Libertarismo

:lol:

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Alguien alguna vez dijo que la ignorancia es atrevida. Haces agua en materia política y es por eso que mezclas todo y usas los términos mal. Antes de reírte, estudialos.

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:lol::lol::lol:

:cool:

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Estás muy atento que dispongo comunismo que socialismo.
Vamos a ponerle el mote que corresponde así no te pones histérica.
Vamos a decir que es casi socialista puramente. Pero el gordito maduro también le gusta jactarse de la igualdad social (con un detalle que es por qué son todos pobres…pero buee no vamos a pedir demasiado) así que le pinta el comunismo también en partes.
Casi por qué no está en estado puro por qué tiene propiedad privada con cotización en bolsa ( hacen cola para comprar)
Son detalles nosotros tenemos una presión fiscal del 70 y aumentando . Ya casi estamos en el país soñado que tanto les gustaría.
No digas soy facho por qué te van a castigar. Deci “soy peronista” y pasa más rápido. No sé un consejo

Hoy el problema es el precio de la harina no del trigo, consulta con algún panadero amigo que te explique cómo fue siempre la relación precio trigo-precio harina-precio pan.
Acá el alimento es caro porque te matan a impuestos.

---------- Mensaje unificado a las 20:03 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 19:58 ----------

En un universo donde hay productores y exportadores?

Buena respuesta te falto todo lo otro que te puse pero buena respuesta

Claro que estoy atento, porque es un error de concepto básico. Comunista es la ideología, si hablamos de política económica, esa palabra no existe.

Vzla está MUY LEJOS de ser socialista. Por otro lado, caes en otro error al hablar del discurso de la igualdad social y todo eso como algo exclusivo del comunismo y el socialismo. Por ejemplo, Perón que era un anti-comunista acérrimo hablaba de “Justicia Social”. ¿Sabés quien mas lo hacía? Mussolini, Franco, Salazar, Hitler… y eran anti-comunistas y anti-socialistas. Mismo, hubo economistas y políticos “liberales” entre muchas comillas (los liberales se los adjudican como liberales cuando quieren y cuando no quieren, no, dependiendo de lo que les convenga) que se pegaron muchísimo a esos conceptos como los “social-demócratas” o Ludwig Erhard y su “economía social de mercado” (que básicamente, tomó la estructura económica del fascismo pero de forma “democrática” donde en lugar de obligar a una empresa a seguir un plan económico a punta de pistola, lo hacía mediante obligaciones contractuales originadas de créditos que el estado daba al sector privado. Esto pasó en los años '50-'60). Sobre la “economía social de mercado”, que ha sido muy elogiada por los liberales y proclamada como liberal a pesar de no serlo, el pilar básico es que la economía tiene como fin la producción y la producción tiene como fin, satisfacer los deseos de los consumidores (alemanes), algo que acá no existe porque en “el campo” se produce para exportar y se desabastece el mercado interno (en Alemania, “obligaron al campo” a no hacerlo no mediante impuestos y aranceles, sino que, gracis al Plan Marshall, el estado tuvo un dinero que fue prestado a las empresas alemanas arrasadas por la guerra y así, los obligó a invertir diciéndoles básicamente qué podían hacer y qué no, pero no por ley sino por contrato. La diferencia radica solo en los medios).

Todo lo otro es irrelevante, porque te mandaste una burrada con el tema de liquidación de divisas y continuaste por ese camino. Yo claramente hable de esto que puse. Pero ya que insistís: son GARCAS, especulan con la economía del país afectando a la gran mayoría. Especulan con el valor internacional y el valor del dolar aca. Desabastecen, hacen que el valor de los alimentos sea carísimo para los argentinos.

El tema de Arcor es por políticas pro-campo. Favorecer ese sector pero prejudicando al mercado interno hace que las empresas que generan trabajo se caigan a pedazos.

“Lógica” y “Liberal” van por caminos opuestos. Una sociedad no puede ser funcional si es recontra individualista.

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Vos mismo lo dijiste. ¿Y eso por qué? Porque el trigo se va casi todo para hacer el tercero allá en Europa… si en el mercado interno hubiese una mayor producción destinada al mercado interno que esté disponible en este (y no guardada en silos para especular) el precio del grano cae, entonces lo hace el de la harina. Si los “harineros” de todo el país son tres, el problema del que venimos hablando hace 15 páginas sobre las mil familias y toda la bola es el mismo pero trasladado a la siguiente fase de producción (y esto es algo que se nota también y mucho, en la comercialización de los alimentos como producto final por parte de las grandes cadenas de supermercados)

El tema de los impuestos lo hablé mas atrás mostrando grafiquitos en las relaciones ganancia-costo-impuestos de los precios de los productos brasileños comercializados en Brasil y en el exterior. Es una verdad a medias.

---------- Mensaje unificado a las 20:17 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 20:14 ----------

Justo me acabo de acordar, del tema de la producción de harina con granos de trigos, recuerdo una excelente descripción del sistema productivo de esa fase en el libro “Política Británica en el Río de la Plata” de Scalabrini Ortíz (es un libro del año '40) donde el tipo habla de los precios diferenciados de los ferrocarriles (monopólicos) de la época según los productores y entre los exportadores y grandes productores y las “pymes” locales. A lo que voy es que ese tipo de cosas suelen quedarse fuera de los análisis que hace un economista liberal.

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Disculpe no quería ofenderlo. Pido las disculpas pertinentes del caso.

Ninguna ofensa. Mi respuesta fue solo una corrección desarrollada.

El tema de la política económica alemana post-segunda guerra mundial es un tópico muy interesante para debatir. Porque muestra un poco cuales son los limites para la intervención del estado en la economía sin que esta sea perniciosa para la generación de riqueza. Lo que tiene el ordoliberalismo, es que es una política que no busca obstruir el funcionamiento del mercado, sino mas bien garantizar que funcione de acuerdo a su potencial teórico. Tiene mucha herencia de Max Weber, y por eso es una de las escuelas de pensamiento económico modernas mas intrigantes. Hay un rol fuerte del estado, pero muy muy distinto al que ocupa en otros esquemas “liberales” con cierto grado de intervención estatal.

Especialmente, el ordoliberalismo es diametralmente diferente a otras ideologías como el desarrollismo, que surgió en los claustros americanos como una pobre imitación de las políticas de desarrollo seguida por los países industrializados a finales del siglo XX, y planteada como respuesta al comunismo.

