Argentina nuclear

Reproduzco la primer nota de una serie de artículos de una saga, “Argentina Nuclear”, escritos por un tal Daniel Arias. Recomiendo entrar al blog e ir buscando la serie completa, por ahora van 20 capítulos. Relata de manera muy didáctica y entretenida la historia nuclear del país. Posta que si los empezás a leer no paras, hay historias increíbles.

[SPOILER]Cómo abrir cuatro cajas de pandora, ser aplastado por INDIRA GANDHI, JIMMY CARTER, RAÚL ALFONSÍN, CARLOS MENEM, DOMINGO CAVALLO, sobrevivir para contarlo… y contarlo

[ol]
[li]Para despertar a Mr. Magoo
[/li][/ol]
La hago corta: este año nos jugamos una bolsa de U$ 80.000 millones de dólares de tecnología nuclear contra Corea del Sur. ¿Tengo su atención, lector?
El partido se juega en Riyadh, viene empatado, se dirime a penales, y si el presidente Macri sale de su nirvana, podría designar al Messi Atómico Criollo –un fenómeno diplomático llamado Rafael Grossi-, y éste a su vez podría darnos un shot definitorio. Subrayo el uso del potencial: esto sería como ganar la lotería dos veces.

Para explicar a Grossi, a quien habré visto por última vez en 1986, tengo que irme a tiempos de sus bisabuelos, como a 1950. Desde entonces que el Programa Nuclear Argentino fue, y todavía es, el mayor intento en la historia sudamericana de construir una economía del conocimiento. Su historia, llena de aciertos y errores, de arremetidas y agachadas, de gigantes coloridos y de villanos sórdidos, ya abarca tres generaciones de frustraciones y triunfos, con más de estos que de aquellas. Y no ha terminado, acaso su mayor triunfo.

Sus mismas fortalezas (técnicas) lo hacen vulnerable (políticamente). Ha sido el único programa nuclear pacífico del Tercer Mundo que abrió una tras otra “las cuatro cajas de Pandora” del átomo: logró dominar el ciclo de combustibles, el reprocesamiento de combustible quemado, la fabricación de agua pesada y el enriquecimiento de uranio.

En 1943, por fabricar agua pesada a uno lo bombardeaban, sin importar bajas civiles. En 2003, por una acusación (falsa) de estar enriqueciendo uranio, los EEUU invadieron Irak.

En cambio nuestro programa nuclear desafió obstinada pero tranquilamente el orden establecido por la división internacional del trabajo. Y por sus éxitos pasó las de Caín, ganó más de lo que sufrió, fue profeta en tierra ajena y pordiosero en la propia, y pese a todo sigue ahí. Lo raro es que tras tanto esfuerzo no nos haya vuelto una subpotencia tecnológica, como Corea del Sur. Tan extraño como que siga vivo.

Nuestro status actual, el de “podría ser potencia”, es peligroso. Hemos ganado demasiadas licitaciones en reactores. Tenemos la primera central compacta del mundo en construcción. Somos un tábano en el lomo de demasiados estados nucleares.

Cuando se obra como hemos obrado y tal vez sigamos obrando, desde afuera llueven las acusaciones de “proliferante”, o en casa brotan rarísimas coyundas de ecologistas y neoconservadores para enterrarte en vida. Algo así le ha sucedido un programa nuclear más rumboso –pero mucho menos enraizado- que el nuestro, el brasileño. Y ahí quedó.

Estas cosas van con el oficio: hay apretar las muelas y seguir. Cuando uno ya construyó una industria atómica y su cadena de proveedores calificados, además del rédito más obvio –energía relativamente barata y con factores de disponibilidad del 90% o más-, los “spin offs” son múltiples y diversos. En nuestro país, van desde satélites, radares, drones, agricultura de precisión y medicina nuclear hasta nanotecnología. Retroceder desde allí un proyecto de “país mascota agrícola-financiera” supone brutos costos políticos hasta para el vendepatria más sotreta: se cierran plantas, se pierden negocios, puestos de trabajo y plata a espuertas, se sigue importando gas “al puro gas”, el país se brota aún más de apagones, de piquetes y de pobres. Y ni hablemos de mantener el capital más crítico: los recursos humanos.

Si Macri lo propusiera hoy, Rafael Grossi sería casi inevitablemente el próximo director general del OIEA. Pero los tiempos para hacerlo se terminan. ¿Exactamente cómo podría ayudar Grossi encumbrado en el OIEA al Programa Nuclear Argentino? Como hipótesis de mínima, podría “pisar la pelota” y evitar o retrasar que Argentina le ponga el gancho a nueva legislación internacional “made in USA” capaz de embarrarle aún más la cancha a la industria atómica nacional.

Hipótesis de máxima: ignoro los límites y probablemente también Grossi. Sería como tener un papa argentino en un “boom” mundial del catolicismo, porque la economía, obligada por el desastre climático, hídrico, biológico, alimentario y sanitario causado por los combustibles fósiles, está en un renacimiento nuclear a paso forzado, con sus focos más activos en el Lejano y el Medio Oriente.

Grossi en OIEA es tener relaciones “face to face” con los 168 países adherentes, mantener el primer puesto que la Argentina ya tiene en reactores multipropósito, y apalancar las primeras ventas del CAREM, la minicentral de potencia compacta que inaugura un mercado totalmente nuevo. Imposible saber cuál es su techo.

[/SPOILER]

---------- Mensaje unificado a las 14:56 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 14:52 ----------

Para más datos sobre el negocio de 80.000.000.000 de dólares que nos podemos perder:

Argentina Nuclear, 2016 – II

Sigo con la saga de Argentina Nuclear. Estimulado por esta nota de The Guardian: Mini reactores nucleares podrían estar operativos en el Reino Unido en 2030. Sí, el mercado se está ampliando, y es -curiosamente- casi una exportación tradicional argentina. El asunto de INVANIA, que Daniel cita abajo, fue mencionado en el blog hace año y medio.

A todo o nada en Riyadh

Arabia Saudita es donde “primereamos” al resto del planeta en este mercado novísimo de las SNPPs (Small Nuclear Power Plants) como lo es el CAREM. O es donde los coreanos nos pasan por encima. Para mayor humillación, con tecnología que nos copiaron.

Desde 1987, la Argentina ganó casi todas las grandes licitaciones internacionales por reactores multipropósito: son los que no fabrican electricidad pero sí radioisótopos, o materiales especiales, o capacitan personal. Cuando construyó el OPAL en Australia, quedó establecido que tenemos el mejor diseño, cosa admitida por nuestro hasta hace poco competidor más acérrimo, Canadá, al que hemos derrotado en todos lados.

Pero este año estamos perdiendo oportunidades históricas. Algunas menores son irremediables. Bolivia, claramente: tras una década de “cultivar” el cliente ya estábamos descorchando champagne cuando los rusos aparecieron de la nada y nos sacaron de juego. En otras pujas seguimos en el ring: quizás Holanda, quizás Tailandia. Pero sobre todo Arabia Saudita, ojalá Arabia Saudita.

Si ganamos Holanda (viene complicadísima), estaremos construyendo el mayor reactor de fabricación de radiofármacos del planeta. 600 millones de euros. En 2009 nos parecía un montón de plata y de prestigio. Hoy, en un mundo distinto, es un aperitivo.

Pero Arabia Saudita… en esa complicada monarquía del estado más desértico de la Tierra, con reservas hídricas no muy superiores a las lunares, en marzo de 2013 parecíamos ganador inevitable.

Con los saudíes habíamos creado INVANIA, un “joint venture” de la barilochense INVAP, veterana de tantas victorias mundiales en reactores, y la inexperta pero riquísima TAQNIA. El objetivo eran 16 centralitas CAREM para dar potencia a otras tantas plantas de desalinización de agua de mar. El agua no es chiste en este sitio: Arabia creció bruscamente de 6 a 30 millones de habitantes y hoy gasta el 28% de su petróleo en desalinizar agua de mar, y ése es uno de los procesos más energívoros de la física. Los saudíes tienen apuro por poder volver a exportar el petróleo que hoy queman en beber. Este año TAQNIA tenía que estar en obra.

Pero en 2015 los saudíes congelaron todo, invitaron a otros jugadores y ahora estamos arrinconados por Corea del Sur. Para sumar insulto al daño (y no podemos echarle culpas a nadie salvo a nosotros) en 1997 los surcoreanos trataron de comprarnos el CAREM “a cambio de un besito”. Y ante la irritada negativa de la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) a regalar su proyecto “de bandera”, lo copiaron y a su copia la llamaron SMART. Imbéciles de nosotros, tendríamos que haber hecho el prototipo inmediatamente cuando los coreanos se fueron de aquí con una sonrisa que prometía venganza. Pero el país estaba en otra, haciendo todo lo posible por dejar de ser un país.

