A ver, esto no es una cuestión ni de carismas ni de redenciones, como diría el viejo Bob. Este tipo de decisiones merecen análisis más profundos que aquellos que habitualmente realizan Aguilar y la tropa de marmotas.
Primer punto: Reducir el margen de error. ¿Qué quiere decir esto? Que el técnico que llegue (ojalá se gane la Sudamericana independientemente de esto) tenga un consenso importante en el hincha, cuestión de que la paciencia dure un poco más que una buena canción punk.
Esto no se tuvo en cuenta con Passarella, un tipo que de arranque planteaba dicotomías muy fuertes y que terminó estirando de la cuerda de tal forma que ahora algunos ignoran su paso como jugador. Cualquiera con dos dedos de frente y un par de años de cancha, sabía que, ante la primera crisis, el hincha iba a reaccionar contra Passarella, ya sea por sus idas y vueltas con Boca, su manual de excusas o sus relaciones extrafutbolísticas con River, llámese grupos empresarios.
En una época de hinchas histéricos, torneos que invitan a esa histeria por su corta resolución, y medios de comunicación atentos como pirañas a la carne y a la sangre para sacar rédito, la asunción de Gallego plantearía el mismo conflicto inicial.
Supongamos que Gallego pierde un clásico o arranca mal el torneo. Yo creo que muchos hinchas reaccionarían con mayor vehemencia que si en el banco estuvieran Ramón Díaz, Veira o cualquier DT a estrenar ante los ojos riverplatenses.
Un par de décadas atrás no, pero en estos tiempos, este es un punto a analizar.
Desde lo estrictamente futbolero, le puedo discutir a Gallego su permeabilidad al qué dirán. Es un DT de buen ojo y buenos instintos, pero demasiado atento a lo que le aconseja el periodismo amante de los cero a cero. Gallego tiene ADN ofensivo, pero ante el primer resultado negativo es capaz de declarar “no como vidrio” y mandar a la cancha 6 defensores, solamente para callar las críticas. En ese sentido, le falta equilibrio.
Gallego es un tipo que mira a las inferiores. También es un tipo que a veces declara de más exponiéndose a papelones como el del 3 a 0 en la Bombonera.
Su currículum es muy atrayente, nadie lo discute. Particularmente, no soy partidario de traer a DT’S cuyos últimos pasos no fueron exitosos. Creo que si no comienzan bien, entran en un ritmo de desconfianza y esquizofrenia. Obviamente, esto en el caso de Gallego se reduce bastante, especialmente por todo lo que ganó.
Ortega será otro tema, más allá de su estado de salud o de su momento futbolero. Por algunos comentarios que circulan en el ambiente y pese a lo que le declaró Ariel ayer a Líbero, la relación de Gallego con Ortega no sería la misma que cuando lo dirigía.
Luego, ¿es Gallego un DT para este plantel? Aparentemente sí. Habitualmente es un entrenador que apuesta por sistemas clásicos y no desnaturaliza a los jugadores de mitad de cancha hacia adelante. Sin embargo, suele tener problemas con el armado del bloque defensivo, con una tendencia -para mi negativa- a tapar huecos en los laterales utilizando a originales marcadores centrales. Es un DT que privilegia la velocidad mental a la física.
En fin, algunos puntos de discusión. Un par de ellos podrán resultar menores, pero creo que hay que reducir el margen de error.
Yo apostaría por alguien que no haya dirigido a River, lo que no quiere decir que invalide a Gallego.
Abrazo.-