3 FOTOS 3 (TRES)

A todo el futbol argentino pero sobre todo a los bosteros, clase es lo que jamás tendrán, por más que compren los jugadores y los campeonatos que quieran.

como buscan las gigantes?

encontre todas estas fotos en chicas, si alguien las encuentra grandes les pago un asado completo a todo el foro

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Nunca voy a entender como esos pibe (Saviola, Aimar) que vivieron tanto en River, desde tan jovenes, les toco buenos momentos, hermosas tardes de futbol, que un equipo enorme confie en ellos muy jovenes, que les dio la oportunidad de jugar muchos años en Europa nunca mostro ningun tipo de agradecimiento, que se yo, por ahi veo a Aguero que se acuerda de Independiente a cada rato y estos tipos nada, cuando les hablan de volver tartamudean porque ya no saben como decir que les chupa un huevo River diplomaticamente. Estaban jugando por nada en Portugal mientras River se iba a la B y ni les importo. La verdad me jode.

Creo haber escuchado en Fox que ganaron 12 titulos, invento?:mrgreen:

el que encuentra a la mina siniestra con el pulgar arriba se gana un premio(?)

No sabía dónde poner esto y tampoco creo que diera como para abrir un thread al respecto. Cualquier cosa que algún moderador lo ponga donde corresponda.

Les dejo acá una nota de Marca sobre el Superclásico que ganó River 5-4.

Boca-River: nueve goles para un Superclásico
Por Angel L. D. Maza

Hay clásicos, y luego está el Superclásico. River Plate y Boca Juniors, fundados ambos junto al puerto de Buenos Aires y en la misma orilla del río, mantienen una rivalidad de la que se ha dicho que divide Argentina casi tanto como lo hace el peronismo. Ya desde los años 20, antes de la profesionalización del fútbol en este pais y cada vez que se disputaba un partido entre ambos clubes, se paralizaba el barrio de la Boca y no era extraño que se produjeran trifulcas variadas y sonadas celebraciones.
El escritor uruguayo Eduardo Galeano se refiere al Superclásico como “un duelo que se inicia en la ribera del riachuelo” y que “parte en dos la ciudad de Buenos Aires”. Aunque ambos equipos fueron fundados -y se han desarrollado- en momentos y circunstancias similares, la rivalidad siempre ha estado presente entre ellos, mucho mayor que entre otros clubes de la ciudad: “En el fondo, se trata de un juego de espejos”, concluye Galeano.
Boca Juniors fue fundado el 5 de abril de 1905 por Esteban Baglietto y otros descendientes de inmigrantes italianos, sobre todo genoveses. De ahí que a los seguidores del club se les conozca como los xeneizes, expresión derivada del anterior gentilicio. Los hinchas también reciben otro nombre menos elegante: bosteros (una bosta es un excremento de ganado). El origen está, probablemente, en el primer nombre oficial que se dio a la mítica Bombonera donde juega el Boca: Estadio Camilo Chichero. En italiano, tal nombre se pronunciaría ‘chiquero’, que quiere decir ‘pocilga’.

Rivalidad eterna

En los primeros años del club, “los personajes habituales del puerto eran estibadores, barraqueros, conductores de carros, curtidores y otros. Se sospecha que muchas de las chapas con que construían sus precarias viviendas provenían de Casa Amarilla, la estación del tren hacia Ensenada, inaugurada en 1865”, describe Hugo Martínez de León en su obra ‘El Superclásico’.

En ese mismo ambiente nació River Plate, el 25 de mayo de 1901. Su fundador fue Leopoldo Bard, deportista, escritor, médico y político que en los años 40 llegaría a ser director de Higiene y Seguridad del Trabajo en el Gobierno de Juan Perón. Antes había sido “injustamente detenido y torturado luego del golpe militar de 1930”, relata Rodrigo Daskal. Los seguidores de River son ‘Los Millonarios’ porque pagaban muy bien a sus jugadores y porque se mudaron a zonas más acomodadas de la ciudad. Al igual que los hinchas que su máximo rival, también cargan con otro apodo más despectivo: ‘Los Gallinas’.
Xeneizes y millonarios, bosteros y gallinas, han mantenido hasta nuestros días una rivalidad que se antoja eterna. Ha habido históricos triunfos y humillantes derrotas para los unos y para los otros. Pero sólo una ocasión se recuerda en la que se hayan marcado nueve goles. Podría decirse, además, que se vivieron muchos partidos en uno: varias veces se dio por resuelto el marcador, y otras tantas éste dio la vuelta. Hasta detenerse, al fin, tras la más sorprente de las remontadas.