En algo les ganamos a los coreanos: tenemos 32 años de trabajo de paciente “desarrollo hormiga” del CAREM, hecho con centavitos por INVAP, cuando para la CNEA ese era “un proyecto exiliado”. Están testeados en modelos físicos reales todos los componentes críticos. Se hizo un reactor nuclear (el RA-8, en Pilcaniyeu, Río Negro) para ensayar los combustibles. Hay un prototipo de 25 MW en construcción, a terminarse en 2018. Los coreanos ya testearon una planta piloto de unos 20 MW, lo que no es poco. Tal vez empiecen un prototipo comercial de 99 MW en 2017. Pero nadie se extrañe de que ese prototipo esté en Arabia. Con un extravagante precio de U$ 1000 millones. Y la capacidad de generar, amén de electricidad y en una planta anexa, 40.000 m3 de agua diarios (equivalente a 25 piletas olímpicas de natación).

La KAERI (Korean Atomic Energy Research Institute) no es ningún café académico sino el núcleo de un programa nuclear con empresas infernalmente agresivas lideradas por KOPEC y más de 30.000 expertos en puestos directos. Ya caminan la Península Arábiga a lo grande: a los vecinos Emiratos ya les vendieron 4 monstruosas centrales APR 1400, de las cuales la primera se termina el año que viene. En ese lugar del planeta a nadie parece temblarle el pulso por estar comprando “casi-prototipos”: la primera APR 1400 del mundo entró en línea en Shin Kori, Corea del Sur, en 2016, de modo que de experiencia operativa real, poco y nada.

En SNPPs de agua liviana, como nuestro CAREM o su SMART, los coreanos tienen la ventaja de venir no de una distraída república sojo-financiera, sino de un país cuya dirigencia se forjó en la fragua de la industria pesada, luego la de la electrónica, y hoy quiere ser el tercer o cuarto exportador nuclear mundial.

Si Dios y Allah fueran argentinos y le ganáramos a este coloso, nuestros son el poder, la gloria y la primera venta -¡masiva, además- del CAREM. Y hay también un reactor multipropósito en juego, pero en el contexto, apenas es “una yapa”. Según la WNU (World Nuclear Association), todo ese contrato vale no menos de U$ 80.000 millones, cifras que me parecen siderales, pero eso es Medio Oriente. Lo cierto es que si ganáramos en Arabia Saudita, pasaríamos de exportador ocasional de equipos científicos y médicos a gran exportador serial de plantas eléctricas, un mercado inmediblemente mayor, en el cual pudimos ser los primeros, y que hoy está explotando.

Hablo de decenas de miles de millones que no son de soja ni de mineral metalífero. Son de valor agregado argentino duro y puro. Todo eso está en juego, y en peligro.

Reproduzco la primer nota de una serie de artículos de una saga, “Argentina Nuclear”, escritos por un tal Daniel Arias. Recomiendo entrar al blog e ir buscando la serie completa, por ahora van 20 capítulos. Relata de manera muy didáctica y entretenida la historia nuclear del país. Posta que si los empezás a leer no paras, hay historias increíbles.

[SPOILER]Cómo abrir cuatro cajas de pandora, ser aplastado por INDIRA GANDHI, JIMMY CARTER, RAÚL ALFONSÍN, CARLOS MENEM, DOMINGO CAVALLO, sobrevivir para contarlo… y contarlo

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[li]Para despertar a Mr. Magoo
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La hago corta: este año nos jugamos una bolsa de U$ 80.000 millones de dólares de tecnología nuclear contra Corea del Sur. ¿Tengo su atención, lector?
El partido se juega en Riyadh, viene empatado, se dirime a penales, y si el presidente Macri sale de su nirvana, podría designar al Messi Atómico Criollo –un fenómeno diplomático llamado Rafael Grossi-, y éste a su vez podría darnos un shot definitorio. Subrayo el uso del potencial: esto sería como ganar la lotería dos veces.

Para explicar a Grossi, a quien habré visto por última vez en 1986, tengo que irme a tiempos de sus bisabuelos, como a 1950. Desde entonces que el Programa Nuclear Argentino fue, y todavía es, el mayor intento en la historia sudamericana de construir una economía del conocimiento. Su historia, llena de aciertos y errores, de arremetidas y agachadas, de gigantes coloridos y de villanos sórdidos, ya abarca tres generaciones de frustraciones y triunfos, con más de estos que de aquellas. Y no ha terminado, acaso su mayor triunfo.

Sus mismas fortalezas (técnicas) lo hacen vulnerable (políticamente). Ha sido el único programa nuclear pacífico del Tercer Mundo que abrió una tras otra “las cuatro cajas de Pandora” del átomo: logró dominar el ciclo de combustibles, el reprocesamiento de combustible quemado, la fabricación de agua pesada y el enriquecimiento de uranio.

En 1943, por fabricar agua pesada a uno lo bombardeaban, sin importar bajas civiles. En 2003, por una acusación (falsa) de estar enriqueciendo uranio, los EEUU invadieron Irak.

En cambio nuestro programa nuclear desafió obstinada pero tranquilamente el orden establecido por la división internacional del trabajo. Y por sus éxitos pasó las de Caín, ganó más de lo que sufrió, fue profeta en tierra ajena y pordiosero en la propia, y pese a todo sigue ahí. Lo raro es que tras tanto esfuerzo no nos haya vuelto una subpotencia tecnológica, como Corea del Sur. Tan extraño como que siga vivo.

Nuestro status actual, el de “podría ser potencia”, es peligroso. Hemos ganado demasiadas licitaciones en reactores. Tenemos la primera central compacta del mundo en construcción. Somos un tábano en el lomo de demasiados estados nucleares.

Cuando se obra como hemos obrado y tal vez sigamos obrando, desde afuera llueven las acusaciones de “proliferante”, o en casa brotan rarísimas coyundas de ecologistas y neoconservadores para enterrarte en vida. Algo así le ha sucedido un programa nuclear más rumboso –pero mucho menos enraizado- que el nuestro, el brasileño. Y ahí quedó.

Estas cosas van con el oficio: hay apretar las muelas y seguir. Cuando uno ya construyó una industria atómica y su cadena de proveedores calificados, además del rédito más obvio –energía relativamente barata y con factores de disponibilidad del 90% o más-, los “spin offs” son múltiples y diversos. En nuestro país, van desde satélites, radares, drones, agricultura de precisión y medicina nuclear hasta nanotecnología. Retroceder desde allí un proyecto de “país mascota agrícola-financiera” supone brutos costos políticos hasta para el vendepatria más sotreta: se cierran plantas, se pierden negocios, puestos de trabajo y plata a espuertas, se sigue importando gas “al puro gas”, el país se brota aún más de apagones, de piquetes y de pobres. Y ni hablemos de mantener el capital más crítico: los recursos humanos.

Si Macri lo propusiera hoy, Rafael Grossi sería casi inevitablemente el próximo director general del OIEA. Pero los tiempos para hacerlo se terminan. ¿Exactamente cómo podría ayudar Grossi encumbrado en el OIEA al Programa Nuclear Argentino? Como hipótesis de mínima, podría “pisar la pelota” y evitar o retrasar que Argentina le ponga el gancho a nueva legislación internacional “made in USA” capaz de embarrarle aún más la cancha a la industria atómica nacional.

Hipótesis de máxima: ignoro los límites y probablemente también Grossi. Sería como tener un papa argentino en un “boom” mundial del catolicismo, porque la economía, obligada por el desastre climático, hídrico, biológico, alimentario y sanitario causado por los combustibles fósiles, está en un renacimiento nuclear a paso forzado, con sus focos más activos en el Lejano y el Medio Oriente.

Grossi en OIEA es tener relaciones “face to face” con los 168 países adherentes, mantener el primer puesto que la Argentina ya tiene en reactores multipropósito, y apalancar las primeras ventas del CAREM, la minicentral de potencia compacta que inaugura un mercado totalmente nuevo. Imposible saber cuál es su techo.

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Para más datos sobre el negocio de 80.000.000.000 de dólares que nos podemos perder:

Argentina Nuclear, 2016 – II

Sigo con la saga de Argentina Nuclear. Estimulado por esta nota de The Guardian: Mini reactores nucleares podrían estar operativos en el Reino Unido en 2030. Sí, el mercado se está ampliando, y es -curiosamente- casi una exportación tradicional argentina. El asunto de INVANIA, que Daniel cita abajo, fue mencionado en el blog hace año y medio.

A todo o nada en Riyadh

Arabia Saudita es donde “primereamos” al resto del planeta en este mercado novísimo de las SNPPs (Small Nuclear Power Plants) como lo es el CAREM. O es donde los coreanos nos pasan por encima. Para mayor humillación, con tecnología que nos copiaron.

Desde 1987, la Argentina ganó casi todas las grandes licitaciones internacionales por reactores multipropósito: son los que no fabrican electricidad pero sí radioisótopos, o materiales especiales, o capacitan personal. Cuando construyó el OPAL en Australia, quedó establecido que tenemos el mejor diseño, cosa admitida por nuestro hasta hace poco competidor más acérrimo, Canadá, al que hemos derrotado en todos lados.

Pero este año estamos perdiendo oportunidades históricas. Algunas menores son irremediables. Bolivia, claramente: tras una década de “cultivar” el cliente ya estábamos descorchando champagne cuando los rusos aparecieron de la nada y nos sacaron de juego. En otras pujas seguimos en el ring: quizás Holanda, quizás Tailandia. Pero sobre todo Arabia Saudita, ojalá Arabia Saudita.

