Boca, un club que se volvió demasiado caliente
Internas en el primer equipo, diferencias entre jugadores y dirigentes. Cada vez más lejos de la lucha por el título, la entidad auriazul se volvió una verdadera caldera que hasta el propio Diego Maradona se encarga de alimentar
“Este no es el Boca que todos queremos”, disparó Diego Maradona cuando se le consultó sobre el presente del equipo, que después de la derrota en el superclásico, por 2 a 0, pareció no poder levantarse. Ese encuentro ante River fue el que desnudó la actualidad del plantel, pues desde entonces salieron a la luz no sólo las internas entre los jugadores, sino que con el correr de los días, también se dirimieron públicamente los enfrentamientos políticos.
¿Cómo se hace para manejar con buena muñeca a uno de los clubes más importantes del mundo? ¿Y cómo se hace, sobre todo, cuando las cosas no están bien?
Esa es la pregunta que no sólo los actuales dirigentes xeneizes deberán estar haciéndose, sino también el propio Miguel Ángel Russo, a quien muchos no ven en el cargo más allá de diciembre.
Los ecos de los tiempos de Carlos Bianchi, esos dorados 90 y comienzos de esta década, fueron alimentados por Alfio Basile pero el paso del tiempo va convirtiendo aquella gloria en recuerdo. Russo no le encuentra la vuelta y los jugadores, sin Juan Román Riquelme como compañero, tampoco.
El último frente de combate en la institución se dio en el terreno político entre el actual presidente, Mauricio Macri, y el candidato oficialista y actual vice, Pedro Pompilio.
El propio Macri dijo que se trataba de discusiones normales en tiempos de elecciones y reconoció que se originaron en el seno de la AFA, lo que deja traslucir que no sólo se trata de algo interno.
La decisión de no apoyar a Julio Grondona en su continuidad al frente de la AFA motivó el enojo de Pompilio, pero a la vez se habla de diferencias entre ambos directivos ante el armado de listas.
En lo futbolístico
El panorama en cuanto a lo que sólo tiene que ver con lo futbolístico no es alentador. Alejado de la lucha por la pelea del título en el Apertura, sólo queda el sueño de Japón. Pero la ausencia de Juan Román Riquelme influyó más de lo que cualquiera podría haber esperado y hoy el equipo no tiene conductor.
La paciencia de los hinchas para con el entrenador, Miguel Ángel Russo, parece haberse agotado y encima los resultados no acompañan.
El equipo no juega bien y ni aparece el reemplazante de Riquelme. Todos los condimentos se juntaron a los fines de hacer que el técnico pierda confianza.
Se dice que su ciclo está terminado y no es descabellado pensar que con las elecciones los cambios también llegarán al banco de los suplentes.
Russo puede jactarse de títulos, como el de la Libertadores, pero no puede defenderse por su presente y, se sabe, de recuerdos no se puede vivir.
Pero como si fuera poco, sus diferencias con el plantel se han hecho evidentes y obviamente esto juega en conta del propio entrenador.
Hasta el cansancio repitió Russo su frase: “En Boca hay que dar examen con cada partido”. Pero este concepto no alcanza para calmar los ánimos de unos hinchas que ver cómo el paso del tiempo va dejando en el baúl de los recuerdos los buenos tiempos de Bianchi y Basile.