El Burro, el Keko y la ilusión
El ídolo y su sucesor festejaron el heroico estreno de la dupla y prometieron seguir con paredes y goles. La admiración del Keko y los elogios del Burrito. Un encuentro histórico.
PABLO CHIAPPETTA - FEDERICO ROZENBAUM |
pchiappetta@ole.com.ar; frozenbaum@ole.com.ar
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Ariel Ortega estaciona en una esquina de San Isidro, a pocas cuadras de su casa, y un grupito de curiosos no puede creer que sea el Burrito quien se asoma detrás de esos oscuros vidrios. Ortega los encara y los ojos de los siete brillan más que el BMW negro del ídolo. Le piden una foto. Y otra. Y otra hasta que todos, hermanos, primito y padres de Daniel Alberto Villalva, tienen el recuerdo atesorado en la camarita familiar y/o teléfono móvil. Al Keko no lo avergüenza la situación, al contrario. Su ídolo es también el ídolo de su familia. Pero el primer encuentro público de pichón y crack prefiere disfrutarlo solo. Solo con Olé.
-Ortega: Aunque con el tiempo te acostumbrás a estas cosas, no dejo de sorprenderme. Ni esto que me pasa con la familia del Keko ni lo que viví el domingo: cinco autos me siguieron en caravana desde el Monumental hasta mi casa gritándome “Orteeega, Orteeega”. Qué calor que pasé. Cada día es algo nuevo. Y ya me supera.
-Keko: Ariel es mi ídolo desde chiquito. Cuando jugaba en las canchitas de tierra de Caá Catí, en Corrientes, relataba los partidos y decía: “La lleva Ortega, sigue el Burrito…”. Y ahora estoy con él, cumpliendo el sueño de compartir una cancha, con la frutilla del postre de haber hecho mi primer gol en Primera con una asistencia suya. ¡Ortega me la pasó! Por eso le digo que no lo puedo creer. Me parece que es una película.
-Ortega: Pero es verdad, Keko. Contra Chacarita entraste muy bien. En la semana te venía viendo a vos, a Mauro y a Diego y me daba cuenta de que estaban picantes. Ahora tenés que confirmarlo en el partido que viene, no quedarte con esto. Pero se palpa que sos humilde, y eso ayuda mucho.
-Keko: Quedate tranquilo, Ariel. Ya sentí una alegría enorme cuando dijiste en Olé que yo iba a ser tu sucesor. Estaba en mi pueblo y como no podía conseguir el diario, lo fui a buscar a Corrientes capital. Para mí significa muchísimo que vos, mi ídolo, me tengas tanta confianza.
-Ortega: Si te sacás un tipo de encima, gambeteás y me picás al vacío o me dejas solo con el arquero, como el domingo, voy a confiar, je. No, en serio: Mauro y vos nos cambiaron el juego. Estaba ahogado y un poco fastidioso por tener que recibirla tanto de espaldas y ahí pudimos empezar a tocar. Cuando hiciste el 3 a 3, te dije que lo íbamos a ganar. Siempre sé que me va a pasar algo bueno. Pienso en positivo. Esa confianza, esa fe, me ayudan. Me dije: “Lo gano yo”. Y se me dio.
-Keko: Sí, cuando me viniste a abrazar en el festejo, me dijiste: “Vamos a ganarlo”. Increíble. ¿Viste que me saqué una foto con los alcanzapelotas al final? Ahora me falta llevarme la 10. Esa no la tengo.
-Ortega: Vos me vas a tener que dar tu camiseta. Porque después te vas a ir a Europa y pierdo. Ah, pero antes de irte, hacenos ganar un par de títulos…
-Keko: Ya tengo tus botines, un póster en mi pieza y el pantaloncito que me diste contra Quilmes. ¿Te acordás de que te lo había pedido una semana antes y no me lo habías dado?
-Ortega: Sí, pero no te podés quejar. Mirá que cuando yo era chico en Ledesma también decía “la leva Ramón Díaz”, y cuando llegué a River lo tenía que tratar de usted, eh.
-Keko: ¿Sabés que debutaste justo un año antes de que yo naciera?
-Ortega: Me estás liquidando. Más respeto porque no te la doy más…
-Keko: No te enojes, Ariel. Era una broma.
-Ortega: No pasa nada. ¿Sabés que cuando yo empecé era distinto? Había mucha gente más grande: Hernán Díaz, Astrada, Zapata, Higuaín, Ramón Díaz, el Mencho… Y ahora estamos Marcelo, el Pelado y yo, pero la mayoría son pibes. Se había perdido esa mística que nos transmitían a nosotros. Hoy depende de ustedes aprender que no hay que creérsela. Y querer siempre más.
-Keko: Es verdad. Lo único que puedo decir es que hasta te sigo viendo como ídolo. En Canadá, cuando vi el gol que le metiste al Everton, me paré en el banco y empecé a aplaudir. Esta vez te tuve al lado cuando hiciste el gol y se me puso la piel de gallina. Y cuando fui a abrazarte, me dieron ganas de llorar.