Si ganamos Holanda (viene complicadísima), estaremos construyendo el mayor reactor de fabricación de radiofármacos del planeta. 600 millones de euros. En 2009 nos parecía un montón de plata y de prestigio. Hoy, en un mundo distinto, es un aperitivo.

Pero Arabia Saudita… en esa complicada monarquía del estado más desértico de la Tierra, con reservas hídricas no muy superiores a las lunares, en marzo de 2013 parecíamos ganador inevitable.

Con los saudíes habíamos creado INVANIA, un “joint venture” de la barilochense INVAP, veterana de tantas victorias mundiales en reactores, y la inexperta pero riquísima TAQNIA. El objetivo eran 16 centralitas CAREM para dar potencia a otras tantas plantas de desalinización de agua de mar. El agua no es chiste en este sitio: Arabia creció bruscamente de 6 a 30 millones de habitantes y hoy gasta el 28% de su petróleo en desalinizar agua de mar, y ése es uno de los procesos más energívoros de la física. Los saudíes tienen apuro por poder volver a exportar el petróleo que hoy queman en beber. Este año TAQNIA tenía que estar en obra.

Pero en 2015 los saudíes congelaron todo, invitaron a otros jugadores y ahora estamos arrinconados por Corea del Sur. Para sumar insulto al daño (y no podemos echarle culpas a nadie salvo a nosotros) en 1997 los surcoreanos trataron de comprarnos el CAREM “a cambio de un besito”. Y ante la irritada negativa de la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) a regalar su proyecto “de bandera”, lo copiaron y a su copia la llamaron SMART. Imbéciles de nosotros, tendríamos que haber hecho el prototipo inmediatamente cuando los coreanos se fueron de aquí con una sonrisa que prometía venganza. Pero el país estaba en otra, haciendo todo lo posible por dejar de ser un país.

En algo les ganamos a los coreanos: tenemos 32 años de trabajo de paciente “desarrollo hormiga” del CAREM, hecho con centavitos por INVAP, cuando para la CNEA ese era “un proyecto exiliado”. Están testeados en modelos físicos reales todos los componentes críticos. Se hizo un reactor nuclear (el RA-8, en Pilcaniyeu, Río Negro) para ensayar los combustibles. Hay un prototipo de 25 MW en construcción, a terminarse en 2018. Los coreanos ya testearon una planta piloto de unos 20 MW, lo que no es poco. Tal vez empiecen un prototipo comercial de 99 MW en 2017. Pero nadie se extrañe de que ese prototipo esté en Arabia. Con un extravagante precio de U$ 1000 millones. Y la capacidad de generar, amén de electricidad y en una planta anexa, 40.000 m3 de agua diarios (equivalente a 25 piletas olímpicas de natación).

La KAERI (Korean Atomic Energy Research Institute) no es ningún café académico sino el núcleo de un programa nuclear con empresas infernalmente agresivas lideradas por KOPEC y más de 30.000 expertos en puestos directos. Ya caminan la Península Arábiga a lo grande: a los vecinos Emiratos ya les vendieron 4 monstruosas centrales APR 1400, de las cuales la primera se termina el año que viene. En ese lugar del planeta a nadie parece temblarle el pulso por estar comprando “casi-prototipos”: la primera APR 1400 del mundo entró en línea en Shin Kori, Corea del Sur, en 2016, de modo que de experiencia operativa real, poco y nada.

En SNPPs de agua liviana, como nuestro CAREM o su SMART, los coreanos tienen la ventaja de venir no de una distraída república sojo-financiera, sino de un país cuya dirigencia se forjó en la fragua de la industria pesada, luego la de la electrónica, y hoy quiere ser el tercer o cuarto exportador nuclear mundial.

Si Dios y Allah fueran argentinos y le ganáramos a este coloso, nuestros son el poder, la gloria y la primera venta -¡masiva, además- del CAREM. Y hay también un reactor multipropósito en juego, pero en el contexto, apenas es “una yapa”. Según la WNU (World Nuclear Association), todo ese contrato vale no menos de U$ 80.000 millones, cifras que me parecen siderales, pero eso es Medio Oriente. Lo cierto es que si ganáramos en Arabia Saudita, pasaríamos de exportador ocasional de equipos científicos y médicos a gran exportador serial de plantas eléctricas, un mercado inmediblemente mayor, en el cual pudimos ser los primeros, y que hoy está explotando.

Hablo de decenas de miles de millones que no son de soja ni de mineral metalífero. Son de valor agregado argentino duro y puro. Todo eso está en juego, y en peligro.

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Ahí tenés la principal diferencia entre los conservadores latinoamericanos y los de las potencias. Ellos defienden sus intereses en los foros internacionales.

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Sarpado. yo sabai que Argentina supo ser potencia en energia nuclear pero no tenia idea que los seguiamos siendo a este nivel.
Lo peor es que muchos de nosotros nos siguen catalogando de pais bananero sojista, y con las capacidades que tenemos…

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Argentina tiene una potencia enorme. Eso todo lo saben. Se le llama bananera justamente por desperdiciar ese potencial.

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Bueno dependiendo el ambito como vemos aca no se desperdicia.

---------- Mensaje unificado a las 20:04 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 19:37 ----------

Yo anclaria las politicas de industria argentina en la industria pesada. Hay que volver a levantar la aeronautica mejorar la automotriz, mejorar la de embarcaciones.

Tenemos ingenieros y cientificos a nivel mundial, intentar competir con china haciendo tornillos no nos va a servir de nada.

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Si me guío por la definición de Wikipedia, que es bastante completa…

…tenemos bastante de eso. En algunas cosas más, en otras menos, en algunos momentos más y en otros menos.

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El término hace referencia a las políticas llevadas a cabo por las élites latinoamericanas, es decir para mi se emparenta más con un modelo neoliberal, o anteriormente oligárquico-conservador que con el “populismo”. De hecho el peronismo intento cambiar ese perfil económico mediante la sustitución de importaciones para después desarrollar la industria pesada, algo que nunca logró llevar a cabo. Por eso no encuentro mucha coherencia cuando el término es utilizado por gente que apoya ese tipo de gobiernos que atrasan cien años.

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Enumerando.

-Dictaduras militares
-Dependencia de exportaciones primarias
-Infraestructura construida por extranjeros, a fin de facilitar esas exportaciones
-Empresas extranjeras que ponen y sacan gobiernos, funcionarios o leyes
-Concentración de la tierra, tendencias monopólicas
-Oligarquía, plutocracia, castas, corrupción, desigualdad general
-Beneficios para privados y deudas estatales, llevan a devaluaciones de la moneda
-Desarrollo desigual en distintas regiones

Estamos narrando la historia Argentina, aún en sus períodos más prósperos. Es lo que nos hermana con Latinoamérica. Por suerte no de manera tan absoluta como en otros países, los que dan origen al término Bananero.

---------- Mensaje unificado a las 17:55 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 17:53 ----------

Igual, no volvamos a desviar otra vez el debate hacia lo mismo.

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No, no es mi intención desvirtuar el tema, solo acote sobre lo que ustedes hablaban y sobre quienes utilizan el término. Sigan que el tema está bueno.

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Curiosamente el de la industria nuclear es el caso de un verdadero estado dentro del estado, al que ni siquiera los milicos desmantelaron:

[SPOILER]¿Por qué los argentinos somos buenos en asuntos nucleares?

“Roma no se hizo en un día”, dice el adagio (romano, es obvio). Nuestra módica grandeza nuclear, tampoco. Es un fruto raro del conocimiento y de la pura voluntad de miles de tipos durante 66 años. Y de la casualidad también: fue un efecto colateral imprevisto. Pero ahí está. Y resistió calamidades.

Estoy indagando el origen del ecosistema que generó al embajador Rafael Grossi, “our man in Vienna”, si el presidente Macri lo postula. Como saben, sigue sin darse por enterado de su existencia, aunque en el Organismo Internacional de Energía Atómica, con sede en la capital austríaca, es algo así como el candidato inevitable, o al menos el más querido. Gran diferencia con su oponente japonés, Yukyo Amano, al que la Cancillería de Japón le va comprando los votos, a varios miles de millones de dólares cada uno.

Grossi no aprendió de asuntos atómicos en el Instituto del Servicio Externo de la Nación (ISEN). Estudió duramente en la firma estatal de alta tecnología INVAP, por orden de Adolfo “Chinchín” Saracho, fundador de la Dirección de Asuntos Nucleares y Desarme (DIGAN). Pero no quiero adelantarme.

Algunos de los logros históricos de la Argentina sucedieron “sin querer”, como consecuencia secundaria de movidas apuntadas a otros fines. Adolfo Saracho, quien se fue de la DIGAN para casi venderle una central nucleoeléctrica (NPP) puramente criolla a Turquía, entre 1998 y 2001, es un tucumano temible pero reflexivo. Y tiene un ejemplo favorito:

“La ley 1420 de educación pública sólo trataba de ‘argentinizar’ rápido a los hijos de una población inmigrante: superaba en cantidad a la nativa, al menos en la Pampa Húmeda, y era proclive a aventuras separatistas fomentadas por Europa. La 1420 fue un ejemplo de ‘soft power’ para matar en el huevo una posible guerra de secesión u otro bloqueo del Río de la Plata.

