Yo era el mejor futbolista del mundo, estaba en mi mejor momento y se jugaba el mundial. Se ve que habíamos ganado todos los partidos con facilidad y ya estábamos en la final. Todos me ovacionaban y se creía que el partido iba a ser fácil porque estaba yo. Empecé increíble, asistiendo para Julián que marcaba el 1-0. Pero en el entretiempo comencé a sentirme mal, tocaba mal todas las pelotas, me costaba ganar un pique, un cuerpo a cuerpo, todo. Nos dieron vuelta el partido y faltando quince minutos el DT (no era Scaloni, era un cualquiera), cuando el partido se paró por no sé qué, vino corriendo hasta la cancha y empezó a decirme:
-Tenés que dar más, Juan, tenés que dar más, te necesitamos, sos nuestro héroe, sos el mejor player del mundo.
-No puedo, profe. No puedo dar más… ah, ah.
-Qué te pasa Juan, cómo que no…
-Ay mis piernas profe, ay mis piernas no siento mis piernas.
Ahí me arrodillé y terminé cayendo contra el suelo…
-Profe, me desmayo, profe… profe…
-¡¡¡Médicos!!!
Entraron los médicos de los dos equipos, y yo cada vez sentía menos mis miembros, intenté tocarme la pija pero no llegaba porque no podía mover los brazos… Todo se iba nublando y, mientras me sacaban en camilla, el volumen de las gradas, los médicos y demás iba disminuyendo poco a poco hasta que desperté con la pija erecta.
No, Freud, no analices ni interpretes nada, quedate quieto.