-Ortega: El trato que tengo con ustedes me gusta. Cuando hay que joder, jodemos. Y en la cancha, si me tienen que decir algo, no tienen dramas. La convivencia en Canadá nos ayudó. Jugaban a la Play y me metía, los cargaba y los mandaba a dormir.
-Keko: Siempre estás, nos aconsejás, nos das tranquilidad y nos pedís que no hagamos nada raro en la cancha. Sos un crack también afuera. Y adentro sos único. No creo que haya otro como vos. Yo sólo aspiro a que el hincha me quiera. Con ser el 10% tuyo ya me alcanza.
-Ortega: Tenés todo para ser ídolo, Keko. En River, por el murmullo, ya se sabe qué pibito es diferente. Así me enteré de quién eras y no se equivocaron con lo que me contaron. Con la pelota sos distinto, pero lo más importante es que sos un buen pibe. En Mendoza me llegaban los saludos que me mandabas.
-Keko: Yo quiero entrar y divertirme. Si la gente me reconoce, mejor. Pero para eso falta mucho. Debe ser lindo que te quieran todos, ¿no? Cuando agarrás la pelota, el equipo toma otra energía. Todos te buscamos porque sabemos que en cualquier momento nos hacés ganar el partido. Y además, me mata los enganches que tirás.
-Ortega: Sería lindo que siguiéramos jugando juntos. Y esto no pasa por Marcelo, por Ortega o por alguien en particular. Tiene que aparecer el equipo y lo mejor es que haya competencia. En algún momento me va a tocar andar mal a mí y después, a otro. Y yo me banco salir si el que entra está mejor. Hoy se va a hablar de Gallardo u Ortega, pero lo que buscamos es andar bien los dos.
-Keko: Marcelo es otro crack. Fue una pena que él no estuviera cuando entré. Pipo me dijo que me tirara atrás y me juntara con vos, Diego, Mauro y Andrés…
-Ortega: Quedamos desequilibrados, pero eso es la historia de River. Cuando acá vas perdiendo o empatando, tenés que salir con todo. La gente te empuja.
-Keko: En las prácticas vi que siempre intentás definir de emboquillada…
-Ortega: Lo que pasa es que el arquero siempre sale desacomodado. Y si la pelota pica, la mejor opción es tirarla por arriba. Son segundos. Si el domingo la paraba, me comía el defensor. Vos no te podés quejar, tampoco…
-Keko: No, para nada. El domingo a la noche no podía dormir. Ni me quiero imaginar si se me cumple el otro sueño: salir campeón con vos.
-Ortega: Te digo algo: sos un iluminado, porque hoy en día no pasan estas cosas. Lo que te tocó vivir demuestra que sos un jugador de naturaleza y esencia de River. Me hacés acordar a Saviola: si él se hubiera quedado un tiempo más, habría sido un ídolo muy grande. Los pibes del club sienten la camiseta. Les veía la cara y transmitían que querían ganar. Agarraban la pelota e iban al frente. Es más lindo cuando tenés chicos que saben lo que es ganar con River. Por eso el club debería apostar por ustedes.
-Keko: Ojalá nos podamos divertir en la cancha como contra Chacarita.
-Ortega: Sí. Ya nos sacamos la mala leche. Ahora tenemos que transmitir más seguridad. No podemos estar siempre remontando resultados. Si nos convencemos, vamos a dar que hablar.
-Keko: ¿Tenés cintura?
-Ortega: Sí, ¿por qué?
-Keko: No puedo creer los quiebres que hacés.
-Ortega: Si fuera presidente de River, te haría un contrato para que estés cómodo y te quedes mucho tiempo en el club.
-Keko: Jugar al lado tuyo no tiene precio.
-Ortega: En algo te parecés, y es en la inconciencia cuando entrás a jugar. Naciste así, eso no se prepara. No te importa nada.
-Keko: Igual, todavía me falta mucho para ser como vos… Tengo que aprender a esquivar más las patadas y usar más los brazos.
-Ortega: Vas a tener que aprender a ser ídolo.
-Keko: Y vos, a ponerme cuando seas mi técnico en River. Serías un buen DT.
-Ortega: No me retires. Igual, quedate tranquilo: en mi equipo jugás y en mi partido homenaje vas a estar al lado mío.
El Burro, el Keko y la ilusión
“¿Te tenés que ir al Sub 17…?”
Ortega se sorprendió al escuchar que Villalva puede ir al Mundial de Nigeria: lo quiere en River. La intimidad del encuentro con la familia que vino desde Caá Catí.
Ortega, esquivando árboles, camina varios metros por delante de Villalva. De todos modos, no pierde detalle de lo que se balbucea atrás. Oído atento, escucha diez palabras y dos números que lo alteran: Mundial Sub 17.
-¡¿Qué?!
-Que por ahora estoy en la Selección.
-¿Se viene un Mundial?