Sigue Saracho: “El resultado inesperado de la 1420 fue la Reforma Universitaria de 1918, y la suma de ambas cosas hizo que nos volviéramos un país no sólo de médicos y abogados tilingos, como sucedió en otros lugares de América Latina, sino de ingenieros de clase media e incluso obrera. Eso nos volvió hasta la mitad del siglo XX el único país latinoamericano con letra propia en petroquímica, siderurgia, materiales especiales, con diseño propio naval, ferroviario, electrónico, petrolero, de armamento, aeronáutico y nuclear-civil.

“Por eso nos fue fácil hacer una industrialización sustitutiva durante las guerras mundiales. En el resto del Cono Sur, eso no sucedió. Ni siquiera en Uruguay, el otro país de la región donde se implantó un sistema educativo público tan bueno como el argentino, pero sin una economía de escala como para darle vuelo. Brasil despegó recién en los ’60 –añade Saracho-. A esa altura, aquí habíamos desarrollado la tecnocracia más cotizada de Latinoamérica. Ojo, la fuimos perdiendo. La política argentina en recursos humanos fue a contramano de la 1420 al menos desde los años ’40, y los resultados se notan. Y sin embargo, la informática y las telecomunicaciones le generan 30 mil millones de dólares/año al PBI nacional, y un quinto de eso es exportaciones. Lo notable es que todavía seguimos viviendo de nuestro capital educativo”.

Como la hizo Saracho en 1984, la DIGAN es una cúspide de ese sistema educativo público. Los egresados pueden o suelen tener opiniones políticas discrepantes con la de quien escribe, pero es casi imposible ganarles una discusión sobre políticas nucleares. Sus atildados colegas de Cancillería de “la línea Revlon” (Londres, París, Nueva York) los consideran con cierto terror.

Lo cierto es que “los diganistas” como Grossi forman parte necesaria del capital humano del Programa Nuclear Argentino. Y que éste tuvo tanta protección contra bandazos políticos y ajustes presupuestarios que entre 1950 y 1983 “planeta CNEA” fue dirigida únicamente por 3 presidentes, todos de la Armada. Fueron muy distintos entre sí por ideología, pero todos buenos conocedores de la tecnología, y todos relativamente alineados en un plan de desarrollo.

Y este plan no emergió de las gorras de marino de Pedro Iraolagoytía, Oscar Quhillalt o Eduardo Castro Madero, sino en conflicto relativo con la mismas, a partir del debate interno de los expertos atómicos. Compárese el historial naval de comprar todos sus fierros afuera con el nuclear, de hacer todo lo que se pueda aquí, aunque haya que reinventar la rueda, y queda claro. Si la DIGAN reformatea diplomáticos, antes la CNEA reformateó a marinos.

Mientras la CNEA la dirigieron sólo tres personas, por la Casa Rosada desfilaron 18 presidentes, la mitad golpistas, y sin ningún elegido que lograra completar su mandato. Con dependencia directa de un Poder Ejecutivo que dejaba hacer y rara vez se metió, y de yapa buen presupuesto hasta 1983, “Planeta CNEA” fue una roca de estabilidad en medio de un largo terremoto. Dictaminaba su programa de inversiones a largo plazo y después le informaba al presidente, que solía asentir, entre deslumbrado y mareado. Pero además la CNEA inventó su política externa, con una especie de cancillería propia en la sede del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Viena, dirigida por el capitán de navío (y físico nuclear) Roberto Ornstein. Se ha criticado mucho a la CNEA por haber sido un estado dentro del estado, pero eso le hizo bien, y le hizo bien al estado.

Una vaca tan sagrada como aquella necesita de muchas otras explicaciones: ¿Por qué, incluso con gobiernos de un conservadurismo letal, se le dio estabilidad total a tipos tan rupturistas como Jorge “Jorjón” Sábato? ¿Y cómo de eso obtuvo tantos resultados? A las explicaciones que dan sus estudiosos más reconocidos (el físico Mario Mariscotti, ex gerente de Investigación y Desarrollo de la CNEA, el historiador Diego Hurtado de Mendoza, director del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica en la Universidad Nacional de San Martín), añado la de un “insider” de otra laya: el embajador Max Gregorio-Cernadas.

Este “diganista de la primera cosecha”, a fuerza de diplomático, ve algunas políticas internas como resultado de las externas. Puede ser un “bias” de oficio, pero no es fácil discutirle. Cernadas no es el primero en afirmar que hubo una fuerza geopolítica silenciosa pero enorme, que salvó a la CNEA de muchas calamidades anticientíficas, antitecnológicas y anti-industriales, como “La noche de los bastones largos” en la UBA, en 1966.

Esa fuerza, según Cernadas, fue la competencia regional de poder entre Argentina y Brasil.

Hasta 1983, los elencos nucleares de ambos países tuvieron que hacer frente común para protegerse de las interferencias de los EEUU, de modo que –aunque reinaba entre ellos el recelo más absoluto- cada uno protegió, probablemente sin querer- la retaguardia interna del otro. “Quid pro quo” puro.

En su libro “Una épica de la paz” (Eudeba, 2016), Cernadas aporta una segunda idea muy original y probablemente, cierta: el puntapié inicial de la cadena de eventos que terminó con el surgimiento del Mercosur lo dan los EEUU.

En 1978, para exterminar a un programa nuclear que históricamente no le compraba nada, salvo combustible, y además empezaba a quitarle clientes internacionales, el presidente Jimmy Carter –ingeniero nuclear, by the way- rompió contratos y dejó de venderle uranio enriquecido a la Argentina.

La movida se disfrazó como pura defensa de los derechos humanos en Argentina. En los medios estadounidenses, nadie preguntó por qué los genocidas argentinos eran egresados de la Academia de las Américas, Panamá, dirigida por la Gran Democracia del Norte. Tampoco el New York Times se dolió por los derechos humanos de los enfermos cardíacos y oncológicos argentinos que recibían radiofármacos generados en el reactor RA-3 de Ezeiza.

A la Argentina se la apagaban éste y todos sus otros reactores, y se le caían varios clientes externos interesados. Entonces en 1979, bajo instrucciones de Castro Madero y dirección del gigantesco Conrado “El Petiso” Varotto, se construyó en secreto la Planta de Enriquecimiento de Uranio de Pilcaniyeu, en adelante, “Pilca”.

Sin “Pilca”, no habría existido el Mercosur, afirma Cernadas. El rumbo entre ambos países habría sido otro: el de una carrera armamentista como la que mantienen Pakistán y la India, ya con unas 80 bombas en cada país y el potencial de destruir la agricultura mundial durante una década por “invierno nuclear”, si algún mal día las usan.

Son afirmaciones muy contundentes, las de Cernadas. Vienen de protagonista y no de testigo imparcial, y además resultan contrafácticas: las cosas, finalmente, sucedieron de otro modo. Pero son ideas muy razonables. Ambas.

Habla el patovica de Pilca

En 1984 Cernadas tenía una cara aniñada, un bigotito de Beatle y un título del ISEN con la tinta todavía húmeda. Su jefe en la DIGAN, Adolfo Saracho, los había puesto a él, a Rafael Grossi y a un puñado de otras jóvenes víctimas diplomáticas a estudiar desde adentro el Programa Nuclear Argentino, como parte de un programa de desburre de INVAP.

Como debut de su pasantía, con su ínfimo grado jerárquico de tercer secretario, Cernadas se quemaba un día las cejas en la biblioteca del Centro Atómico Bariloche (CAB) cuando lo llamaron de apuro al café junto a la guardia: había que frenar al temible Frank Ortiz, embajador de Ronald Reagan, e impedirle el acceso a Pilca.

No sólo a él y a sus guardaespaldas del Secret Service, sino especialmente al “attaché” científico Bill Tilney, un agente de la CIA con pinta de cowboy, dice Cernadas. Querían acceso libre a la planta más resguardada de la Argentina. Y transporte, de paso, ya que ese camino de 70 km. es impasable. Estaban “pateando la puerta” en otra puerta, como quien dice, para asegurarse paso franco.

Enfrentado por tres horas de corteses “Sí, peros” de Cernadas y de las chicanas y chuscadas de algunos docentes y alumnos que iban cayendo al baile (“Les abrimos la puerta, pero si comprometen al RU a que nos devuelva las Malvinas”), Ortiz fue el segundo embajador estadounidense en volverse de Bariloche con el estómago quemado por el discutible café del CAB, las manos vacías y la azotea echando humo. Acaso en preanunciación de Fukushima-4.

Tan brutales visitas de cortesía no eran infrecuentes. Antes de Ortiz, cuando la planta era todavía absolutamente secreta (o “casi absolutamente”), Harry Schlaudeman, embajador a la sazón de George Bush (padre), logró llegar por sorpresa (o casi por sorpresa) desde el aeropuerto de Bariloche a “Pilca”. En 1981 el aeropuerto de Bariloche era muy chico, no recibía turismo del Hemisferio Norte, y Schlaudeman y sus gorilas de anteojos negros y 1,90 m. de estatura eran tan disimulables como avestruces en una feria avícola.

