Apurate! Subite a un bote o manoteá un salvavidas. En su defecto agarrate de donde puedas. River comenzó a hundirse en el recuerdo de lo que fue. Si bien es cierto que hace rato empezamos a hacer agua por todos lados, es ahora cuando queda en evidencia, con crudeza y sin supuestos, que aquel barco que supo ser el mas lujoso y codiciado del continente va en camino al fondo del abismo.
A diferencia del famoso transatlántico River no topó con un iceberg, sino con una morsa de prominente papada cuya colisión provocó irreparables daños al casco del barco. El capitán Mario nos condujo de manera temeraria a impactar de lleno contra el mamífero marino y el resultado fue trágico. El agua comenzó a inundar los compartimentos uno a uno …
La sala de máquinas, esa que había dado impulso por años y años al poderoso acorazado, sucumbió rápidamente. Esas máquinas que supieron ser el motor que dio origen a los Sívori, a los Labruna, a los Alonso, a los Ortega fueron las primeras en padecer las consecuencias del golpe. El capitán Mario solicitó de inmediato un reporte de los daños y que se procediera a la reparación de los mismos. “Disculpe Capitán, pero desde que Usted le dió salida al brasileño acá nadie entiende como manejar semejante maquinaria”, recibió como respuesta a su soberbia e impericia.
El agua no cedió y alcanzó el compartimento del prestigio y las buenas costumbres. Arrasó con todo a su paso, la gloria, las hazañas, la historia. No dejó nada en pie y convirtió la dignidad en mentiras, el orgullo en vergüenza y la honestidad en una quimera.
Al Capitán Mario no le importó demasiado que aquellas “nimiedades” se perdieran en el óceano ya que algunas de esas virtudes no cabían en su persona. Pero cuando el agua alcanzó las bóvedas del tesoro el semblante de Mario se trasnformó. Mientras los billetes flotaban y se perdían en el horizonte Mario le solicitó a unos marinos rusos que le dieran una mano para evitar que toda la carga se perdiera. Y asi fue que lo poco que quedaba en caja terminó en las bodegas del SS HAZ un carguero con destino a San Petersburgo.
El agua terminó por invadirlo y arruinarlo todo. Hoy ya no hay donde correr y el barco definitivamente apunta para el fondo. Ya no se trata solamente de un cuento, ni de fábulas, ni de presagios. Aquel crack sin precedentes llegó a la superficie y ya no se puede disimular. Las consecuencias hoy son palpables y visibles y mas duras que nunca. El comienzo del final ha dado inicio.
Pensándolo bien, no sería prudente ni subirse a un bote ni manotear un salvavidas sino agarrarnos fuerte de donde podamos y aferrarnos a la ilusión que de una manera u otra nuestro River, con trabajo, capacidad y esfuerzo, va a volver a flote. Asi es, aferrados a nuestro querido club mientras esperamos allá por Diciembre asistir a la huida de las ratas responsables de esta hecatombe en sus botes de goma. Dios quiera que se haga justicia y que antes de que alcancen tierra firme, se les pinchen los botes, se les desinflen los salvavidas, se les termine su impunidad y se hundan en la madre que los parió para terminar congelados y en el fondo de su propia escoria.