La estatua del descenso.

Y sí viejo, es así. Hacerle una estatua a Matías Jesús Almeyda es legitimizar, para siempre, el recuerdo del descenso. Dejarlo en el patio de tu casa. Verlo y recordarlo. Cagarse de risa del pasado reciente y tenerlo siempre por delante, donde uno va. El mayor mérito de Almeyda para una estatua fue aquel derechazo que se desvío en un Defensor de la U De Chile y se convirtió en el gol con el que River accedió a la final de la Copa Libertadores de América 1996. Un aporte acorde a la historia de River. ¿El ascenso? Parece que olvidan, algunos, que esto es River.Nadie pone en tela de juicio que quienes llevaron adelante la idea de hacerle una estatua a Almeyda lo hacen por motivos legítimos. Por amor al Pelado Almeyda y no por algún interés oculto. Nadie dudaría de la buena fé de tres fanas de River y del oriundo de Azul. El tema es que haciéndole una estatua a Almeyda antes que a Angelito, Amadeo, el Beto, el Enzo, Ramón o el propio Ortega, River culmina su proceso de precarización futbolística.Almeyda volvió, retirado, a jugar en River. No volvió a dar una mano, volvió a ver que pasaba. Tuvo unos primeros seis meses fantásticos, que confundieron a la gente y vieron en él un héroe y un no un tipo que se había retirado de la actividad y vino a ver qué pasaba en la Primera de un River huérfano de referentes y escaso de fútbol. Cappa le había dicho que “peleaba por el puesto” y muchos hablaban de un Almeyda suplente. Su carácter lo volvió a poner en cancha.Se fue Cappa, llegó Jota Jota y el nivel de Almeyda seguía en franco descenso. Y terminaron de ser malos cuando -vaya paradoja- Carlos Sánchez por ese entonces en Godoy Cruz, lo terminó lesionando en la espalda en la 12va fecha del Torneo Clausura 2011. Almeyda debió haber salido del equipo, su físico, lo mejor que tenía, lo abandonaba.Pero siguió, creído en que era el referente de River. Algo alentado por sus compañeros y por la prensa que erigió en sus pelos largos y su historia de héroe épico, al ídolo de la masa riverplatense que cantaba “le demostramos lo que es en River en las malas”, debía idolatrar.Almeyda tuvo el punto cúlmine de su leyenda cuando, 0-2 en la Boca, se fue expulsado por agredirse con Clemente Rodríguez. Al salir de la cancha, el Pelado, que había tenido un pésimo partido, se besó la camiseta de cara a la “12″. Fue afiche, fue remera y fue bandera de aquellos no acostumbrados a ver a River peleando esas batallas. Esos a los que se les vendió la idea del “aguante” relegando al idea de la histórica de River.River, en su época más oscura, entró en una confusión. Empezó a aplaudir a Alexis Ferrero, los rechazos, los quites, el temple de Almeyda y a pensar “uhhh, Estudiantes, viene bien, partido díficil”. La mística, la escuela, el paladar fueron cambiados por una hinchada mucho más seguidora y fiel que exigente. Y así River se fue a la “B” y Almeyda fue emblema de ese cambio de paradigma. Involuntariamente, claro.No conforme con lo de La Bombonera, que se justificó dentro de la sangre caliente de un clásico, Almeyda volvió a “fallar” en un momento clave para River. En la ida de la Promoción, anteBelgrano, recibió la quinta amarilla. Así, dejó a Carlos Arano en su lugar. Y todos sabemos lo que pasó. Esa tarde el “aguante” no existió. El Hincha de River no toleró lo antinatural del descenso y reaccionó. Almeyda vio todo de afuera.El 27 de junio, con el cádaver todavía calentito, Jota Jota renunció a un cargo al que había renunciado muchísimo antes, cuando salió a empatar cobardemente ante Olimpo, en Bahía Blanca, y habló de “puntito inteligente”. Matías Almeyda tomó la posta. Sin más experiencia que sus ganas y su temple, y esa imagen-póster de ser el “gladiador de River”.Luego de 38 fechas, en las que el equipo no encontró una forma de juego y el DT demostró que no estaba a la altura del club, River ascendió. Lo hizo en la última fecha, gritando los goles deFerro y con David Trezeguet, Fernando Cavenaghi, Alejandro Domínguez y Leonardo Ponzio en cancha. Cuatro jugadores que, solos, valían más que un altísimo porcentaje de los planteles de la divisional.Superado por los nervios y la posibilidad de no volver a Primera, el River de Almeyda, en el tramo final de la BN, nunca jugó bien. Nunca. Apenas ante Instituto demostró lo que era ser River. Después registró empates insólitos, victorias agónicas y derrotas impensadas. Su camino fue un vía crucis y la inexperiencia y-malas- decisiones de su DT