-Sí, en Nigeria.
-¿Y vos tenés que ir a ese Sub 17? ¿River te debe ceder sí o sí?
-La verdad que no sé.
-¿Y cuándo es?
-En octubre.
Es un ida y vuelta que expresa la importancia que el Burrito le asigna al Keko. Saber que su pollo se está dando las nueve vacunas necesarias para encarar la expedición hacia Africa es algo que lo altera. Hace preguntas que tienen forma de deseo: que se quede para encarar el Apertura. Ortega ratificó el domingo que Villalva puede ser la musa inspiradora de River. “Este petiso nos va a sacar campeones”, le había confiado a Gerlo, en una charla de vestuario.
Y el petiso, por lo pronto, acaba de conseguir una semana de licencia en la Selección del Tata Brown. Es por eso que ayer disponía de la tarde libre para ir a un rincón de San Isidro.
El dilema Keko-Sub 17 se resolverá en un mes. O sea, el tema ya está instalado en la agenda futbolera, pero, preocupación de Ortega mediante, Keko prefiere disfrutar de cada uno de los residuos emocionales que dejó su aparición. Todo lo goza con una familia que, por pura casualidad, llegó de Caá Catí para soñar un sueño común.
Papá Ramón se había tomado el micro durante la semana, convocado para una charla explicativa con el cuerpo técnico de la Selección. El resto llegó el sábado por la noche. No había certezas de que el Keko entrara, pero aun así trató de convencer al resto de su tropa para que viniera al Monumental. Mamá Elizabeth suspendió un curso. En minutos armó la valija y subió también a otros cuatro Villalva en un micro.
La logística previa ya es anécdota. Horas después de los hechos, el goleador oficia de guía turístico ante Ramón y Elizabeth. Lo mismo hace con Jordan, su hermano, quien es ex hincha de Boca desde el domingo. “Me contaron que gritó mi gol y el de Ortega”, lo chicanea el 34, igual que lo hacía en el patio del fondo, donde se armaban tremendos superclásicos. Las hermanas, Elizabeth María y Giselle del Mar, se declaran gallinas de nacimiento. Lo mismo que el Cabezón Matías, ese primo privilegiado que consiguió la invitación a Baires.
A todos ellos abraza el Keko, quien desde su 1,58 metro los mira desde arriba. El Burrito saborea la escena. “Es algo que me pone contento. Que su familia sea tan unida, es un apoyo muy grande para él”. Y lo dice con una sonrisa sincera, igual que cuando mira las camaritas presentes. Igual que cuando se ofrece a una sesión de autógrafos dedicada a todos los Villalva.
Se hizo tarde. Hay pasajes de vuelta hacia Caá Catí. Ariel y Daniel deben volver hoy a los entrenamientos. ¿Y después? Todavía quedan 54 días para el comienzo del Mundial Sub 17. Argentina debutará el 24 de octubre ante Honduras. Tres días después enfrentará a Alemania. Y en el final de la fase, al local Nigeria. El Keko, aún menor de edad, necesitará la autorización de sus padres para poder salir del país. ¿La firmará su padrino del fútbol?
“¿Te tenés que ir al Sub 17…?”
YO DIGO
Daniel Alberto podría ser Ariel Arnaldo
RAMON VILLALVA. Padre del Keko. |
Soy fanático de River y por eso al Keko le puse Daniel Alberto. Por supuesto que por Passarella, a quien vi jugar y nos sacó campeón. Pero también podría ser Ariel Arnaldo, pasa que por entonces, el Burrito estaba empezando y no se lo conocía tanto. Y el nombre no se debe a que lo imaginaba defensor, pero Passarella me gustó siempre. Yo jugaba de wing derecho en ligas de la capital de Corrientes y según los que me conocen, dicen que lo hacía bien, aunque no como el Keko, quien desde chico mostraba que iba a andar: pateaba cualquier cosa que le pasaba cerca. Cuando cumplió seis años se hizo un campeonato y se notaba que tenía pasta. Ahí todos me decían: “¿Qué estás esperando para llevarlo a un club de Primera?”. Pero no existían los representantes como ahora, era otra época y nosotros estábamos lejos del mundo del fútbol. Hasta que un día caluroso de diciembre me llamaron para avisarme que lo iban a probar en River y sentí una emoción muy grande. Como hincha, fue y es emocionante.
Y ahora esto, que es una fantasía. Yo estaba en Buenos Aires porque me habían citado de la Selección para una charla por el Mundial de Nigeria y ese mismo día, el Keko me dio la noticia de que iba al banco. Ahí, él mismo le avisó al resto de la familia… Es muy familiero, lo que más le gusta es estar con todos nosotros. Es una excelente persona, tan sencilla que no pierde los valores. Trae la humildad de los correntinos. Y así, teníamos la seguridad y la tranquilidad de que el domingo le iba a ir bien. Encima esta sorpresa que ahora nos da Olé: la de conocer a Ortega. Un grande, un grande en serio.

