Se van Gallardo, su maestría y más de una lágrima

Se van Gallardo, su maestría y más de una lágrima

                          Por Pablo Desimone - 15/05/2010 - 08:00                                      


Se despide un crack que dejó una huella inmensa de talento y amor a la camiseta de River. Se va del club un cacho de la mejor historia de los últimos veinte años. Además de su calidad indiscutible, quedará siempre grabada su “gallarda” dimensión en los clásicos. Su pegada prodigiosa, aquellos últimos golazos a Abbondanzieri, tanto como esa viril manera de plantarse en las más bravas. Frente a Tigre recibirá el homenaje popular.

Si hubiera que definirlo por parecidos futbolísticos, yo diría que Gallardo es una mezcla de Valderrama, de Bochini y de Platini. Quizá no alcanzó a tener el impresionante poder de conducción del colombiano ni la extraordinaria geometría del Bocha, ni la increíble capacidad goleadora del francés. Pero tiene de los tres esa extraña intuición de estar un segundo adelantado a cada jugada, porque sabe leer como nadie el juego. Bien le podría caber al Muñeco aquel parangón con el que Valdano definió al máximo ídolo de Independiente, como el Woody Allen del fútbol. ¿Quién podría sospechar que en ese envase tan pequeñito se encerraría tanta inteligencia? ¿Quién podría negar que este dinosaurio “pie pequeño” no resume en la cancha lo que el fantástico director de Manhattan?

Salir de lo intrasubjetivo y llevarlo a lo intersubjetivo. Realizar el viaje del paisaje interior al maravilloso universo de sentimientos que mueven las conductas humanas interactuando. En términos de juego, propiamente dicho, observar cómo alguien sabe priorizar lo grupal por encima de lo individual. Pero también hay un Gallardo-Freud. ¿Quién puede hacer una lectura del síntoma del partido para luego acometer hasta el hueso y limpiar “lo trabado, lo que perturba, lo que no deja pensar? Lo implícito de cada jugada, aquello que está oculto. Lo obvio tiene escondites que sólo las mentes brillantes saben descubrir. Y crear la sensación visual de que la pelota siempre lo busca a él y no él a la pelota. Cuando Gallardo es manija, la pelota es el sujeto de esta historia y los sujetos los satélites que se mueven a su alrededor. El mundo alguna vez creyó que la tierra y el hombre eran el centro del universo.

Ahí ya es el Gallardo líder grupal, comprometido en serio con la producción y el gusto futbolístico del equipo. Al punto que aquellas diferencias con Mostaza Merlo produjeron el alejamiento de un fútbol que no sentía. Su juego trascendió por el entendimiento superior del quehacer colectivo. Y a veces pagó por ser portavoz oficial contra los “narcisismos” que restan en los planteles. Denunció todo tipo de ombliguismo omnipotente y a la vez improductivo, toda vez que desde chico supo entender como pocos lo que es el juego de conjunto.

Por eso fue líder sin quererlo. Por jugar y hacer jugar. Porque anduvo siempre a una distancia prudencial del sol sin enceguecerse y terminar como Icaro con sus alas derretidas. Gallardo intelectual, científico, matemático, artista. ¿Todo eso puede ser un futbolista? Alguna vez, dijo Albert Camus (argelino, premio Nobel 1957, escritor y filósofo): “Todo lo que sé de la vida lo aprendí del futbol”.

El “Muñeco” siempre fue imprescindible para desocultar lo obvio. Y lo obvio dentro del fútbol es ejercitar lo básico. Darle la pelota al compañero, ser solidario, controlar el balón lo mejor posible, desmarcarse, tener movilidad, estar bien entrenado, poseer espíritu de grupo, saber atacar y saber defender, poner la capacidad al servicio del equipo (aquello de la heladera en la cocina y el inodoro en el baño), manejar los tiempos del partido. Planteado así, lo obvio debería no tener demasiados secretos ni complicaciones. El abecé del juego por lo simple podría familiarizarse con algunas postales de la vida cotidiana que no requieren mayores explicaciones. ¿Quién puede describir la ternura mejor que un bebé en brazos de su padre?, ¿quién la felicidad que un niño domando por primera vez su bicicleta?, ¿quién la perseverancia de la naturaleza renaciendo en cada primavera?, ¿quién la locura que el gol de la victoria frente al rival de toda la vida?, ¿quién la impotencia que este mundo desgarrado por millones de niños desnutridos? ¿Quién el amor más que el sentimiento de madre?, ¿quién la lealtad que los hermanos que se eligen para andar el camino de la vida o el asombro más que un niño frente Dios, un arco iris o una estrella fugaz?