Cuando Schlaudeman llegó a la quebrada del Pichileufú, en lugar del laboratorio del Doctor Calligari se encontró con pilas de inodoros y bidets, galpones vacíos, perros sueltos y un guardia tomando mate en la puerta, que le dijo que aquello era una fábrica de sanitarios abandonada por sus dueños. No, no los había visto en meses. Le debían varios sueldos. ¿No quería pasar? ¿Un matecito? Schlaudeman hizo masa supercrítica y se fue echando rayos gamma por los ojos.

Tal vez para reivindicarse ante sus jefes, Tilney, con su físico de “marine” y su cabeza de físico, trató más tarde de llegar solo, en una segunda visita sin invitación. Pero se encontró con el camino enérgicamente cerrado por la caída de un árbol, suceso infrecuente en desiertos sin árboles.

Anécdotas aparte, lo extraordinario, lo histórico de “Pilca” son tres cosas:

Una, que sólo funcionó unos meses, para comprobar que podía hacer su trabajo. El ingeniero Alberto Constantini, presidente de la CNEA puesto por Alfonsín, la cerró. Y sin embargo, Pilca seguía haciendo su trabajo. Que quizás no era el manifiesto, enriquecer uranio, sino decirle al mundo que sabíamos cómo hacerlo. Dicho de otro modo, los EEUU volvían a vendernos el que quisiéramos, con tal de que no reactiváramos y ampliáramos la planta.
Dos, que construida por necesidad, Pilca fue la consecuencia indeseada de la primera exportación nuclear de la Argentina (los dos reactores del Centro Atómico Huarangal, de Perú). Los EEUU sintieron que lo de Perú era “too much”. ¿Robarle mercado a la General Atomics? Pero Pica fue también la causa efectiva que permitió todas las exportaciones que siguieron, 7 reactores, algunos con plantas y laboratorios adjuntos, desde 1986 a fecha de hoy. Pilca nos volvió el “number one” mundial en este tipo de instalaciones, que en 2014 incluyó la venta de 2 reactores a Coqui Pharma, una farmoquímica de Florida, EEUU. Habida cuenta de que hace 70 años ése fue el país que inventó el reactor de pileta abierta, que hoy nos estén comprando uno es como venderle arena a los tuaregs.
La tercera cosa rara y desconocida de Pilca es que, dixit Cernadas, resultó la pieza clave para poner en marcha el Mercosur. Se podrá discutir el valor del Mercosur como bloque, impugnar su PBI o su solidez, denostarlo como puro va y viene de heladeras y autopartes, criticar su filosofía, decir que si Brasil se resfría Argentina estornuda, pero ahí está. Argentina exporta el 37% de sus manufacturas agrícolas, el 35% de las industriales, y el 23% de productos primarios al Mercosur. Sin Pilca no habría existido.
Alfonsín fue el tercer presidente del Cono Sur en enterarse –por entrevista secreta con el contralmirante Eduardo Castro Madero- de que Pilca funcionaba. El primero fue el saliente, el olvidable general Reynaldo Bignone, el segundo –telefonazo mediante- el presidente brasileño Joao Baptista Figueiredo (general de inteligencia, de paso), y el tercero fue el electo Alfonsín. Quien ya antes de asumir, dudó bastante sobre qué hacer con aquel “peludo de regalo” que le dejaban los militares. Alfonsín estaba entre los muchos que miraban a la CNEA como “los militares”, sin entender ni la superficie de aquel fenómeno raro.

Alfonsín supo vengarse: en 1984, en medio mismo de un tremendo plan de obras nucleares iniciado en los ‘80, redujo en un 50% el presupuesto de la CNEA. No fue selectivo: puso como “gauleiter” civil al ingeniero Alberto Constantini, que paró todo al mismo tiempo, y dejó que dichas obras se enterraran en gastos improductivos hasta volverse impagables. Entonces, hechos los deberes, renunció “por la falta de presupuesto”. Qué fácil…

No sé si don Raúl llegó a arrepentirse de haber detenido Atucha II, en medio de los feroces apagones estivales porteños de 1987 y 1988. Tal vez no, porque fuera de construir el gasoducto Loma de la Lata-Baires, demostró tener tanto dominio de la energía en general, como de lo nuclear en particular. Con esa NPP en línea (debió entrar en servicio justamente en 1987), el presidente habría tenido 750 MW brutos a sólo 160 km. de Buenos Aires en aquellos “veranos de nuestro descontento”. Y otra podría haber sido la historia de su gobierno. La gente no se habría preguntado tanto: “¿Adónde está el piloto?”

Pero donde Cernadas tiene “la precisa” es en esto. En materia de diplomacia, con Pilca, Alfonsín hizo un “stunt number” que dejó con la boca abierta a todas las embajadas. Corría 1987, dos años pasados tras la “Declaración de Foz de Iguazú”, en que nos hacíamos –en la teoría- amigos nucleares del alma con los brasileños. En la práctica, sin embargo, la desconfianza militar y técnica de ambos lados era indescriptible: la Argentina había “blanqueado” Pilca y cerrado el LPR (Laboratorio de Procesos Radioquímicos, otro de los grandes cierres de Constantini). La instalación, que había costado U$ 200 millones, desarrollo 100% nacional, estaba lista para reciclar plutonio, uranio, actínidos y transuránidos “quemables” a partir de combustibles gastados. Sobre eso, ya se volverá.

Para mal o para bien, en términos de “no proliferación”, éramos Heidi. Los brasileños, no.

Los vecinos ya vivían en democracia con Tancredo Neves y luego José Sarney. Pero cada fuerza armada en ese megapaís contiguo era un estado adentro del estado, y las tres andaban simultáneamente tras el enriquecimiento de uranio (salió excelente), el reprocesamiento de plutonio para hacer una bomba de implosión (Sarney lo descubrió en 1986 y canceló el proyecto) y la construcción de un motor atómico para un submarino de ataque (con una falta de éxito, por ahora, que en la Marina Imperial Japonesa habría merecido un “sapukku” o dos).

Eso sí, en 1987 no tenían blanqueado ningún asunto ante nosotros. En el discurso, amor y paz, pero de rock and roll, nada. Simultáneamente, ningún proyecto nuclear conjunto de los muchos que se barajaron lograba despegar del “blablablá”, aunque Brasil habría salido ganador en todos los casos: teníamos (y seguimos teniendo) más “expertise” que ellos. Pero de dejarse inspeccionar por el vecino, “ni ahí”.

Fue entonces, en 1987, cuenta Cernadas, que el consejero Javier Sanz de Urquiza, subdirector de la DIGAN, propuso durante uno de los extenuantes “brain stormings” de la dirección:

¿Por qué no hacemos que Alfonsín invite a Sarney a visitar Pilca?
La DIGAN le dio la idea al canciller Caputo, que la hizo llegar a Alfonsín, quien se puso “on fire”. ¡Al fin le iba a sacar utilidad a Pilca, aquel “peludo de regalo”! El Mercosur no arrancaba: era un auto nuevo pero sin batería. Con eso de Pilca sí que le iban a dar un flor de empujón. Y no se equivocó. El presidente Sarney, preparado para otra reunión protocolar en Viedma, y el habitual intercambio de productos verbales de la floricultura, se quedó haciendo el dos de oros ante la propuesta. ¿Pilca? ¿Los argentinos nos abren la puerta? ¿Están locos?

El brasileño se vino al trote y con tanta comitiva de físicos e ingenieros nucleares “para vichar” que hubo que fletar un tren especial desde Viedma. Los dos presidentes, seguidos por un malón de expertos con más cámaras fotográficas que turistas chinos en el Louvre, cruzaron la guardia a las 17:30 del 16 de julio de 1987, como consta en el libro de visitas. No, ahí no se fabricaban sanitarios. Y de árboles caídos cerrando el camino, ni uno. Lógico, en la estepa a lo sumo hay arbustos.

Sarney hizo la Gran Recíproca: en 1988 Alfonsín visitó las centrífugas de enriquecimiento de uranio en Aramar, Iperó, adonde la comitiva argentina, menos numerosa, llegó en helicópteros a ver las centrifugadoras. Ese día, según Cernadas, empezó en serio el Mercosur, aunque otros digan que va a sucumbir de Tratados de Libre Comercio sin haber traspuesto la niñez. El que viva lo verá, como es “motto” en este blog.

El resultado en 1991 fue el surgimiento de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABBAC), el primer sistema de salvaguardias “a deux” del mundo: Brasil nos manda sus fisgones y nosotros los nuestros a ellos. Están autorizados a decir “Vi luz y toqué el timbre”, y se le contesta “Tudo legal”. Y viceversa. Hasta 1995, la posición común de ambos países en la OIEA, y particularmente ante los EEUU, fue: “¿Para qué nos quieren hacer firmar tratados raros como el TNP, si aquí nos vigilamos entre vecinos?”.

En 1995 la Argentina firmó (sin siquiera avisar a Brasil) el TNP, cosa que más de un diganista consideró y considera una puñalada en la espalda. Objetivamente, lo fue. La Cancillería de Relaciones Carnales de Guido Di Tella aquel año repartió puñaladas por la espalda en la región, como todavía nos recriminan Perú y Ecuador, entonces en guerra limítrofe. Como país garante del Protocolo de Paz, Argentina no podía venderle armamento a Ecuador, pero lo hizo. Y para duplicar el crimen, vendió como buenos fusiles FAL descalibrados. En todo caso, la mancha no cayó sobre la empresa FM, Fabricaciones Militares, sino sobre el gobierno del doctor Menem.

