[b]Encontrar la brujula
[/b]River Plate tu grato nombre, el club más grande de la Argentina, el semillero del mundo, un estilo de fútbol único y mas de 100 años de gloria entre tantas cosas. Basta con repasar la riquísima historia riverplatense para darse cuenta de la grandeza del club, con títulos varios, equipos extraordinarios (La Máquina, el River de los años ´80, el multicampeón de Ramón, etc.) con la distinción clásica del juego ofensivo y vistoso, con pelota al pie y siempre bien jugada, donde los hinchas se iban a sus hogares llenos de buen fútbol. Una gran lista de jugadores de primer nivel mundial vistieron el manto sagrado: el gran Bernabé, Walter Gómez, Labruna, Moreno, Pedernera, Carrizo, Fillol, Alonso, Ramón Díaz y Francescoli. Durante las últimas décadas, el club se enorgulleció de las divisiones inferiores, con un gran trabajo que abarcaba todo el proceso de juveniles hasta la primera.
En la actualidad, River atraviesa uno de los peores momentos futbolísticos de su historia, desplegando un juego paupérrimo, con jugadores que muy poco tienen que ver con la historia del club. La falta de títulos acrecienta el mal momento, sobre todo cuando se habla de títulos internacionales, los cuales se vienen negando de forma cada vez más lamentable. Ya no logra “sacar” jugadores de inferiores como supo hacerlo en el pasado y los que llegan a debutar no consiguen consagrarse en primera y finalmente resultan cedidos o vendidos (Abán, San Román, Emmanuel Martínez).
Desde hace un tiempo que ya no es el clásico animador de torneos y el último puesto obtenido en el Apertura 2008 es el fiel reflejo del pozo en el que se encuentra. Si bien hubo ráfagas de buen fútbol con Gallardo y Belluschi en el 2006, acompañados por una joya de inferiores (Gonzalo Higuaín), se invirtió mucha plata para contratar (mal) a jugadores como Federico Lussenhoff, Marco Ruben, los arqueros Daniel Vega y Juan Marcelo Ojeda, Leonardo Ponzio y Mauro Rosales, “Tyson” Rivas, Rolando Zárate. Las pésimas decisiones que han tomado los dirigentes en cuanto a contrataciones, ya sea por gusto del técnico de turno o de los mismos dirigentes, dejan en evidencia el por qué de la sequía de títulos.
Una institución que está acostumbrada desde siempre a prestar jugadores a la selección nacional tiene la obligación de contratar a jugadores de jerarquía, con experiencia y con espalda suficiente para usar la camiseta millonaria. No entra en la cabeza de nadie que se hayan traído para que sean titulares a jugadores como Gustavo Oberman, Andrés San Martín, Gabriel Loeschbor o Sixto Peralta y que extranjeros como Jerson González (jugó dos partidos), el chileno Abel Escalona (que sólo disputo uno), el colombiano Killián Viviescas (gran gol en contra, contra Quilmas) y los defensores uruguayos Máximo Lucas y Martín Del Campo hayan venido de visita al Monumental.
River es grande y tiene que ser manejado como tal. No puede ser que ninguna de las figuras que emigraron al fútbol extranjero quiera volver al club más grande de la Argentina (Crespo, Aimar, Saviola y Ayala entre los que tuvieron chances). No puede ser que jugadores identificados con la banda roja (D´Alessandro, Placente, Menseguez, Ledesma, etc.) vistan camisetas de otros clubes argentinos porque los dirigentes riverplatenses no cumplan promesas, mientan o sencillamente no paguen.
River debe recuperar esa identidad abandonada de la que supo enorgullecerse. Debe recuperar el rumbo perdido y que los dirigentes de turno sean los principales responsables de esta -actualmente errática- política futbolística. Pero por sobre todo, hace falta que tanto los entrenadores, como los jugadores y los dirigentes se comprometan con la camiseta y la historia del club.
Por Martin Furci
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