Ya van tres días que llevo tratando de cortar el pasto de casa…
El miércoles trajeron la cortadora, que había estado en reparación casi 3 semanas. Arranqué cortando el patiesito de adelante sin problemas, y me vine al patio de atras para seguir con mi menester. Ahora les quiero describir el patio de atrás, que es bastante grande, y que encima tiene álamos por todos lados gracias a mi vieja a la que le gustó ese mugroso árbol. Para aquel que no conoce, el álamo crece rapidísimo pero es como una plaga, te saca alamitos hasta donde no te crece pasto, y si los dejás estar se hace un bosque terrible. Así que podadora y máquina de cortar pasto, las dos armas concentradas en éste ejemplar magnífico del Hijitus Cortapastus Nicoleñus, dos horas hasta que la noche empezó a caer… En ese momento escuché un “TAC” fuerte y la cortadora dejó de andar… Problemas con el cable que hace de intermediario entre el motor y el enchufe que provee la energía. Había cortado 1/3 del patio.
Segundo día. Saco ese cable viejo y lo reemplazo por un alargue todavía más viejo que por ahora anda, aunque casi que se desarma solo. Nada que un poco de cinta aisladora no pueda arreglar por un rato. Corto normal, con la podadora le sigo dando a unas enredaderas y algunos álamos en pre-pubertad que son triturados sin piedad, mientras río diabólicamente. Me siento bajo las influencias del frenético Dios Cortapasto, y nada me puede parar… Menos ese alargue viejísimo que pasa a mejor vida, y que espero que en paz descanse en el cielo de los alargues, las zapatillas y los adaptadores. La máquina queda a cargo de mi hermano que sabe con eso de cables y demás.
Tercer día, hoy. Sólo me queda el último tercio del patio, pero es el más salvaje y abrumador. Pastos que me llegan a la altura del ombligo, enredaderas del vecino que han crecido libremente los últimos 10 años y tienen tomada una porción patial muy grande para ser enredaderas, los pozos que hace Tyson (ovejero alemán, hace pozos, ladra y caga como los dioses el muy forro), algunos álamos más… Y la sed de revancha, de por fín poder terminar con éste tramite. Chac chac chac, la podadora hace su trabajo. Bajo a la mierda la enredadera con furia, la máquina se traba un par de veces pero sigue batallando para cumplir con su parte, entrándole al pasto cual Ogro Fabbiani a los ravioles de la madre. Ya estoy en el último tramo, me falta el 5% de lo que tenía que cortar, estoy llegando a la meta, estoy por meter el gol, a dos pasos de tocar el cielo con las manos… Y es entonces cuando empiezo a sentir que me pica arriba de la rodilla, y pensando que es algún insecto rompebolas lo quito. Me sigue picando pero no le doy bola, y entonces me comienza a picar más fuerte en un punto del homóplato izquierdo, y de repente me viene un recuerdo a la cabeza: avispas. Estoy cortando al pie de un árbol que está infestado por unas avispas agudas y agresivas, negras como el terror de los niños y la oscuridad, malas por naturaleza. Mis ojos se abren súbitamente y empiezo a correr. Desenchufo todo al recarajo y salgo disparado para casa, sintiendo sólo tres cosas: una adrenalina total, el ruido de las ojotas contra las baldosas del quincho y pequeños golpecitos en la espalda. Entro a mi casa, cierro la puerta, mi hermano menor me mira aterrorizado y yo estoy gritando mientras batallo contra esas pequeñas hijas de mil putas, porque adentro de la remera siento zumbidos y movimiento. Cuando me voy sacando la remera escucho esos zumbidos como si fueran truenos, tiro la remera y la piso dos minutos. Al abrirla, todavía hay algunas forras que mueven las alas y zumban como si estuvieran en una orgía.
Trece. Trece avispas tenía adentro de la remera. Una sóla sobrevivió y se me escapó por una ventana mientras sus amigas eran masacradas hasta la muerte. Igual me picaron bastante las conchudas hijas de mil doscientas zumbantes putas.
Ahora mismo estoy escribiendo ésto abajo del techito del quincho, esperando que pasen unos minutos para terminar el 1% de pasto que me queda por cortar, porque ya estoy podrido y no voy a pensar en ponerme a cortar el fucking pasto otra tarde más.
Actualización: terminé la concha de la lora, terminé. Ahora a tomar cerveza y escuchar ACDC.