La nota impresentable del dia, no se puede creer que alguien escriba esto. Y despues se dicen imparciales, mamadera…
no voy a poner el link, porque ya me da asco el lobby que hacen. Ojala mañana ganemos con un gol de penal inventado, asi revientan
“¿Quién es Gallardo?”
Conozcan a los mellizos Guillermo y Gustavo… Ibarra. Su papá, fanático de Boca y de los Schelotto, les puso sus nombres, pero… “No miramos mucho fútbol”. Y bué…
Publicado el 13-05-2017
Los mellizos Ibarra. Guillermo y Gustavo…
Por: Leandro Contento
lcontento@ole.com.ar
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Posan, ríen, se divierten. En sus rostros, joviales, descontracturados, no se refleja la adrenalina que genera un clásico. Están tranquilos, relajados, confiados. “Por la ventaja que llevamos, en caso de que ganemos el domingo, tendremos una buena parte del título en el bolsillo”, revelan. No parecen ellos. Como nunca, aceptan todas las indicaciones del fotógrafo y sonríen cuando se les pide que actúen, que recreen ciertas imágenes. Reunidos por Olé , Guillermo y Gustavo aceptan recorrer las inmediaciones de la Bombonera a sólo dos días de un Súper que, como dicen, puede definir la mayor parte del campeonato. “¿Así está bien o vamos de vuelta?”, consultan, y piden ver las fotos en la cámara para chequear que todo esté bien. Los hinchas y turistas que caminan por la zona, también cada uno con su cámara, se los quedan mirando. Se sorprenden al verlos a los dos ahí parados, como si nada, en Brandsen 805, una tarde cualquiera y a la vista de todos. “Who are they?”, preguntan, y ellos devuelven el saludo a la distancia. Están vestidos de traje, impecables: camisa blanca, saco y pantalón negro, mismo look con que los Schelotto dirigirán mañana su segundo clásico en el Templo en lo que va de su ciclo. Sin embargo, es la primera vez que estos mellizos, este Guillermo y este Gustavo, pisan la Bombonera. Nunca antes habían entrado al barrio, no conocían la cancha, el puente de La Boca, Casa Amarilla, Caminito. Nada de eso. Y por eso abren grandes los ojos cuando ven pasar el tren de cargas por la puerta misma del estadio. “Qué locura”, susurran boquiabiertos. Son Guillermo y Gustavo Ibarra, otra pintoresca pareja de mellizos que deben sus nombres a los técnicos de Boca y palpitaron la previa del Súper con Olé .
“¿Quién es Gallardo? No lo conocemos. Ah, ¿es el técnico de River? Ni idea”, disparan, picantes, sin pelos en la lengua. No es una chicana, una mojada de oreja para el rival de toda la vida. Para estos Mellis, el fútbol es apenas un pasatiempo con amigos, el deporte que practican en la escuela, una materia más. Papá Jorge, que falleció cuando ellos tenían tres años, sí era fanático de Boca y de los Schelotto. Por eso, aunque los DT son gemelos, al enterarse de que su mujer esperaba mellizos, no dudó. Corría el mes de septiembre del año 2000, Boca acababa de ganar su primera Libertadores con Bianchi y los mellis eran parte del plantel. Guille era titular, figura, y ya pintaba para ídolo. Había ganado el Apertura del 98 y del 2000, el Clausura 99, y había sido clave en la obtención de la Copa. Y Gustavo, que llevaba la misma cantidad de títulos, alternaba en un mediocampo que salía de memoria, con Battaglia, Traverso y Basualdo. El tiempo le terminó dando la razón.
“Es un honor llamarnos así. Mi papá fue comprando todo lo que salía referido a Boca y a los Mellizos para que nosotros lo viéramos cuándo fuéramos más grandes. Hace poco encontramos una caja con esos recuerdos y fue muy emocionante. Nos gustaría conocer a los Schelotto, sería una muy linda experiencia”, cuenta Guillermo, como no podía ser de otra manera, el más locuaz y pícaro de la dupla. “Al fútbol jugamos con amigos, pero somos medio pataduras, je. Yo juego atrás y mi hermano también, o a veces él va al arco. Mucho fútbol no miramos, pero sí lo jugamos. Nos enteramos de los resultados de Boca por amigos o por los gritos de gol de los vecinos, pero siempre queremos que gane. Ahora escuché que hace mucho no le cobran un penal. ¡Que el árbitro se ponga las pilas y nos cobre uno!”, pide Gustavo, el más calentón de los dos, quien junto a su hermano cursa el último año de la Secundaria en el Colegio San Marcos, de Marcos Paz. “No pasamos inadvertidos en ningún lugar, a todos les llaman la atención nuestros nombres, pero todo el mundo nos tira buena onda”, comentan.
Los Mellis juegan fuera de la cancha. Se prueban los sacos, se miran en el reflejo de las ventanillas de los autos, juegan a ser los Schelotto en la mismísima vereda de la Bombonera. Nadie sabe quiénes son, qué hacen ahí, pero igual se roban todas las miradas. “Ojalá a los mellizos les vaya bien, nosotros los vamos a estar apoyando”, cuentan, y esperan volver pronto, con otro campeonato bajo el brazo.
Guillermo y Gustavo son de Merlo, la ciudad del Muñeco Gallardo, pero hace años viven en Marcos Paz, la del Vasco Arruabarrena. Pero los más famosos del barrio son ellos. Era Jorge, que volvía locos a todos los vecinos, y ahora son sus hijos. Que una pareja de mellizos lleve esos nombres no es habitual en el país más futbolero del mundo. Y mucho menos por estos días en que los Schelotto, los verdaderos Mellizos, pueden dejar atrás al rival más duro en la pelea grande y encaminarse a su primer título en el club. Ellos sí saben bien de qué se trata un superclásico. Infinidad de veces enfrentaron a River y casi siempre le ganaron. Gustavo, de hecho, está invicto en la Bombonera en tres partidos como jugador; y Guillermo sólo perdió dos en diez años de carrera. Juntos dirigieron cuatro: dos 0-0 y el triunfazo 4-2 en el Monumental. “Creemos que va a ganar Boca, tiene buenos jugadores”, se animan los mellizos Ibarra. ¿Será la voz de sus inconscientes?
YO DIGO
Viviana Gómez (mamá de los mellizos Ibarra): “La idea no me gustaba, pero…”
“Los chicos no son muy futboleros que digamos, pero saben que el deseo del padre fue que ellos llevaran los nombres de los Schelotto y están contentos con eso. Mi marido sí era fanático del club y se la pasaba mirando los partidos. Cuando me propuso ponerles Guillermo y Gustavo, la idea mucho no me gustó, me hizo renegar un poco, pero al final arreglamos que él elegía el primer nombre de los chicos y yo, el segundo. Así que a nuestros hijos los llamamos Guillermo Alejandro y Gustavo Javier. Hoy los dos son muy queridos en el barrio en el que vivimos, y los chicos que se les acercan siempre les tiran buena onda. Me encantaría que algún día puedan conocer a los Barros Schelotto. El problema es que vivimos lejos de la cancha, no somos socios del club, y se nos complica movernos hasta la cancha. Si alguna vez se da esa posibilidad sería una alegría enorme para ellos y para toda la familia. Ojalá Boca gane el clásico y terminemos todos felices. Les deseamos lo mejor a los mellis y que sepan que en Marcos Paz vamos a estar todos hinchando por ellos”.