Para ejemplos de lo que es el desarollismo, no necesito irme muy lejos porque el gobierno de Macri representa casi al pie de la letra ese esquema de pensamiento, y al desastre total al que puede conducir. Un gobierno de ideología profundamente conservadora, gobernando en un país pobre, aplica una política que combina elementos del liberalismo, con fuerte intervención del estado focalizada en ciertos sectores de la economía. Esos sectores favorecidos por el n desarrollismo (que nada tiene que ver con el verdadero proceso de desarrollo ocurrido a finales del siglo XIX en países como Alemania y EEUU), se caracterizan por ser de bajo valor agregado pero con enormes requerimientos de capital e inversion (generalmente de industria básica, extractivos, energía, transporte, etc), con la presunción de que el empuje de esos sectores generara por arte de magia una serie de encadenamientos y derrames que mantendrán ocupado al pueblo, y de esa manera obstaculizaran el crecimiento de partidos de índole socialista.

El problema fundamental con el “desarrollismo”, es que interviene poco en la economía, pero lo hace de una manera terriblemente destructiva y dañina para el funcionamiento de la economía de mercado. Ya que distorsiona severamente precios relativos, destruye la intertemporalidad del ciclo económico (debe haber primero ahorro para que haya inversion, y acá ocurre al revés), moviliza enormes cantidades de capital fuera de donde realmente es necesitado, y genera una brutal acumulación de inversion hundida que no tiene coordinación con la demanda futura. El ejemplo mas perfecto es la política del gobierno respecto a Vaca Muerta. Para estimular el sector, el gobierno adopto una política opuesta a la del gobierno anterior. En vez de subsidiar el consumo de gas a la gente, no solo no se lo subsidio sino que fijo un precio absurdamente caro para favorecer una inversion acelerada. El problema es que el país estallo por los aires, la gente no puede pagar esa tarifa, y ahora el gobierno debe volver a un precio normal, y todo el proceso de inversion acelerada se aborta, encima generando conflictos y litigios multiples (ejemplo techint).

El ordoliberalismo, o en otras palabras la economía social de mercado alemana de la segunda postguerra, es muy diferente al"desarrollismo". Primero, no es una corriente conservadora que “reacciona” contra el comunismo, sino una corriente conservadora que “reacciona” contra el capitalismo. Suena confuso? En realidad no.

Como reacciona un conservador contra el socialismo? Trata de aplicar ciertas políticas especificas de una economía socialista, con el objetivo de lograr una serie de resultados asociados a este tipo de economías, pero que en ultima instancia impidan el crecimiento politico del socialismo. Como reacciona un conservador contra el capitalismo? Hace lo mismo, pero al revés. Aplica un conjunto de políticas liberales centrales, con el objetivo de garantizar ciertos resultados, que sirvan como obstáculo politico al “laissez faire” puro.

Y ahí radica la diferencia central entre el éxito económico del ordoliberalismo, y el fracaso rotundo del desarrollismo. Ambas son “terceras vias”, pero toman caminos muy diferentes.

---------- Mensaje unificado a las 01:31 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 01:10 ----------

En mi caso particular, yo no suscribo del todo al ordoliberalismo porque no soy tan conservador en lo social como la mayoría de sus exponentes, aunque si soy nacionalista. Y mi acercamiento al liberalismo es bastante similar al que siguieron los ordoliberales. O sea, encontrar cuáles son las bases centrales que hacen que la economía de mercado funcione adecuadamente, y respetarlas, pero asignarle un rol al central al estado donde evite la mayoría de los vicios del sistema.

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Excelente análisis. Si me preguntas por el ejemplo mas perfecto, yo diría Venezuela… y el ejemplo mas cercano a lo otro en negrita que tuvimos acá fue Peron con los sindicatos

Porque el precio de la harina esta más alto de lo que debería independientemente del precio del trigo. Te repito por si no lo leíste bien, aunque me lo remarcaste en negrita.

Hoy el problema es el precio de la harina no del trigo, consulta con algún panadero amigo que te explique cómo fue siempre la relación precio trigo-precio harina-precio pan.

---------- Mensaje unificado a las 15:59 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 15:39 ----------

Uf linda falacia al principio, al menos me sirve para recordar repasarlas porque no me acuerdo los tipos.

Arcor tiene problemas por culpa del campo :lol::lol:

Arcor es raro por un lado tiene algunos problemas porque se endeudó en dólares y por el otro no para de absorber empresas Mastellone casi es de ellos y sigue comprando acciones.

Falacia ad hominem. De cualquier forma tiene un gran contenido de realidad la afirmación que usó.

Volviendo a lo nuestro, el tema con el trigo es que el precio de la harina está si o si atado al grano, de la misma forma que el de los autos está atado a los combustibles. El grano es la materia prima de la harina, y un costo de su producción al que se le suma toda la tarea y la tecnología para transformar el grano en harina. Como digo, el problema pasa por un tema de quien y para qué se produce, y el motivo en ambos casos es el mismo; Argentina es el cuarto país con mayor cantidad de toneladas de harina de trigo exportadas. En la Argentina es histórico que haya altas cantidades de grano y harina producidas hacia el exterior combinado con un mercado interno pobre y desabastecido, con alimentos carísimos. La cita del libro de Ortíz da ejemplos de como se daban esos precios altos y ese desabastecimiento en varios rubros incluyendo el trigo (libro que recomiendo, donde se muestran gráficos y números de producción y exportación por años con citas pertinentes). Sin hablar del trigo, del grano y de la harina, pero siguiendo en alimentos, esto, reitero, ocurre también en las góndolas de los hipermercados con muchos productos que son fijados por empresas cartelizadas donde es ese sector el que mayor ganancia saca de los productos (de eso hablé mas atrás y dejé un video de un empresario de una Pyme hablando al respecto).

El liberalismo y su fracaso histórico

Entre fines del Siglo XVIII y principios del XIX, los economistas clásicos, fundamentalmente Adam Smith y David Ricardo, sentaron las bases sobre las cuales se intentó conocer el funcionamiento del capitalismo como un sistema. En la economía clásica se reconocía la existencia de clases sociales. En Smith eso no suponía antagonismo importante, pues pensaba que el propio desarrollo del mercado llevaba al bienestar general. No es el caso de Ricardo, que sí observaba que obreros e industriales, por un lado, tenían intereses antagónicos con los terratenientes, por el otro: la idea central de Ricardo es que los terratenientes, mediante la apropiación de la renta agraria, imponen un encarecimiento de los alimentos, lo cual conlleva una presión sobre los salarios y a la compresión de la ganancia.

