Gente aca les dejo la nota que Ole le hizo a Canales. Me parece que este tipo tiene exceso de confianza, espero que lo pueda transmitir a la cancha y que no sea otro jugador no apto para River.
“Me dicen Mágico, pero no sé si es para tanto”
-¿No hay miedos?
-No. River es un club gigante, con una gran exigencia, pero estoy preparado. Es el sueño de mi vida.
-¿Qué vas a encontrar?
-Me cuesta imaginarme lo que será ese vestuario. Y estar con jugadores como Ortega, Gallardo y Almeyda, ídolos populares.
-¿Te sorprendió que River te buscara?
-Me parece que lo que hice el año pasado fue importante. Metí muchos goles y sé que desperté el interés de varios clubes.
-¿Cómo te definirías?
-Soy un delantero al que le gusta mucho el área. Intento aprovechar mi altura (mide 1,88 metro) y, si bien trato de ser un referente de área, también busco darles opciones a mis compañeros tirándome atrás.
-Técnica tenés, jugaste mucho de enganche…
-Sí, hice todas las Inferiores como volante ofensivo. Pero prefiero estar ahí adelante, cerca del gol.
-¿Con qué delantero te compararías?
-Con ninguno, me da vergüenza compararme con los monstruos que se me vienen a la cabeza, ja, ja.
-¿Pero tenés referentes?
-Siempre me gustó el Beto Acosta. Me encantaba cómo definía. Lástima que jugó en Boca.
-Bueno, podés ser el Beto Canales de River…
-Nooo. En Chile me dicen Mágico, pero no sé si es para tanto. Yo prefiero que me digan Gustavo, como hacen en mi familia.
Segundo de seis hermanos, Canales cuenta que no tiene antecedentes futboleros en la familia. Miguel, su papá, es taxista, e Irene, su mamá, trabaja como embaladora de manzanas, el mismo oficio al que el flamante refuerzo de River le puso las manos cuando dejó el fútbol durante seis años. “Había quedado a prueba en Gimnasia de La Plata, pero vivía en la pensión y la soledad me mató. Tenía 17 años, me volví a General Roca, largué todo y mi vieja me metió. Pero era muy duro. Y también dejé”, recuerda. Pero el ocio tuvo un límite. “Me había casado, había nacido Sofía, mi primera hija (después llegaría Tania) y era indispensable ganarme la vida. Y como la pelota era lo que más me gustaba, probé otra vez”. A esa altura, el rionegrino ya era “grande”: tenía 22 años. Pero no se equivocó. Tras romperla con el Deportivo Roca en el Argentino B, llegó el pase a Cipolletti, después el salto a Aldosivi para probarse en la B Nacional, una escala en Almirante Brown de Madryn y el pase al exterior. “Apareció La Serena y fue un click. No fue fácil. Sobre todo convencer a Patricia, mi mujer. Pero me hizo la gamba y fue un acierto”, cuenta. Un acierto tan grande que, siempre con sus goles, se hizo un nombre en Chile, pisó fuerte en Colombia (a préstamo en Once Caldas), se consolidó en Unión Española y hoy abrió “la puerta más grande de mi vida”.
-¿Y ya no tuviste que convencer a tu mujer?
-No. Ella es re gallina y apenas se enteró de lo de River me empezó a meter presión para que firmara.
-Te quiere ver jugar en el Monumental.
-Sí, está como loca. Es más, el Monumental lo conocí cuando la llevé a ella a ver un River-Huracán de Tres Arroyos, hace como cinco años.
-Va a ser exigente con vos, entonces…
-Ni hablar. Pero yo creo a muerte en mis condiciones. Estoy convencido de que puedo rendir bien.
-¿No tenés miedo de ser un nuevo Fabbiani?
-No soy quién para opinar de él. Yo tengo confianza.
-¿Y no te intimida el nivel del pibe Funes Mori?
-No. Es un crack. Hacía rato que no veía a un jugador con tan pocos minutos en Primera y que se muestre tan suelto.
-¿Apostás por River?
-Seguro. Vi los dos superclásicos y jugando así, va a ser muy difícil que River no pelee el título.
-¿Y con vos como el goleador del equipo?
-Ojalá. Sé que me van a pedir goles. Y la responsabilidad no me pesa. Espero que pueda meter muchísimos goles.
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