ayudaron. Y mucho. Para quien escribe esta columna, el paso de River por la BN fue un papelón. Un equipo así, con un plantel así, jamás debería haber sufrido lo que sufrió para volver.Almeyda, ese que ahora será estatua, cometió un horror apenas horas después de lograr el ascenso. Limpiar a Domínguez y Cavenaghi, artífices del éxito del equipo, con el agravante que lo hizo ante la prensa. Después se cortó el pelo en cámara y ensayó unas torpes disculpas. Belgrano de Córdoba, en la primera fecha del Torneo Inicial, ya en Primera, le hizo sentir el rigor. Lo venció en el Monumental.Los pobres planteos de Almeyda, su escasa rebeldía a la hora de meter cambios y el conocimiento que le faltaba se puso de manifiesto, con mayor intensidad, en la Primera División.No supo quebrar a San Lorenzo, no pasó de un tibio empate ante Colón, improvisó ante Newell’sy Racing bancos de suplentes sin defensores y -gracias a las lesiones- le costaron valiosos puntos y Vélez, directamente, lo paseó. Ante Boca empató un partido insólito y dijo “no festejo empates”. Ante Independiente empató un partido insólito y dijo “Este empate lo festejo”. Así fue Almeyda. Un manojo de ciclotimía, ganas, inexperiencia y proteccionismo mediático que casi dejó a River al borde de volver a la BN. Ese hombre, ese ídolo del “aguante” será estatua.Su frase final fue “está instalado que River juega mal”. Y se fue. Echado, renunciado, de común acuerdo. La cuestión es que Almeyda se fue de River. Los Almeydistas aseguran que el mérito del DT fue lograr el ascenso. Cierto. Tan cierto como que al lado de los 33 campeonatos, Dos Copas Libertadores, la Supercopa y la Intercontinental, ese “mérito” es minúsculo. Almeyda, como buen soldado Passarella -algo que él mismo dijo- ganó la batalla que tenía que ganar. Nada más.Nadie le quitará al Pelado el haber sido el técnico que devolvió a River a Primera. Nadie. Así como nadie quitará de los libros de historia que el capitán del River que se fue a la B Nacional también fue él. Pongamos, si quieren, que quedaron a mano River y Almeyda. ¿Una estatua?Los títulos de Angelito la merecen. Las manos de Amadeo la merecen. Los caños, lujos, gambeta y la exquisitez del Enzo la merecen. La pelota naranja del Beto y su indudable categoría y jerarquía la merecen. La picardía, el potrero y los goles de Orteguita la merecen. Ramón Díaz y sus títulos la merecen. Eso sería hacer una estatua a la altura de River.Una estatua a Almeyda es una estatua al River “de las malas” ese que se racinguizó, el que pensó que con llenar las tribunas y alentar ya estaba hecho. Eso no está mal, pero si es complemento de un equipo que juega y gana. Si en cambio es el último bastión al que aferrarse con un equipo a la deriva y un DT sin ideas, es peligroso. La línea es muy fina. Una cosa es el aguante, otra la complicidad. Y Almeyda fue un poco de esto y un poco de aquello.La estatua, el bronce, la eternidad, debería ser para los que ayudaron a River a ser cada vez más grande. Para Labruna, el máximo ídolo. Para Amadeo, ese que dijo “yo no festejaría el ascenso”. Es para el Beto, pese a sus declaraciones explosivas. Es para el Enzo, pese a que muchas veces mira a River de costado. Es para Orteguita, el último gran ídolo del club. Es para Ramón, el técnico más ganador del club. Incluso es para Leo Astrada, el jugador más campeón de la historia, campeón en Primera y quien llegó a dos semifinales de copa Libertadores de manera consecutiva….Hacerle una estatua a Almeyda es hacerle una estatua al peor momento del club, al descenso, a la página más negra en 111 años de historia. ¿Es necesario? No sólo que no lo es, sino que parece una cargada. Una autocargada, porque la misma estará en el Museo de River, dónde está reflejada la historia grande de River. Esa misma historia que hizo que lo que sucedió entre el 26 de junio de 2011 y el 23 de junio de 2012 no sea un motivo de una estatua, sino más bien de una vergüenza gigantesca, enorme, inmortal. Las mismas características de la estatua de Matías Almeyda.¿Quieren una estatua que recuerde el peor momento de la historia de River? Bueno, Sebastián Ereros mide 1,68… Sin sus goles a Rosario Central, capaz en lugar de una estatua a Almeyda había que prepararle una hoguera. Así es el fútbol. Pero este, este que el próximo sábado, a las 18 horas dejará inmortalizada la imagen de Almeyda en el Museo del club, sin ningún lugar a dudas no es River. O no es el River que yo conocí. Que se yo.