El Muñeco, está dicho, hizo arte de lo obvio y a pesar de que emerge de una mirada profunda de lo cotidiano, su estilo fue también imprescindible por lo estratégico.
Tanto necesita el hombre que produce desarrollar un arte como el hombre que juega hacer de su maestría casi una ciencia para luego disolverse en ese “chiquilín” de cuento Gallardo fue en esencia: “la madurez precoz” encabalgada en un personaje de historieta.
Fue “chuky” y “el muñe”. Terror y ternura. Minúsculo diablo para los rivales, compañero de fierro. Tan sólo 10 minutos le llevaron al Gabi Rodríguez descubrir las verdades eternas del fútbol en ese pitufo de 11 años, entre 60 pibitos, lo que para Sabella y Passarella fue toda una osadía: promover a un chico de 15 años y llevarlo directamente de Octava a Tercera. El mismo que a esa edad ya integraba el sub 17 de Merlo en Paraguay. El purrete del Nahuel supo ser mendigo y fue Príncipe de Mónaco, pudo ser sapo y es un colibrí que presta sus alas a los sueños del piberío de su fundación.

Se va también el cartógrafo del fútbol. ¿El mítico Simbad, el Capitán Garfio o el submarino de Nemo? Aquél que conoce las bahías, las penínsulas, las montoneras y los desiertos del rectángulo como pocos. El que supo extender los límites del campo y hacer la cancha tan ancho y profundo como el mar. Su GPS siempre supo a la perfección los way points que condujeran más certeramente al arco rival. En su mapa sobran las diagonales, las cortadas y los pasillos secretos por donde sorprender al rival. Y cuando irrumpen esas tardes donde las coordenadas se cruzan, la niebla desorienta y todo confuso suele aparecer su espíritu de capitán de aguas embravecidas o de pirata
indómito.

Marcelo se lleva el fútbol que teje y desteje los hilos de tantas paredes hacia otro club. Es su decisión y la respetamos. Se pasó la vida articulando ataques y enhebrando finito por donde pasar la aguja que anude su andar solidario, que sería mezquino no desearle su mejor destino. Así lo recordaremos, trepando por el campo con la pelota como una mosca atrapada en su seda. Portando el veneno mortal de su toque y pegada. Gallardo es nuestra infancia venciendo villanos. Despedimos a un símbolo. Que sea con gratitud y grandeza.

La tinta tiene la humedad del beso y la pantalla de la computadora el ir y venir de las mareas. Todas las imágenes que pueda crear este escriba serán insuficientes. Vamos a decirle adiós al maestro. No hay dudas de que la humedad de alguna lágrima se mezclará con el flujo y reflujo que nos despertará el recuerdo de tantas tardes de gloria.
Suerte Muñeco. Suerte de verdad, gracias por el fútbol.

FUENTE:
Se van Gallardo, su maestra y ms de una lgrima - River Plate - La Pagina Millonaria - Sitio 100% No Oficial

Se van Gallardo, su maestría y más de una lágrima

                          Por Pablo Desimone - 15/05/2010 - 08:00                                      


Se despide un crack que dejó una huella inmensa de talento y amor a la camiseta de River. Se va del club un cacho de la mejor historia de los últimos veinte años. Además de su calidad indiscutible, quedará siempre grabada su “gallarda” dimensión en los clásicos. Su pegada prodigiosa, aquellos últimos golazos a Abbondanzieri, tanto como esa viril manera de plantarse en las más bravas. Frente a Tigre recibirá el homenaje popular.

Si hubiera que definirlo por parecidos futbolísticos, yo diría que Gallardo es una mezcla de Valderrama, de Bochini y de Platini. Quizá no alcanzó a tener el impresionante poder de conducción del colombiano ni la extraordinaria geometría del Bocha, ni la increíble capacidad goleadora del francés. Pero tiene de los tres esa extraña intuición de estar un segundo adelantado a cada jugada, porque sabe leer como nadie el juego. Bien le podría caber al Muñeco aquel parangón con el que Valdano definió al máximo ídolo de Independiente, como el Woody Allen del fútbol. ¿Quién podría sospechar que en ese envase tan pequeñito se encerraría tanta inteligencia? ¿Quién podría negar que este dinosaurio “pie pequeño” no resume en la cancha lo que el fantástico director de Manhattan?

Salir de lo intrasubjetivo y llevarlo a lo intersubjetivo. Realizar el viaje del paisaje interior al maravilloso universo de sentimientos que mueven las conductas humanas interactuando. En términos de juego, propiamente dicho, observar cómo alguien sabe priorizar lo grupal por encima de lo individual. Pero también hay un Gallardo-Freud. ¿Quién puede hacer una lectura del síntoma del partido para luego acometer hasta el hueso y limpiar “lo trabado, lo que perturba, lo que no deja pensar? Lo implícito de cada jugada, aquello que está oculto. Lo obvio tiene escondites que sólo las mentes brillantes saben descubrir. Y crear la sensación visual de que la pelota siempre lo busca a él y no él a la pelota. Cuando Gallardo es manija, la pelota es el sujeto de esta historia y los sujetos los satélites que se mueven a su alrededor. El mundo alguna vez creyó que la tierra y el hombre eran el centro del universo.

