Operación Masacre: análisis estructural...

¡Hola gente! Por lo general me ven escribiendo artículos en la sección historia, hoy vengo a dejarles un ensayo que, sobre la gran obra de Walsh, escribí para la facu. Saludos!

Operación Masacre: análisis estructural del comienzo de la ficción periodística

Hace unas semanas nos ocupamos analizar la palabra noticia hoy lo haremos de quien hizo de ella un arte: Roldolfo Walsh, más precisamente de Operación Masacre, su obra más famosa. Este rionegrino, casi irlandés, fue un excelso periodista, considerado uno de los exponentes del “Nuevo Periodismo” y un ejemplo de investigador social, de cómo mirar la realidad en la que se participa desde afuera, tal es así que en la introducción de la primera versión del libro escribe: “No soy peronista, no lo he sido ni tengo la intención de serlo. Si lo fuese, lo diría. No creo que ello comprometiese más mi comodidad o mi tranquilidad personal que esta publicación. Tampoco soy ya un partidario de la revolución que creí libertadora. Sé perfectamente, sin embargo, que bajo el peronismo no habría podido publicar un libro como éste…”.

Tal vez haya nacido con un lápiz y un papel borrador bocetando una ficción periodística. Recordemos que es admirado, entre otras cosas, porque con Operación Masacre logró adelantarse casi una década sobre “A Sangre Fría” de Truman Capote, segundo texto del género. No sólo para la historia de la literatura este libro marcó un antes y un después, también lo hizo en la del propio autor: “Cambió mi vida. Haciéndola descubrí que, además de mis perplejidades íntimas, existía una amenazante mundo exterior”.

Lo que más nos interesa en este ensayo es analizar la parte estructural de la obra, pero antes de puntualizar en dicho tema haremos un pequeño repaso por esta apasionante historia. En junio de 1956 se allana una casa en Florida y se detiene a un grupo de civiles que se suponen implicados en la rebelión militar del general Valle contra el gobierno de facto del general Aramburu. En la madrugada siguiente esas personas son fusiladas, según el gobierno, en cumplimiento de la ley marcial que se promulga y difunde por radio después que fueran arrestados.

Los asesinados fueron cinco: Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Carlos Alberto Lizaso, Mario Brión y Vicente Damían Rodríguez. Pero “algunos fusilados vivieron”. Recordemos que Walsh comienza la investigación luego de que un hombre –de quien no aclara el nombre- le diga que de los Fusilamientos de José León Suárez “hay un fusilado que vive”. Pero no vivía uno sino ocho, entre ellos Carlos Livraga quien hace algunos años fue homenajeado en la Casa Rosada. Esos siete nuevos “fusilados vivientes” fueron hijos de la fructífera investigación que permitió la redacción de la obra que estamos estudiando.

Comencemos analizando la estructura externa de la obra, el fichero en el que se ordena. Para este análisis utilizaremos la versión 1972 de Ediciones de La Flor. En ésta, tras una breve introducción del historiador anarquista santafesino Eduardo Bayer titulada “Rodolfo Walsh: tabú y mito” comienza el trabajo del autor del libro.

Inicia con el prólogo donde cuenta como le llega la primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de 1956 y cuál fue el hecho cumbre para que comience la investigación sobre los “fusilados que vivieron”.

Luego desarrolla 37 capítulos, a los que ordena en 3 partes. En la primera titulada “Las Personas” cada capítulo recibe el nombre de uno de los protagonistas de la historia y en ella se detallan aspectos puntuales de su vida, su familia, sus pensamientos y como llegó al lugar del secuestro previo a la quíntuple matanza. La segunda parte es “Los hechos”. En ésta narra lo sucedido desde el allanamiento hasta la matanza, pasando por el momento en que son detenidos en San Martín y llegando a la forma en que escaparon los sobrevivientes. La tercera parte prueba la no vigencia de la ley marcial en la que se amparaban los asesinos para justificar las muertes. Las últimas dos son las que destacan la labor periodística del trabajo mediante la documentación de lo investigado.