Pero la firma del TNP es un insulto peor, más insidioso, porque destruyó industria propia. Explica muchas cosas que no pasaron, e ignoro si alguna vez sucederán. Olvidémonos de hacer una NPP “CAREM Mercosur”, o desarrollar en conjunto una planta motriz naval nuclear.

Hasta 2010, los brasileños no nos habían perdonado. Aquel año, las presidentes de ambos países (a la sazón, Dilma Roussef y Cristina Fernández de Kirchner) fumaron una segunda pipa de la paz tan importante como la de Alfonsín con Sarney. Lo que se firmó fue la construcción de 2 reactores parecidos el que OPAL que INVAP vendió a Australia en 2000, pero más modernos y con 30 MW cada uno, no 20. Son el RA-10 en Ezeiza y el RMB en Iperó, con ingeniería básica de INVAP y costos compartidos.

¿Por qué merecimos el perdón brasileño? En todo el mundo hay una escasez tremenda de tecnecio-99m, insumo del 80% de los diagnósticos por imagen nuclear, y durará hasta casi terminados los 2020. Por ahora, el tecnecio da lugar a unos 100.000 estudios imprescindibles por día, y cuestan la friolera de 13.000 millones de dólares por año. Con nuevos reactores de U$ 500 millones por pieza, cada país puede capturar cómodamente el 10% del mercado mundial. Dicho de otro modo: cada reactor paga todos sus gastos de diseño, construcción, licenciamiento y entrada en línea en 5 meses. Luego ambos levantan plata con la pala 49 años y medio, su vida útil de diseño.

Too good to be true? Los brasileños nos perdonaron la injuria de 1995 porque les falta tecnecio. A la Argentina le sobra, gracias al RA-3 repotenciado dos veces, de 3 a 7 y de 7 a 10 MW, y que se va acercando a su fecha de decomisión. Mientras este viejo tractor tire del arado (es de 1973), la CNEA le vende excedentes a Brasil.

El tecnecio-99m se vende como su predecesor radioactivo, molibdeno 99, en unidades selladas que algún gracioso llamó “moly cows” (yel nombre quedó). Las “moly cows” no son estoqueables: la vida media de ese radioisótopo es de 6 horas, lo que significa que al cabo de una semana la “moly cow” carece de tecnecio-99m y tiene tanta utilidad diagnóstica como el Tarot.

Sin embargo, como producto de la reciente operación judicial apodada “Lava-jato”, Brasil ha suspendido hasta nuevo aviso la construcción de su unidad. Aquí la obra debería ponerse crítica en 2018, y hay presupuesto hasta fin de año. Después, no se sabe. Y se viene cambio general de autoridades en la CNEA. Por ahora siguen las del gobierno anterior, interinas.

Signos de pregunta sobre el futuro del Mercosur, por una parte, y nuestro programa nuclear, por otra. Nuevamente, me remito al “motto” de este blog: el que viva, lo verá.[/SPOILER]

Es increíble lo que arriba cuenta Arias sobre Alfonsín y su par brasilero, la puñalada por la espalda de Di Tella cuando fue canciller firmando sin consultar con nadie el Tratado de No Proliferación. Encima lo de los muchachos de la embajada y la CÍA, al final del día en Bariloche los re boludeaban. :lol:

Lo que cuenta del Mercosur también es muy interesante.

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Cómo carajo un canciller va a firmar semejante tratado sin avisar a nadie?

Jaja mamita, obvias el populismo como causante del desastre nacional?

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El recorrido de los Di Tella en la historia argentina desde empresarios que la pegaron en grande con el modelo industrial peronista a la reconversión intelectual hacia otra cosa (no diría del todo neoliberal, porque no lo sé bien) merecería que alguien que sepa lo explique (quizás [MENTION=59131]Subcomandante[/MENTION]; sabe más). Pero en este caso puntual del TNP fue una hijaputez que solo se explica en el contexto de las relaciones carnales de Menem con los EE.UU. y la política del paraguas con el Reino Unido.

Al menos de lo que vengo leyendo en esta saga y en otras fuentes es cierto que Argentina y Brasil en el tema nuclear eran señores competidores: trataban de sacarse ventajas pero cubriéndose las espaldas cuando los países de la OTAN intentaban boicotear sus programas nucleares.

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Estimado Nicklas.
Justo estaba revisando bibliografía que tenía por ahí de la carrera. Me encontré justo lo que preguntabas, e inevitablemente está primero también Di Tella con su libro “Orígenes de los Partidos Políticos”. Imagino que debe ser tan nefasto y consecuente con la sociología que hace de los empresarios que comentás vos.
Por suerte, también hemos visto otros textos, en particular 2 que me interesaba compartir con respecto a qué pasó con los empresarios.

El primero y más general, es de Edward Gibson de la Northwestern University (en Illinois, decano de la Facultad de Arte y Ciencia, profesor de Ciencia Política cuya especialidad se centra en temas de federalismo, partidos políticos, partidos conservadores y la reforma de mercado en América Latina) que publica el texto “La Política de los Partidos Conservadores en América Latina: Pautas de movilización electoral en la década de 1980 y 1990”.
La tesis central del texto es buscar cómo se mueven los partidos conservadores. Hace una distinción fundamental, los industriales no son conservadores hasta 1980. Los industriales y buena parte del empresariado productivo, no era conservador ni participaba políticamente porque precisamente creció al amparo del Estado en toda América Latina, además que contaba con comunicación directa con distintos ámbitos del Estado Nacional. En el caso de México, cuando asume Luis Echeverría (1970 - 1976), se enciende para los empresarios una alarma roja porque Echeverría asume una postura antiempresarial y acusa de apoyar a los gobiernos conservadores previos, lo que los lleva a buscar representación en el Partido de Acción Nacional. En el caso de El Salvador, el empresariado rompe relaciones con el Estado en 1982 tras la reforma del Estado y el gobierno de Napoleón Duarte en 1984, un reformista de la democracia cristiana; formando la Alianza Republicana Nacionalista.
Pero el catalizador de la ruptura definitiva surgió durante los 80 en ambos países con el intento de nacionalización de la banca y que se llevó a cabo en Perú en 1987.
La conclusión que saca Gibson en esta línea es interesante, dice que el hecho de que los conservadores también hacen un vuelco hacia el liberalismo político y económico. Antes los conservadores arraigados más a la producción de commodities, luchaban en contra de los industriales en búsqueda del favoritismo del Estado. Con la incorporación de los industriales, se le complicará mucho más la formación de partidos políticos conservadores por la amplitud de intereses que casi siempre aparecen contrapuestos, la del desarrollo industrial y la materia prima extractiva.