La estatua del descenso | Rock 'N Ball


No sé si tendria que estar en esta seccion de tribuna, pero me parece una excelente nota. Leanlá que vale la pena.

Y sí viejo, es así. Hacerle una estatua a Matías Jesús Almeyda es legitimizar, para siempre, el recuerdo del descenso. Dejarlo en el patio de tu casa. Verlo y recordarlo. Cagarse de risa del pasado reciente y tenerlo siempre por delante, donde uno va. El mayor mérito de Almeyda para una estatua fue aquel derechazo que se desvío en un Defensor de la U De Chile y se convirtió en el gol con el que River accedió a la final de la Copa Libertadores de América 1996. Un aporte acorde a la historia de River. ¿El ascenso? Parece que olvidan, algunos, que esto es River.Nadie pone en tela de juicio que quienes llevaron adelante la idea de hacerle una estatua a Almeyda lo hacen por motivos legítimos. Por amor al Pelado Almeyda y no por algún interés oculto. Nadie dudaría de la buena fé de tres fanas de River y del oriundo de Azul. El tema es que haciéndole una estatua a Almeyda antes que a Angelito, Amadeo, el Beto, el Enzo, Ramón o el propio Ortega, River culmina su proceso de precarización futbolística.Almeyda volvió, retirado, a jugar en River. No volvió a dar una mano, volvió a ver que pasaba. Tuvo unos primeros seis meses fantásticos, que confundieron a la gente y vieron en él un héroe y un no un tipo que se había retirado de la actividad y vino a ver qué pasaba en la Primera de un River huérfano de referentes y escaso de fútbol. Cappa le había dicho que “peleaba por el puesto” y muchos hablaban de un Almeyda suplente. Su carácter lo volvió a poner en cancha.Se fue Cappa, llegó Jota Jota y el nivel de Almeyda seguía en franco descenso. Y terminaron de ser malos cuando -vaya paradoja- Carlos Sánchez por ese entonces en Godoy Cruz, lo terminó lesionando en la espalda en la 12va fecha del Torneo Clausura 2011. Almeyda debió haber salido del equipo, su físico, lo mejor que tenía, lo abandonaba.Pero siguió, creído en que era el referente de River. Algo alentado por sus compañeros y por la prensa que erigió en sus pelos largos y su historia de héroe épico, al ídolo de la masa riverplatense que cantaba “le demostramos lo que es en River en las malas”, debía idolatrar.Almeyda tuvo el punto cúlmine de su leyenda cuando, 0-2 en la Boca, se fue expulsado por agredirse con Clemente Rodríguez. Al salir de la cancha, el Pelado, que había tenido un pésimo partido, se besó la camiseta de cara a la “12″. Fue afiche, fue remera y fue bandera de aquellos no acostumbrados a ver a River peleando esas batallas. Esos a los que se les vendió la idea del “aguante” relegando al idea de la histórica de River.River, en su época más oscura, entró en una confusión. Empezó a aplaudir a Alexis Ferrero, los rechazos, los quites, el temple de Almeyda y a pensar “uhhh, Estudiantes, viene bien, partido díficil”. La mística, la escuela, el paladar fueron cambiados por una hinchada mucho más seguidora y fiel que exigente. Y así River se fue a la “B” y Almeyda fue emblema de ese cambio de paradigma. Involuntariamente, claro.No conforme con lo de La Bombonera, que se justificó dentro de la sangre caliente de un clásico, Almeyda volvió a “fallar” en un momento clave para River. En la ida de la Promoción, anteBelgrano, recibió la quinta amarilla. Así, dejó a Carlos Arano en su