Cuenta la leyenda que el rey Midas le pidió a Dios el deseo de que todo lo que tocase se convirtiera en oro, y así fue, todo lo que tocaba se convertía en ese metal. El manager de River vendría a ser la antítesis del rey Midas, todo lo toca lo convierte a basura.
El partido de anoche era un trámite, dos a cero el primer tiempo, un penal no cobrado a favor y un rival a punto de caer noqueado que deambulaba por la cancha esperando el cachetazo final, pero de la misma forma que Batalla lo hizo en la bombonera, se encuentra Lanús con un regalo sobre la hora, se podría decir inexplicable, pero se encuentra una clara justificación al ver que en el arco estaba un tal Lux, flamante contratación del manager para encarar la etapa decisiva de la Copa Libertadores. Aquella noche en la boca, Batalla pudo reponerse y redimirse sobre el final, Lux jamás a lo largo de su carrera se ha podido redimir de nada.
Se puede hablar después de los horrores arbitrales, del VAR, de todas las situaciones atípicas que sucedieron, pero también es cierto que muchas de estas cosas sucedieron por la pasividad de River por un lado y por la falta de jerarquía del plantel por otro, jerarquía no solo futbolística, sino de carácter para ponerse y defender estos colores
Hoy River tiene un plantel que roza lo mediocre y hasta soy generoso en el término, se desarmó por completo un equipo campeón de todo y se lo fue reemplazando por piezas de segunda, como si fuéramos poniéndole repuestos chinos a un Mercedes Benz. Esto hasta sería aceptable si habláramos de una economía austera, de gastar poquito porque no tenemos nada, pero se pagaron fortunas por repuestos de segunda y tercera selección.
Como siempre los logros tapan las cuestiones dirigenciales, y como es costumbre, siempre buscamos las razones del fracaso en terceros sin hacer autocrítica, en la semana y después también, se hablará de los árbitros, del VAR y de cuanta cosa invente el periodismo, pero la razón primera y fundamental del fracaso han sido las pésimas contrataciones.
El manager ha sido decisivo a la hora de tomar decisiones que afectaron directamente al bienestar y economía de River.
Desde el vamos de esta dirigencia, se colgaron la medalla de campeón que consiguió Ramón Díaz, al que Francescoli odia profundamente, al que le hicieron la vida imposible para que se vaya. Muchas veces no hace falta que te echen, las actitudes de todos los días te demuestran cuando no te quieren. Y cuando lograron la ansiada renuncia del riojano, trajeron a Gallardo, hasta ese momento desconocido, mirado con desconfianza por todos, y que a fuerza de logros fue ganándose el lugar que hoy tan merecido lo tiene.
Quizás ese inesperado éxito con Gallardo fue el detonante para creerse Midas que hoy tiene el manager. De ahí en adelante, prácticamente todas sus decisiones fueron perjudicando paulatinamente al club.
La lista de malas compras es impresionante, gastando en cada una de ellas millones de dólares y a excepción de Alario y alguno que otro más, el balance es impresionantemente negativo.
Lux, Bologna, Chiarini, Lollo, Mina, Casco, Rossi, Arzura, Domingo, Bertolo, Auzqui, Larrondo, Santos Borre, son algunos de los que fueron llegando por gestión del manager, a cambio de sumas elevadísimas, montos que jamás se podrán recuperar.
Pero no se acaba en la poca visión y las malas contrataciones la función de Francescoli, su ego y soberbia lo llevaron al extremo, no solo de proscribir a ídolos como Ramón Díaz, sino también en, caprichosamente, negarles la vuelta a jugadores de primera calidad, ya ganadores con esta camiseta, que a River les hubiesen costado muchísimo menos que cualquiera de los jugadores de descarte traídos por el uruguayo.
Vangioni es el caso más resonante, pero es peor aún si se piensa en Teo Gutiérrez, quien se ofreció a venir y le bajaron el pulgar por su “escaso valor de reventa por la edad”, aunque hayan salido después a ofrecer millones por Cvitanich, de edad mayor y sobre todo de una calidad menor a la del colombiano, y peor aún resulta, si se compara a Teo con sus competidores en el puesto, Auzqui y Borre.
Se perdió en Córdoba por goleada, pero el resultado del partido es anecdótico, lo importante de eso y que quizás nadie reparó, es que River armó un equipo plagado de juveniles porque a pesar de la fortuna invertida, no tiene suplentes, y da para pegarse la cabeza contra la pared si pensamos que se gastaron seis millones de dólares (mas de cien millones de pesos) en dos jugadores que están lesionados hace un año y medio y cuyas revisiones médicas expresaron los problemas y se los contrató igualmente, eso solo debería ser motivo suficiente para pedirle la renuncia, en cualquier empresa privada y seria ya habría sucedido.
Estamos dolidos por esta eliminación, la ilusión era tremenda, aunque todos sabíamos, quien más, quien menos, que esa ilusión se basaba pura y exclusivamente por tener un técnico con mayúsculas en el banco, que ha hecho milagros con un plantel muy malo.
Seguramente, Dios no quiera, Gallardo se irá a fin de año, y como la gente se enceguece con lo que se ganó, lo mas probable es que Dònofrio vuelva a ser presidente y Francescoli siga en su cargo. Y así, como cuando Aguilar era presidente, el hoy manager, junto a su socio Paco Casal, trajo mas de un uruguayo impresentable a River, irá a buscar a un amigote tipo Almeyda, Burgos, Cocca para ser el nuevo técnico, si se equivoca como lo viene haciendo, no importa, si total el que pierde es River, no él.
Enzo Francescoli, el manager, el anti Midas, el que todo lo que toca lo convierte en peor, el arquitecto de este plantel indigno para esta camiseta.