Si alguien, allá por 1997, hubiera osado a predecir una debacle institucional como la que hoy nos lastima, probablemente hubiera sido tildado de hereje o profeta de hecatombes imposibles. En verdad, que aquel club de paso firme y arrollador pudiera transformarse en poco menos de 10 años en esta enclenque y desprotegida institución que hoy padecemos, solo cabía en una mente retorcida, macabra y enferma digna del mismísimo Lucifer. Tres letras más, tres letras menos, el demonio se hizo carne y nos convirtió de Campeones del Siglo en el hazmereir del futbol argentino. De la gloria de las portadas deportivas del mundo, Lucifer nos condujo sin escales a los títulares de la sección policiales. Dejamos de ser noticia por nuestras hazañas y pasamos a ser noticias por nuestras miserias.
Cuando los herejes traen a recuerdo aquellos 18 años de sequía para justificar tanta desidia e incapacidad, es saludable recordarles que aun en la derrota existe la dignidad. Pero Lucifer, tres letras más o menos no hacen a la cuestión, nos quitó esa dignidad. Le agregó la identidad, el orgullo, la gloria y las pasó por su trituradora. No contento con eso, se cargó los ídolos y nos cargó de odio. A Ariel, que sus errores habrá tenido, lo llamamos hereje por gritarnos un gol, luego de tantas alegrías que nos dio. A Daniel, que si bien se equivocó muy feo, lo terminamos acusando de bostero luego que cada vez que como jugador los enfrentó con su sola presencia los hacía temblar. A Mostaza, más allá de gustos, lo acusamos de cagón. Al Negro, al que su inexperiencia le jugó una mala pasada, lo sentenciamos como inútil. Al Enzo de mercader, al Muñeco de Golpista y si faltaba la frutilla del postre ahora a Ramón de mercenario. Estamos todos locos?! Basta! Lucifer es el responsable inseparable de este enfrentamiento inédito de la familia riverplatense. Nos insultamos entre nosotros, insultamos a nuestro pasado mientras Lucifer con su verborragia inútil se descotilla de la risa y pasa a nuestros ídolos por su trituradora nefasta.
Lucifer, tres letras más o menos no cambian al sujeto, monjes negros y buitres que lo acompañan han triturado a nuestro querido River. Lo han desangrado a más no poder. Han lucrado con nuestras glorias, que más allá de errores circunstanciales, glorias son, más aun si se los pondera frenta a estos mercaderes de la derrota que hoy rigen los destinos de nuestro club. Son aquellas glorias pasadas los que merecen banderas y cánticos en su contra? Son ellos los responsables directos de un saqueo institucional sin precedentes, de un club que convirtió un templo de futbol en un anfiteatro en ruinas?
No nos equivoquemos más. No alimentemos la farsa orquestada para seguir triturando a River. Enfoquemos la bronca y el reclamo sobre los verdaderos responsables antes que Lucifer, tres letras más o menos no hacen diferencia, triture nuestro último bastión : El Manto Sagrado.
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