lugar. Y todos sabemos lo que pasó. Esa tarde el “aguante” no existió. El Hincha de River no toleró lo antinatural del descenso y reaccionó. Almeyda vio todo de afuera.El 27 de junio, con el cádaver todavía calentito, Jota Jota renunció a un cargo al que había renunciado muchísimo antes, cuando salió a empatar cobardemente ante Olimpo, en Bahía Blanca, y habló de “puntito inteligente”. Matías Almeyda tomó la posta. Sin más experiencia que sus ganas y su temple, y esa imagen-póster de ser el “gladiador de River”.Luego de 38 fechas, en las que el equipo no encontró una forma de juego y el DT demostró que no estaba a la altura del club, River ascendió. Lo hizo en la última fecha, gritando los goles deFerro y con David Trezeguet, Fernando Cavenaghi, Alejandro Domínguez y Leonardo Ponzio en cancha. Cuatro jugadores que, solos, valían más que un altísimo porcentaje de los planteles de la divisional.Superado por los nervios y la posibilidad de no volver a Primera, el River de Almeyda, en el tramo final de la BN, nunca jugó bien. Nunca. Apenas ante Instituto demostró lo que era ser River. Después registró empates insólitos, victorias agónicas y derrotas impensadas. Su camino fue un vía crucis y la inexperiencia y-malas- decisiones de su DT ayudaron. Y mucho. Para quien escribe esta columna, el paso de River por la BN fue un papelón. Un equipo así, con un plantel así, jamás debería haber sufrido lo que sufrió para volver.Almeyda, ese que ahora será estatua, cometió un horror apenas horas después de lograr el ascenso. Limpiar a Domínguez y Cavenaghi, artífices del éxito del equipo, con el agravante que lo hizo ante la prensa. Después se cortó el pelo en cámara y ensayó unas torpes disculpas. Belgrano de Córdoba, en la primera fecha del Torneo Inicial, ya en Primera, le hizo sentir el rigor. Lo venció en el Monumental.Los pobres planteos de Almeyda, su escasa rebeldía a la hora de meter cambios y el conocimiento que le faltaba se puso de manifiesto, con mayor intensidad, en la Primera División.No supo quebrar a San Lorenzo, no pasó de un tibio empate ante Colón, improvisó ante Newell’sy Racing bancos de suplentes sin defensores y -gracias a las lesiones- le costaron valiosos puntos y Vélez, directamente, lo paseó. Ante Boca empató un partido insólito y dijo “no festejo empates”. Ante Independiente empató un partido insólito y dijo “Este empate lo festejo”. Así fue Almeyda. Un manojo de ciclotimía, ganas, inexperiencia y proteccionismo mediático que casi dejó a River al borde de volver a la BN. Ese hombre, ese ídolo del “aguante” será estatua.Su frase final fue “está instalado que River juega mal”. Y se fue. Echado, renunciado, de común acuerdo. La cuestión es que Almeyda se fue de River. Los Almeydistas aseguran que el mérito del DT fue lograr el ascenso. Cierto. Tan cierto como que al lado de los 33 campeonatos, Dos Copas Libertadores, la Supercopa y la Intercontinental, ese “mérito” es minúsculo. Almeyda, como buen soldado Passarella -algo que él mismo dijo- ganó la batalla que tenía que ganar. Nada más.Nadie le quitará al Pelado el haber sido el técnico que devolvió a River a Primera. Nadie. Así como nadie quitará de los libros de historia que el capitán del River que se fue a la B Nacional también fue él. Pongamos, si quieren, que quedaron a mano River y Almeyda. ¿Una estatua?Los títulos