Ahumada, recuperado de la cirugía en el tobillo derecho, se toma con humor la pelea por el puesto con el Pelado. “Era uno de mis ídolos”, lo elogia. Y dice que con él y Astrada “algo voy a tener que aprender…”.
La camiseta con el 5 en la espalda, la cinta de capitán y la chapa de intocable. Todo eso sacrificó Oscar Ahumada cuando en agosto del año pasado, y después de 18 meses de sufrimiento, ingresó al quirófano para someterse a una limpieza en el tobillo derecho y olvidarse de los dolores. Y todo eso es por lo que desde mañana mismo, ya recuperado y a 223 días de su último partido oficial (fue el 24 de mayo del 09, en un 2-0 ante Independiente), volverá a luchar. Aunque con un adversario que hoy es indiscutido: Matías Almeyda.
-¿Pensaste alguna vez en que fue inoportuna la decisión de operarte? Porque va a ser difícil sacarle el puesto al Pelado.
-No, lo tenía que hacer. Mi problema empezó en un partido contra San Lorenzo, en el Gasómetro, y desde ahí, cada dos o tres semanas me infiltraban. Por eso la única solución era operarme.
-Incluso, asumiendo el riesgo de que podías perder el puesto…
-Yo nunca me sentí indiscutido. Sabía que tenía el lugar porque no había mucha gente en mi puesto. Siempre la luché. Cuando estuvo Ponzio, con Domingo… Y con Almeyda va a ser lo mismo.
-¿Y cómo es hoy tu relación con Matías?
-No hemos hablado mucho de fútbol porque no compartimos concentraciones, pero tenemos un diálogo permanente. El otro día me preguntó cómo estaba de la lesión, cómo nos sentiríamos jugando juntos…
-¿Y?
-Y, que venga Almeyda a hablarme a mí, que siempre fui hincha de River y lo tuve como ídolo también por la Selección, me puso muy contento. Es un tipo que se preocupa por todos, que vive el fútbol.
-¿Qué admirabas de él?
-Primero su condición física. Impresionante. Es como Mascherano, corren y corren. Y le veo lo mismo que tenía Astrada: ubicación. Creo que hoy Matías está jugando por eso, más allá de que está bien físicamente: tiene ubicación y lee el juego de una manera impresionante.
-¿Pensanste cómo van a convivir en la cancha?
-Y, Almeyda tendrá que jugar de ocho, je. No, hablando en serio, será decisión del técnico. River varias veces ha jugado con un doble cinco… Quizás yo tendré más recuperación que Matías, que juega más con el oficio. O tendrá que jugar uno de los dos. O Domingo. O los tres, qué sé yo.
-¿Te adaptarías?
-Sí, yo jugué con Masche en Reserva. En Primera también lo hice con Santana: él se paraba de 8 pero era un doble cinco, porque generalmente se desprendía un lateral o el volante por izquierda y quedábamos los dos plantados en la mitad de la cancha. Será cuestión de adaptarnos. Lo bueno es que con Astrada afuera y Almeyda en la cancha, yo algo tengo que aprender.
-Astrada te marginó del plantel en el 2005 ¿Ya aclararon el tema?
-Sí, apenas me vio en el vestuario, Leo me dijo: “Después vamos a hablar”. Pasaron dos o tres días y me acerqué a charlar. Y me quedé muy contento porque nunca hubo nada personal. Yo era chico y tenía otra mentalidad, pensaba distinto. No podés estar resentido por cosas que pasaron hace cinco años. Si hoy me cruzo con Pellegrini, no me voy a llevar mal con él porque me hizo jugar de cuatro…
-¿Qué fue lo que había pasado con Leo?
-Conté que no quería jugar en una posición en la que no me sentía cómodo y él optó por no tenerme más en cuenta. Pero era chico y sé el carácter que he tenido siempre… A mí la ansiedad me llevaba directamente a chocar y no saber explicar o decir las cosas. Me manejaba de una forma que tal vez al técnico le resultaba chocante. Hoy estoy contento por la charla que tuvimos. Y valoro el gesto de él y de Hernán. El sólo hecho de hacerse cargo del club en un momento tan difícil es admirable.
-¿En lo personal te favorece que Passarella sea presidente? El te decía el “capanga” del medio…
-Sí, ja, no me acordaba de lo de “capanga”. Yo a Daniel le estoy agradecido porque no venía jugando y él me puso de titular… Fue el que provocó un cambio en mí. Y sé la clase de persona que es. Si te tiene que putear, te va a putear; y si te tiene que pelear, te va a pelear, pero es un tipo que tiene buena leche, buena intención. Yo discutí con él una vez por una boludés en un entrenamiento, pero son esas discusiones en las que después queda todo bien. Por eso lo admiro y le tengo aprecio.
-Tenés contrato hasta junio. ¿Te ves en River después de esa fecha?
-Yo me veo en River, ni pienso en irme. No voy a ser hipócrita, lo he dicho: yo desde que arreglé el nuevo contrato (en junio del 2008) estoy muy feliz. ¿Qué más lindo para mí que estar jugando en River? Es el club del que soy hincha, donde me crié… Uno cuando piensa en irse afuera lo hace por lo económico, pero jugar en el exterior no es el paraíso. Estuve en Alemania (Wolfsburgo) y la pasé mal, no lo pude soportar. Tenía 21 años, sí, aunque no todo es fácil.
-¿Recompusiste tu relación con el hincha después de decir aquello del “silencio atroz”?
-Sí, ya pasó. Al menos a mí en la cancha me tratan bien. Y lo mismo en la calle. Igual, siempre hay alguno que te recuerda el tema, te dice algo. Hace poco, por ejemplo, me crucé con un hincha y discutimos. Pero después terminamos hablando re bien.
-¿Tu nivel ayudó a reestablacer la relación?
-Sí, creo que eso es lo que más influyó. Si después del problema que tuve no hubiese rendido bien, no podría haber seguido en River. Eso es claro.
-¿Ya pasó el peor momento del equipo?
-Creo que sí. Bah, espero. Ahora los chicos al menos tienen un año en Primera, están más fogueados… Saben afrontar las cosas de otra forma. También es fundamental el aporte de Gallardo, Almeyda, Ortega… En un momento los más grandes del plantel éramos Ferrari, Rosales y yo, que teníamos 25 años. Mayor que nosotros era Tuzzio, nada más. No tenías con quién consultar.
-¿Y eso los complicó?
-Y, sí, fue cuando salimos últimos. Sufrimos mucho porque no podíamos entender por qué pasaba eso. Por ahí hacíamos un gran partido y con un centro nos ganaban 1-0 con gol de cabeza. Fue muy duro.
-¿Te daba vergüenza?
-Salir último con River es lo peor que me pasó en mi carrera. Y me da vergüenza, claro. En la calle a mí me decían que ponía huevos, me tiraban buena onda, pero igualmente lo sufría. No podía ni ir al supermercado… También fui campeón, pero campeones hubo muchos en River. Ultimos, no. Jamás imaginé que River podía salir último. Y creo que nunca me voy a sacar esa espina.
Cada día te odio más. X(