o habilitar a los adversarios mientras el resto del equipo achicaba. Por si fuera poco, River no tiene ni el 1% de su pase.
Oscar Ahumada: No tiene el nivel para jugar con la camiseta de River en un puesto tan sensible. Cuando abre la boca, es al pedo. Lleva casi 5 años en Primera y sigue sin ser regular por más de 3 partidos seguidos. Se impone un recambio. En el mercado, sobran variantes para reemplazarlo.
Matías Abelairas: Sin ánimo de ofender, no solamente no puede jugar en River, sino en cualquier equipo con aspiraciones del fútbol argentino, sea de la A o del Nacional B. Una buena pegada, una velocidad de caracol, un compromiso de jardín de infantes y un pecho de pingüino en la Antártida y adentro de un freezer.
Marcelo Gallardo: No específicamente porque sea un desastre, sino porque es la cara visible de un proyecto dirigencial. Reforzarse con nostalgia, no con categoría. River necesita de un 10 que no tenga lesiones, que sea garantía y que si no rinde, no tenga una aureola riverplatense que le de miedo al técnico a la hora de sacarlo para jugarse con un pibe.
Radamel Falcao: Técnicamente, el peor 9 de River desde la època de Juan Pizzi. El colombiano es un tremendo cabeceador y sabe cómo demostrar que tiene huevos, pero en el resto de las facetas del juego es contraproducente para el equipo. River debe potenciarse sí o sí en este puesto.
Seguramente, según sus puntos de vista, faltarán algunos y sobrarán otros, pero me explayé sobre los que jugaron hoy y tienen varios años en el club.
Abrazos.-
PD: Trivia: ¿Quiénes son más pelotudos, los que votaron más de una vez a Menem o los que votaron dos veces a Aguilar?