Karl Marx escribe El Capital (1867) como una herramienta crítica respecto de la economía clásica, que consideraba al capitalismo como el sistema de organización social más perfecto que había encontrado la humanidad. En su monumental obra, Marx expone las leyes que rigen el funcionamiento del capitalismo, sus tendencias a la crisis y devela el secreto empresario mejor guardado: que el trabajo no pago al obrero es el fundamento de la ganancia. Lo hace a través de la teoría del valor trabajo, que explica el valor de las mercancías por el tiempo de trabajo socialmente necesario que lleva producirlas. Esa teoría reconoce su desarrollo embrionario en los clásicos.

Marx reconoce a Smith y Ricardo el intento de realizar ciencia, es decir de buscar una explicación del funcionamiento del sistema económico, aunque señala que encontraron un límite en tanto representantes de la clase capitalista: no pudieron llevar sus investigaciones hasta el final para explicar la ganancia, lo cual suponía dejar expuesta la explotación capitalista. Nótese que los clásicos y Marx hablaban de economía política.

A la economía posterior a los clásicos Marx la denomina vulgar, en tanto pierde cualquier intención de ciencia y se transforma en directamente apologética del sistema capitalista. Ese mismo carácter vulgar tendrá el desarrollo de la economía luego de la muerte de Marx: después de los clásicos existe una larga transición hasta que, hacia la década de 1870, la teoría económica oficial experimenta un cambio radical de la mano del inglés William Jevons, el austríaco Carl Menger y el francés León Walras, entre otros, que fundan la escuela de la utilidad marginal y sientan los pilares de la teoría económica neoclásica. Empieza un proceso donde la economía se va despojando de su carácter político y social y busca emular los métodos de la física y la matemática.

La teoría neoclásica (que pretende superar a los clásicos) abandonó la teoría objetiva del valor, que explica cuánto valen las mercancías por el tiempo de trabajo que llevó producirlas, para deslizarse hacia una teoría subjetiva, que parte del individuo atomizado, se concentra en el análisis de la oferta y la demanda, y deja de lado cualquier consideración a un sistema económico específico. En ese traspaso se borra la existencia de clases sociales: todos los individuos, sean estos obreros o capitalistas, se disuelven en un genérico “agente económico”. En este esquema de pensamiento, que retoma parte de la elaboración de Smith, se atribuye al comportamiento de los individuos una naturaleza egoísta: es decir, que esa motivación que emerge del sistema capitalista competitivo es transformada en un pase de magia en una característica natural del hombre en toda época y lugar. En ese camino, la teoría económica pierde cualquier referencia a una determinación histórica concreta. Y lleva al extremo la existencia teórica del equilibrio entre la oferta y la demanda, aunque en la realidad tales construcciones ideales no se verifiquen: para los neoclásicos, la sobreproducción, el subconsumo o el desempleo, son fricciones anecdóticas a causa de la intervención estatal que no deja que el mercado autorregulado resuelva todos los problemas. Esta “modernización” teórica es la base de las ideas de Javier Milei y José Luis Espert.

Eric Roll fue uno de los mayores historiadores del pensamiento económico. Nacido en el Imperio Austro Húngaro, además de académico, fue funcionario y banquero. Esto indica que su distancia con las ideas del marxismo y la clase obrera no era corta. No obstante, al explicar el origen de la economía moderna (neoclásica), señala que:

Pretenden validez universal […] porque sostienen que formulan una teoría del valor independiente de todo orden social específico. Sin embargo, no puede dudarse que en sus orígenes la escuela de la utilidad también fue influida muchas veces por el deseo de reforzar los aspectos potencialmente apologéticos de la teoría económica. La teoría clásica [se refiere principalmente a la de Adam Smith y David Ricardo, NDR] no era bastante fuerte para resistir los ataques del creciente movimiento obrero.

El carácter reaccionario contra la clase trabajadora de las ideas de Milei y Espert, obviamente, tiene una larga historia.

La teoría y la realidad

Desde la revolución industrial en el Manchester de 1750 (para ofrecer una fecha de nacimiento “oficial” al capitalismo), el mundo idílico liberal en realidad nunca existió en forma “pura”: es decir, desprovisto de la “grasa” del Estado, las organizaciones de trabajadores y todos los obstáculos “artificiales” al libre cambio.

Para Karl Polanyi, un científico austríaco que se dedicó a la antropología económica, el nacimiento del credo liberal recién se consuma en 1820 cuando adquieren entidad tres dogmas: “el trabajo debe encontrar su precio en el mercado; la creación de la moneda debe estar sometida a un mecanismo de autorregulación; las mercancías deben circular libremente de país en país sin obstáculos ni preferencias”. Todas ideas que enamoran a los “modernos” economistas mediáticos de estas pampas.

La flota de Gran Bretaña fue la que creó, en gran medida, la “libertad” de comercio en el mundo mediante la conquista de colonias y mercados. Lo mismo que la mano de hierro del Estado fue el arma central para constituir un mercado de trabajo: Karl Marx explica cómo la acumulación originaria constituye un largo y violento proceso de expropiación de los campesinos y trabajadores de sus medios de producción para que no tengan nada más que vender que su fuerza de trabajo. De hecho, “La vía del librecambio ha sido abierta, y mantenida abierta, a través de un enorme despliegue de continuos intervencionismos, organizados y dirigidos desde el centro”, afirma Polanyi.

Ese mundo en que millones de emprendedores -compitiendo unos con otros mediante la acción de la “mano invisible” del mercado autorregulado- conducen al bienestar de todos corresponde a un relato mítico. El mundo de libre competencia, premisa de las propuestas de los liberales, nunca condujo al bienestar general y en términos históricos, está perimido desde la época imperialista inaugurada a fines del siglo XIX y principios del XX.

La característica central de la estructura capitalista mundial desde entonces no es la libre competencia, sino, por el contrario, la concentración y centralización del capital (ya sea en forma de monopolio u oligopolio) donde una o pocas empresas dominan las principales ramas de la producción de modo tal que la competencia empresaria es modificada de manera sustancial: Ford, General Motors, Volkswagen, Toyota, Honda, Renault, Peugeot y unas pocas empresas más gobiernan la industria automotriz; JP Morgan, Citibank, Deutsche Bank concentran los movimientos financieros; los productos tecnológicos están bajo el reinado de Amazon, Apple, Facebook, Google y Microsoft, las “cinco grandes”.

