PALPITANDO EL RIVER-BOCA
Super yo
Un hincha saltó a bancarlo y Passarella le transmitió su confianza indestructible: “El domingo vamos a ganar”, le dijo. El Kaiser sabe qué se juega en el superclásico.
[b]Daniel, te banco a muerte!
—No te preocupes, el domingo vamos a ganar… [/b]
Tan ávido por verlo estaba, que el hincha apoyó sus muletas contra una pared cercana al estacionamiento descubierto del Monumental, vio asomar desde el hall la figura de un presuroso Daniel Passarella y le gritó lo primero que le salió.
Poco habitual para sus oídos, el DT no escuchó un reproche. Tampoco un insulto, como los que soportó durante gran parte de la revancha ante Botafogo o al final de la goleada ante Argentinos. Esa muestra de apoyo fue tan sorpresiva para él que no dudó en desempolvar una respuesta contundentemente optimista. “El domingo vamos a ganar”, vaticinó el Kaiser a sólo 72 horas de un superclásico que puede resultar clave para su continuidad. Un Kaiser distendido y sonriente como ajeno a la sensación térmica que se percibe en Núñez respecto de su futuro inmediato.
Campera azul, remera blanca, jeans italianos, el humor de Passarella no se vio agrietado por los permanentes cuestionamientos. Su mirada no reflejó angustia por el mal funcionamiento del equipo. El Kaiser, 16 puntos en el torneo igual que Vélez, no dio señales de saturación por la falta de resultados como hizo Ricardo La Volpe en Liniers. Ni siquiera pareció agobiado por los debates que genera su continuidad en las oficinas del Monumental. La realidad, para el entrenador de River, se mide por otros parámetros.
Puertas para afuera, Daniel Alberto no se siente esquilmado: al contrario, se muestra robustecido y relajado. Con el cruce ante Boca ya encima de su cara, el técnico intenta mantenerse impermeable, al punto que se anima a prometer una victoria. A pesar de que los jugadores que se entrenaron en el Monumental, a diferencia de los que estuvieron en Ezeiza, sorprendentemente no quisieron hablar del superclásico. A pesar de que él tampoco dio indicios de que vaya a desarrollar un discurso hoy tras la práctica a puertas bien cerradas. A pesar de que sus detractores ya sondearon al Cholo Simeone como un eventual reemplazante por si se detona el peor de los escenarios, la mayor de las crisis o el más rabioso hall post superclásico, él ni se inmuta.
¿Qué postura tomaron los jugadores, sus jugadores, en este contexto? “El plazo que se impuso el entrenador es una cuestión suya que nosotros respetamos como respetamos al público aunque a veces no estemos de acuerdo. Hay que dejar que las cosas pasen y no hablar sobre lo que va a pasar. Con los hechos es más fácil hacer una crítica. Hoy te puedo decir que el entrenador dejó muy claros sus puntos y que estamos lejos de diciembre”, analizó Mauro Rosales casi con la certeza de que tendrá DT hasta fin de año, independientemente de lo que suceda contra Boca. “Tenemos que hacer autocrítica puertas adentro y pensar bien por qué cometemos errores, pero no debemos entrar en la desesperación porque es peor”, se sumó, con el mismo tenor, Augusto Fernández.
Pero, ¿cuál es la realidad que se vive dentro del vestuario? Ante tanta incertidumbre, el ambiente está enrarecido. Todo el plantel es consciente de que las secuelas de una derrota contra Boca podrían generar una onda expansiva tan potente como para hacer trastabillar al entrenador. Y que, en ese caso, los directivos intentarán acelerar la sucesión más allá del porvenir de River en la Sudamericana. “Passarella cree que puede dar vuelta la situación”, confió un directivo cercano al vestuario.
Hoy, el hombre que más confía en sí mismo aún suma el respaldo del presidente José María Aguilar pero no el apoyo del resto de los directivos. Hoy también, el DT logra matizar los gritos en su contra luego de las remontadas contra Botafogo y Central y cuenta con el sugestivo silencio de la barra brava. Por eso, en su andar acompasado junto a sus colaboradores, el Kaiser no sólo evita las señales de flaqueza sino que, al mismo tiempo, se atreve a augurar un resultado, casi un deseo, resumido en un auspicioso “el domingo vamos a ganar…”.
Cueste lo que cueste.