Repetiremos mañana el último triunfo en una tarde surrealista
TRIUNFO Y TARDE SURREALISTA
Por Pablo Desimone
Volvió al triunfo gracias a la magia de su artista principal Ariel Ortega. El Dalì del futbol.
Irreflexivo, instintivo, creador innato. Parafraseando al gran pintor que alguna vez dijo “el surrealismo soy yo”, el Burrito volvió a darle la razòn al hincha y està en todo su derecho de decir:”River soy yo”.
Nada de lo que habìa pasado en la semana de River se compadecìa con la razòn. River vive inmerso en un clima de surrealismo. Todo lo que sucede parece màs propio de una producción onìrica que real.
Insòlitas demostraciones de borocotizaciòn en la Asamblea de Representantes por el presupuesto, a tres meses de las elecciones. El mediàtico casamiento del Ogro Fabbiani del que hasta Obama se enterò. Los dimes y diretes en relaciòn al tècnico. La frustrada compra de Cvitanich. La despedida de Augusto. El enojo de Buonanotte. Los humores y rumores que circularon en dìas muy calientes de desmentidas y confirmaciones.
Toda una previa que aguardaba un domingo de final incierto.
Y llegò nomàs, bajo un calor espeso y agobiante en pleno invierno. Un horario que era tarde para temprano y temprano para tarde. Los ravioles postergados gracias a un horario absolutamente inusual, las 14.10.
Con la bandeja Belgrano Alta cerrada y un equipo que después de las turbulencias contra Banfield, hizo que no se supiera hasta ùltimo momento quien iba a ser titular y quien no. Si hasta el tècnico habìa estado en duda. La verdadera sorpresa fue ver el mismo once titular con los cambios obligados de Barrado por Augusto Fernàndez, ya transferido y Buonanotte por el Ogro.
De arranque nomàs, la perlita del Enano. Facturamos rapido y hay sueños de tarde mansa y tranquila. Sin embargo, es màs que eso y empieza a aburrir. Imprecisos Ortega y Gallardo, igual que Barrado, solo el Pitufìn parece con posibilidades de inventar algo lindo.
Y del otro lado, Chaca, el recièn ascendido Chaca, no tiene con que animarse. Hasta que ese chico Alustiza recoge el regalito de Coronel que cierra mal y con la de palo, mete un derechazo de libro al àngulo. Golazo y sensación de que todo esta como era entonces. Sin embargo, al toque, Cabral mete un frentazo limpio tras gran centro del Enano y bueno…(al fin Cabral se hace “heroico”) pero como en River nada es cierto, todo irreal y a la vez posible, una apurado Vega se lleva puesto al once de chaca y el mismo se encarga de ajusticiarlo desde el punto del penal. . Se habìan ido 45 minutos de un partido chato, con las inseguridades de siempre y las facilidades que nos abrigaba un rival de poco vuelo. El equipo se fue al vestuario entre la indiferencia y la resignaciòn de la gente.
El segundo tiempo deparò raras sensaciones. Chaca se parò 20 metros màs adelante y comenzò a complicar timidamente. Algunos tiros de media distancia y uno que otro centro o tiro libre permitieron la llegada del tercer gol. Pèsima salida de Vega. Muy livianito llega tarde y Parra que libera los viejos fantasmas. Y River es el tango Naranjo en Flor. La defensa: “era màs blanda que el agua que el agua blanda…”,
Jugadores como Gallardo que màs que no poder parecìan no querer. Lo mismo Barrado, Paniagua. Gorosito que sabe que se viene la noche y apela a otra estrofa: “primero hay que saber sufrir, después amar …después andar sin pensamiento” y se anima a sacar al Capitàn desconocido y entra Villalba que tiene un cohete y en la primera que toca se come al arquero y define de zurda, tras gran pausa de Ortega.
Entonces todo se vuelve màgico, surrealista, como lo que somos. El burrito que no puede con su alma juega con el corazón de un pibe de veinte. Se tira a la derecha y se para de wing. Si de wing, no le dan las piernas pero igual va por ahì. Llega al fondo todo desarmado y se le va por arriba un pase de gol a Rìos (¿Ah jugaba?). Y chaca que tambièn lo quiere ganar mete dos chutazos que nos hacen temblar.
Y River que al final queda parado de contra, porque Chaca se engolosina y quiere màs sin darse cuenta que viejo y todo River recuperò a Salvador Dalì, el Burrito. Aquel que es capaz de pintar el cuadro màs loco y genial. El que la deja picar y con delicada pincelada rubrica un gol de antologìa por sobre la cabeza del arquero.
Ortega rompe con los lìmites de la razòn y explota en ese inmortal instinto de jugador diferente que es.
Logra que una tarde gris con la mesa servida para las caras largas y la rechifla termine a puro revolear de remera, …” y después…¿què importa el después?, perfume de naranjo en flor…”
Perfume de triunfo en una tarde surrealista.