Entre las dos guerras mundiales se consumó el fracaso histórico de las recetas liberales “puras” en el caldo de crisis brutales (como la de 1930), conflictos bélicos y revoluciones. De acuerdo a Polanyi:

En los años veinte el prestigio del liberalismo económico alcanzó su cénit: […] Las privaciones de los parados a quienes la deflación había hecho perder sus empleos, la precariedad de los funcionarios despedidos sin concederles siquiera una miserable pensión, el abandono de los derechos de la nación e, incluso, la pérdida de libertades constitucionales fueron considerados un precio justo a pagar para responder a las exigencias que suponía el mantener presupuestos saneados y monedas sólidas, esos a-priori del liberalismo económico.

La realidad tiró al basurero de la historia a la teoría neoclásica que con pedantería Milei y Espert sostienen como el último grito de la moda: durante la catástrofe económica de entreguerras era poco verosímil explicar la desocupación por una decisión voluntaria del “agente económico”; el caos general hacía poco creíble que el mercado autorregulado llevara automáticamente al equilibrio entre oferta y demanda; y la existencia de “agentes económicos” sin distinción de clases sociales no resistía el embate de una época revolucionaria.

En ese caldo de cultivo nace la teoría económica de John Maynard Keynes. Sin desviarnos hacia otro debate, sólo decimos al pasar que el keynesianismo no logró contener la catástrofe económica sino mediante la preparación hacia una catástrofe superior: la Segunda Guerra Mundial. El liberalismo “puro” fue fagocitado históricamente por la necesidad de contener las tendencias inevitables del capitalismo a la crisis y por el desarrollo del imperialismo: el New Deal, el fascismo y otras formas de intervención estatal en la economía, mediante las cuales los capitalistas intentaron contener las contradicciones del sistema, no fueron efectivas, sino que por el contrario devinieron en herramientas de las “tareas preparatorias” para la Segunda Guerra Mundial.

Si en tiempos de “laissez faire” el liberalismo era una representación ideológica, que no obstante podía reclamar algún asidero débil en la realidad, con la creciente socialización de las fuerzas productivas (más allá de la monumental apropiación privada de sus frutos por parte de gigantescas corporaciones empresarias), con la gigantesca división del trabajo a escala mundial que produjo el capitalismo en los últimos doscientos años, se torna totalmente insostenible. La idea de “volver” a un capitalismo autorregulado que “libere” la iniciativa individual que proponen todos los discípulos de Friedrich von Hayek y Milton Friedman (convertida en el grotesco “viva la libertad” de Milei) “atrasa” doscientos años.

La teoría neoclásica volvió a la ofensiva con el neoliberalismo en la década de 1970 de la mano de Hayek y Friedman. David Harvey señala que las primeras dosis de neoliberalismo del mundo fueron aplicadas en la ciudad de Nueva York, en el Chile de Pinochet, en la Argentina bajo el látigo de la dictadura, con el ataque de Donald Reagan a los controladores aéreos en Estados Unidos y de Margaret Thatcher a los huelguistas mineros. Harvey no deja lugar a dudas que el neoliberalismo es una política para “la restauración del poder de clase de la elite”, que vino a liquidar, entre otros objetivos, conquistas de la clase obrera en la posguerra.

La historia reciente es más conocida, pero no viene mal recordar que las recetas de Milei y Espert condujeron a la catástrofe no sólo en la Argentina de Menem, el “déficit cero” de Domingo Cavallo y Fernando de la Rúa; sino también en la Unión Europea, el mayor proyecto de libre mercado de la historia; e, incluso, en los Estados Unidos, ahora dirigido por el pirómano Donald Trump.

Cortesía de Pablo Anino

---------- Mensaje unificado a las 16:34 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 16:23 ----------

Liberales horror show: Milei y Espert, caníbales al ataque

Tratan a Mauricio Macri casi como a un comunista que no hace “lo que hay que hacer”. Le hablan al ciudadano de a pie mientras ocultan que sus propuestas son favorables al gran empresariado. Se dicen apolíticos, pero están vinculados a empresarios muy politizados y usinas del pensamiento que aportaron ideas y hasta funcionarios, tanto a la dictadura militar como al Gobierno de Carlos Menem.

“¿De dónde viene esa decisión? De una pose ‘modernizadora’ que en la Argentina ha sido siempre el argumento de la derecha. Modo de enterrar una cultura y hacer otra, más ‘realista’, más ‘moderna’ y sobre todo más cínica.”
Ricardo Piglia, Los diarios de Emilio Renzi (1957-1958)

“¿Ustedes saben a cuántas personas ayuda este Gobierno, en los planes sociales?" pregunta con cara de consternación Mirtha Legrand. “Diecinueve millones de cheques paga el Estado y la realidad es que los que trabajamos y aportamos somos siete”, afirma Javier Milei.

El último Reporte del Trabajo Registrado que publicó el Ministerio de Producción indica que la cantidad de asalariados aportantes al sistema previsional alcanzó en el mes de octubre de 2018 a 12,1 millones. Se trata de muchos más que los siete millones “que aportamos” de Milei, que suponemos se refiere sólo a los trabajadores del ámbito privado. Pero el Reporte incluye empleados públicos, docentes, trabajadores de la salud y monotributistas sociales, que para Milei probablemente haya que enviar en un cohete a la luna. Los no registrados (mal llamados en “negro”), que serían unos 6 millones aproximadamente (un tercio de la fuerza de trabajo), no aportan por estar subyugados por el fraude laboral de los empresarios.

Los “diecinueve millones de cheques que paga el Estado”, son producto de la misma manipulación de cifras: se trata de jubilaciones; de niños y adolescentes que cobran la Asignación Universal por Hijo porque los padres y las madres están desocupados, no registrados o son trabajadores de la economía social; y, finalmente, el resto de los “cheques” son los que cobran empleados públicos, docentes y trabajadores de la salud.

La particular forma en que “Chiquita” Legrand y Milei presentan las cosas busca generar sentidos comunes que se extienden y repiten hasta el cansancio: entre ellos, justamente, el que pregona que una pequeña parte de la población (los supuestamente bien educados, los buenos empresarios) con su esfuerzo permanente, sostiene a un ejército de vagos que no quiere trabajar, los “choriplaneros”, los que se benefician de los “planes descansar”.

