Alejandro Grimson nos acompaña en un debate recurrente:
“Lo que pudo ser y no fue, o fue y ya no es”
La Argentina estaba predestinada a la grandeza; debería haber sido Canadá o Australia. Agua, tierra fértil, montañas, bosques, petróleo: teníamos todo para ser los mejores, pero algo lo frustró definitivamente.
Ya sea por su tamaño, por la abundancia de recursos, por la variedad climática o por la distancia respecto de los trópicos, la Argentina debería haber sido como Canadá o Australia. Según algunos, no lo fue por la corrupción, por la clase dirigente o por el imperialismo. No falta quien lo vea al revés: si hubieran triunfado los ingleses, seríamos Canadá. ¡Qué error haberles arrojado aceite a aquellos muchachos que hablaban la lengua de Shakespeare!
Si a la variedad climática y los recursos se les suma la población que inmigró de Europa y un Estado fuerte…, ¿qué sucedió? Los parámetros de ese tipo son complicados, entre otras cosas porque los países que muchas veces se idealizan tienen otros problemas. No todo se reduce al PBI per cápita. Si se realiza una comparación histórica con Canadá, podrá verse que los gobiernos de ambos países tomaron decisiones opuestas hace poco más de un siglo en relación con tres temas importantes: los ferrocarriles (para integrar el vasto territorio del país o para integrar el país al mundo), la distribución de la tierra y la elección de una política proteccionista o librecambista. Canadá tenía, al igual que la Argentina, un territorio inmenso con escasa población. Pero la Argentina tenía dos ventajas: su clima era más favorable y las zonas productivas estaban más cerca de los puertos.
Sin embargo, Canadá tomó tres decisiones cruciales: construyó el ferrocarril de este a oeste, priorizando la integración interna antes que una salida directa hacia el puerto concentrado más cercano. También estableció una política de protección para su industria y entregó parcelas a quienes estuvieran dispuestos a trabajarlas y a volverse ciudadanos canadienses. La Argentina, en cambio, como detalla José Nun en la introducción a Debates de Mayo. Nación, cultura y política, priorizó, en el marco del modelo agroexportador, la construcción de ferrocarriles que permitieran llevar la producción hacia el puerto, no protegió su industria y mantuvo una alta concentración de la propiedad de la tierra. Estas diferencias nada tienen que ver con el ADN ni con nuestra raza. Son diferencias de formas de construcción política en un momento crucial de la historia.
“La culpa es de Perón”
Perón llegó al poder casi 70 años después de 1880, año en que comienza a forjarse la Argentina moderna. La base de Canadá en 1950, luego de la guerra, era mucho más propicia que la Argentina.
“La culpa es del imperialismo”
“Sin socios locales dispuestos a enriquecerse, el imperialismo sobre los territorios americanos es inviable”. Lord Palmerston, Primer Ministro británico durante el siglo XIX.
“La culpa es de la corrupción”
En Estados Unidos o Canadá los niveles de corrupción, durante el año 1900, eran similares a los de Argentina. En Brasil a partir de 1950, también. La corrupción daña el presente, pero los modelos económicos definen el futuro.
Argentina ya no debe pensar en soluciones de 1880 o 1950, porque se encuentra en 2016. Sí debe pensar en el freno que impide su desarrollo en aquellos tiempos y hoy, evitando los mitos o las frases hechas.