El Clásico con más goles

Era domingo 15 de octubre de 1972 y se había dado una feliz casualidad. Arrancaba el campeonato Nacional de Argentina, con un total de 26 participantes divididos en dos secciones de 13. Cada jornada, además, se celebraría un ‘match interseccional’. El primero de los cuales enfrentaría, precisamente, a los dos protagonistas del Clásico. La prensa se hacía eco ese fin de semana del accidente de un avión uruguayo en Moscú, en el que morirían 176 personas, así como del anuncio de una reunión de embajadores en Saigón para tratar de poner fin a la Guerra del Vietnam. Allende había declarado el estado de emergencia en Chile, a causa de varias huelgas repartidas por varias provincias, y los astronautas de la NASA Lovell y Slayton pasaban unos días de visita en Argentina, invitados por las Fuerzas Aéreas del país.
Cuando arranca el Superclásico, la afición tiene puesta su mirada en cuatro jugadores en alza, que prometen ser los protagonistas del partido. Son Hugo Curioni y Olvaldo Potente en Boca, y Jorge Dominichi y Carlos Morete en River. La cancha elegida, neutral, es la del Vélez Sarsfield. Arranca el encuentro, Boca intenta crear el primer avance pero sus adversarios roban el balón. Tras una rápida internada de López, Mastrángelo remata con fuerza y abre el marcador para River (1-0). Primer minuto de juego y ya había comenzado un continuo goteo de goles que no se detendría hasta segundos antes de que el colegiado Luis Pestarino señalizara el fin del encuentro.
El segundo gol, un cabezazo de Mas a los 10 minutos, pone el partido de cara para su equipo (2-0). Sólo la movilidad de Pachamé en el centro del campo permite a Boca crear alguna jugada de peligro. Pérez hace falta sobre Curioni dentro del área y el árbitro así lo señala: penalti a favor de los xeneizes: lanza Suñé pero Pérez, capitán de River y fiel a su fama de gran porter, atrapa la pelota. Con dos goles de ventaja y confiado tras la excente acción de su arquero, River se relaja. Quizá demasiado. “En lugar de conservar el balón, optó por intrascendentes muestras de habilidad, a cargo de López y Alonso, se refugió al fondo y agigantó al rival”.

Una remontada tras otra

Engrandecido por la posesión del balón y por el reto de remontar a su histórico adversario, Boca emprende la remontada, mientras que River se echa cada vez más atrás y cede todo el protagonismo a sus rivales. Marcan Curioni (2-1), Ponce (2-2) y Potente (2-3). Llega el descanso con ventaja para el equipo xeneize. Urriolabeita, técnico de River, ha aprendido que no se puede especular con el resultado cuando tu defensa es un coladero. Menos aún, en un Superclásico.
A los pocos minutos del segundo tiempo, marca Boca de nuevo (2-4). El partido parecía sentenciado. River había pagado caro su exceso de confianza. Pero entonces Boca cae exactamente en el mismo error. No retiene el balón y cede en su voracidad atacante. Su oponente, en cambio, recupera la fe. A los 12 minutos, Mas bate de nuevo a Pérez tras un tiro libre en el que casi ningún defensor estaba en su sitio (3-4).
Cinco minutos después, Morete marca el cuarto de River y pone el empate en el marcador (4-4). Van ocho goles y todo parece, una vez más, resuelto. Dos remontadas, dos errores de planteamiento y dos defensas mal organizadas: el reparto se antoja justo. Pero aún habría otra sorpresa: minuto 44, cuando ambos parecían conformarse con las tablas, Dominichi lanza una nueva falta y la defensa en zona de Boca deja rematar a Morete. El balón se hunde en la red y el tiempo se ha agotado. Es 5-4 a favor de ‘Los Millonarios’ y el Superclásico con más tantos que se haya visto nunca.
¿Fútbol para delanteros?
Las crónicas del día siguiente daban cuenta del festival de goles y también de la concepción del fútbol, insólita en nuestros días, que se tenía por buena a principios de los años 70: “River y Boca, aunque mal jugado, hizo recordar que, en el fútbol, los más despiertos son los delanteros”, argumentaba el diario argentino ‘La Nación’, donde se añadía: “Los defensores fueron a ese sector por ser, ciertamente, menos jugadores”. Aun partiendo de tan curiosa premisa, lo del Superclásico de aquel otoño debió resultar excesivo: “Pocas veces se verá jugar tan, pero tan mal, a quienes defienden”, insistía el cronista.
Pero, después de un Superclásico, siempre hay otro. La revancha de Boca llegaría al verano siguiente, en concreto un miércoles 27 de junio de 1973. Bordaberry daba un golpe de Estado en Uruguay, apoyado por los militares, mientras que Nixon intentaba capear como podía el escándalo de las escuchas del Watergate.
Era la decimoctava fecha del campeonato y los máximos rivales volvían a verse las caras, ambos con aspiraciones al título. Boca salió con ganas de vengar las repetidas derrotas sufridas frente a River y su hambre de gol tuvo la recompensa esperada: el partido concluyó con 5-2 a su favor. Por descontado, tampoco esa victoria fue definitiva y más tarde habría ocasión para un posterior desquite, y después otro, y otro…

Al lado del boludo que saca la lengua

congratulations! te ganaste un gif:

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No tiene nada q ver, pero tenia q poner esto tb.


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Que espanto de botines esos del Kun, parecen de juguete


Mirálo, era un gurrumín

Si van a poner muchas fotos, ponganle spoiler sino el tema se vuelve larguisimo, y tarda en cargar.




seguramente ya las tendrán por algun lado :mrgreen:
pero este es mi pequeño aporte a los muchachos del foro