Detrás de escena, productores, camarógrafos y otros tantos trabajadores son los que dan vida a la “magia” de la televisión. No sólo eso: el show ocurre mientras las trabajadoras domésticas atienden la “mesaza”. Es un pequeño símbolo que grafica cómo funciona el sistema capitalista: una pequeña minoría empresaria vive, usufructúa y se enriquece a costa del trabajo ajeno, aquel que realiza una mayoría de trabajadores que producen todas las riquezas y maravillas del mundo. El “arte” del dominio capitalista empuja a otra parte a la desocupación, un ejército de reserva, tal como lo llamaba Karl Marx, que actúa como una amenaza latente para que los ocupados acepten bajos salarios y depongan sus reclamos de derechos laborales.

Con el “divide y reinarás”, el propio sistema somete al desocupado a esa condición de carestía de la vida que es asistida con las “migajas” que se caen de la mesa millonaria de los ricos. La perversidad de los Milei los ubica como “vagos”. Como si no tener un empleo se tratara de una opción voluntaria en un país donde arrecia la recesión y la tasa de desocupación se aproxima a los dos dígitos.

No es casual que en 2015 Milei estuviera al borde de un ataque de nervios frente a la propuesta de Nicolás del Caño de reducir la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana, para repartir las horas de trabajo y con un salario acorde a la canasta familiar (estimada en $38.517 por la ATE Indec para noviembre de 2018), como una forma de dar una salida de fondo a la desocupación y repartir los frutos de la “eficiencia” del desarrollo técnico en toda la sociedad. Los nervios de Milei se deben a que esa propuesta ataca directamente la ganancia empresaria. Pero es una quimera esperar que se reactive la actividad si no mejoran los salarios y se sigue despidiendo.

Costumbres argentinas

José Luis Espert, vestido con su traje de candidato del Partido Libertario, se propone hacer lo que hay que hacer. Palabras más, palabras menos, el decálogo de los problemas es sencillo: una economía cerrada, un estado elefante, una presión impositiva insoportable. A lo que hay que agregar un sindicalismo corrupto: no hay duda que lo es, tanto como ha sido cómplice de los empresarios en las políticas de privatizaciones, precarización y flexibilización laboral; aunque para Espert, se entiende, el problema es directamente la existencia misma de sindicatos.

Como si el golpe militar no lo hubiese llamado la clase empresarial; Raúl Alfonsín no hubiera gobernado para los “capitanes de la industria”; el menemismo no hubiera atendido a las reformas reclamadas por el imperialismo y sus socios locales; Fernando de la Rúa no estuviese encantado de “dar buenas noticias” de la mano del FMI; Eduardo Duhalde no hubiera decidido devaluar destruyendo el salario en favor del gran capital; los Kirchner no hubiesen sido patriotas de que las empresas la “levanten con pala”; o Mauricio Macri no hubiese realizado el sueño eterno de un país atendido por sus propios dueños; para los histriónicos Milei y Espert, Argentina es un país muy particular donde la dirigencia política está empeñada en hacer todo mal, opuesto por el vértice a lo que se “debe” hacer y hace el resto del mundo.

Apertura comercial para disciplinar

La economía argentina no presenta ninguna particularidad que defina que su comercio está más cerrado que el resto del mundo. De acuerdo a datos del Banco Mundial, en nuestro país las importaciones de bienes y servicios en comparación al Producto Interno Bruto (PIB) representaron el 14 % en 2017. Ese ratio es menor al promedio mundial y de países como Australia (20 %), Colombia (20 %) o Chile (27 %), con economías más primarizadas (y, por ende, que requieren más importaciones), pero similar al de Estados Unidos (15 % en 2016). Lo que no hay duda es que una mayor apertura comercial tiene como fin para los capitalistas favorecer el ingreso de producción de otras latitudes para disciplinar a la clase obrera y que esta acepte transformarse en una fuerza de trabajo cada vez más barata.

Es lo que hicieron en distintos grados la dictadura, Carlos Saúl Menem y, más recientemente, Mauricio Macri. Para Espert nunca es suficiente. En lo comercial considera deseable una “apertura unilateral a la chilena”, además de flexibilizar, como propone Jair Bolsonaro desde el otro lado de la frontera, el Mercosur. O, directamente, salirse de ahí. En términos capitalistas, se trata de iniciativas que van contra el mundo que emergió de la crisis mundial de 2008, donde la globalización entró en crisis dando lugar a fenómenos aberrantes, como Donald Trump, que pregona el proteccionismo. La izquierda, obviamente no defiende la mundialización del dominio del capital en ninguna de sus variantes. En las antípodas, pregona la unidad socialista de América Latina y su extensión a escala internacional. En esa perspectiva, en oposición al monopolio privado de Cargill, Bunge, Dreyfus y entre otras grandes exportadoras, defiende el monopolio estatal del comercio exterior para que sea administrado en función de las necesidades sociales y no del disciplinamiento de los trabajadores, las ganancias y la especulación capitalistas.

La farsa del Estado elefante

El macrismo atacó duramente el gasto público con el “déficit cero” que ajusta sobre salud, educación y obra pública. En simultáneo, libera recursos para pagar la fraudulenta deuda (suben 50 % en 2019). Este año, a pesar de que el resultado primario, que contabiliza ingresos y egresos sin considerar la deuda, arrojaría “déficit cero”, habrá un enorme rojo fiscal de más del 3 % del PIB explicado por el déficit financiero, donde sí se contabilizan los pagos de la deuda. Es necesario remarcarlo: todo el déficit se explica por los intereses de la deuda.

Pero esto no preocupa a los liberales que son defensores acérrimos del capital financiero internacional. Su insistencia con la idea de reducción del gasto público apunta a atacar a docentes, trabajadores de la salud y empleados públicos. Espert dice que sobran 1,8 millón de empleados públicos, lo cual significaría reducir un 60 % la planta actual, que en todos los niveles estatales (nacional, provincial y municipal) suma 3,2 millones: una suerte de “guerra civil” contra el empleo público en beneficio de los especuladores. En realidad no sobran empleados públicos, sino que faltan escuelas, hospitales, agua potable, cloacas y vivienda popular. Y los recursos para estos fines se los llevan los especuladores.

