Reseña tema por tema del nuevo disco de Iron Maiden
1- “If Eternity Should Fail” (Bruce Dickinson) 8:28
Comienzo atmosférico, cercano al Medio Oriente, con Bruce Dickinson cantando en soledad. Es un recurso similar al que usaron para “Seventh Son of the Seventh Son” pero que en lugar de explotar, desemboca en un riff marchoso típico de la etapa post 2000 del grupo. La banda entra en su conjunto al 1’30’’ y sorprende con un primer gran estribillo que, por suerte, no es una repetición del título del tema una y otra vez. A partir de ahí, Maiden despliega todo su arsenal y acelera como en sus mejores épocas. Hay riffs arabescos, duelos de violas y en ningún momento te das cuenta que dura casi 9 minutos. El cierre incluye unas violas acústicas deliciosas, mientras que Bruce relata de manera distorsionada “I am the Harvester of Souls”, en un final que recuerda a su obra solista. ¡TE-MA-ZO! que poco tiene que ver con otros temas con los cuales la banda decidió arrancar sus discos post 2000.
2 – “Speed of Light” (Adrian Smith, Dickinson) 5:01
Estrenado hace algunos días, el primer single del disco deja en evidencia que, más allá de su faraónica duración, “The Book of Souls” trae de vuelta varios momentos del Maiden más directo y agresivo que escuchamos en años. Comienzo con cencerro hardrockero y un riff duro y pegadizo son las primeras impresiones. El estribillo podría ser más ganchero, sí, pero al escuchar la totalidad del disco sale a la luz la otra constante: este es un álbum para digerir de a poco.
3– “The Great Unknown” (Smith, Steve Harris) 6:37
La primera participación de Steve Harris lo encuentra dando el puntapié inicial a una canción en la que las guitarras y la voz de Bruce se suman para crear un clima muy cercano al que la banda mostró en “A Matter of Life and Death”. Después de una intro relativamente larga, aparece el resto de la banda, manteniendo un medio tiempo que solo levanta velocidad en un estribillo que pareciera no terminar de explotar. Las guitarras gemelas hacen su aparición estelar, Nicko marca 3 y vuelven al riff iniciar para terminar en un final que aparece de golpe, con un Bruce que vuelve a recitar.
4 – “The Red and the Black” (Harris) 13:33
Uno de los primeros monstruos del disco 1, “The Red and the Black” empieza con Harris de nuevo casi en solitario, esta vez intentando una especie de flamenco con un parentesco lejano a “Phantom of the Opera”. Pasado el primer minuto, las guitarras dibujan un riff danzarín que es seguido por la voz de Bruce y nos transporta a una mezcla entre “Dance of Death” (el tema) y la histórica “Rime of the Ancient Mariner”. El estribillo trae el primer “uoh uoh uoh”, que guarda un aire bastante cercano al de “Dreams of Mirror”. Es fija que esta la tocan en vivo. Mientras Dickinson grita “Somebody save me!”, las guitarras toman protagonismo con una melodía heroica que da paso a los solos reglamentarios. Cuando da la sensación de que la canción termina, la banda vuelve a arrancar y pasarán casi 5 minutos hasta que volvamos a escuchar a Bruce. A pesar de los largos pasajes instrumentales, en “The Red and the Black” se nota la impronta 100% Harris (esa que, del 2000 para acá dejó “No More Lies”), y para cuando vuelve la cabalgata guitarrera, queda en evidencia que el bajista recuperó cierta energía que desaparecía en los momentos más intrincados de “The Final Frontier”. Al minuto 12’30’’ vuelven los “uoh uoh uoh” y los riffs raros/flamencosos del comienzo. Si duraba 5 minutos menos, era un golazo.
5- “When the River Runs Deep” (Smith, Harris) 5:52
Este va directo a los golpes, típico arranque maideniano. Pura guitarra y velocidad para terminar en un estribo a medio tiempo que recuerda mucho al material de los ingleses durante la década del 80. Solo bastante logrado, muy bueno que tiene que ver más con los típicos solos de Dave Murray. “Take my chances, stand by my side” canta Bruce y una melodía deudora de los teclados del comienzo de “Moonchild” cierra otra de las grandes canciones del primer disco.
6- “The Book of Souls” (Janick Gers, Harris) 10:27
Se escucha una guitarra acústica que nos devuelve la oscuridad de “A Matter…”. A los 55’’ entra la banda con con un riff arabesco similar a “The Nomad”, aquél tema de “Brave New World”. Nuevamente un medio tiempo épico, “The Book of Souls” hace referencia a la época azteca y se lo escucha a Dickinson cantar cosas como “Sacrifice… food for the gods” o “The book of souls, the power of the kings” sobre un riff armonizado que hace de puente para un nuevo corte y que la banda retome a toda velocidad para los solos, al minuto 6. Para el final, otra melodía familiar (esta vez la de “Montsegur”) deja al vocalista cantando solo frente a unas acústicas que regresan y se mezclan con una extraña flauta. Gran final para el disco 1.