Pero sin duda la frutilla del postre es el texto de Eduardo Basualdo, un economista e historiador argentino. En su libro “Sistema político y modelo de acumulación en la Argentina” donde explica desde el punto de vista económico el por qué los industriales que se llenaron de oro por el modelo de sustitución de importaciones terminan abandonando al Estado que como decía Gibson, fue el que los bancó y les permitió su desarrollo, además que los defendió contra la agresión de los que prefieren la primarización de exportaciones.
El texto hace hincapié en una cosa, que Gibson sobrevuela: el hecho de que en Argentina hay tres grandes sectores que se disputan el apoyo del Estado: el agro, las finanzas y los industriales. La política económica tiende a favorecer a un sector en detrimento de los otros dos, en la medida que se apoye al agro, hay una liberación del mercado como le gusta más a los liberales, que siga su curso y arrase con todo. En América Latina (para no pensar que es un problema Argentino), las commodities y el suelo están en manos de unos pocos que se agolpan en los partidos conservadores, que irónicamente buscan políticas liberales para mantener y conservar su poder concentrado.
Basualdo analiza que la forma de acumulación del capital de 1945 a 1976 está dado por el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI). Desde ya hace foco en 1945 por la aparición de la ayuda directa de políticas públicas orientadas a tal fin, a pesar de que la industrialización empieza con Roca en 1880, y la sustitución de importaciones es de la década de 1930. La diferencia es que el modelo de ISI planteado en 1930, buscaba favorecer a los dueños de las tierras que veían el precio del commodity desplomarse gracias a EEUU que los había agarrado de los huevos a los europeos con el New Deal (es interesante mirar como los boludos son pro yanqui, cuando los yanquis se la pasaron cogiéndonos a lo largo de toda la historia), entonces el Estado Argentino con el IAPI, les compraba a precio mayor las cosechas porque valían centavos ante la falta de mercados. Hasta ahí, sumamente contentos, pero a fines de la década del 30, el valor de los commodities vuelve a subir y entonces el Estado le termina comprando barato y vendiendo caro, lo que llena las arcas del Estado para que Perón las reparta. Entonces, la diferencia está en que las medidas “proteccionistas” de la década del 30 no son para el fomento de la industrialización sino para ayudar a los pobres terratenientes que estaban perdiendo sus casas en Barrio Parque y sus amigos mediante el Estado se las compraban y vendían como embajadas. Con Perón, aparece realmente una política económica dirigida a la ampliación del desarrollo industrial.
Eso por un lado. La tesis de Basualdo es demostrar que entre 1976 y 2000, hay una transformación del modelo de la acumulación del capital del ISI al modelo de especulación financiera. Hace un laaaargo raconto de todas las leyes que se dictan en la dictadura para construir el andamiaje jurídico sobre las nuevas instituciones financieras. Todos los que sabemos algo de economía (no como los dateros), saben que a partir de 1970 con la crisis del aumento de costos con moneda planchada por la subida del barril de petróleo, desencadena una nueva corriente económica (si, nueva y corriente, no como para los boluditos que lo meten adentro del liberalismo) que es el monetarismo. El neoliberalismo o monetarismo aparece en un momento crucial de la historia y rompe, como se ve en Argentina y demuestra Basualdo, con la forma de acumulación de capital tradicional. Si bien muchos países como Inglaterra llevan siglos viviendo de las finanzas, por primera vez se da a nivel mundial una forma nueva de producir dinero de manera interconectada de un momento a otro, que redefine por completo el concepto de lo bursátil.
En Argentina, por primera vez en la historia, confluyen los intereses de los tres sectores productivos: el agro, las finanzas y la industria. Al calor, como decía Gibson, del avance de una izquierda más radicalizada, que logra conquistar el Estado en varios países de latinoamérica, con el miedo rojo que impulsa EEUU de manera macartista, y las nuevas formas de comunicaciones que permiten la compra venta de acciones de manera cuasi inmediata, se produce el cóctel perfecto para la especulación financiera.
Basualdo describe el accionar de los empresarios: licuar activos y poner toda esa plata en la renta financiera. Se consiguen varios objetivos con eso, olvidarse de las promesas de inversión, pegarle un golpe durísimo al sindicalismo y los trabajadores radicalizados, destruir las bases de la sociedad, pero como si eso no fuera poco, la dictadura también salió a matar.
Describe tres etapas de la transformación de la acumulación de capital de ISI hacia la especulación financiera: la primera que va de 1976 a 1983 como la fase de implementación, después de 1983 a 1991 como de consolidación, y finalmente la de 1991 como la fase de puesta en marcha definitiva. La primera con la dictadura se fundan las bases jurídicas para la creación de instituciones privadas y flexibilización de los controles bancarios; la segunda del alfonsinismo como mira de reojo todo el proceso sin poder meter mano en el rumbo que toma la economía; y la tercera donde ya con el menemismo, se vende todo y se llevan la plata afuera.

El otro grave problema es que la venta de empresas permite el ingreso de los capitales financieros internacionales que hacen destrozos hasta el día de hoy. Las grandes empresas argentinas son vendidas a los grandes grupos empresarios que terminan por concentrar la riqueza aún más, pero ya sin dueños, sino con gerentes. La CEOcracia actual, no es más que el producto de ese desguace del empresariado local por el direccionamiento de lo que quieren los de afuera.
También se puede evidenciar fácilmente con el kirchnerismo, que Néstor no hizo otra cosa que levantar la palanca de las empresas con capacidad ociosa, lo que genera el fenómeno del cooperativismo. Basualdo inclusive, es mucho más específico en su texto al respecto, porque otro componente de los 70 fue justamente que las empresas quedaron con tecnología muy vieja. Martínez de Hoz entró al ministerio diciendo “endéudense en dólares, cambien toda su maquinaria por máquinas nuevas, de punta” y después se los cogió a todos.

Ese es el pantallazo y las razones por las que entiendo que el empresariado industrial pasó de llenarse los bolsillos y defender al Estado, a estar totalmente en contra de las mismísimas políticas que le llenaron los bolsillos.

El texto de Basualdo es sumamente interesante, con datos y cifras concretas, y obviamente otros agregados de interés, dejo el PDF completo.
http://www.nuevatierra.org.ar/materialesmapas/tmp/05/cursoMAPAS2010_material2_basualdo.pdf

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Miren lo que publicó La Nación hace unos días:

[SPOILER]El desarrollo nuclear que potencia a la diplomacia
Patricio Carmody

La saga de la tecnología nuclear en la Argentina ha tenido dos tramas complementarias que interactúan en casi perfecta simbiosis. Por un lado, el exitoso proceso de transferencia y generación de tecnología que realizaron nuestros científicos. Por el otro, su valor como atributo de poder para nuestra diplomacia. Ya lo dijo Henry Kissinger: “Un sistema avanzado de aprendizaje tecnológico se convierte en un prerrequisito para el poder de un país a largo plazo”.

En política exterior, la actividad en el campo nuclear ha sido una de nuestras pocas políticas de Estado. La Argentina tiene tres centrales nucleares (Atucha I, Atucha II y Embalse) y es uno de los pocos países que pueden producir (por lo menos en teoría y en forma autorizada) todos los elementos del ciclo de combustible para estas centrales. Es capaz de construir reactores de investigación y plantas para producir radioisótopos de molibdeno 99, de importancia para la medicina nuclear. Este conocimiento tecnológico potencia nuestra diplomacia: el país es un miembro respetado en la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), en Viena, y del Nuclear Suppliers Group (NSG), que monitorea los materiales nucleares.

Durante la reunión del NSG en Washington, en abril, el presidente Macri y la canciller Susana Malcorra se reunieron con líderes como Xi Jinping, de China; Barack Obama, de los Estados Unidos, y Justin Trudeau, de Canadá. Nuestro prestigio diplomático en temas nucleares es muy alto. Una conducta profesional más una firme vocación por el uso pacífico han convertido lo nuclear en un atributo no sólo de poder, sino también de confianza para la diplomacia argentina. Muestra de esto es la candidatura no oficializada del embajador en Viena, Rafael Grossi, a director general de la AIEA, con grandes posibilidades de suceder al japonés Yuyiko Amano.

La energía nuclear tendrá un rol de creciente importancia a nivel doméstico. Un beneficio directo es contar con energía renovable y “limpia”, en un contexto de escasez energética, a través de tres centrales que generan el 5% de la energía consumida. El Gobierno ha establecido que para 2030 deberá representar un 14% del consumo. Para ello, se planea instalar por lo menos dos usinas de origen chino. Así, las usinas existentes generarán un 38% de la energía nuclear necesaria para 2030 y las dos usinas de origen chino, un 38% adicional. Queda por decidir cómo proveer el 24% restante, que en la opinión de la comunidad científica debería ser provisto por centrales de potencia argentinas. Pero se conversa con Rusia la posibilidad de proveer un sexto reactor.

Usar el mercado doméstico como base es vital para generar tecnología de exportación. La opción propuesta en el ámbito de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) para producir reactores nacionales es el proyecto Carem 25, un reactor de tamaño pequeño y baja potencia diseñado íntegramente en el país. La fabricación de un prototipo con los más altos estándares de seguridad estaría completada en 2018, y el período de pruebas, en 2019. Tiene un alto potencial de exportación, ya que implica menores costos para las naciones que desean esta tecnología. También se vendieron sofisticados reactores de investigación a Perú, Argelia, Egipto y Australia, y se exportan reactores multipropósito, como el que se fabrica para Brasil, o plantas para producir radioisótopos de molibdeno 99 a partir de uranio de bajo enriquecimiento (uno de éstos se produce para la India, con tecnología exclusivamente argentina).

La colaboración de nuestra diplomacia es siempre importante en estos sensibles procesos de exportación. La diplomacia argentina tiene también el vital rol de asegurar la provisión de los combustibles para las usinas nucleares instaladas (agua pesada y uranio natural) y para las planificadas y los reactores de investigación (uranio natural y enriquecido). Aunque la Argentina domina la tecnología para producir estos combustibles y tiene el potencial de producir uranio enriquecido, hoy los importa.

Nuestra diplomacia ha sido muy creativa en acordar con Brasil un sistema de inspecciones mutuas -el llamado Acuerdo Cuatripartito- aprobado por la AIEA. Estas salvaguardias son cruciales, dado el potencial uso militar del uranio enriquecido. Pero se reciben presiones para firmar el protocolo adicional del Tratado de No Proliferación nuclear (TNP), que para algunos expertos implica la caída de este sistema de controles. Una alternativa es implementar con Brasil acciones que permitan ir en la dirección del protocolo adicional, pero en el espíritu del Acuerdo Cuatripartito.

Hoy parece primar una diplomacia de “horizontes diversos” en materia nuclear, al interactuar con potencias establecidas (Europa, Canadá), emergentes (China, Rusia, India) y el exterior próximo (Brasil, Perú). Este enfoque asegura que el campo nuclear continúe potenciando la política exterior a mediano y largo plazos.

Doctorando en Relaciones Internacionales, miembro consultor del CARI y del Cippec


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“Nuestra diplomacia ha sido muy creativa en acordar con Brasil un sistema de inspecciones mutuas -el llamado Acuerdo Cuatripartito- aprobado por la AIEA. Estas salvaguardias son cruciales, dado el potencial uso militar del uranio enriquecido. Pero se reciben presiones para firmar el protocolo adicional del Tratado de No Proliferación nuclear (TNP), que para algunos expertos implica la caída de este sistema de controles. Una alternativa es implementar con Brasil acciones que permitan ir en la dirección del protocolo adicional, pero en el espíritu del Acuerdo Cuatripartito.”

