El día que fue Pipo Cholosito
Como nunca, el River de Gorosito se pareció al de Simeone: terminó con un enganche y cuatro puntas. Eso sí, no por eso generó más peligro.
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EL DT SE VA CON GESTO DE PREOCUPACIÓN, EL MISMO QUE ENSEÑAN GALLARDO, CABRAL, FABBIANI Y TODOS LOS MUCHACHOS.
Y un día Néstor Gorosito tenía que arriesgar. Fue el día que su River se pareció al de Diego Simeone. Digamos, el día que fue Pipo Cholosito.
Hasta anoche, los cambios durante la era Gorosito venían siendo, en su gran mayoría, pieza por pieza. Como mucho, un Gallardo por Abelairas, un Rosales por Augusto Fernández, nada que se saliera del molde. Pero ante Nacional el técnico sintió que se le quemaban los rulos. Y su manotazo al banco buscó a todos los delanteros que disponía. Primero le volvió a dar pista a Rosales (en lugar de Villagra), luego se la jugó por Gustavo Fernández (reemplazó a Barrado) y, así, el esquema pasó del clásico 4-3-1-2 al 3-2-1-4.
Como solía hacer Simeone cuando su equipo no le encontraba la vuelta al arco rival, Gorosito eligió poblar la cancha de atacantes. Serán atacantes, sí, pero a partir de ese momento River no atacó más. Se descompensó por completo.
A los 18’ del segundo tiempo ingresó Mauro y lo único que cosechó fueron silbidos. A los 30’ entró el Tortuga y lo primero que vino fue un mano a mano que desperdició Lodeiro, seguido de un zurdazo al palo del a posteriori confeso hincha de River.
En definitiva, sumar delanteros no es lo mismo que sumar chances de gol. Pero hay momentos en los que la coherencia táctica queda a un lado. Por estilo, Gorosito jamás empezará un partido con el dibujo que terminó anoche. De hecho, supo mostrar reticencia para juntar a Buonanotte con Gallardo y cada vez que se le menciona un posible póker ofensivo, sumando a Falcao y Fabbiani, aclara que lo más importante es no quedar desequilibrado. Y su River lo está. En todo sentido.