Ahí finaliza la parte propia de la obra. Luego la edición que estamos utilizando agrega un apéndice donde da detalles sobre la película, el prólogo de la primera edición (julio de 1957), como la introducción y el apéndice de la misma de la misma, un apartado titulado “Breve historia de una investigación”, los epílogos de la primera y la segunda edición (1964), el final del epílogo de la tercera edición (1969) y culmina con la Carta abierta de un periodista a la Junta Militar (24 de marzo de 1977) –su último escrito ya que al día siguiente se sumaría a la lista de 30.000 desaparecidos-.

Pasemos ahora a la estructura interna, de la que vamos a hacer un análisis de las tres partes en que se agrupan los capítulos. El autor reconstruye de manera ficcional las situaciones íntimas de los personajes, cuando comienza relatando la vida de cada uno en los capítulos de la primera parte, por ejemplo, en el comienzo, dice sobre Carranza: “Por un momento, sin embargo, pudo olvidar sus preocupaciones. Tras el azorado silencio inicial, un coro de voces chillonas se alzó para recibirlo. Seis hijos tenía Nicolás Carranza. Los más pequeños se habrán prendido a sus rodillas. La mayor, Elena, habrá puesto la cabeza al alcance de la mano del padre. La ínfima Julia Renée –cuarenta días apenas– dormitaba en su cuna”.

Al contrario, los hechos –segunda parte- son tratados con datos documentados. Estos son citados de manera directa, como en el capítulo 30 titulado “La guerrilla de los telegramas”. La utilización del dato duro, alejado de juicios de valor demuestra, como escribimos más arriba, el valor periodístico de la obra.

En la parte final también utiliza de manera directa una serie de documentos. Un ejemplo es el Capítulo 33 “Fernández Suarez confiesa” donde cita el informe del Teniente Coronel que estuvo a cargo del allanamiento y de dar la orden de ejecución que generó esta historia. Sobre esas citas dice Walsh: “No quiero que se me acuse de extractar jesuíticamente la parte del informe de Fernández Suárez que se refiere al caso Livraga y de hacerlo decir lo que no dijo. La voy a reproducir íntegra porque constituye, más que una defensa, la prueba que él exigía”. En este capítulo llega a la conclusión de que la Ley Marcial estuvo aplicada de manera incorrecta por haberse utilizada retroactivamente, sobre ello, en el Capítulo 35 “Justicia Ciega”, dice: “No habrá ya malabarismos capaces de borrar la terrible evidencia de que el gobierno de la revolución libertadora aplicó retroactivamente, a hombres detenidos el 9 de junio, una ley marcial promulgada el 10 de junio. Y eso no es fusilamiento. Es un asesinato”.

Para concluir citemos una frase de una recopilación de Ana Liberatore que nos permitirá entender mejor la lectura de este tipo de género: “El discurso no-ficcional exige una lectura que ponga el acento simultáneamente en su condición de relato y de testimonio periodístico. Cada una de las partes de “Operación Masacre” confirma esta característica del género”.

Fuentes:

  •    Walsh, Rodolfo. Operación Masacre. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, Argentina, 1972.
    

(http://proyectowalsh.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/12/Walsh-Rodolfo-Operacion-Masacre.pdf)

  •    Liberatore, Ana. La no ficción: en el límite entre periodismo y literatura. Facultad de CP y RRII de la UNR, Rosario, Argentina, 2013.
    

(http://www.fcpolit.unr.edu.ar/redaccion1-liberatore/2013/10/17/la-no-ficcion-en-el-limite-entre-periodismo-y-literatura/)

¡Hola gente! Por lo general me ven escribiendo artículos en la sección historia, hoy vengo a dejarles un ensayo que, sobre la gran obra de Walsh, escribí para la facu. Saludos!

