Después de tantos dictados reprobados con miles de faltas de ortografía, apareció el examen idóneo y competente en el partido límite. Ante el puntero, River evidenció signos que elevaron la puntuación de su volumen de juego en equipo y sacó chapa mostrando carácter, promoviendo afortunadamente a que todos los interrogantes previos deriven en exclamaciones felices después del pitazo final.
Creo que la deuda de haber encontrado el equipo ideal en cuanto a nombres propios sigue en pie, pero considero que Almeyda dilucidó un dibujo mucho más potable para tratar de solucionar tres de los paréntesis más inconclusos donde el equipo acentuaba algunas de sus máximas carencias en el juego:
1- Por primera vez se complementaron con sentido las referencias. La sociedad Cavenaghi-Trezeguet se vio más fortificada curiosamente jugando más alejada de lo habitual en lo que respecta a sus posiciones de inicio. Incluso se vieron puntos de conexión con pases o habilitaciones en trayectorias incluso a los 10 o 15 metros. Además, el retraso de Cave para el pivoteo o las diagonales de Treze abrieron espacios no solo para que uno aproveche del otro, sino además para que los que llegaban de atrás puedan encontrar otros huecos de ataque.
2- Hubo un notorio progreso sustancial en el juego profundo por afuera. River por momentos supo despegar por la pista de aterrizaje de los costados con la fiereza de un avión, si bien su ala derecha se mostró algo maltrecha y debilitada a la hora de la resolución o gestación. La obligación estratégica inicial de cubrir a lo ancho y en las 3 líneas toda porción de terreno posible, hizo que a la hora de atacar se encuentren otras rutas y sociedades que hasta aca estaban fuera del radar. Y, como ante Huracán, una vez más el inicio de una visita a la línea final concluyó con el gol que abrió y en este caso también sentenció el partido.
3- Los defensores pudieron potenciar sus virtudes. El hecho de jugar con más espacios a los costados y al frente les permitió desplegar mejor su agilidad física para el anticipo o el mano a mano, ayudados a partir de los 15-20 minutos por un equipo que por primera vez en mucho tiempo trabajó las líneas como corresponde. Es cierto que tanto Ramiro como Díaz tuvieron que desenvolverse en posiciones que no les sientan del todo cómodo, pero supieron afrontar la situación gracias a sus muy buenas actualidades. Considero que, junto con Trezeguet, son los dos jugadores de mejor presente futbolístico que tiene el equipo en esta porción de la temporada.
En definitiva, considero que se encontró la llave a un esquema que mezcla la rigidez y flexibilidad necesaria para, cuanto menos, depositar un voto de confianza y creer que puede existir un punto seguido que pueda seguir sumando párrafos a este capítulo del sábado. No hay que dejar de lado que Instituto tiene un juego muy especial, el cuál permite que te puedas parar de determinada manera, pero me parece que de cara a lo que viene hay que emular lo máximo posible esa voracidad por presionar lo más que se pueda en campo contrario. Toda recuperación de pelota cercana a los ¾ de territorio rival te lleva a encontrar espacios más rápido y a tratar resolver ligero antes que el de enfrente se acomode. Y justamente lo que River andaba necesitando (por lo menos de a ratos y para no desnudar todas sus falencias) es facilitarse caminos y ahorrarse algunos pasos de una elaboración que no solía llegar por ninguna vía.
Más alla de eso, cabe destacar que con este renovado Cirigliano y con la aparición casi inesperada de González el equipo cambió gran parte de sus cartuchos acelerados del mediocampo por balas de mente calma, tranquilidad en el traslado y, sobre todo, de sentido de pertenencia colectiva.
River consiguió esos tres puntos suspensivos que fueron llenos de intriga en su trámite, y que abrieron la ilusión y la perspectiva hacia nuevas oraciones donde haya menos comas en lugares equivocados, más palabras mejor acentuadas y más citas referenciales a un mejor funcionamiento, sin que aparezcan guiones traicioneros que, en el medio de este epílogo que tenemos por delante, interrumpan el relato para hacer recordar los errores del pasado que nos llevaron a la nada misma futbolística. Conseguimos un tubo de oxígeno para seguir adelante, pero la superficie esta lejos y todavía deberemos bucear con ahínco y determinación para sacar la cabeza definitivamente de esta categoría.
El domingo es el nuevo desafío y allí las vías de la terminal de Mar Del Plata van a estar todas ocupadas. Mientras a River le pasará el primer tren con vagones sedientos de reconfirmación futbolística en esta lucha que parece ser de tres equipos, del otro lado Aldosivi tendrá a su disposición quizás la última formación disponible que lo lleve a conseguir ese tan ansiado cuarto puesto para ellos, que un tiempo atrás parecía impensado en sus aspiraciones.
Toda gran actuación muchas veces trae consigo aparejada una dosis de relajo en la próxima cita. Prohibido caer en esa fatídica tentación diabólica si se quiere llegar con vida al punto final de esta dramática novela inolvidable…