Ahí ya es el Gallardo líder grupal, comprometido en serio con la producción y el gusto futbolístico del equipo. Al punto que aquellas diferencias con Mostaza Merlo produjeron el alejamiento de un fútbol que no sentía. Su juego trascendió por el entendimiento superior del quehacer colectivo. Y a veces pagó por ser portavoz oficial contra los “narcisismos” que restan en los planteles. Denunció todo tipo de ombliguismo omnipotente y a la vez improductivo, toda vez que desde chico supo entender como pocos lo que es el juego de conjunto.

Por eso fue líder sin quererlo. Por jugar y hacer jugar. Porque anduvo siempre a una distancia prudencial del sol sin enceguecerse y terminar como Icaro con sus alas derretidas. Gallardo intelectual, científico, matemático, artista. ¿Todo eso puede ser un futbolista? Alguna vez, dijo Albert Camus (argelino, premio Nobel 1957, escritor y filósofo): “Todo lo que sé de la vida lo aprendí del futbol”.

El “Muñeco” siempre fue imprescindible para desocultar lo obvio. Y lo obvio dentro del fútbol es ejercitar lo básico. Darle la pelota al compañero, ser solidario, controlar el balón lo mejor posible, desmarcarse, tener movilidad, estar bien entrenado, poseer espíritu de grupo, saber atacar y saber defender, poner la capacidad al servicio del equipo (aquello de la heladera en la cocina y el inodoro en el baño), manejar los tiempos del partido. Planteado así, lo obvio debería no tener demasiados secretos ni complicaciones. El abecé del juego por lo simple podría familiarizarse con algunas postales de la vida cotidiana que no requieren mayores explicaciones. ¿Quién puede describir la ternura mejor que un bebé en brazos de su padre?, ¿quién la felicidad que un niño domando por primera vez su bicicleta?, ¿quién la perseverancia de la naturaleza renaciendo en cada primavera?, ¿quién la locura que el gol de la victoria frente al rival de toda la vida?, ¿quién la impotencia que este mundo desgarrado por millones de niños desnutridos? ¿Quién el amor más que el sentimiento de madre?, ¿quién la lealtad que los hermanos que se eligen para andar el camino de la vida o el asombro más que un niño frente Dios, un arco iris o una estrella fugaz?

El Muñeco, está dicho, hizo arte de lo obvio y a pesar de que emerge de una mirada profunda de lo cotidiano, su estilo fue también imprescindible por lo estratégico.
Tanto necesita el hombre que produce desarrollar un arte como el hombre que juega hacer de su maestría casi una ciencia para luego disolverse en ese “chiquilín” de cuento Gallardo fue en esencia: “la madurez precoz” encabalgada en un personaje de historieta.
Fue “chuky” y “el muñe”. Terror y ternura. Minúsculo diablo para los rivales, compañero de fierro. Tan sólo 10 minutos le llevaron al Gabi Rodríguez descubrir las verdades eternas del fútbol en ese pitufo de 11 años, entre 60 pibitos, lo que para Sabella y Passarella fue toda una osadía: promover a un chico de 15 años y llevarlo directamente de Octava a Tercera. El mismo que a esa edad ya integraba el sub 17 de Merlo en Paraguay. El purrete del Nahuel supo ser mendigo y fue Príncipe de Mónaco, pudo ser sapo y es un colibrí que presta sus alas a los sueños del piberío de su fundación.

Se va también el cartógrafo del fútbol. ¿El mítico Simbad, el Capitán Garfio o el submarino de Nemo? Aquél que conoce las bahías, las penínsulas, las montoneras y los desiertos del rectángulo como pocos. El que supo extender los límites del campo y hacer la cancha tan ancho y profundo como el mar. Su GPS siempre supo a la perfección los way points que condujeran más certeramente al arco rival. En su mapa sobran las diagonales, las cortadas y los pasillos secretos por donde sorprender al rival. Y cuando irrumpen esas tardes donde las coordenadas se cruzan, la niebla desorienta y todo confuso suele aparecer su espíritu de capitán de aguas embravecidas o de pirata
indómito.

Marcelo se lleva el fútbol que teje y desteje los hilos de tantas paredes hacia otro club. Es su decisión y la respetamos. Se pasó la vida articulando ataques y enhebrando finito por donde pasar la aguja que anude su andar solidario, que sería mezquino no desearle su mejor destino. Así lo recordaremos, trepando por el campo con la pelota como una mosca atrapada en su seda. Portando el veneno mortal de su toque y pegada. Gallardo es nuestra infancia venciendo villanos. Despedimos a un símbolo. Que sea con gratitud y grandeza.

La tinta tiene la humedad del beso y la pantalla de la computadora el ir y venir de las mareas. Todas las imágenes que pueda crear este escriba serán insuficientes. Vamos a decirle adiós al maestro. No hay dudas de que la humedad de alguna lágrima se mezclará con el flujo y reflujo que nos despertará el recuerdo de tantas tardes de gloria.
Suerte Muñeco. Suerte de verdad, gracias por el fútbol.

FUENTE:
Se van Gallardo, su maestra y ms de una lgrima - River Plate - La Pagina Millonaria - Sitio 100% No Oficial