DISCO 2
1 – “Death or Glory” (Smith, Dickinson) 5:13
La 2da parte de “The Book of Souls” abre con una canción que, nuevamente recuerda al material solista de Dickinson. Nada raro si tenemos en cuenta que Adrian Smith es parte de la composición. Un track galopante que muestra la efectividad de la dupla, deja en el haber un solo bastante rockero. El tema termina y deja un aroma a “The Fallen Angel”, aquel temón de “Brave New World”.
2 – “Shadows of the Valley” (Gers, Harris) 7:32
Dos palabras: “WASTED YEARS”. Aunque cuenta con unos evidentes minutos de más, esta reinterpretación ala “Brave New World” de aquél clasicazo de “Somewhere in Time” muestra a un Maiden que va a delante con el oficio como su mejor arma. Cabalgatas, armonías de guitarra, el regreso de los “uoh uoh uoh” y una banda que retoma la melodía principal antes del solo, convierte a “Shadows…” en una canción más efectiva que otra cosa, debido –principalmente- a que parecieran sobrarle 3 minutos a la canción.
3 – “Tears of a Clown” (Smith, Harris) 4:59
La canción más corta de “The Book of Souls” es, paradójicamente, una de las más raras. Con un riff netamente prog y algo trabadito (por suerte no es Messhuggah) que deja al bajo de Steve Harris latiendo solo durante las estrofas, en “Tears…” se escucha a Dickinson cantando “Tomorrow comes, tomorrow goes” antes de entonar varias veces el título de la canción. Un solo de guitarra que se divide en dos: una primera parte con wah-wah y pocas notas, para dejar lugar a otro solo más tradicional. “Tears…” llama la atención pero no desencaja, y Bruce vuelve a jugar con un estribillo que no termina de cerrar hasta el final.
4 – “The Man of Sorrows” (Dave Murray, Harris) 6:28
¡EMOCIÓN TOTAL! La canción que pintaba como un choreo de la “Man of Sorrows” original de Dickinson tiene además, una intro que parece la de “Into the Coven” de Mercyful Fate. En este anteúltimo track, Dickinson toma un protagonismo que no dejará hasta el final, y entre sintetizadores y pasajes circa 1988, nuevamente nos recuerda a las aventuras solistas del genial petiso. El solo también es emotivo, ideal para tararear cuando vengan a presentar el disco. Otro gran momento del álbum.
5 – “Empire of the Clouds” (Dickinson) 18:01
La canción que todos esperábamos escuchar es, en una primera impresión, todo menos una canción. Con Bruce Dickinson al mando del piano (más unas cuerdas que acompañan de fondo), “Empire of the Clouds” suena nostálgica y triste; casi baladística y sin dudas toda una novedad para el espectro compositivo de la doncella. Nicko McBrain lleva un ritmo militar (tomen como parámetro, “I’m Your God Now” de Machine Head), las guitarras aparecen en pinceladas y el vocalista y su piano siguen adelante empapados en violines y orquestaciones. Todo suena como un gran soundtrack, y habrá que esperar hasta la mitad de la canción para escuchar algo similar a Iron Maiden. Sin embargo, este tono operístico le sienta excelente a Dickinson, quien a pesar de no dejar un estribillo claro, emociona. A los 7 minutos, el primer quiebre deja un riff de guitarra que, además de parecer un ejercicio de digitación, ganará más y más velocidad. A los 9 llegan la cabalgata maideneana, los solos y Harris se carga el equipo al hombro. El resto del track oscila entre riffs progresivos, un interludio tenebroso/dramático y un cierre que vuelve al comienzo y deja a Bruce diciendo “The Empire of the Clouds may rest in peace”, con el piano nuevamente acompañando la despedida.
En conclusión, “The Book of Souls” muestra a un grupo influenciado por su propia carrera que recuperó algunos momentos de energía que escaseaban en sus trabajos anteriores y hoy suenan refrescantes al punto de poder sostener un disco que, a priori, daba miedo por su extensión. Bruce Dickinson es, sin dudas, la figura, y su participación compositiva eclipsa incluso a un Steve Harris que prefiere quedarse en segundo plano. Si bien los vicios autoindulgentes siguen estando en cantidades considerables (no hay dudas que el disco podría durar varios minutos menos), el resultado es positivo y cada nueva escucha puede convertir a “The Book of Souls” en uno de los trabajos más sólidos e interesantes de los ingleses desde que volvieron a recuperar a su hijo pródigo.