En el promedio mundial, el gasto público representa el 27 % del PIB mientras en Argentina es del 26 %. Veamos otros casos para graficar la situación: en Estados Unidos es del 23 %, en Francia del 48 %, en Reino Unido alcanza a 37%, en Colombia del 30 % y en Chile del 22 %. Las estadísticas del Banco Mundial dejan expuesto el uso deliberado de definiciones por parte de los liberalotes. El gasto público (el estado elefante) no es particularmente alto en nuestro país.

El discurso de los Milei y Espert tiene lugar luego de que la pretensión de utilizar el Estado como árbitro de las contradicciones sociales, visión alimentada por el kirchnerismo y el progresismo en general, devino en un capitalismo prebendario de empresarios que hicieron negociados con la obra pública y en un derroche de subsidios a las ganancias de empresas de servicios públicos que, no obstante, condujeron mediante la desinversión al colapso energético. Así, los subsidios se transformaron en uno de los principales capítulos del gasto público. No se trata de más o menos gasto público, una discusión estéril en el estado capitalista, sino de avanzar en la colectivización de los medios de producción bajo gestión obrera, empezando por las empresas de servicios públicos para terminar con el tarifazo permanente. Los servicios públicos son un derecho esencial para el pueblo trabajador y su provisión debe estar desacoplada de la lógica empresarial: esto generaría un enorme ahorro en subsidios que engrosan las ganancias y cuentas bancarias de las empresas energéticas, muchas de ellas con estrechos lazos con el presidente Macri.

El Frente de Izquierda realiza una verdadera propuesta de un “gobierno barato”: que todos los que desempeñan un cargo público, los legisladores y los jueces cobren como una docente o un salario promedio de un obrero. Esta idea se realizó en la Comuna de París. Así lo explicaba Karl Marx:

Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los que desempeñaban cargos públicos debían desempeñarlos con salarios de obreros. Los intereses creados y los gastos de representación de los altos dignatarios del Estado desaparecieron con los altos dignatarios mismos. […] Una vez suprimidos el ejército permanente y la policía, que eran los elementos de la fuerza física del antiguo gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de represión, el «poder de los curas», decretando la separación de la Iglesia del Estado […] La Comuna convirtió en una realidad ese tópico de todas las revoluciones burguesas, que es «un Gobierno barato»

Seguramente, los liberalotes saldrán corriendo.

Evasión, fuga y misterio

Otra de las falacias de los liberales autóctonos es la supuesta presión impositiva insoportable que impide el compromiso inversor empresario: la relación de la recaudación impositiva sobre el PIB encuentra a la Argentina incluso debajo del promedio mundial.

Milei reivindicó con Mirtha Legrand la rebaja impositiva que realizó Donald Trump. Gran parte de los economistas ven (y la realidad lo confirma) que esa reforma no sirvió para reactivar sobre bases sólidas la economía estadounidense, sino que empujó una repatriación de capitales para aprovechar los bajos impuestos, pero no se corroboró un incremento sustantivo en la inversión y en la productividad. El FMI dice que para 2020 se acaba el efecto de la baja de impuestos en Estados Unidos y por eso, entre otros aspectos, está puesta sobre la mesa la discusión sobre una posible próxima recesión.

La idea de que impuestos más bajos a los empresarios favorece la inversión es particularmente falsa para países atrasados y con rasgos semicoloniales como la Argentina, donde la burguesía, históricamente, tiene por deporte favorito fugar capitales más que invertir. Apenas asumió, Mauricio Macri quitó aranceles a la exportación y tomó otras medidas que se estima bajaron la “presión impositiva” en un equivalente al 2 % del PIB. En 2017, el macrismo con la colaboración del peronismo votó en el Congreso una reforma impositiva para bajar progresivamente las tasas de impuestos a las ganancias no distribuidas y las contribuciones patronales. No hay que soslayar que el reclamo a viva voz en favor de rebajas impositivas contiene una maniobra: se desfinancia al Estado para luego sentenciar que “se gasta más que lo que se tiene”. Por más tibias que puedan ser consideradas por Milei y Espert, ¿cuál fue el efecto de la rebaja impositiva? De la “lluvia de inversiones” no hubo ni noticias. Por el contrario, se derrumbaron el año que acaba de terminar. ¿Qué pasó en 2018? La fuga de capitales alcanzó un nivel récord en años: superará holgadamente los U$S 25 mil millones. Nadie va a desconocer que la hecatombe económica reconoce también otras causas, pero tampoco obviar que la realidad, una vez más, es esquiva al credo liberal.

Los liberales evitan discutir el regresivo esquema tributario argentino, que tiene una de las principales fuentes de ingreso en el Impuesto al Valor Agregado (IVA) que paga todo ciudadano de a pie. No obstante, en los últimos días, los “mercados” se quejaron por la entrada en vigencia del impuesto a la renta financiera. Germán Fermo, otro de los ultraliberales, consideró ese impuesto casi una expropiación comunista y conminó al Gobierno a dar marcha atrás porque de lo contrario el “riesgo país” (esa maestra ciruela del capital financiero que indica qué está bien y qué está mal) haría tronar el escarmiento. El impuesto fue incorporado para disfrazar de progresista la reforma tributaria de 2017: el oficialismo incluyó un gravamen moderado del 15 % para activos en dólares o indexados y 5 % para activos de renta fija en pesos no indexados. Los documentos difundidos por el Ministerio de Hacienda en ocasión de presentar la reforma exponen la benevolencia del trato al capital especulativo: en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que son un espejo para Cambiemos y el sueño húmedo de los liberalotes, la alícuota promedio aplicada a la renta financiera es de 42 % para los dividendos, 37 % para las ganancias de capital por acciones y 28 % para los intereses ganados.

Hay otros datos que sí dan cuenta de ciertas costumbres argentinas: un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estimó que la tasa de evasión del impuesto a las ganancias se sitúa cercana al 50 %. Para que no quede lugar a dudas, un trabajador que paga ganancias no puede evadir porque le descuentan mes a mes del recibo. La evasión es practicada por las grandes compañías que cuentan con un ejército de profesionales especializados en la “contabilidad creativa”. En 2015, la evasión por el IVA (que hacen los empresarios, no el pibe que compra un alfajor) fue ponderada en el equivalente al 2 % del PIB.