de Angelito la merecen. Las manos de Amadeo la merecen. Los caños, lujos, gambeta y la exquisitez del Enzo la merecen. La pelota naranja del Beto y su indudable categoría y jerarquía la merecen. La picardía, el potrero y los goles de Orteguita la merecen. Ramón Díaz y sus títulos la merecen. Eso sería hacer una estatua a la altura de River.Una estatua a Almeyda es una estatua al River “de las malas” ese que se racinguizó, el que pensó que con llenar las tribunas y alentar ya estaba hecho. Eso no está mal, pero si es complemento de un equipo que juega y gana. Si en cambio es el último bastión al que aferrarse con un equipo a la deriva y un DT sin ideas, es peligroso. La línea es muy fina. Una cosa es el aguante, otra la complicidad. Y Almeyda fue un poco de esto y un poco de aquello.La estatua, el bronce, la eternidad, debería ser para los que ayudaron a River a ser cada vez más grande. Para Labruna, el máximo ídolo. Para Amadeo, ese que dijo “yo no festejaría el ascenso”. Es para el Beto, pese a sus declaraciones explosivas. Es para el Enzo, pese a que muchas veces mira a River de costado. Es para Orteguita, el último gran ídolo del club. Es para Ramón, el técnico más ganador del club. Incluso es para Leo Astrada, el jugador más campeón de la historia, campeón en Primera y quien llegó a dos semifinales de copa Libertadores de manera consecutiva….Hacerle una estatua a Almeyda es hacerle una estatua al peor momento del club, al descenso, a la página más negra en 111 años de historia. ¿Es necesario? No sólo que no lo es, sino que parece una cargada. Una autocargada, porque la misma estará en el Museo de River, dónde está reflejada la historia grande de River. Esa misma historia que hizo que lo que sucedió entre el 26 de junio de 2011 y el 23 de junio de 2012 no sea un motivo de una estatua, sino más bien de una vergüenza gigantesca, enorme, inmortal. Las mismas características de la estatua de Matías Almeyda.¿Quieren una estatua que recuerde el peor momento de la historia de River? Bueno, Sebastián Ereros mide 1,68… Sin sus goles a Rosario Central, capaz en lugar de una estatua a Almeyda había que prepararle una hoguera. Así es el fútbol. Pero este, este que el próximo sábado, a las 18 horas dejará inmortalizada la imagen de Almeyda en el Museo del club, sin ningún lugar a dudas no es River. O no es el River que yo conocí. Que se yo.

La estatua del descenso | Rock 'N Ball


No sé si tendria que estar en esta seccion de tribuna, pero me parece una excelente nota. Leanlá que vale la pena.

ya la postearon en el thread de la estatua me parece.

Si en varias notas, pero como comentario no como tema, sea como sea la nota es excelente y mientras mas gente la vea y lea mejor.

Saludos.

PD: vuelvo a decir lo mismo que antes, la nota es EXCELENTE!!!

Excelente nota…1000 verdades relata.

Totalmente cierto…
Es vergonsozo esto

No estoy de acuerdo.
Nos fuimos al descenso por causas ajenas a Almeyda. Quizás uno puede relacionar a Matías con ese hecho bochornoso porque nos dirigió en la B, y ahí puedo llegar a darte la razón, pero el título es muy fuerte para mi gusto.
Desde ya esa estatua nunca debería haberse hecho porque hay mil tipos que la merecen mas a mi entender.
Además me parece tendenciosa la nota.

Excelente la nota.

La nota dice todo lo que pienso, hacia rato que no me pasaba eso.