Pobre Orteguita. Tenía que volver y volvió, nomás. El drama de su vida actual estriba en que los mismos que lo ayudan para que se cure de su alcoholismo son los que lo necesitan para que siga jugando en la primera de River y facturando. Si de veras lo ayudan, entonces no facturaría. No facturaría para su club y, se entiende, tampoco para sus representantes, para la televisión y para todo el viento en popa de ese negocio que remunera al pobre Ortega a cambio de estrujarlo como a un limón algo fuera de sazón, pero con algunas gotas de jugo todavía dentro.
¿Cuánto durará la intermitencia patética de sus curas abstémicas y de sus reapariciones ávidas de dinero y flashes? Que alguien lo diga: durará tanto como lo que su organismo resista. Su hígado, sus piernas y su carisma aún no marchito retienen para él, hasta ahora, el centro de jugador más facturador de un club que contó a sus ídolos de a cientos y hoy, que ya no cuenta a ninguno, los recicla.
Volvió Ortega y River volvió a perder. No importa. La gente coreó su nombre con lágrimas en los ojos, en parte convencida de que es un ídolo y en parte convencida de que si todos los medios dicen que es un ídolo, debe serlo. Reapareció en medio de los flashes, con su pesadilla a cuestas, intacta y galopante.
Pobre Orteguita. Tenía que volver y volvió, nomás. El drama de su vida actual estriba en que los mismos que lo ayudan para que se cure de su alcoholismo son los que lo necesitan para que siga jugando en la primera de River y facturando. Si de veras lo ayudan, entonces no facturaría. No facturaría para su club y, se entiende, tampoco para sus representantes, para la televisión y para todo el viento en popa de ese negocio que remunera al pobre Ortega a cambio de estrujarlo como a un limón algo fuera de sazón, pero con algunas gotas de jugo todavía dentro.
¿Cuánto durará la intermitencia patética de sus curas abstémicas y de sus reapariciones ávidas de dinero y flashes? Que alguien lo diga: durará tanto como lo que su organismo resista. Su hígado, sus piernas y su carisma aún no marchito retienen para él, hasta ahora, el centro de jugador más facturador de un club que contó a sus ídolos de a cientos y hoy, que ya no cuenta a ninguno, los recicla.
Volvió Ortega y River volvió a perder. No importa. La gente coreó su nombre con lágrimas en los ojos, en parte convencida de que es un ídolo y en parte convencida de que si todos los medios dicen que es un ídolo, debe serlo. Reapareció en medio de los flashes, con su pesadilla a cuestas, intacta y galopante.
A mí sí me importa y mucho, ¿o acaso a esta altura vamos a poner en la balanza los 3 puntos comparados con su aparición? Hoy ni pienso en Ortega, que le vaya bien y se recupere pero ni siquiera con River ganando 4 a 0 y jugando al tiki tiki me sacan un aplauso estos jugadores. Saludos.