Operación Masacre: análisis estructural del comienzo de la ficción periodística

Hace unas semanas nos ocupamos analizar la palabra noticia hoy lo haremos de quien hizo de ella un arte: Roldolfo Walsh, más precisamente de Operación Masacre, su obra más famosa. Este rionegrino, casi irlandés, fue un excelso periodista, considerado uno de los exponentes del “Nuevo Periodismo” y un ejemplo de investigador social, de cómo mirar la realidad en la que se participa desde afuera, tal es así que en la introducción de la primera versión del libro escribe: “No soy peronista, no lo he sido ni tengo la intención de serlo. Si lo fuese, lo diría. No creo que ello comprometiese más mi comodidad o mi tranquilidad personal que esta publicación. Tampoco soy ya un partidario de la revolución que creí libertadora. Sé perfectamente, sin embargo, que bajo el peronismo no habría podido publicar un libro como éste…”.

Tal vez haya nacido con un lápiz y un papel borrador bocetando una ficción periodística. Recordemos que es admirado, entre otras cosas, porque con Operación Masacre logró adelantarse casi una década sobre “A Sangre Fría” de Truman Capote, segundo texto del género. No sólo para la historia de la literatura este libro marcó un antes y un después, también lo hizo en la del propio autor: “Cambió mi vida. Haciéndola descubrí que, además de mis perplejidades íntimas, existía una amenazante mundo exterior”.

Lo que más nos interesa en este ensayo es analizar la parte estructural de la obra, pero antes de puntualizar en dicho tema haremos un pequeño repaso por esta apasionante historia. En junio de 1956 se allana una casa en Florida y se detiene a un grupo de civiles que se suponen implicados en la rebelión militar del general Valle contra el gobierno de facto del general Aramburu. En la madrugada siguiente esas personas son fusiladas, según el gobierno, en cumplimiento de la ley marcial que se promulga y difunde por radio después que fueran arrestados.

Los asesinados fueron cinco: Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Carlos Alberto Lizaso, Mario Brión y Vicente Damían Rodríguez. Pero “algunos fusilados vivieron”. Recordemos que Walsh comienza la investigación luego de que un hombre –de quien no aclara el nombre- le diga que de los Fusilamientos de José León Suárez “hay un fusilado que vive”. Pero no vivía uno sino ocho, entre ellos Carlos Livraga quien hace algunos años fue homenajeado en la Casa Rosada. Esos siete nuevos “fusilados vivientes” fueron hijos de la fructífera investigación que permitió la redacción de la obra que estamos estudiando.

Comencemos analizando la estructura externa de la obra, el fichero en el que se ordena. Para este análisis utilizaremos la versión 1972 de Ediciones de La Flor. En ésta, tras una breve introducción del historiador anarquista santafesino Eduardo Bayer titulada “Rodolfo Walsh: tabú y mito” comienza el trabajo del autor del libro.

Inicia con el prólogo donde cuenta como le llega la primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de 1956 y cuál fue el hecho cumbre para que comience la investigación sobre los “fusilados que vivieron”.

Luego desarrolla 37 capítulos, a los que ordena en 3 partes. En la primera titulada “Las Personas” cada capítulo recibe el nombre de uno de los protagonistas de la historia y en ella se detallan aspectos puntuales de su vida, su familia, sus pensamientos y como llegó al lugar del secuestro previo a la quíntuple matanza. La segunda parte es “Los hechos”. En ésta narra lo sucedido desde el allanamiento hasta la matanza, pasando por el momento en que son detenidos en San Martín y llegando a la forma en que escaparon los sobrevivientes. La tercera parte prueba la no vigencia de la ley marcial en la que se amparaban los asesinos para justificar las muertes. Las últimas dos son las que destacan la labor periodística del trabajo mediante la documentación de lo investigado.

Ahí finaliza la parte propia de la obra. Luego la edición que estamos utilizando agrega un apéndice donde da detalles sobre la película, el prólogo de la primera edición (julio de 1957), como la introducción y el apéndice de la misma de la misma, un apartado titulado “Breve historia de una investigación”, los epílogos de la primera y la segunda edición (1964), el final del epílogo de la tercera edición (1969) y culmina con la Carta abierta de un periodista a la Junta Militar (24 de marzo de 1977) –su último escrito ya que al día siguiente se sumaría a la lista de 30.000 desaparecidos-.