Evasión impositiva y fuga de capitales van, muchas veces, de la mano. Los Panamá Papers y otras develaciones dejaron expuesta a la familia Macri y a gran cantidad de grandes empresarios que son campeones mundiales en maniobras para ocultar su patrimonio en guaridas fiscales. El desparpajo no tiene límites: en 2016, el Congreso votó una falsa reparación histórica a los jubilados para encubrir un blanqueo de capitales que constituyó una verdadera autoamnistía para los fugadores seriales. Al comprender maniobras oscuras, es difícil de estimar, pero algunos cálculos sitúan en U$S 400 mil millones la fuga de capitales: ¡se fugaron prácticamente un PIB!, es decir la riqueza que produce el país en un año. ¿Dónde está guardada? Un misterio, que los bancos esconden bajo siete llaves.

Milei insiste con la idea de que “hay que cerrar el Banco Central de la República Argentina”. Incluso defiende a Federico Sturzenegger como a un mártir de la independencia de la política monetaria. No importa el detalle de que este Terminator del monetarismo fuera el padre de la bomba de Lebac, que generó un negocio gigantesco con la “bicicleta financiera”, que ahora continúa e implica un déficit cuasi fiscal de dimensiones equivalentes al fiscal. La idea de Milei es dar libertad absoluta a los dueños del dinero, eludiendo cualquier control y restricción, para que practiquen sin límites la expoliación sistemática que realizan de los recursos del país: la banca privada, como quedó en evidencia en la denuncia de exempleados del HSBC y de la J.P. Morgan, es el instrumento de la evasión y la fuga.

Por otro lado, no debe pasar inadvertido que la propuesta de eliminación del Banco Central implica ceder soberanía en favor del imperio de la divisa yanqui: el excéntrico economista recomienda comprar dólares, pero “jamás monedas o cosas vinculadas a la Argentina”. Por el contrario, para terminar con la fuga y la evasión, o evitar nuevas confiscaciones a los pequeños ahorristas, como hubo varias en la historia argentina, incluido el último episodio del “corralito”, no hay medida más realista que la nacionalización de la banca y la constitución de una banca única bajo gestión de los trabajadores, que otorgue crédito barato para la vivienda única, al pequeño comerciante y productor ahogado por la situación económica y que, en términos más generales, sea una palanca para el desarrollo de las fuerzas productivas.

Ser realistas, no pagar la deuda

Espert no sólo se espanta con la posibilidad del defaut de la deuda, sino que hasta considera un desatino una reprogramación de los pagos, como la que empieza a vislumbrar la mayoría del régimen político. El economista hace definiciones claras: no hay lugar para ningún alineamiento de Macri con China. Un futuro gobierno, debido a que será clave “otro acuerdo con el Fondo” porque el país no podrá afrontar los vencimientos, deberá “alinearse en serio con Estados Unidos”.

Los liberalotes dicen que la deuda en el período macrista financió el déficit, lo cual es parcialmente falso. El Gobierno centralmente necesitaba evitar que el déficit de cuenta corriente (que expresa las relaciones económicas y financieras con el resto del mundo) desestabilizara la economía: para eso necesitaba dólares que atrajo con la “bicicleta financiera” y el endeudamiento desmedido. La deuda no sólo es una aspiradora que extrae recursos de la economía nacional. Además es un mecanismo de saqueo que garantiza la fuga de capitales, el pago de vieja deuda, el envío de ganancias a sus países de origen de las empresas extranjeras (que explican el 75 % de la facturación de las 500 grandes compañías) y es utilizado para imponer políticas económicas como privatizaciones, contrarreformas laborales y previsionales, entre otras delicias.

Desde la dictadura a esta parte, se pagaron más de U$S 600 mil millones de deuda (incluidos los U$S 200 mil millones de los “pagadores seriales” del kirchnerismo). La deuda no dejó de crecer nunca. No hay salida en favor de las mayorías populares si no es cortando de raíz con el saqueo de la deuda, decretando el no pago y echando al FMI del país.

La Argentina está devorada por “cuatro males”, pero no son los que imagina Espert: se trata de la clase social que domina la economía, que saquea el país, ya sea entregando los recursos naturales o con la fuga de capitales; el mecanismo de la deuda externa y el dominio del capital financiero internacional; las cúpulas sindicales que dividen a la clase trabajadora y facilitan la explotación capitalista; y el Estado capitalista que administra los negocios empresarios, locales y extranjeros.

Un cordero de mi estilo

“Se ha abierto un espacio para, no sólo gente fuera de la política como yo, sino también veo la sociedad un poco más abierta que en otras circunstancias a pensar, meditar, reflexionar sobre las ideas que yo siempre he defendido”, responde José Luis Espert al entrevistador de El Cronista cuando lo indaga sobre la oportunidad de su candidatura.

Milei y Espert, lo mismo que Mirtha (que se coló en esta historia), no son grandes empresarios, aunque disfrutan de una vida privilegiada a la sombra de ellos. La función de la troupe mediática es establecer un diálogo con el pequeño comerciante, industrial, profesional o trabajador con un salario elevado (que en este país apenas alcanza para llegar hasta fin de mes), que se encuentra “ahogado” por la situación económica y dar recetas que en realidad son en beneficio del gran capital, en un combo explosivo que de realizarse plenamente terminaría de hundir a los sujetos con los que intentan generar empatía.

En su libro La Argentina devorada, Espert, con máster en la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos (Ucema), agradece a una serie de personajes que no dejan lugar a dudas del campo político en el que se ubica: a Marcos MacMullen, “un brillante joven” también de Ucema; al “amigo y mentor” Mario Teijeiro de la Universidad de Chicago y de la Ucema; a Carlos Rodríguez, también perteneciente a ambas instituciones; entre otros tantos. Rodríguez en su trabajo teórico modeló la “tablita” del ministro de Economía de la dictadura argentina, José Martínez de Hoz; además, entre 1996 y 1998, fue jefe de Gabinete durante la gestión de Roque Fernández al frente de Economía en el Gobierno de Carlos Menem.

La Ucema, fundada en 1978 en plena dictadura militar, es una suerte usina de Chicago boys argentos. Los Chicago boys son ese grupo de jóvenes entusiastas que tomaron en sus manos la economía de Chile bajo la dictadura de Augusto Pinochet luego de haber sido educados por Milton Friedman, uno de los padres del neoliberalismo y talibán de la política monetaria ortodoxa, como la practicada en estos momentos en Argentina. Friedman, en su viaje a Chile, fue tal vez quien en términos económicos habló por primera vez de política de “shock” (lo que el timorato Macri no se animó a hacer o, más bien, no pudo porque la relación de fuerzas no se lo permitió): fue lo que le recomendó a Pinochet para intentar estabilizar la economía. En una aparente paradoja, los defensores de esa idea tan atractiva como la “libertad” vieron realizado su ideario en gobiernos militares.

