Dejo fragmentos de la edición del Clarín hoy que por lo menos dijeron algo…:
OPINION
La pena de ya no ser
Por: [EMAIL="mbertolotto@clarin.com"]Miguel Angel Bertolotto[/EMAIL]
“River siempre tuvo un Salvio y hoy no lo tiene”, refunfuñaba ayer, amargamente, un viejo trajinador de los pasillos del Monumental. El hombre, cincuentón, harto de darse un nuevo baño de realidad cada partido (cada sufrimiento, mejor dicho), supo de épocas de gloria y supo, más que nada, admirar a orfebres de la pelota, de esos que engrandecieron con goles, con gambetas y con atajadas la magnífica vida del club. Hoy, River envidia a los Salvio de los vecinos. Hoy, River sólo puede prenderle velas a Ortega y a Gallardo, con el reparo de físicos que ya pasaron largamente los treinta (contra Banfield se vio una certeza: si no hay una estructura equilibrada que los respalde, que ellos jueguen juntos se transforma en una misión sin réditos). Hoy, River se convierte en el hazmerreír de medio mundo por la contratación inexplicable de un Almeyda que estaba retirado. Hoy, River prueba futbolistas de segundo orden como si fuera un equipo amateur. Hoy, River dispone de una mayoría de jugadores a los que la camiseta les pesa diez toneladas --una afirmación que se hizo casi hasta la saturación en estas columnas–. Hoy, River está cerca de deglutirse a otro entrenador sin reconocer que el problema de fondo es muchísimo más profundo y que no se arregla cambiando de técnico como de camisa. Hoy, River se desangra por la pésima política de contrataciones de todos estos años. Hoy, River se da cuenta de que no puede aspirar a un título con un plantel que es menos, mucho menos, que los de los candidatos en serio. Hoy, River comprueba que no tiene dos delanteros como los uruguayos Silva y Fernández, sus verdugos del domingo en Banfield, para citar el caso más fresquito (y no se habla de Ronaldo ni de Kaká…).
Gorosito escuchó con paciencia que primero había que vender para luego comprar (se fue Falcao, ¿y?). Gorosito pidió refuerzos a los gritos y no le trajeron a ninguno de los elegidos. Gorosito se esperanzó en que al menos no partiera nadie más y la sangría continúa su curso. Gorosito se quedó con menos equipo del que tenía. Más allá de todos los errores que pudo haber cometido, Gorosito no calculó dos cosas: que llegó a uno de los peores River de la historia y que desde adentro mismo le iban a patear contra su propio arco…
“Nunca te perdonaría que te vayas antes de tiempo”. Con esa frase, el presidente de River, José María Aguilar, le dejó claro al técnico Néstor Gorosito qué esperaba de él. […] ¿Ya se fue Gorosito de River? No. Pero el entrenador casi asumió que si se van Augusto Fernández, Diego Buonanotte y Mateo Musacchio, o alguno de ellos, su decisión cambiaría porque sentiría que lo invitan a irse…
[…]
Gorosito se mueve en suelo pantanoso en todo sentido, entre jugadores, hinchas y dirigentes. Y lo sabe. Parece más desorientado que golpeado. Pero todavía confía en poder cambiar todo esto. Al hincha parece habérsele acabado la paciencia y, por más que acompaña al equipo, ya lo hizo notar en la derrota ante Banfield. No se la tomó con el DT sino con los jugadores. Pero el domingo que viene, ante Chacarita, el desarrollo del partido será clave. Hay jugadores que están molestos con algunas de sus decisiones. Jugadores sin autocrítica y sin peso específico, es cierto, pero molestos al fin, y eso en la convivencia pesa. Y la dirigencia lo mira mal en su mayoría.
Cuando Gorosito tuvo la primera reunión con Aguilar, en diciembre, cuando el puesto de entrenador estaba entre él y Omar Labruna, quedó claro que era el elegido por su perfil. Ni Ramón Díaz ni Américo Gallego hubieran aceptado este plantel con la condición, además, de que no iban a poder reforzar al equipo. Nadie se lo dijo. Pero a buen entendedor, pocas palabras. La sensación fue ésa. Por eso aprieta los dientes y apenas si protestó en público cuando no le llegaron los jugadores que pidió. La lista que dio en junio tenía nombres demasiado fuertes y de catorce jugadores apenas llegó uno: Nicolás Navarro, por quien en realidad ya había desistido.