Aquel Didí sí que era un Cappa
Por FERNANDO PACINI
El River de hoy, como aquel del 71, también aspira al título. Aunque no está claro si por la obligación histórica de pensar en grande o para aventar los fantasmas de la promoción y el descenso. En cualquier caso, precisa una buena campaña, independientemente del huevo o la gallina.
Aquel River, como el actual, también atravesaba un momento crítico. Nadie imaginaba que faltaba un tiempo para terminar con esa maldición de dieciocho años. Sin embargo, Didí tomó una decisión poco frecuente para alguien obligado a salir campeón: renovó el plantel descartando experiencia y llenándolo de juventud. Los nombres de J. J. López, Morete y Alonso empezaron a sonar cada domingo y a instalarse definitivamente.
Hoy, Cappa diseña el plantel haciendo base en el oficio de jugadores con mil batallas, pero también volviendo la vista hacia las divisiones inferiores. Ni aquello de que “los pibes ganan partidos y los grandes campeonatos”, ni “todos los jovencitos” de Didí. Una mezcla, un punto de equilibrio entre juveniles y experimentados.
Carlos Manuel Morete no ahorra elogios para Didí: “hizo una revolución: renovó el plantel por completo, trajo un montón de chicos. Fue uno de los técnicos más simples que tuve. Nada de pizarrón, todo sencillo, sin misterios”, dice. “También es cierto que nos comimos algunas goleadas… Nos faltaba experiencia”, agrega.
Cappa no descarta pizarrones ni veteranos; a ellos los considera líderes. Almeyda arrancó la pretemporada sabiéndose suplente, pero un par de partidos después ya había convencido al entrenador. Ortega, dicen, está en forma y entusiasmado. Carrizo (joven veterano) declara maravillas de la convivencia grupal. Arano, Ferrero, Pavone…
Posiblemente Cappa haya buscado tres cosas en el plantel: armonía, oficio y juventud. Y entones confirma a Funes Mori, empiezan a ser titulares Affrancino, Pereyra, Lanzini… Si el clima es conveniente, probablemente aparezcan nuevos apellidos en el curso del año.
Alguna vez Florentino Pérez resumió en una frase la filosofía que quería para su Real Madrid en épocas galácticas: “Zidanes y Pavones”, dijo, para explicar que sólo jugarían los mejores y los de la cantera. Passarella y Cappa podrían decir ahora “Almeydas y Affrancinos”, si estuvieran buscando un buen slogan para definir a este River.
En una breve conversación, Cappa me dice: “lo primero que uno pretende en un plantel son buenos jugadores. Si luego hay una buena combinación de juventud, madurez y armonía dentro y fuera de la cancha, mucho mejor”. Y agrega que está “muy conforme con su plantel, que hay líderes positivos, mucha generosidad y compromiso”.
Después hablamos del juego, de cómo convencer a los jugadores de que el toque y la posesión son elementos imprescindibles para producir ataques de mejor calidad: “lo van descubriendo en los partidos, los jugadores comprueban que es mucho más sencillo disponer del balón. El ataque vertical no existe, eso sí que es una abstracción. Si uno quiere entrar directamente a un edificio y hay un portero cuidando la entrada y va ‘verticalmente’, se choca con el portero; en cambio, si uno le dice que mire un lindo pájaro que está sobre un árbol, lo está engañando, confundiendo. Y entonces tal vez mire para arriba y yo pueda entrar”.
En su libro La intimidad del fútbol, Cappa dice en la página 122: “se toca, precisamente para jugar bien. El toque es el fundamento de este juego… El toque no es una opción estética, sino una necesidad… Claro que el toque necesita una velocidad y un criterio, para no caer en la intrascendencia”.
No es un capricho ni una herramienta antigua. Es parte esencial de la elaboración. La forma más eficaz de procurar espacios es combinando toque y movimiento, desde siempre y con cualquier sistema. Hay una corriente que se ha obstinado en desprestigiar al toque, que lo ha puesto del lado de los perdedores. No es así. Sólo que no se castigan de la misma manera las derrotas, dependiendo de quién esté sentado en el banco. Entonces, a Mourinho se lo presenta siempre como ganador, aunque pierda.
“Toquen, pasen la bola… Si hay que jugar para atrás, jueguen. Toquen, muévanse…”. Algo parecido debe decir Cappa en los entrenamientos del River actual. Sin la tonada musical de Didí, con recursos más modestos que los de aquellos años. Y con un mensaje parecido.