Volvamos a la “mesaza”. Luego de que Milei afirmase “yo detesto la política”, en tono casi irónico, Mirtha afirma: “Vos sos economista de importantes empresas”. A lo que Milei responde “soy el economista jefe de un grupo muy importante”. “Aeropuertos 2000”, insiste Mirtha. “Es una de las empresas del grupo donde yo soy economista”, responde portando su loco peinado. “Le mandamos un saludo al señor Eurnekian, querido amigo”, agrega “Chiquita”. “Un grande, un verdadero empresario”, concluye Milei. Eduardo Eurnekian, una de las personas más ricas del país y cuyo grupo cotiza en Nueva York, construyó su imperio al calor de oscuros negocios con el Estado y se encuentra involucrado en la causa de los “Cuadernos” de Oscar Centeno acusado de haber pagado coimas para obtener la concesión de corredores viales.

Quizás guiado por el desprestigio que tienen los dueños del país, Milei distingue en el almuerzo con Legrand entre “empresarios” y “empresaurios”. Los primeros son unos “héroes” que invierten generando empleo, mientras los segundos “son aquellos que se alían con un político chorro para arruinarle la vida a la gente”. Con esta distinción transforma a los explotadores del primer tipo en “héroes” y encubre a los explotadores del segundo tipo explicando que el comportamiento prebendario es víctima del “enorme poder del Estado”. ¿De qué lado de ese mundo dicotómico ubicará a Eurnekian?

Nuestros simpáticos liberalotes, declamando el rechazo de la política, seducen al pequeño capital, pero hacen política a diez manos en favor del gran capital. Es inherente al sistema capitalista la tendencia a la concentración y centralización del capital: la suerte siempre está del lado del más grande. En nuestra época, el más grande crece bajo el “apalancamiento” del Estado. Argentina es caudalosa en ejemplos: los casos no son menores, como se expone con los subsidios que el Gobierno de Mauricio Macri otorgó para alimentar el cada vez más devaluado “milagro” inversor en Vaca Muerta, donde Techint se lleva la mayor tajada de subsidios, obteniendo un precio por el gas muy por encima del internacional; o el estímulo a la “bicicleta financiera” por parte del Banco Central que engrosa las cuentas bancarias de los especuladores con más recursos que los que se destina a salud y educación juntas; o las empresas privatizadas beneficiadas con tarifazos decretados por la “mano visible” del Estado.

La operación de Milei y Espert está contenida en los fundamentos de la teoría neoclásica (base del neoliberalismo) que presenta a todo el mundo como “agente económico”, ocultando las relaciones antagónicas entre clases sociales. Incluso los economistas clásicos, como Adam Smith y David Ricardo, reconocían la existencia de clases sociales, algo que los neoclásicos borraron de la historia. Al diluir a trabajadores y capitalistas de todo tipo en un genérico “agente económico” se justifica que el que no tiene nada es porque no se esfuerza, porque no ahorra, porque es un vago y no porque, como es lo que efectivamente ocurre, el sistema capitalista lo expulsa a la marginalidad, la desocupación y la miseria.

No son “irracionales” ni mucho menos, los liberales mediáticos defienden con claridad el “derecho” de los sectores más poderosos del capital a operar rapazmente sin restricciones. Los simpáticos economistas representan los intereses de los agronegocios, la gran industria, las petroleras, las energéticas, las privatizadas de servicios públicos, las mineras y las finanzas.

“Por qué me miran, por qué me señalan, yo solamente quiero un poco de diversión ante tanta oscuridad, yo sólo quiero hacer pop”. De esta forma, trata de conmover Micky Vainilla, el cantante de ficción interpretado por Peter Capusotto. Con bigote a lo Hitler, Vainilla afirma “que la pobreza le molesta, sobre todo estéticamente”, por lo cual propone donar un litro de pintura. Seguirán con goteras, sin luz, sin cloacas, comiendo poco, pero la pobreza será más “colorida”. La idea es clara: iniciativas sencillas trafican propuestas reaccionarias. Milei y Espert podrían recitar a dúo: “lo mío es el pop”.

---------- Mensaje unificado a las 16:34 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 16:34 ----------

Otra de Pablo Anino, que deja sepultados a los dos principales ídolos de la gilada arrepentida.

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¿Falacia?, pero si vos dijiste que automáticamente liquidaban los dolares. Yo dije que eso no es verdad y lo probe. Esa fue la burrada.

Arcor tiene problemas por políticas pro-campo en desmedro del mercado interno, no por el campo. Justo nombras Mastellone, ¿por que te pensas que estan mal?. Por destruir el mercado interno y la devaluación constante.

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No ad hominen no es, es de las otras que tienen que ver con antecedente y concecuente. Cómo un dato está mal todo lo demás esta mal. No me acuerdo el nombre.

Lo otro te lo explico como me lo explico mi amigo panadero con números ficticios porque no me acuerdo :stuck_out_tongue:
Históricamente los precios eran proporcionales es decir la tonelada de trigo valía 7000, la bolsa de harina valía 700, el kilo de pan valía 70.
Hoy el precio del trigo es 7000, la bolsa de harina 850 y el kilo de pan 70. cómo me dijo textual “el molinero me está rompiendo el culo”

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para darles de comer a todos los libertarios, estabamos hablando con mi suegro (productor agropecuario), y nos contaba q un conocido de el, tambien en el sector, nos comentaba q tiene su campo alquilado en 16k dolar por mes, de los cuales, a el le quedan limpios 3,5k, es increible q el estado corrupto argentino le chupe 3/4 del alquiler, una locura

Ad hominem tiene y es notorio, “porque son empresarios garcas”. Y si, es exactamente así. Scalabrini en el librito cuenta como los dueños de los ferrocarriles y de los molinos, que eran los mismos, cambiaban el precio del transporte según la zona para ahogar a la competencia de mercado interno donde tenían “la vaca atada” produciendo siempre lo mismo, vendiendo caro y siendo caro comer, pero mostrando tablas con numeritos.