Si hay un jugador que despierta todas mis pasiones futbolísticas es Ariel A. Ortega. Lo admiro, me deslumbra y creo que es gloria por todo lo que hizo.
Pero hay una realidad, lamentablemente su adicción hizo en él estragos, no sólo físicos sino también psíquicos.
Esta dirigencia de mierda juega con Ortega, con esa ansiedad de él de querer jugar siempre para aplacar fieras. Pero le hacen daño
Hoy Ortega entró y cumplió. Hoy, pero mañana no sabemos. Ortega no está bien y a esta altura, si River aprecia lo que el ídolo hizo, lo mejor es apartarlo de este ambiente cada vez más sucio.
Que más me gustaría a mí que el burrito se retire como el Enzo o como el Beto, pero su enfermedad le quitó esa posibilidad
No soy veleta, menos con Ortega a quien amo como a ningún otro jugador. Me duele sí ver opiniones que lo defenestran desde el adjetivo despectivo y la falta de reconocimiento a lo que él fue.
Su impronta en River ya está, y es imborrable. A mí me gustaría que en vez de ponerlo en partidos jodidos (el de hoy lo fue, no por el rival sino por todo el contexto), la gente de River lo ayude a darse cuenta que su mejor triunfo es la recuperación personal.
Ortega es un grande, lo demostró durante su carrera, tiene la gloria dentro de la cancha. Ahora, como hincha y como fan de este hombre gigante, quiero que alcance su gloria en su vida personal, con su familia, con sus hijos, con lo que te sostiene y dignifica cuando las pompas se diluyen y los fuegos de artificio se apagan.