Sobre el rechazo al protocolo adicional del Tratado de No Proliferación:

[SPOILER]DOCUMENTO DE INTELECTUALES Y ESPECIALISTAS
Un alerta por la política nuclear

Un grupo de intelectuales y especialistas en temas internacionales dio a conocer un comunicado declarando “inconveniente” la posibilidad de que el presidente Mauricio Macri suscriba en Washington un protocolo adicional al sistema de salvaguardas que el país mantiene con los organismos internacionales en el marco del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), tal como trascendió en los últimos días. Allí sostienen que en el supuesto afán de “reinsertar en el mundo” al país va a llevar al Gobierno a avanzar unilateralmente en esa dirección y que eso terminaría con el sistema mantenido durante 25 años entre Argentina y Brasil “que ha posibilitado que el uso de la energía nuclear en ambos países se realizara con fines exclusivamente pacíficos”.

Los firmantes del documento pertenecen al Grupo Convergencia, entre ellos, Juan Gabriel Tokatlian, Agustín Colombo Sierra, Ernesto López, Luis Tibiletti y José Vázquez Ocampo. Pero, además, al documento adhirieron especialistas y referentes como Jorge Taiana, Horacio Verbitsky, Marcelo Sain, Nicolás Trotta, Hernán Patiño Meyer, Paula Español, Alejandro Frenkel, Mempo Giardinelli, Horacio González, Andrés Malamud y varias otras firmas.

Explican que el sistema de salvaguardas y garantías construido junto a Brasil desde 1991 tiene dos pilares centrales: el Acuerdo Bilateral para el Uso Exclusivamente Pacífico de la Energía Nuclear –mediante el cual se creó el sistema común de control del material nuclear– y el Acuerdo Cuatripartito suscripto por ambos países, la agencia bilateral de control de materiales nucleares y la Organización Internacional de Energía Atómica, que facilita las inspecciones de esta última institución. En el documento plantea que este acuerdo entre los dos países es “único en el mundo” y un ejemplo a seguir.

Por eso, sostiene que “la firma unilateral por Argentina de un protocolo adicional al Acuerdo Cuatripartito lo afectaría gravemente: un socio de un acuerdo de cuatro firmaría, además, otro bilateral que tendría diferencias con el primero”. Agrega que “este peculiar manejo impactaría sobre la relación con Brasil, lo que a su vez podría significar que los logros que se mencionaron más arriba quedaran lesionados o desaparecieran”.

Por eso, los integrantes del Grupo Convergencia y los intelectuales y especialistas en política internacional que adhirieron concluyen que “una decisión como la que está en danza no sería beneficiosa. Afectaría las ventajas aportadas por el sistema de garantías, causaría un profundo daño a la relación bilateral entre Argentina y Brasil, y reduciría los márgenes de maniobra de nuestro país”. Por lo tanto, cierran, la firma por parte de Macri de un protocolo adicional sería “innecesario e inconveniente”.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-295949-2016-04-01.html[/SPOILER]

El TNP es un dolor de huevos.

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chances de que macri no le chupe el culo a las potencies firme todo sin ver y nos quedemos sin ningun tipo de capacidad nuclear

Otra más en La Nación, de principios de año, sobre el protocolo adicional del TNP:
En materia nuclear, estamos con Brasil
Juan Gabriel Tokliatian
ESte año se conmemoran dos hechos trascendentales para las relaciones entre la Argentina y Brasil y para la seguridad internacional. En julio de 1991, hace 25 años, ambos países sellaron el acuerdo de salvaguardias nucleares bilaterales (SCCC) que creó la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (Abacc) para su ejecución. En diciembre de ese año, los dos países, la Abacc y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) firmaron también un acuerdo para la aplicación de salvaguardias amplias. Este Acuerdo Cuatripartito (AC) cumple las exigencias del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP); cualquier protocolo adicional sería una enmienda.

La Abacc y el AC constituyen los pilares fundamentales sobre los cuales se apoya la decisión estratégica de la Argentina y Brasil para el uso de la energía nuclear con fines exclusivamente pacíficos. Desde su adopción, éste ha sido un ejemplo mundialmente reconocido en materia de no proliferación.

Lo cierto es que el país ha construido una doctrina nuclear basada en la transparencia. A diferencia de otras doctrinas que se basan en la ambigüedad, la Argentina, desde 1983, optó por ser transparente de acuerdo con el consenso vigente, que sostiene que a través de la política nuclear se garantiza el desarrollo nacional, la estabilidad regional y la seguridad internacional.

Para esto, la concertación con Brasil ha sido esencial. Principios e intereses se han conjugado para asegurar los compromisos alcanzados: primero, reforzar la democracia, afianzar el control civil en un área sensible y consolidar una región en paz. Segundo, preservar la simetría en una dimensión clave de la relación bilateral, superar la pugnacidad que por décadas robusteció el poder de las fuerzas armadas en ambos países y entorpeció la integración, asegurar que el vecino no desarrolle planes nucleares con fines militares, y tener una buena carta de presentación internacional como actor nuclear responsable. Los beneficios para los dos países, la región y todo el régimen global de no proliferación fueron y son palpables.

Después de la guerra a Irak en 1991 y a raíz del programa nuclear de Corea del Norte, la comunidad internacional buscó vigorizar las salvaguardias. Se concibió así un protocolo adicional que sería firmado por cada Estado con el OIEA. El modelo de protocolo data de 1997, fecha en la que el SCCC, la Abacc y el AC ya estaban en vigencia. Más de 140 Estados han firmado sendos protocolos, entre ellos los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, que, con variaciones respecto del modelo estándar, plantean un esquema no intrusivo en cuanto a la inspección de sus arsenales nucleares, que siguen intactos. El modelo convencional de estos protocolos tiene un alcance geográfico más amplio pero no es superior en sus exigencias al Acuerdo Cuatripartito.

Tres cuestiones son importante en el caso argentino. Primero, en cuanto a la seguridad de los materiales, y de acuerdo con el Nuclear Threat Initiative’s Nuclear Materials Security Index, el país se ubica en el puesto 15 sobre Rusia, China, Israel, la India y Pakistán. Segundo, su credibilidad le ha permitido que el embajador Rafael Grossi presida hoy el denominado Grupo de Proveedores Nucleares, compuesto por 48 países. Y tercero, la capacidad de producción nacional se expresa en el hecho de que Invap ha vendido reactores nucleares de alta calidad y desempeño a Australia, Argelia, Egipto y Perú.

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A pesar de estos logros, en diferentes momentos durante el último cuarto de siglo han surgido voces a favor de que la Argentina, de manera unilateral y sin Brasil, firme un protocolo adicional. Los argumentos han sido múltiples. En algunos predomina la convicción de que es lo correcto desde el ángulo de los principios. Hay, por otro lado, consideraciones oportunistas: acercarse a Washington, en algún contexto interno de necesidad, prometiendo la firma para lograr apoyo. En otros casos prevalece un sesgo antibrasileño: desconfianza hacia el vecino y sus hipotéticas intenciones non sanctas. También está la tesis económica según la cual habría más negocios en el campo nuclear si se firmara el protocolo.

La contraargumentación que propongo es precisa. Cualquier decisión debe ser razonable y pragmática: asumir dogmas o altruismos en la cuestión nuclear es ingenuo. A su vez, el oportunismo en política exterior ha sido y es nefasto pues genera un beneficio simbólico de corto plazo y un costo alto en el largo plazo. Si la Argentina firmase unilateralmente un protocolo adicional le facilitaría a Brasil poner fin al régimen bilateral de salvaguardias y avanzar en un eventual proyecto nuclear de naturaleza militar o negociar la firma de un protocolo de acuerdo con su objetivo estratégico: la promesa de que las potencias respalden su interés en un asiento permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Por último, la Argentina está limitada para exportar más reactores pues carece de una estructura financiera que permita extender líneas de crédito al comprador.

En breve, provocar el desmantelamiento de un mecanismo único en el mundo y que ha probado ser muy eficaz sería inaudito. Por suerte, antes de llegar a la reciente Cumbre de Seguridad Nuclear, el presidente Macri disipó dudas y reafirmó el valor de preservar el histórico compromiso con Brasil en la materia. Es deseable que en el año en que la Argentina y Brasil conmemoran su mutuo aporte a la paz bilateral, regional y mundial gracias a la Abacc y al AC, los dos países fortalezcan la confianza, la transparencia y el equilibrio en esta materia.

Director del departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la UTDT

Hay que defender la relación con Brasil en este tema sí o sí.

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Alfonsin el presidente mas imbecil que tuvimos en nuestra historia, no solo revelo que podiamos producir uranio enriquecido sino que fue el que nos encajo relaciones con paises que promovieron los dos atentados que tuvimos

---------- Mensaje unificado a las 22:30 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 22:24 ----------

Alfonsin el presidente mas imbecil que tuvimos en nuestra historia, no solo revelo que podiamos producir uranio enriquecido sino que fue el que nos encajo relaciones con paises que promovieron los dos atentados que tuvimos

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menos mal que nunca tuvimos un presidente sionista en estos nuevos tiempos…vamos a ver ahora maur*

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