Pasemos ahora a la estructura interna, de la que vamos a hacer un análisis de las tres partes en que se agrupan los capítulos. El autor reconstruye de manera ficcional las situaciones íntimas de los personajes, cuando comienza relatando la vida de cada uno en los capítulos de la primera parte, por ejemplo, en el comienzo, dice sobre Carranza: “Por un momento, sin embargo, pudo olvidar sus preocupaciones. Tras el azorado silencio inicial, un coro de voces chillonas se alzó para recibirlo. Seis hijos tenía Nicolás Carranza. Los más pequeños se habrán prendido a sus rodillas. La mayor, Elena, habrá puesto la cabeza al alcance de la mano del padre. La ínfima Julia Renée –cuarenta días apenas– dormitaba en su cuna”.

Al contrario, los hechos –segunda parte- son tratados con datos documentados. Estos son citados de manera directa, como en el capítulo 30 titulado “La guerrilla de los telegramas”. La utilización del dato duro, alejado de juicios de valor demuestra, como escribimos más arriba, el valor periodístico de la obra.

En la parte final también utiliza de manera directa una serie de documentos. Un ejemplo es el Capítulo 33 “Fernández Suarez confiesa” donde cita el informe del Teniente Coronel que estuvo a cargo del allanamiento y de dar la orden de ejecución que generó esta historia. Sobre esas citas dice Walsh: “No quiero que se me acuse de extractar jesuíticamente la parte del informe de Fernández Suárez que se refiere al caso Livraga y de hacerlo decir lo que no dijo. La voy a reproducir íntegra porque constituye, más que una defensa, la prueba que él exigía”. En este capítulo llega a la conclusión de que la Ley Marcial estuvo aplicada de manera incorrecta por haberse utilizada retroactivamente, sobre ello, en el Capítulo 35 “Justicia Ciega”, dice: “No habrá ya malabarismos capaces de borrar la terrible evidencia de que el gobierno de la revolución libertadora aplicó retroactivamente, a hombres detenidos el 9 de junio, una ley marcial promulgada el 10 de junio. Y eso no es fusilamiento. Es un asesinato”.

Para concluir citemos una frase de una recopilación de Ana Liberatore que nos permitirá entender mejor la lectura de este tipo de género: “El discurso no-ficcional exige una lectura que ponga el acento simultáneamente en su condición de relato y de testimonio periodístico. Cada una de las partes de “Operación Masacre” confirma esta característica del género”.

Fuentes:

  •    Walsh, Rodolfo. Operación Masacre. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, Argentina, 1972.
    

(http://proyectowalsh.com.ar/wp/wp-content/uploads/2010/12/Walsh-Rodolfo-Operacion-Masacre.pdf)

  •    Liberatore, Ana. La no ficción: en el límite entre periodismo y literatura. Facultad de CP y RRII de la UNR, Rosario, Argentina, 2013.
    

(http://www.fcpolit.unr.edu.ar/redaccion1-liberatore/2013/10/17/la-no-ficcion-en-el-limite-entre-periodismo-y-literatura/)

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La gran obra maestra del periodismo nacional (no me atrevería a encasillarla). Te felicito Jona, quedó 10 puntos.

Gracias capo!

Pd.: No estoy seguro si iba en esta sección o en general.

---------- Mensaje unificado a las 02:25 ---------- El mensaje anterior habia sido a las 02:24 ----------

Ah, te cuento que la primera oración hace referencia a otro ensayo que tuve que hacer para la materia. Era sobre el concepto de noticia y me gustó la idea de usarlo como inicio para éste, me sirvió para darle una linea de continuidad.

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Tan grande es esta obra que se adelantó a la de Capote, A sangre fría, como precursora del Nuevo Periodismo.

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